Archivo para septiembre 23, 2010

de Pineda Barnet… Verde Verde

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La Habana, 23 sep (PL) El cineasta cubano Enrique Pineda Barnet comenzó el rodaje de su nueva película Verde verde, que califica como un thtiller psicológico, un género poco habitual en la cinematografía de la isla.  Con un elenco en el que figuran los actores Héctor Noas y Carlos Miguel Caballero, el director de La bella del Alhambra incorporó como artista invitada a la cantante Farah María, ex integrante del cuarteto de Memé Solís, con una carrera en solitario de gran auge en los años 70 y 80 del siglo pasado.

Ella es un símbolo dentro de la película, aclaró, una dama seductora, un sex symbol clásico.

Una definición que se corresponde con el perfil de diva de la canción ligera, con una voz de breve registro, cargada de sensualidad, que identificó a Farah María, dueña de una proyección escénica rutilante.

Sin adelantar más detalles sobre la cinta, salvo que no guarda relación alguna con el famoso poema de Federico García Lorca (Verde que te quiero verde) como podría sugerir su título, Pineda Barnet señaló que el thriller psicológico no es una novedad en su trayectoria fílmica.

Ya incursioné en él con Aquella larga noche, recordó, un filme de 1979 sobre dos heroínas de la lucha clandestina en la isla -mediada la década del 50-, Lydia Doce y Clodomira Acosta. Era un “thriller” psicológico, asevera, rompiendo esquemas de heroísmo-cobardía

Ganador en 1990 del Premio Goya de la Academia Española de Cine por La bella del Alhambra -la joya de la corona de su filmografía-, Pineda Barnet fue distinguido en 2006 con el Premio Nacional de Cine.

Protagonizada por Beatriz Valdés, La bella del Alhambra, inspirada en la novela-testimonio La canción de Rachel, de Miguel Barnet, conserva intacta su fascinación. Es como un sello distintivo de su quehacer acuñado por un público que se renueva y la mantiene entre sus favoritas. Tiene acumulados unos 25 premios dentro y fuera de la isla.

En Verde verde, de la que su realizador no adelantó más detalles, lo acompaña Raúl Rodríguez en la dirección de fotografía, uno de sus colaboradores habituales.

Los hermanos Fanjul…

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Por Varela

Hace años, entrevistados por la revista Vanity Fair, los hermanos Fanjul, grandes negociadores, aprovecharon para justificar la forma en que compran los gobiernos.
Aseguraron que llegaron a Estados Unidos con una lección bien aprendida: “Decidimos involucrarnos en la política porque no quisimos que nos ocurriera lo que en Cuba donde al no interferir en la política de Batista nos fue muy mal”.

Y los hermanos Fanjul saben negociar.

Apoyan con ríos de dinero a los principales candidatos de los dos partidos norteamericanos: Alfonso a los demócratas y Pepe a los republicanos.

Entonces los hermanos Fanjul hacen y deshacen contra la flora, la fauna y los seres humanos en la Florida.

Destruyen los pantanos de los Everglades porque expanden los cañaverales hacia allá y el fertilizante que le echan a las plantaciones consume el oxígeno del agua matando la vida acuática de los mismos.

Los conservadores de la naturaleza protestan pero las autoridades obvian este crimen porque los hermanos Fanjul — los reyes cañeros floridanos, y proveedores de dos de cada tres cucharadas de azúcar que consume el norteamericano — con sus contribuciones millonarias a Washington compran la ley y la imponen a su antojo, incluyendo la manera de explotar a sus empleados.

Acabo de leer en la prensa uno de sus últimos abusos: la vejación y humillación a Ángel Pérez, un cubanoamericano que por 15 años trabajó en un ingenio azucarero de los hermanos Fanjul; considerado un empleado modelo hasta que salió electo como representante sindical y empezó a presentar quejas sobre las condiciones de trabajo de los empleados. Lo expulsaron del central con un sheriff presente, obligado a quedarse sin vehículo a 50 millas de su hogar, ya que iba a su trabajo en un carro de la empresa.

Pero el desmadre de los hermanos Fanjul no se limita a Estados Unidos sino también a República Dominicana donde a mediados de los ochenta compraron cañaverales y centrales porque según ellos era “el lugar más parecido a su añorada Cuba”.

