Los hermanos Fanjul…

Por Varela

Hace años, entrevistados por la revista Vanity Fair, los hermanos Fanjul, grandes negociadores, aprovecharon para justificar la forma en que compran los gobiernos.
Aseguraron que llegaron a Estados Unidos con una lección bien aprendida: “Decidimos involucrarnos en la política porque no quisimos que nos ocurriera lo que en Cuba donde al no interferir en la política de Batista nos fue muy mal”.

Y los hermanos Fanjul saben negociar.

Apoyan con ríos de dinero a los principales candidatos de los dos partidos norteamericanos: Alfonso a los demócratas y Pepe a los republicanos.

Entonces los hermanos Fanjul hacen y deshacen contra la flora, la fauna y los seres humanos en la Florida.

Destruyen los pantanos de los Everglades porque expanden los cañaverales hacia allá y el fertilizante que le echan a las plantaciones consume el oxígeno del agua matando la vida acuática de los mismos.

Los conservadores de la naturaleza protestan pero las autoridades obvian este crimen porque los hermanos Fanjul — los reyes cañeros floridanos, y proveedores de dos de cada tres cucharadas de azúcar que consume el norteamericano — con sus contribuciones millonarias a Washington compran la ley y la imponen a su antojo, incluyendo la manera de explotar a sus empleados.

Acabo de leer en la prensa uno de sus últimos abusos: la vejación y humillación a Ángel Pérez, un cubanoamericano que por 15 años trabajó en un ingenio azucarero de los hermanos Fanjul; considerado un empleado modelo hasta que salió electo como representante sindical y empezó a presentar quejas sobre las condiciones de trabajo de los empleados. Lo expulsaron del central con un sheriff presente, obligado a quedarse sin vehículo a 50 millas de su hogar, ya que iba a su trabajo en un carro de la empresa.

Pero el desmadre de los hermanos Fanjul no se limita a Estados Unidos sino también a República Dominicana donde a mediados de los ochenta compraron cañaverales y centrales porque según ellos era “el lugar más parecido a su añorada Cuba”.

Y allí en esa isla tan igualita a la anhelada isla de los Fanjul, Christian Pablo, de 71 años — la mitad de ellos cortando caña para los hermanos Fanjul — está inmovilizado en su cama en el batey del Central Romana, sin atención médica.

Christian tuvo una trombosis que le paralizó medio cuerpo. Sabe que nació en Haití de donde le trajeron para una zafra y nunca más volvió. Es analfabeto tanto en creole como en español. Firmaba con una X la planilla que el central le entregaba para registrar la caña cortada y el sueldo por cada tonelada. Siempre se conformó con lo que le daban. Nunca protestó. Sus amos eran tan poderosos que eran los dueños hasta de las piedras de los caminos.

Ojo aquí: los hermanos Fanjul registran sus propiedades, sus ganancias, sus donaciones y sus negocios pero no registran a los emigrantes que ellos importan para cortar caña y hoy Christian no cobra pensión. Vive de la caridad de sus vecinos del batey, macheteros como él.

El pago a los macheteros es a destajo. Una media de 90 pesos — $2.46 — por cada tonelada de caña cortada. Un buen machetero, joven, fuerte y sano puede cortar hasta cuatro toneladas diarias ($9.84 al día). Pero de eso, todavía sufren descuentos.

A los macheteros se les descuenta por un “seguro médico” que no tienen. Por agua que no reciben en el cañaveral. Por luz que no tienen en sus barracas. Por el machete, las botas y los guantes. Hasta le descuentan el consumo de azúcar, cortando caña de sol a sol.

Y sin papeles ni contratos. Los emigrantes macheteros jamaiquinos y haitianos no firman nada. Su único sistema de supervivencia es aguantar y no tener un accidente: no llevarse un dedo ni el tendón de una mano. Porque si no trabajan no comen.

Claro, como son buenos negociantes, los hermanos Fanjul, para elevar el nivel de producción en sus cañaverales usan esos emigrantes tanto en República Dominicana como la Florida.

Pero en la Florida algo les salió mal cuando trajeron a miles de jamaiquinos (de manera solapada) para trabajar en esas condiciones inhumanas.

Publicaciones alternativas locales como NewTimes acusaron a la empresa de los Fanjul, Florida Crystals, y denunciaron “la esclavitud de los barones del azúcar en la Florida”.

