de 23 y G…

23 y G: Viernes 5:00 p.m…

tomado de La polémica digital

“Esta vez no quiero que nadie me lo cuente”. Fue lo primero que pensé cuando salía de la reunión de Departamento a las 4 de la tarde. “Me quedo en G y lo veo con mis propios ojos”. El desagravio quijotesco, a lo novela mexicana del siglo XXI me tenía sin cuidado. Las payasadas mediáticas me aburren ya. Y este era otro capítulo de cierta telenovela donde cada nueva entrega puede ser más repetitiva y monótona que la anterior. “Pero de todos modos me quedo”…

23 y G… 4: 30p.m. Una escuela completa de preuniversitario cantando. Bocinas a todo volumen. Pancartas, carteles, telas pintadas: Todo por la Revolución, alcancé a leer. “¿Y aquí que hay hoy?”, pregunto a algunos estudiantes de periodismo. “Desde ahora hasta el congreso de la UJC van a celebrar actividades todos los fines de semana, de viernes a domingo”… “Ahhhh, que interesante…”

23 y G… 4:50 p.m. Estudiantes vestidos de azul. A lo lejos la conga preparada para bailar. Algunos carros fuera de lo común. Hombres de camisa de mangas largas y celular. Gente saliendo del trabajo. Extranjeros. Cámaras, micrófonos, luces, acción…

23 y G… 5:00p.m. Comienza el show. Cierto personajillo da declaraciones en una esquina. Los estudiantes se levantan de sus asientos. Todos olvidan las “actividades culturales que se van a celebrar desde ahora hasta el congreso de la UJC” y cruzan corriendo la avenida. Histeria colectiva. Lo próximo que escucho son gritos: Viva Fidel.

23 y G… 5:05p.m. Son las 10 y 27p.m de la noche y aún no consigo ordenar los 45 minutos de mi experiencia en G y 23. “Esto da ganas de llorar”, dice un amigo. Las consignas surgen una tras otra. Cierto muchacho de pullover rojo sube encima de 6 sillas y comienza a “animar” al ya acalorado público. “Pin, pon fuera, abajo la gusanera”; “Fidel, qué tiene Fidel que los imperialistas no pueden con él”; “Gusanos, esta calle es de Fidel”… Un único nombre sobresale en la respuesta al príncipe desagraviador: Fidel.

23 y G… 5: 45p.m. “¿Y este que hace aquí a esta hora? Tiene inasistencia e impuntualidad…” Un tardío Ciro -el de Porno para Ricardo- se aparece en 23 cuando ya el espectáculo ha terminado. Viene con aro, balde y paleta… digo, con latica de refresco, pan con perro, ketchup y mostaza. Se pasea mirando a los grupos que se han quedado a comentar lo sucedido. “¿Y aquí qué pasó?”, le pregunta a unos estudiantes de periodismo. Los alumnos le contestan. Encoge los hombres, sonríe y baja por G acompañado de la latica, el ketchup y la mostaza. Luego cierto twitt nos informa que está muy triste en el cuartel general, digo, en la Academia Blogger, por lo sucedido con su amigo.

23 y G… Los que no gritamos nos sentamos en un banco. “El único momento en que me emocioné fue cuando cantaron el himno”, le confieso a un amigo. “Esto parece una prolongación de los mítines de repudio de los 70″, me responde.

“¿Por qué no grité?”, me pregunto una y otra vez. La sensación de impotencia también llegó hasta mí. Ver a tantos seres anónimos en mi país pasar desapercibidos ante la “prensa extranjera”, la misma que dedica tiempo, esfuerzos y recursos a su nueva agenda mediática me enfurece. Sin embargo, ni siquiera eso era lo peor. “Allá ellos y su conciencia”.

Camino hacia una esquina con mis amigos. Cada cual hace su versión de lo sucedido. “Cuidado, por ahí viene un periodista”, advierte alguien. Todos se callan. “¿Han vizto algo de lo que ha zuzedido?”, pregunta la prensa extranjera. “No”, responden mis amigos. “Sí, lo vimos, claro que lo vimos, pero no te vamos a decir nada…”, le contesto yo. “Este tío no va a hacer su salario conmigo”, pienso.

Y vuelve la misma pregunta: el grito ausente… No grité porque no me sentí implicada en los clamores de aquella multitud enardecida. Me resisto a corear los mismos slogans que mis padres. La falta de originalidad y espontaneidad de una juventud con suficiente capacidad e inteligencia para concebir sus propios lemas me abruma. Pensé en lo mucho que nos hubiera gustado oír un: “esta es la calle de nosotros, del pueblo,de la gente… Este es el país de nosotros… Viva Cuba…”.

Hubiera querido escuchar a la gente sentirse parte de lo que estaba defendiendo y no escudarse en un nombre para legitimar su mensaje. Y eso es precisamente lo que me preocupa. Más allá de los duelos verbales, que ciertamente le dan color a la vida citadina, me quita el sueño que los jóvenes cubanos, en ocasiones como estas, calquen y copien las actitudes de generaciones anteriores en momentos históricos diferentes.

Está oscureciendo. La gente se va dispersando poco a poco. Donde antes hubiera una multitud ahora solo quedan ciertos celulares con hombrecillos de camisa larga, los jóvenes que van llegando a sus habituales encuentro de la noche y el estribillo de la Charanga: “tú llorando en Miami… y yo gozando en La Habana”. Los rastros de lo que fuera la experiencia más impresionante de toda mi vida desaparecen por completo. Para quienes vayan esta noche a G y 23 no habrá pasado nada.

Una respuesta to “de 23 y G…”

  1. asisomos Says:

    Pero asi te crees que se va a poder hacer Revolucion, olvidando lo que no les conviene?

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