del cine cubano… el premio gordo de J.C. Cremata

premio flaco

Probablemente ningún espectador salga ileso del cine luego de ver “El premio flaco” (el más reciente filme de Juan Carlos Cremata y del ICAIC). Hasta el más ajeno asistente percibirá esa corriente de sentimientos encontrados que genera la obra, inspirada en la pieza homónima del dramaturgo cubano Héctor Quintero.

En 1958, Iluminada, una noble mujer que vive en la periferia deLa Habana en una casa de madera, encuentra una balita premiada dentro de un jabón Rina, muy promocionado en esa época.

La suerte le concedió la casa de sus sueños. Sin embargo a partir de ese momento su vida, que ya era miserable, se vuelve una pesadilla y poco a poco va descubriendo que las personas a las que ella ha ayudado siempre la rechazan.

Aun con las pinceladas humorísticas que caracterizan a los cubanos- capaces de reír con lo más triste e insólito- “El premio flaco” es una película dramática hasta la médula, tanto por su argumento original como por el altísimo nivel de interpretación que alcanza, principalmente del protagónico: Iluminada, encarnada magistralmente por Rosa Vascocelos.

No en vano el propio Héctor Quintero confesó que esa es la Iluminada que él escribió hace más de 40 años. Hay que decir que el resto de los actores están de lujo igualmente: desde Blanca Rosa Blanco, Alina Rodríguez y Carlos Gonzalvo (tan popular por su personaje humorístico de Mentepollo en la TV) hasta todos los demás, que se entregaron completamente.

Cremata supo explotar cada rasgo de sus actores, gestos, miradas y parlamentos de los personajes que en una misma escena generan innumerables sentimientos a la vez.

Según comenta el realizador, desde niño estuvo enamorado de esa obra y siempre quiso llevarla a la pantalla grande. El resultado es apasionante, inesperado, totalmente diferente a sus dos películas anteriores (Nada y Viva Cuba), y no es atrevido asegurar que es la más emotiva. Como él mismo dice: “es una película que sale del alma” y a todos nos llega.

No obstante el enfoque trágico no le quita el tono optimista. En medio de la tristeza la heroína nunca abandona sus ilusiones: “No dejo de tener fe en las personas”, le dice a su marido, un hombre degenerado por la vida y por su propia miseria humana, que nunca la quiso en todos sus años de matrimonio.

Si lo miramos con nuestra lupa, encontramos en el filme situaciones irreales, por decirlo de alguna manera, sólo creíbles en el teatro, en la ficción; pero es que “los cubanos somos tan teatrales…”. Para cualquiera que lo vea es fácil cuestionarse si acaso existe gente tan ingenua como Iluminada, tan ilusa, tan crédula. Y que además de soportar tanto sufrimiento y rechazo de los demás no pierda las ilusiones.

Cada fragmento de “El premio flaco” nos llega al alma. Cremata se esmeró en el aprovechamiento de los recursos cinematográficos y usó bastantes planos cerrados muy narrativos que mantienen en vilo al espectador. En ningún momento el cineasta baja la parada, cada instante deviene un clímax, una catarsis.

La escena de Iluminada bajo la lluvia- cuando se descubre traicionada por quienes la rodean- y el final donde todo el barrio va arrollando en la conga- burlándose de ella mientras toca la trompeta con la cara pintada de payaso pero llena de esperanzas- son impresionantes.

Todo eso ligado a la música le da más valores a la cinta. La banda sonora engrana a la perfección con la dramaturgia de “El premio…, es alma del filme. Las discusiones entre Iluminada y su marido transcurren en susurro pero son sumamente dolorosas.

Fotográficamente la película parece una postal antigua; hay un tratamiento fascinante del color. Cremata venció el riesgo de las películas de época con las locaciones y se las arregló para que el espectador no extrañara la ciudad de mediados de siglos. El filme se desarrolla en pocos espacios: la casa de madera de Iluminada, sus alrededores con las casas vecinas y un camino desde donde se ve el capitolio a lo lejos.

Aun cuando la historia se refiere a los años 50 y fue escrita en los 60 del siglo XX, su tema no envejece sino que gana actualidad porque continúa con la interminable reflexión sobre el ser humano. Cremata tomó como pretexto las carencias materiales para hablar de la miseria espiritual de las personas. Desde el inicio juega con la consigna publicitaria del jabón Rina: “Hay que tener fe que todo llega”.

“El premio flaco” es un texto de probada eficacia en el público. El realizador se enfrentó al reto que siempre supone adaptar una obra ya conocida de la literatura o el teatro. Él mismo viene de una formación teatral y así es el filme, muy a su estilo. Y aunque su versión encaja muy bien en el lenguaje cinematográfico, está cargada de esa energía que caracteriza el arte de las tablas.

Si a alguien le parece insólita su propuesta, no será por lo absurdo sino por lo extraordinario. Creo que esta es una muy buena película en estos momentos del cine cubano. Yo diría que se ganó el premio gordo. Y esto ya no es un juego de palabras.

Elizabeth López Corzo en Cubasí.cu

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