Y se armó escándalo cuando, en noviembre de 1986, medio millar de jamaiquinos de un asentamiento conocido como Vietnam hicieron una huelga para protestar por los maltratos.

Los hermanos Fanjul llamaron a la policía y agentes especiales metieron a los jamaiquinos a punta de fusil en autobuses y los deportaron.

Este incidente incitó a sindicatos, abogados laborales y organizaciones de derechos humanos, y fue convertido en guión cinematográfico por la actriz Jodie Foster, que vendió los derechos a la productora de Robert De Niro, Tribeca Films.

La propia Foster dirigió la película y la protagonizó como la abogada defensora de los jamaiquinos — que en la realidad los defendió el abogado Edward Tuddenham — mientras que De Niro interpretó el papel de Alfonso Fanjul.

El título de la película fue Sugarland, distribuída por los estudios Universal. Pero el billete y la influencia de los hermanos Fanjul evitó que el filme se proyectase (presionaron o pagaron a las cadenas de teatros) y la película se engavetó en el 2007.

Es decir, una película sobre un drama social real, con dos estrellas del cine mundial (Foster y De Niro) ganadores de Oscars, no fue exhibida en este país porque los hermanos Fanjul, que supuestamente se fueron de Cuba por la falta de libertad, no lo permitieron.

Por otra parte el gobierno de Bush el Ñame le devolvió a los hermanos Fanjul los favores financieros que éstos le hicieron durante su campaña del 2000 en la Florida y en el 2002 confirmó la continuidad de las subvenciones que reciben como “cultivadores de azúcar norteamericanos” con el objetivo de ahogar económicamente las exportaciones cubanas (y un intento de eliminar esa subvención en el Congreso en 1996 terminó con los congresistas que votaron a favor recibiendo $11,000 de donaciones de la industria azucarera doméstica).

Los Fanjul reciben del gobierno norteamericano 65 millones de dólares al año. Y en República Dominicana son jerarcas. Un pastor que se les encaró por los abusos en los cañaverales, el misionero español Cristopher Hartley Sartorius, fue expulsado del país, quitado su pasaporte y devuelto a España.

Hoy controlan el 50% de la producción de azúcar en la Florida donde poseen 728 kilómetros cuadrados de cañaverales a nombre de la empresa Florida Crystals. Su patrimonio supera el billón de dólares.

Los Fanjul también fueron inversionistas y miembros de la junta de directores del Southeast Bank de Miami hasta que fue liquidado en 1991 por el FDIC. Y en 1995 cerraron la firma FAIC Securities mientras estaba siendo investigada por la agencia federal S.E.C. por violación de regulaciones.

Criados dentro de la exclusiva aristocracia de La Habana, Alfonso y Pepe Fanjul vivían en una mansión de dos pisos en el Vedado en la calle 17 entre D y E, con balcones neoclásicos, habitaciones estilo Luis XV, estatuas de Sèvres, kioskos chinos, cuadros de Sorolla, Goya, Murillo, Caravaggio, Boucher y Lebrun que hoy es el Museo Nacional de Artes Decorativas tras su expropiación por la revolución cubana.

En la década dorada de los años 50, la familia Fanjul-Gómez Mena daba fiestas a los duques de Windsor, jugaba golf con Loel Guinness y paseaba a Errol Flynn en su yate.

Mientras, en los cañaverales cubanos se sufría lo mismo que se sufre ahora en la Florida y República Dominicana: desalojo, explotación, abuso, analfabetismo, falta de atención médica.

Los hermanos Fanjul estaban ajenos a ese infierno en su mundo de glamour caribeño hasta que llegó Fidel…

En 1959 entraron unos barbudos vestidos de verde a la mansión de los hermanos Fanjul, que por entonces Alfono tenía 23 años y se acababa de graduar de la Universidad de Fordham, Nueva York. Su hermano Pepe tenía 14.

Los castristas sentaron a una mesa a la familia completica, pusieron las armas debajo y extendieron sobre la mesa los mapas con las propiedades de la familia: cañaverales, centrales, bateyes, mansiones, un puerto. Y les dijeron: “Desde hoy, todo esto es del pueblo… ¡Todo!”.

No hubo nada que negociar.

Una respuesta to “Los hermanos Fanjul…”

  1. rosa maria saldivar Says:

    quisiera tener noticias sobre un caballero de nombre Antonio Fanjul, que podría tener 70 años aproximadamente . El estuvo de visita oficial en Lima-Perú hace muchos años, para asistir a una convención internacional

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