sobre el Cine cubano y el miedo a soñar…

CINE CUBANO Y LA FUENTE DE LA IMAGINACION

Por Ángel Velázquez Callejas tomado de la pupila insomne

Bianchi preguntó una vez a Lezama: “¿todos los personajes de Paradiso pertenecen a la realidad?”. Muchos de los personajes de Paradiso “responden a una realidad”, pero “los personajes que constituyen el núcleo central de mi libro son entes de ficción…. seres imaginados, lo que le otorga también una forma de realidad porque nada hay más real que la imaginación”, aseveró sin titubear Lezama. Sin embargo, para Tosltoi construir un personaje de ficción, un ente imaginado, era un parto doloroso. Darle nacimiento y luego alimentarlo daba miedo, creaba terror, dado a que al menor descuido podía morir. Una batalla campal se le anteponía a todo creador. Por su parte, Kierkegaard, el filósofo danés, presumía que el ser humano vivía en el dolor eterno: que entre la realidad y la imaginación, entre el camino seguro y el misterio existía una gran tensión humana. La angustia, la tensión, el temblor era el modo sutil de existencia que unía al ser humano entre la realidad y la ficción, entre lo soñado y lo imaginado, entre la fuente y la manifestación.

De modo que lo señalado por Lezama, aunque contrastaba con la opinión de Kierkegaard, en ambos puntos de vista algo común lo acechaba: el desgarramiento sufrido al ver en el arte el temor al misterio, la aversión a lo desconocido. Me inclino a pensar que el señalamiento de García Borrero en su ensayo “El miedo a soñar” (Algunas reflexiones sobre el futuro del cine cubano) que aparece en “Otras manera de pensar el cine cubano” posee su punto de partida en lo anteriormente aducido. Es mucho más cómodo trabajar con larealidad, con lo conocido, que lanzarse al misterio, o que inmolarse a crearla. Todo indica que eso produce temor. Entonces mejor sería seguir el camino trillado, seguir la realidad construida por otro, sea ficticia e histórica. Y este es problema cardinal que creo ver: después de crear cierta realidad a través de la imaginación, cuesta duro, casi imposible mantenerla en pie. La angustia lo va invadiendo todo y la fuente palidece. Ese es el aserto del genio de Kierkegaard.

Es decir, poniendo un ejemplo de la literatura cubana, Oppiano Licario aún es para nuestra literatura un personaje improbable, un personaje mítico, aunque Lezama diga lo contrario. Un personaje en el umbral de su nacimiento. Un personaje creado como un ente mitológico e inalcanzable. Un personaje que nunca llega ser realidad, a no ser que Lezama se convierta el mismo en lapoesía. ¿Fue Lezama un Oppiano Licario, un poeta en acto?; sí, solo en imaginación. La imaginación solo tiene el poder de crear cierta mitología, no la realidad misma. Y desde luego, esto produce tensión y miedo para muchos. El miedo al fracaso, el temor a no ser elegido. Porque tal parece que este alumbramiento imaginativo está destinado a pocos. De aquí surge la teoría mesiánica del elegido. Y Lezama se creyó un elegido de la poesía cubana.

¿Por qué sucede esto? No solo en el cine, sino también en la demás artes. ¿Por qué se tiene miedo a soñar, aunque la epiteme de la creación sea el sustento básico para los “creadores”? He estado oteando en la narrativa en general cubana y sucede también lo mismo. El problema no es unilateral sino multilateral. Para el cine cubano, García Borrero aduce varias razones puntuales, pero una que me gusta es el advenimiento lógico de esta era alpánico a soñar. No sé si el propio concepto soñar que se maneja aquí esté correctamente empleado. Resulta como bien señala García Borrero al inicio de su ensayo, que “el hombre es un animal utópico”, cuya referencia ubica al hombre en un ser para el futuro, de entrada a la adivinación expectante. Y habría que considerar también, a la manera de Braudel, la estructura temporal de la ensoñación humana en corta, media y larga duración.

Porque el hombre no solo sueña dormido, sino también sueña despierto. Sueña en estructuras concomitantes que le permite visualizar cierta ruptura con el pasado o aferrarse a él. Tanto en la vigilia como en el dormir el ser humano quiere adivinar el futuro. A Nieztsche se le adjudica la opinión de que el soñar es un medio de vida para el hombre. El hombre ha sobrevivido a todas las circunstancias adversas gracia al soñar. Y tiene razón. Sin el soñar el hombre hubiese desaparecido de la faz de la tierra. El soñar es el medio psicológico por el cual el hombre alimenta el alma, la fuente, pero al mismo tiempo crea la barrera para estar unido a la realidad, estar unido así mismo.

Ahora bien, un proceso de confiscación en torno a la utopía, lo cual fue propio del cine cubano a finales de los 60, como bien apunta García Borrero, estimula a plantear la idea siguiente: los cineastas cubanos, al crearse el ICAIC, estaban imbuidos por la idea de la salvación. O mejor dicho, el ICAIC fue el primer sueño nacido de la idea de la salvación. De dónde surgió esta idea de lasalvación en Cuba, no es necesario explicarla aquí. Pero si dejar plasmado que en el plano existencial, el vacío que provocó la frustración republicana de los 50, abrió la perspectiva y ejecución de esa utopía. Sin embargo, en los 70 la idea de la salvación perdió sentido para la propia institución creada, aunque algunos de sus miembros permanecieran fieles al origen de la utopía. No se trataba en el fondo de una utopía nacionalista, sino de una concepción espiritual del corpus nacional. Esto es lo que lo distingue, de un modo sustancial, a la utopía nacionalista que vendrá después.

Ya en el proceso que regularizó el propio ICAIC con su cinematografía a finales de los 60 y principios de los 70, comenzaron a verse poderosas razones que hicieron, para la elite dirigente de entonces, la creencia acerca de la falta de sentido de la salvación: no era necesaria; lo que había que salvarse estaba salvado. Entonces el panorama en la idea del ICAIC cambió abruptamente. La cinematografía nacionalista irrumpió diáfana y galopante. Era lógico pensar en esta nueva visión de la cinematografía cubana, ya que a mi modo de ver el ego nacional estaba consolidado. Se necesitaba echarles raíces a ese ego. Y esas raíces hundieron sus razones en la idea del patriotismo y la independencia. Una película como “Memoria del subdesarrollo”, atavió una vieja peculiaridad erradicada.

Sin embargo, no descarto que hubiera intentos de hacer volar la imaginación en busca de nuevos espacios cinematográficos, pero la caída fue tan honda que concuerdo con García Borrero cuando afirma que lo que prima hoy es el pánico a soñar. El miedo es de índole espiritual, ni siquiera psicológico. Nadie quiere imaginar nada porque no hay fuente para la imaginación. La fuente ha sido agotada, aunque exista espacio para imaginar. Las raíces del ego nacional basado en la idea del patriotismo y la independencia caló tan hondo que la fuente ha sido agotada. El cubano ha ido agotando su propia fuente de imaginación. Por eso se produce la tensión, el agobio desmedido por no asumir el peligro. Y este es el peligro que asume el arte en los días que corren. Para mí, el cine cubano lucha a brazos partidos para rejuvenecer esa fuente, pero la suerte parece le toca a unos pocos, a una cantidad reducida de elegidos.

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