de la Huella Vasca en Cuba…

20070418klplylliu_172.Ies.SCOTrinidad, Cuba, (PL) Españoles peninsulares, canarios y vascos, así como franceses, alemanes, chinos y africanos, estos últimos traídos como esclavos, intervinieron en la formación de la identidad cubana.  En particular ese fenómeno migratorio está presente en esta ciudad colonial ubicada al centro sur de este país caribeño.  La licenciada Yousy Pérez Martín apunta en Inmigración en Trinidad, durante la época colonial, que los últimos años del siglo XVIII y los primeros del XIX “fueron los principales receptores de este tipo de inmigración (blanca)”.
En el mencionado texto se indica que en los primeros 50 años del XIX existen referencias de la presencia de 140 españoles y que “las regiones que más aportaron fueron, en orden descendente Cataluña, Islas Canarias, Galicia y Vascongadas”.
Pero el desarrollo económico trinitario cautivó a inmigrantes de otros países, entre ellos de Estados Unidos e Italia.

La especialista subraya que sin ser significativas como la española y sin considerarlas corrientes migratorias, quienes llegaron de otras tierras y se asentaron en Trinidad “se imbricaron en nuestras raíces”.

De este modo formaron un ajiaco, como dijera el relevante etnógrafo y antropólogo Don Fernando Ortiz (1881-1969), considerado el tercer descubridor de Cuba. Ajiaco es el nombre recibido por un caldo de la cocina tradicional de la Isla, elaborado con carne de cerdo y viandas como plátano, maíz, yuca, calabaza y boniato, así como especias, mezcla que el gran sabio comparó con la que se unió para formar al cubano.

Colonial y cosmopolita

El Centro Histórico de la Ciudad de Trinidad y el Valle de los Ingenios, desde 1988 declarados por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad, han calado hondo, con su poderoso realismo mágico, en poetas, escritores, historiadores y todo aquel que la ha visitado.

“Por su admirable situación topográfica, la belleza del lugar y el haber conservado la ciudad sus calles, plazas, casas e iglesias sin variaciones apenas que alteren el sello típicamente colonial, Trinidad es hoy tal vez la más interesante y digna de visita y estudio de todas las ciudades cubanas”, escribiría sobre esta villa, el eminente historiador Emilio Roig de Leuchsenring (1889-1964).  En Jurabaina, Boletín Informativo de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Trinidad y el Valle de los Ingenios (primer trimestre del 2003), se menciona a Don Cristóbal Murtra “vizcaíno muy activo y de conocimientos variados”, que en 1804 instala una pequeña imprenta en la calle de la Gloria número 2.

Allí se editaría El Correo de Trinidad, catalogado como uno de los periódicos más importantes del centro sur de la Isla en su momento e incluso el pionero de la gráfica en esa villa, la tercera fundada en 1514 por el Adelantado de la Corona Española Diego Velázquez.

Según Ramsés Morales, autor de El Correo de Trinidad, testigo de la historia, este periódico recibió colaboraciones de personalidades como Rafael María de Mendive, profesor de Humanidades de La Habana, poeta y maestro del Héroe Nacional cubano José Martí (1853-1895).

Argumenta que el poeta mulato Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido) dejó su impronta en esa publicación con “sus sonetos de fuerte y sospechoso brillo patriótico”.

Vizcaya en el recuerdo

Una investigación efectuada por Diana Ferreiro, estudiante de Periodismo de la Universidad de La Habana, aportó que la presencia de vascos en esta villa es poco conocida y aunque su número careció de importancia, su influencia en la cultura cubana ha sido notable.

Puntualiza Ferreiro como en Cuba siempre se usó el gentilicio de vizcaínos para referirse a los vascos, con independencia de su provincia de origen.

“Alaveses, navarros, guipuzcoanos y los propios vizcaínos entraban en una sola clasificación para los criollos de finales del siglo XIX”, aseveró.

Además de participar en actividades que impulsaran la cultura los nuevos pobladores intervinieron en la introducción y cultivo del café en la Isla tras el estallido de la Revolución Haitiana, aunque fueron sustituidos, después de 1820, por los peninsulares.

La integración de los vascos a la vida social trinitaria se palpa en la acogida al semanario LauracBat, distribuido por toda Cuba hasta las primeras décadas del siglo XX y al que se suscribieron buena cantidad de lectores de la villa.

El historiador cubano José Luciano Franco se refiere en algunos documentos al asentamiento de vascos en la costa sur y específicamente en puertos como el de Casilda, en Trinidad.

La presencia de los vizcaínos también quedó perpetuada en el Fortín o Fuerte Vizcaya, obra de la arquitectura militar hace poco tiempo restaurado, que fue construida en la década de 1840 cerca de la villa trinitaria y debe su nombre a una de las provincias vascas.

Aún hay tela por donde cortar

María Antonieta Jiménez Margolles, historiadora de la ciudad de Sancti Spíritus -fundada en 1514-, explicó a Prensa Latina que actualmente investiga acerca de la emigración española a esa ciudad, ubicada a unos 350 kilómetros al este de la capital del país.

Adelantó la especialista que en el siglo XVIII llegó allí el primer vasco de apellido Iribar, cuyos descendientes José Iribar y Leopoldo Díaz Iribar “hicieron historia por su dedicación a la educación en Sancti Spíritus”.

Comentó que el primero se destacó como profesor de Matemáticas y el segundo como director de escuela y profesor de inglés.

Jiménez citó al también historiador espirituano Rafael Pérez Luna, según el cual, el primer vasco de apellido Chamendía originó el actual apellido Echemendía.

Así, el primero que aparece en el Archivo Parroquial de Sancti Spíritus es Joseph Chamendía, procedente de la ciudad de San Sebastián, quien se casó con Damiana Calona el 7 de agosto de 1682.

También confirman esos registros parroquiales el casamiento de Luis de Ceballos, en igual año, con Petrona de Quesada, concluye Jiménez. Aquellos vizcaínos que se asentaron en esta provincia central fueron un eslabón más en la formación de la cultura y la identidad cubanas, creando lo que con tanto acierto llamó Don Fernando Ortiz un ajiaco o fusión de nacionalidades.

Aún queda tela por donde cortar acerca de este tema de la huella vasca en Cuba y en particular la dejada en estas ciudades coloniales al centro de la Isla.

(*) La autora es corresponsal de Prensa Latina en la provincia cubana de Sancti Spíritus.

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