Carlos Alberto Cremata: “Papi nos enseñó a multiplicar el amor”…

tomado de Cubadebate.cu/foto Petí.

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, aquí, en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, en el barrio de Lezama Lima, en los legendarios Estudios de Sonidos del ICAIC.

Hoy me acompaña un director de teatro que hace una labor especialmente generosa, virtuosa, fantástica. Una de las personas más queridas en el medio artístico. Más querida por los niños, más querida por los padre de los niños y por los abuelos de los niños. Es decir, por todo nuestro pueblo.

El gran director Carlos Alberto Cremata, más conocido por Tin. Tincito querido, director de la Colmenita, eso lo sabe toda Cuba,  y todo el que nos está viendo en cualquier parte del mundo, porque este programa se ve allende nuestras fronteras.

Según tú mamá, Iraida Malberti, de la que quisiera que habláramos un poquito, ustedes iban naciendo tú y tus dos hermanos e iban del hospital para el ICRT. ¿Por qué decía eso?

Cremata. Porque mami cuenta que nosotros prácticamente crecimos en los Estudios de Televisión, donde ella era coreógrafa. Mami era coreógrafa de casi todos los programas infantiles, o de todos.

Recuerdo que los lunes se hacía Caritas; el martes Amigo y sus Amiguitos; el miércoles Variedades Infantiles; el jueves Tía Tata. Mami dice que ella sintió los dolores de parto en un estudio. Fue a la sala de maternidad y después volvió, con nosotros muy chiquiticos, lo dice de esa forma.

Amaury. ¿Y ese trabajo hasta qué año Iraida lo estuvo haciendo?, ¿o lo sigue haciendo?

Cremata. No, no, lo sigue haciendo, o sea, después se convirtió en directora de televisión, ya dejó de ser coreógrafa. Pero recuerdo que Juanqui, el cineasta, el hermano que me sigue y yo, hacíamos, por ejemplo, en Caritas, hacíamos unos pollitos que se llamaban Pío Pi y Pío Po. Cuando Caritas lo hacía Cristy Domínguez.

Amaury. Sí, cuando lo hacía Cristy, claro.

Cremata. Entonces era muy simpático, un pollito decía las cosas al derecho y el otro al revés. Uno decía; Buenos días Caritas y el otro decía: Caritas, buenos días. Formaban unos troques tremendos.

Amaury. ¿Tú naciste en qué año?

Cremata. Yo nací el 26 de noviembre de 1959, el año de la Revolución.

Amaury. En el programa de manos de Sin embargo se Mueve, tú dices, voy a citar: A mi papá, director de la Colmenita desde 1959. Tu papá no fue director de la Colmenita, ni fue fundador de la Colmenita, ni siquiera fue autor. ¿Por qué tú dices eso?

Cremata. El problema es que yo siempre digo que yo tuve el privilegio de estar en una Colmenita de niño, que estaba integrada por cinco personas: mi papá, mi mamá y nosotros tres, son los cinco. Entonces lo que yo viví en mi infancia es exactamente lo que yo estoy reproduciendo ahora, exactamente lo mismo.

Mi papá sí era actor, lo que pasa que era un actor aficionado, era el que montaba obras de teatro, comedias, en el aeropuerto Internacional José Martí.

Amaury. ¿Por qué?, ¿trabajaba ahí?, ¿qué cargo tenía?

Cremata. Trabajaba en el aeropuerto en el departamento de Control de Vuelos, era despachador de vuelos, era su cargo. Creo que fue un gran precursor del Centro Promotor del Humor, lo que hace el humor ahora, porque papi en los ratos libres montaba obras de teatro, siempre comedias, siempre Enrique Núñez Rodríguez, que le encantaba. Incluso hacía una cosa increíble, que era que en los horarios de receso, él hacía parodias de las aventuras de turno.

