El día en que dejo, pero no abandono, Cuba…

Carlos Tena en Kaos en la Red     27-8-2009

…En Cuba, los ciudadanos no olvidan, Lo he comprobado a lo largo de mi estancia en la isla, durante casi seis años. Este es un pequeño país, alegre y bullanguero, culto y sensual, inteligente y combativo, donde hay arte hasta en las olas que rompen en el Malecón habanero. Una pequeña isla que ya ha superado, resistiendo con un coraje admirable, medio siglo de asedio. Cuba permanece defendida por una gran parte de sus ciudadanos, a pesar de embargos, deserciones, ataques terroristas, traiciones, blogueras sostenidas con el dinero del narcotráfico, caídas de campos socialistas, ciclones y huracanes, corresponsales de prensa, radio y TV, junto a miles de curiosos sin pizca de ética… y algunos otros pícaros, con descaro y sin vergüenza, disfrazados de revolucionarios….

(…)

…Bajo esa paradisíaca situación, escultores, pintores y dramaturgos, actores y realizadores cubanos, pero sobre todo los poetas, exhiben sus creaciones bajo un inmenso palio protector, imaginando que ha venido a verles, como musa, la misma Virgen de la Caridad del Cobre. Los menos exitosos suelen citarse a sí mismos en tono halagador como algo normal, olvidando que “Quien habla constantemente sobre uno mismo, es porque nadie suele hablar de él”, sentencia que cuadra a algunos ciudadanos, dedicados a esa tarea tan inmensa y controvertida, como es el arte, que nunca resulta neutral. Sin embargo, resulta maravilloso que en Cuba, cualquier ciudadano puede llegar a ser aquello que anhela, Esa es la gran prueba de la libertad.

Cierto día, algo cabreado por la pertinaz abulia y vaguería de los que llamé  pijos habaneros (allegados y familiares de centenares de afamados artistas, que no trabajan en lo absoluto), escribí un artículo que enojó al ministro de Cultura, Abel Prieto, quien a través del poeta Waldo Leiva, director del centro musical y poético donde he trabajado hasta ahora, me enviaba una cariñosa reprimenda, porque consideraba que, en el citado escrito, se vertían conceptos peyorativos hacia la gran familia de la cultura cubana.

El sesgo en la lectura no me pareció justo, ya que hoy me reafirmo en que sigo teniendo gran parte de razón. Los pijos y pijas, los Mickey cubanos, revolotean con todo descaro en el plácido ambiente de la cultura, denostando sobre la Revolución, mientras se dedican a lo único que saben: machacarse el cerebro para no conseguir un trabajo, pero vivir y beber a costa de los demás. Bajo ningún concepto afirmé que el mundo de los creadores fuera caldo de cultivo para esta clase de vagos, pero sí advertía de la alegría con que muchos autores entregaban sus favores y dinero a esta clase de parásitos, sin sugerir el valor que tiene, o el placer que supone recibir un salario o recompensa no pecuniaria, por una obra bien hecha….

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