Los Carpinteros… Drama Tropical en Madrid

La muerte feliz de Alborada Almanza, un cuento del escritor cubano Leonardo Padura, es un diálogo entre una anciana y la Muerte. La invita a “quedarse”, pero Alborada duda. “Esta historia, este drama, es la que todos los cubanos llevamos dentro”. Habla Marco Antonio Castillo Valdés, artista plástico cubano que forma con Dagoberto Dago Rodríguez Sánchez el dúo Los Carpinteros. Sus instalaciones fundidas -que se exponen en la galería IvoryPress de Madrid hasta el 15 de julio- desprenden aire tropical.

Hay unas cuantas patas de rana turquesas, lámparas rojas de queroseno, tambores blancos, trajes perforados a la altura del corazón… Todas son creaciones diseñadas específicamente para esta exposición. Marco y Dago llevan seis meses en Madrid para prepararla; suelen trabajar en La Habana, aunque no siempre es fácil trabajar en la capital cubana. “Lo controlamos todo por mail y llamadas telefónicas desde La Habana, pero como no hay industria y todo pertenece al Estado, es más difícil conseguir los materiales que necesitamos”, confiesan.

Marco y Diego dialogan entre ellos, uno empieza la frase, el otro la termina. Marco (Camagüey, 1971) y Dago (Caibarién, 1969) crecieron con los cantos de la Revolución. “En ella participó toda la gente de la generación de nuestros padres, todo el mundo”, explican. Se conocieron hace 20 años, cuando eran estudiantes en el Instituto Superior de Arte de La Habana. Un profesor les había encargado un trabajo sobre “el otro”. “Teníamos que interpretar las palabras de Borges, El otro, el mismo. Empezamos a producir objetos el uno para el otro”, recuerdan. Desde entonces, el nombre artístico Los Carpinteros -así les llamaban sus vecinos, sus amigos, porque siempre trabajan “con el lenguaje de la carpintería, creando objetos de uso”- es conocido en todas las grandes instituciones culturales del mundo, como el Reina Sofía y la Tate Modern de Londres.

“Nunca trabajamos”

Saben que tuvieron suerte porque siempre vivieron de su arte: “Nunca trabajamos”, en el sentido capitalista de la palabra. Los Carpinteros se alejan, sin embargo, de las ideologías y de los juicios de valores sobre el Gobierno cubano. Sólo saben que: “Ser artista es la única carrera que implica libertad”. Vivir en La Habana es importante para ellos, “por no perder el nexo”, porque siempre buscan “un estado de libertad mental y física” para poder crear.

“El turquesa es el color del mar en Cuba, el color de la supuesta diversión para los turistas, pero nuestras obras muestran que hay un trasfondo dramático en todos nosotros”, afirman Los Carpinteros. “Queremos transmitir ideas de calor, de humedad, que es nuestro cotidiano en la isla”, añaden. Por eso los tambores y las lámparas de queroseno, verdaderos símbolos de la Revolución, se derraman: “Vivimos un drama tropical”. vía publico.es

nota: las fotos no se corresponden con fotos de la exposición de Madrid a la que se refiere al artículo.

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