Los Aldeanos en el Acapulco…

tomado del blog de Vladia

Cuentan que en su primera presentación, hace siete años en La Lisa, lograron reunir a unas cinco personas. De entonces acá parece haber llovido porque en el concierto que protagonizaron Los Aldeanos anoche en el cine Acapulco, eran casi un millar los que aplaudían y coreaban.

Allí estuve, una más entre muchos, para que nadie me hiciera el cuento, y para constatar que no están ni tan censurados ni tan silenciados, cómo si no explicar esa presentación en un espacio estatal, en el corazón mismo de La Habana.

El propio Aldo, quizás para espantar fantasmas, aclaró al comenzar que “Si esperan un espectáculo político están muy equivocados, esto es un espectáculo para el pueblo y por el pueblo”, y precisó que a lo único que pertenecían era a la Asociación Hermanos Saíz y que  no eran ningún instrumento del Imperio.

No voy a comentar aquí sus letras, pero la aclaración parecía apuntar a oscuridades. Quizás también para despejarlas, en otra oportunidad precisó que valía más el agradecimiento de la gente que los paraba en la calle que todos los millones de dólares que tienen los raperos del mundo.

El Bi y Aldo compartieron números con otras jóvenes figuras del hip hop cubano; entre ellas, Silvito el Libre levantó particulares aplausos, al igual que la interpretación de tres niños, probablemente de los más nuevos continuadores de ese género musical, que en esta tierra ha ido cobrando una personalidad muy propia.

“Ustedes saben que nosotros no tenemos para dónde coger, y quiero advertirles a todas esas personas que están hablando mierda, que yo soy cubano y yo no me quedo en ningún lado.”, dijo Aldo. Y con igual énfasis, en otro de los tantos momentos en que se dirigió a los asistentes, aseguró “No me arrepiento de nada de lo que hemos hecho”.

Por apenas conocerlos, lo único que puedo asegurar es que la empatía lograda con el público pudiera ser un fenómeno comunicativo a estudiar. Códigos rayanos en la marginalidad, el lenguaje corporal, y dirigirse sobre todo a una segunda persona del singular, a un “tú”, personalizando cada mensaje aunque fuera dirigido a cientos, estuvieron entre las particularidades de su proyección en el escenario.

El concierto empezó y terminó con banderas cubanas en manos de Los Aldeanos, y tuvo como cierre el corear de un Viva Cuba libre. En algún momento del espectáculo, Aldo había apuntado “Es que la gente no entiende que los jóvenes nos parecemos a nuestro tiempo”. Y este tiempo, así lo entiendo, sigue siendo de una Cuba libre.

Fotos: Cortesía AHS

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