Y allí en esa isla tan igualita a la anhelada isla de los Fanjul, Christian Pablo, de 71 años — la mitad de ellos cortando caña para los hermanos Fanjul — está inmovilizado en su cama en el batey del Central Romana, sin atención médica.

Christian tuvo una trombosis que le paralizó medio cuerpo. Sabe que nació en Haití de donde le trajeron para una zafra y nunca más volvió. Es analfabeto tanto en creole como en español. Firmaba con una X la planilla que el central le entregaba para registrar la caña cortada y el sueldo por cada tonelada. Siempre se conformó con lo que le daban. Nunca protestó. Sus amos eran tan poderosos que eran los dueños hasta de las piedras de los caminos.

Ojo aquí: los hermanos Fanjul registran sus propiedades, sus ganancias, sus donaciones y sus negocios pero no registran a los emigrantes que ellos importan para cortar caña y hoy Christian no cobra pensión. Vive de la caridad de sus vecinos del batey, macheteros como él.

El pago a los macheteros es a destajo. Una media de 90 pesos — $2.46 — por cada tonelada de caña cortada. Un buen machetero, joven, fuerte y sano puede cortar hasta cuatro toneladas diarias ($9.84 al día). Pero de eso, todavía sufren descuentos.

A los macheteros se les descuenta por un “seguro médico” que no tienen. Por agua que no reciben en el cañaveral. Por luz que no tienen en sus barracas. Por el machete, las botas y los guantes. Hasta le descuentan el consumo de azúcar, cortando caña de sol a sol.

Y sin papeles ni contratos. Los emigrantes macheteros jamaiquinos y haitianos no firman nada. Su único sistema de supervivencia es aguantar y no tener un accidente: no llevarse un dedo ni el tendón de una mano. Porque si no trabajan no comen.

Claro, como son buenos negociantes, los hermanos Fanjul, para elevar el nivel de producción en sus cañaverales usan esos emigrantes tanto en República Dominicana como la Florida.

Pero en la Florida algo les salió mal cuando trajeron a miles de jamaiquinos (de manera solapada) para trabajar en esas condiciones inhumanas.

Publicaciones alternativas locales como NewTimes acusaron a la empresa de los Fanjul, Florida Crystals, y denunciaron “la esclavitud de los barones del azúcar en la Florida”.

Y se armó escándalo cuando, en noviembre de 1986, medio millar de jamaiquinos de un asentamiento conocido como Vietnam hicieron una huelga para protestar por los maltratos.

Los hermanos Fanjul llamaron a la policía y agentes especiales metieron a los jamaiquinos a punta de fusil en autobuses y los deportaron.

Este incidente incitó a sindicatos, abogados laborales y organizaciones de derechos humanos, y fue convertido en guión cinematográfico por la actriz Jodie Foster, que vendió los derechos a la productora de Robert De Niro, Tribeca Films.

La propia Foster dirigió la película y la protagonizó como la abogada defensora de los jamaiquinos — que en la realidad los defendió el abogado Edward Tuddenham — mientras que De Niro interpretó el papel de Alfonso Fanjul.

El título de la película fue Sugarland, distribuída por los estudios Universal. Pero el billete y la influencia de los hermanos Fanjul evitó que el filme se proyectase (presionaron o pagaron a las cadenas de teatros) y la película se engavetó en el 2007.

Es decir, una película sobre un drama social real, con dos estrellas del cine mundial (Foster y De Niro) ganadores de Oscars, no fue exhibida en este país porque los hermanos Fanjul, que supuestamente se fueron de Cuba por la falta de libertad, no lo permitieron.

Por otra parte el gobierno de Bush el Ñame le devolvió a los hermanos Fanjul los favores financieros que éstos le hicieron durante su campaña del 2000 en la Florida y en el 2002 confirmó la continuidad de las subvenciones que reciben como “cultivadores de azúcar norteamericanos” con el objetivo de ahogar económicamente las exportaciones cubanas (y un intento de eliminar esa subvención en el Congreso en 1996 terminó con los congresistas que votaron a favor recibiendo $11,000 de donaciones de la industria azucarera doméstica).

