Doble moneda en Cuba: ¿El problema de fondo?…

tomado de YOHANDRY’S WEBLOG

Cuentan que un marido celoso llegó a su casa, se encontró a su esposa en actos de infidelidad sobre el sofá de la sala y furioso tomó el mueble y lo lanzó por el balcón.

Por un decreto, tal como se puso a circular, mañana pudiera aparecer una resolución aboliendo ese billete intermediario con valor de divisa interna que llamamos CUC y a quien en parte culpamos de nuestros problemas financieros domésticos: habría ocurrido entonces una escena similar a la descrita en el comienzo.
¿Estaría usted de acuerdo en que se eliminara el CUC y los precios en divisa se multiplicaran por 25, pagaderos en Pesos? Un somero sondeo con esta pregunta obtuvo la unánime respuesta de ¡NO!
Entonces podríamos conjeturar que, para el común de los cubanos, la eliminación de la doble circulación monetaria presupone la expectativa de una disminución en la tasa de cambio sobre el dinero local, o sea, una reevaluación.
Los de más edad recuerdan que hasta 1959 en Cuba circulaban a la par el dólar norteamericano (USD) y el peso cubano, con igual valor y sin crear ningún trauma al consumidor.
A lo largo de la historia económica latinoamericana hay múltiples procesos con uso local de una divisa extranjera. Tal es el caso de Panamá, donde el Balboa circula a la par del USD, con igual valor, e incluso la nacional no tiene hoy expresión en billetes, sino solamente en fraccionarios.
En la Argentina, hasta el año 2000, el USD también se usó indistintamente en el mercado interno, con cambio de uno por uno. Otro tanto sucedió en Ecuador, donde la fórmula terminó por eliminar el autóctono Sucre y dolarizó la economía.
En el caso cubano, una primera conclusión podría tomarse como hipótesis: el asunto de fondo no es tanto la molestia de manejar dos tipos de instrumentos de pago, sino la devaluación de la moneda en la que se remunera el trabajo.
“El salario no me alcanza”, es la frase más común en estos tiempos. ¿La solución es aumentar los salarios?, fue otra pregunta del sondeo y la respuesta fue un rotundo ¡SÍ!
Es práctica internacional que los sueldos se incrementen tratando de cubrir al menos una fracción del índice inflacionario, creando la ficción de que se gana más cuando en realidad el poder adquisitivo va disminuyendo proporcionalmente.
Volvamos a las experiencias de los vecinos cercanos. México cambió varias veces su moneda, e incluso hizo circular dos simultáneas, el Nuevo Peso Mexicano de los años 90, para reducir “ceros” al circulante ante la creciente inflación.
En esa época, Nicaragua debió crear el Córdoba Oro, con valor cambiario superior al Córdoba común, hasta recoger totalmente este último.
Venezuela lanzó recientemente su Bolívar Fuerte, que convive con el Bolívar con tasas de cambio diferentes y busca igual efecto que los casos anteriores.
En todos los ejemplo se trata de un intermediario financiero que simplifica las operaciones de compra-venta en el mercado interno, al tener que utilizar menos cantidad física de efectivo con más valor real.
¿Cómo se llega a esa situación? Cuando se va de control la inflación, la “solución” es incrementar el circulante sin respaldo productivo y el valor nominal de la moneda representa poco frente a su poder real de compra.
Si en Cuba se incrementaran actualmente todos los salarios, sin que esté precedido del aumento de producciones y servicios, automáticamente se depreciaría aún más el Peso y la situación económica se agravaría.
Por tanto, volviendo al punto de partida, el problema no está centrado en el dinero en sí; ni siquiera en la muy molesta dualidad, como tampoco en el valor nominal del circulante.
La doble moneda deberá desaparecer porque es lesiva a la economía personal y estatal, pero no debe cargar intrínsecamente con la responsabilidad de la situación financiera de la familia.
Mercancías y servicios en cantidades suficientes es la clave para solucionar los problemas financieros, incluso para la desaparición de la moneda intermediaria, mejorar el poder adquisitivo, deprimir los precios e incrementar y diversificar la oferta. No hay otro camino.
Osvaldo Rodríguez Martínez
La Habana

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