Recuerdo, por ejemplo, El Zorro, entonces él hacía todas las voces, hacía la banda sonora, reunía a todo el mundo y era tremendo, porque era un poquito incisiva y a veces los hermanos Malpica eran los que trabajaban en el almacén, el malo era el administrador… (risas)

Amaury. ¿Por qué no le aceptó a Moya cuando le propuso un papel en Los Comandos del Silencio?

Cremata. (risas) Papi decía que eso no era de machos. Era una época. Pero él montaba muchas obras en el aeropuerto Internacional José Martí. Yo recuerdo que de niño, más que ir a la televisión con mi mamá, más que ir al Latino a ver la pelota, que me fascina, más que ir a la playa, a un hotel, lo que más me gustaba a mí en la vida, era ver a mi papá dirigiendo, pero no sólo dirigiendo, era un improvisador extraordinario. Tenía una voz increíble, tan, tan tremenda, que todavía conservamos, mami conserva, una grabación en cinta magnetofónica de Joan Manuel Serrat, que tú te comes el millo y piensas que es Joan Manuel Serrat, y es mi padre con un background de Serrat. Imitaba perfectamente las voces, era un tipo con unas facilidades.

Amaury. Sin embargo tenía prejuicios con dedicarse a eso.

Cremata. Era un poco cubano también. Esa cosa de la idiosincrasia.

Amaury. Si tú tenías en tú casa a un padre con esas habilidades artísticas, y tenías una mamá coreógrafa. ¿Por qué tú terminas en los Camilitos?

Cremata. Yo entro en el año 71 a los Camilitos, era prácticamente la mejor escuela que había en Cuba. Cuando eso la Lenin se llamaba Vocacional Vento, tenía incluso un nombre anterior y Los Camilitos era una escuela fabulosa y tuve la tremenda suerte de entrar en un momento lindísimo con personas…

Amaury.  ¿Pero tú entraste por vocación o porque tus padres decían que era la mejor escuela que había?

Cremata. Mis padres primero me pusieron toda la infancia en la escuela de natación. Yo estuve en la escuela de natación de Guanabo, porque ellos decían que era muy importante…

Amaury. Esa también era una gran escuela.

Cremata. Tremenda escuela. Pero ellos decían que el cuerpo tenía que prepararse para la vida y entonces ellos buscaban la mejor opción para los muchachos y apareció los Camilitos como una opción. Pero no, a esa edad, a los 11 años, vocación, no sé, es muy difícil tener una vocación, Amaury.

Amaury. No, hay gentes que desde muchacho dicen, yo quiero ser piloto de avión, otros dicen yo quiero ser guaguero.

Cremata. Nosotros no.

Amaury. Yo quiero ser bombero.

Cremata. Hubo un momento que decía piloto, pero realmente no, yo no entré por vocación a los Camilitos a los 11 años.

Amaury.  ¿Y cómo pasas de los Camilitos para Ucrania?

Cremata. El problema es que en los Camilitos me convertí en el estudiante que montaba todos los espectáculos artísticos y ganábamos premios en los Festivales del Ejército y de las Fuerzas Armadas. Y entonces de pronto tuve un rival muy grande, porque mi hermano Juan Carlos, el cineasta, entra dos años después que yo.

Amaury. El cineasta, no, el gran cineasta.

Cremata. Cuando entra Juanqui, dos años después que yo a los Camilitos, al fin yo sentía que tenía un rival, ¿no?. Él estaba en otro grado y competíamos los dos grados, él me ganaba un año y yo le ganaba otro y así estuvimos.

Entonces al final de los Camilitos, me dan la oportunidad de estudiar en ese momento la carrera como que más interesante, en el terreno cultural, que se llamaba Trabajo Cultural Masivo, era más o menos la especialidad.

Amaury. ¿Cómo se dice en ruso?

Cremata.  Kul brasviet rabota (fonética). Aunque yo tuve dentro del Trabajo Cultural Masivo que especializarme en una cosa que se llamaba Dirección Artística, específicamente de espectáculos de teatro.