Los Fanjul reciben del gobierno norteamericano 65 millones de dólares al año. Y en República Dominicana son jerarcas. Un pastor que se les encaró por los abusos en los cañaverales, el misionero español Cristopher Hartley Sartorius, fue expulsado del país, quitado su pasaporte y devuelto a España.

Hoy controlan el 50% de la producción de azúcar en la Florida donde poseen 728 kilómetros cuadrados de cañaverales a nombre de la empresa Florida Crystals. Su patrimonio supera el billón de dólares.

Los Fanjul también fueron inversionistas y miembros de la junta de directores del Southeast Bank de Miami hasta que fue liquidado en 1991 por el FDIC. Y en 1995 cerraron la firma FAIC Securities mientras estaba siendo investigada por la agencia federal S.E.C. por violación de regulaciones.

Criados dentro de la exclusiva aristocracia de La Habana, Alfonso y Pepe Fanjul vivían en una mansión de dos pisos en el Vedado en la calle 17 entre D y E, con balcones neoclásicos, habitaciones estilo Luis XV, estatuas de Sèvres, kioskos chinos, cuadros de Sorolla, Goya, Murillo, Caravaggio, Boucher y Lebrun que hoy es el Museo Nacional de Artes Decorativas tras su expropiación por la revolución cubana.

En la década dorada de los años 50, la familia Fanjul-Gómez Mena daba fiestas a los duques de Windsor, jugaba golf con Loel Guinness y paseaba a Errol Flynn en su yate.

Mientras, en los cañaverales cubanos se sufría lo mismo que se sufre ahora en la Florida y República Dominicana: desalojo, explotación, abuso, analfabetismo, falta de atención médica.

Los hermanos Fanjul estaban ajenos a ese infierno en su mundo de glamour caribeño hasta que llegó Fidel…

En 1959 entraron unos barbudos vestidos de verde a la mansión de los hermanos Fanjul, que por entonces Alfono tenía 23 años y se acababa de graduar de la Universidad de Fordham, Nueva York. Su hermano Pepe tenía 14.

Los castristas sentaron a una mesa a la familia completica, pusieron las armas debajo y extendieron sobre la mesa los mapas con las propiedades de la familia: cañaverales, centrales, bateyes, mansiones, un puerto. Y les dijeron: “Desde hoy, todo esto es del pueblo… ¡Todo!”.

No hubo nada que negociar.

de Cuba ahora: Las racionalizaciones, una primera mirada…

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Desinflar plantillas es igual a racionalizar (despedir) trabajadores. Desinflar medio millón de una fuerza laboral activa de un total de 5,027,900 en un lapso de meses, que deberá enfrentar dilaciones burocráticas y disgusto de los trabajadores afectados, es una decisión necesaria pues la economía del país no puede continuar con un lastre que, al escamotear el real desempleo, ha ido minando seriamente la productividad tan imprescindible para resolver problemas urgentes. El país no puede continuar así y sin productividad del trabajo no hay solución integral posible.

Pero el proceso de desinflar precisa de un catcher (receptor), sectores dispuestos a asimilar la fuerza laboral afectada. ¿Los habrá?. Los comunicados oficiales indican que el sector estatal solamente podría ofertar plazas en labores deficitarias y de poco agrado, como el de las construcciones, la agricultura, policía y magisterio. Hacer agradable estos trabajos depende básicamente de las condiciones salariales y de la necesidad de los desempleados quienes ahora con la paulatina desaparición de gratuidades y de alimentos subsidiados, medidas llamadas a proseguir, se verá aumentada.

Pienso, como es lógico, que el proceso de desinfle es parte del proyecto global de actualización de la economía (2011-2015) y por lo tanto su integralidad, que se anunciará gradualmente, presionará y a la vez dulcificará las ofertas estatales a fin de hacerlas gratificantes. Pero hoy, ahora, según un informe del Ministerio del Trabajo y Seguridad Social, 465 mil de los desplazados deberán buscar su nicho en el sector no estatal. Es importante resaltar que cuando el gobierno determina que el sector privado reciba este gran número de trabajadores le está confiriendo valor estratégico y no valor coyuntural o eventual, como ocurrió en la década de los años 90 del siglo pasado.