Amaury. ¿Pero cuando regresas a Cuba de Ucrania, tenías un conocimiento -al menos elemental- del teatro que se hacía en Cuba?

Cremata. Yo tenía un conocimiento extraordinario del teatro universal y ruso. Tú sabes que Rusia es la madre del teatro, Stanislavsky, Vastangov. Pero me doy cuenta cuando llego a Cuba, que empiezo a trabajar en el  Conjunto Artístico de las FAR, que yo no conocía absolutamente nada del teatro cubano. Entonces es que aparece esa posibilidad, estando en el Conjunto Artístico de las FAR, de que yo haga una segunda carrera en el Instituto Superior de Arte, la dirección teatral que se inicia cuando yo entro.

Amaury. ¿Y te gradúas en el ISA?

Cremata. Me gradúo de la segunda carrera en el año 92 en el Instituto Superior de Arte de director teatral. Así se llama la carrera: Dirección Teatral que en estos momentos existe.

Amaury. ¿Y por qué a mí me dicen que a ti te gustaba dirigir a deportistas?

Cremata. No, no exactamente, no es que me gustara. El problema es que cuando yo estoy en el ISA tuve que descubrir.

Amaury. ¿Qué virtudes descubriste en un deportista…?

Cremata. Ya verás. Cuando yo estudio en el ISA, mi profesora de Dirección Teatral era Berta Martínez, lo ha sido siempre, pero cuando empecé, Berta me dijo: Mira, Tin, para dirigir teatro hay que tener dos condiciones: La primera, ver dirigir un buen teatro y la segunda: dirigir teatro.

Yo tuve la suerte de ver dirigir a Berta en muchas, muchas puestas en escenas.

Pero entonces, ¿qué pasa? que estudiando en el ISA y tratando de buscar ese grupo que yo quería tener para dirigir teatro, para probarme como director, monto junto a mi mamá un espectáculo gigante, en la Casa Central de las FAR, en el agua, en la dársena, que trabajaba Juana Bacallao, Litico Rodríguez, Mayrita de la Vega, buzos… Era una cosa, un macro espectáculo, donde habían 400 estudiantes de natación, de polo…

Amaury. ¿Y había qué, música, y canto, humor?

Cremata. Había una orquesta cada noche, era un súper restaurante, había un súper cabaret que había en la Casa Central de las FAR que hacían eso que se llamaban Espectáculos Acuáticos. Entonces ahí conozco a un grupo de estudiantes de alto rendimiento de clavados, de natación, de tiro, de gimnasia rítmica, que nunca en su vida habían entrado a un teatro. Habían ido a verte a ti al Carlos Marx, o a Virulo, o a los Van Van, pero no habían ido al Hubert de Blanck, al Sótano, no habían visto una puesta en escena, ninguno, jamás y empezaron a descubrir los misterios de esta cosa tan atrayente.

Pero al mismo tiempo ellos me daban a mí una cosa que yo no conocía entre los actores; que era la disciplina del cuerpo, algo tan importante para el actor. La entrega sin límites a un entrenamiento. Cuando aquello yo estaba muy influido por Grotowski, por (Eugenio) Barba, entonces era la cosa del entrenamiento sin límites.

Amaury. Verdad que los deportistas…

Cremata. Quiénes mejor que ellos para eso, pero me demostraron otra cosa increíble también. Eran muchachos muy jovencitos y de pronto llega uno a un ensayo, a un entrenamiento con 39 de fiebre y yo lo mandaba inmediatamente para la casa y no había quién lo convenciera, de que le privara de participar en el entrenamiento.

Y peor que la fiebre, recuerdo a una muchachita que un día me dijo que había dejado embarcado al amor de su vida, porque en esa época siempre uno tiene el amor de su vida, ¿no?.