¿Podrá desarrollarse en la sociedad cubana actual un sector privado capaz de asimilar y mantener una fuerza de trabajo tan numerosa? Varios factores serán determinantes, entre ellos las facilidades para adquirir créditos e insumos, la creación de almacenes mayoristas, las regulaciones oficiales que los normen. La ausencia de cualquiera de estos elementos iría en detrimento del esfuerzo aperturista y dinamizador.

Las regulaciones pueden estimular o no, depende del equilibrio entre la cuantía del impuesto que tengan que pagar y de la capacidad de estimulación que contengan. Sobre este punto importante me asaltan varias dudas y me detengo en una de ellas.

Las regulaciones instrumentan decisiones de política gubernamental y éstas se basan en el consenso, característica que habla de la existencia de diversidad de opiniones en cuanto a la apertura o no de nuevas fuerzas productivas y ejercicios de la propiedad. Nada novedoso decir que existen tendencias en una dirección y en otra por lo que el consenso sirve como  termómetro de las mismas. Si algunas actividades, pongo un ejemplo, serían gravadas con un 40% de impuesto, como circula extraoficialmente, la desestimulación a esa actividad estaría cantada. Lo contrario ocurriría en otras.

¿Qué pasaría con los miles y miles que cumplido el plazo de recibir el subsidio del 60% permanecieran en el limbo de la actividad económica? Esa fuerza laboral inactiva, en la calle, en medio de un proceso de cambios ¿constituirá un potencial capaz de influir en el consenso alcanzado hasta hoy? ¿O será factor de intranquilidad social? Quizás los cambios van siendo graduales y no con la celeridad deseada no solo debido a los ritmos del consenso en la cúpula política, sino al análisis de los efectos que pudieran tener en la sociedad para evitar posibles crisis que se salgan de los márgenes aceptables para cualquier gobierno.

Como dice un jóven trovador cubano en una de sus canciones: no se trata de derrumbar la casa, sino de repararla, reordenarla. Y la movida comenzó.

Por Manuel Alberto Ramy tomado de Progreso Semanal

Perugorría y Cruz: hay que trabajar e intentar que el producto sea lo mejor posible…

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La Habana, 21 sep (EFE).- Los actores Jorge Perugorría y Vladimir Cruz abogaron hoy por volver a poner de moda el cine cubano entre el público español y latinoamericano con buenas películas, ya sean de factura nacional o mediante coproducciones. Los protagonistas de “Fresa y chocolate” (1993) analizaron este martes la relación del cine latinoamericano y cubano con España a través de las coproducciones, en una tertulia en La Habana donde opinaron que los filmes cubanos han dejado de suscitar el interés que tuvieron en otras épocas entre públicos como el español.

Perugorría y Cruz coincidieron en que los gustos de la industria cinematográfica de España en relación a Latinoamérica se han desplazado últimamente “hacia el sur” y en especial hacia Argentina.

“El cine cubano ha dejado de ser una moda y ahora depende de los nuevos cineastas hacer historias que vuelvan a despertar el interés del público español y del público latinoamericano”, comentó Perugorría.  Vladimir Cruz opinó por su parte que “para lograr ponerse de moda nuevamente hay que trabajar e intentar que el producto sea lo mejor posible”.

En cuanto al papel de las coproducciones en el cine latinoamericano, ambos actores reconocieron que es la única posibilidad en una industria que es “precaria” si bien opinaron que falta una visión estratégica para la distribución y la difusión.  Jorge Perugorría se preguntó cómo es posible que no se haya podido romper aún el monopolio de Estados Unidos en el control de la distribución, lo que impide que películas latinoamericanas se vean en los países de la región.

“Las estrategias de las coproducciones deberían ir con el pensamiento de garantizar el mercado y la distribución en América Latina, Europa y, por qué no, en Estados Unidos”, añadió Vladimir Cruz.

Según datos aportados por estos actores, España concentra el 67 por ciento de los espectadores europeos de cine latinoamericano y, en relación a los festivales, el de San Sebastián es el que más salida da al cine de América Latina.

Jorge Perugorría y Vladimir Cruz se han vuelto a reunir de nuevo en la película “Afinidades”, que codirigieron y protagonizaron y que se estrenará en el Festival de Cine de La Habana el próximo diciembre.