Amaury. Que suele ser siempre el amor de tu vida.

Cremata. Sí, que suele ser el amor de tu vida, bueno, lo dejó embarcado por el entrenamiento. Eso yo no lo veía normalmente entre las personas que…

Amaury. …¿Y les veías talento? ¿Veías que si trabajabas con ellos profundamente podían haber llegado a ser…?

Cremata. Mira, ahora mismo en La Colmenita yo tengo un credo, un credo absoluto en este momento. Todos los niños del mundo, todos, tienen un lugar en el teatro. Creo que eso yo lo tenía también en ese momento. Claro, yo hago teatro, ¿sabes?. Como hago La Colmenita ahora, no hacemos teatro profesional. Yo juego al teatro, o sea, me entrego a jugar.

Amaury. O sea, lo que tú me estás queriendo decir es que tú confías en que cada niño trae un artista dentro.

Cremata. Absolutamente.

Amaury. Al fin, al fin oigo a alguien que piensa lo mismo que yo.

Cremata. Amaury, lo que pasa que puede estar un poquitico más adelante, un poquitico más atrás, puede estar entre las patas del teatro dando ánimos, y eso es parte del teatro. Puede estar imaginando personajes, imaginando ambientes, pintando.

El teatro reúne todos los medios, pero eso lo tenemos demostrado en La Colmenita. No ha habido un niño ni con discapacidad, nada que no pueda ser útil dentro de una puesta en escena y que el teatro no le pueda ser útil a él, o el arte.

Amaury. Pero ahí me llevaría entonces a una pregunta porque ya esto es de reafirmación personal; es casi una batalla lo que tú libras al nivel práctico y yo lo libro a nivel ideológico.

¿Tú crees que se viene a la vida con un don especial o uno puede trabajar el don natural que Dios te da?

Cremata. Es que, por ejemplo, te puedo responder que la inmensa mayoría de los niños que han estado en La Colmenita, que son miles, más del 90% no se dedican al arte. Pero es que Berta Martínez siempre me dijo una frase muy hermosa: La Colmenita prepara, no hacedores, sino sobre todo apreciadores del arte.

Amaury. ¿Y por qué fracasa, si fracaso fuera la palabra, el Grupo La Colmena?

Cremata. No, realmente no es un fracaso porque lo seguimos haciendo lo que la gente no lo conoce. Lo que pasa es que nos transformamos de actores jóvenes, en especie de monitores de los niños. Pero seguimos haciendo, sobre todo en las giras al interior, a las provincias, seguimos haciendo cosas de La Colmena.

Ahora mismo acabamos de rescatar uno de los grandes éxitos de La Colmena: Bululú y medio, un remedo de un clásico español, como si fuera un López, un Tirso, lo hicimos ahora en el Festival de Teatro de La Habana, que acaba de terminar, para las principales figuras invitadas porque es una obra de Teatro Restaurant, donde los actores no sólo representan una comedia del siglo de oro, sino que además, cocinan y sirven comida, bebida, es un restaurante, un restaurante con todos los hierros, pero los mismos actores lo están representando.

Eso lo rescatamos ahora mismo, lo seguimos haciendo, pero el trabajo con los niños es tan fuerte que te obliga a dedicarle todo el tiempo.

Amaury. Normalmente no se habla de los técnicos que trabajan alrededor de los grandes grupos de teatro, de las grandes salas de teatro, es muy poco habitual, salvo ese agradecimiento muchas veces superficial, de este trabajo lo hacemos en colectivo, esas cosas que dicen los grandes personajes, los grandes actores, o los grandes directores de teatro. No es tú caso, tú no eres así, y por eso yo quiero que me hables de esa extraordinaria artista, gran iluminadora y yo sé que para ti como familia que fue Saskia Cruz.

Cremata. A Saskia yo le decía: mi tía y yo la sentí siempre realmente mi tía, mi tía de verdad, de sangre, hasta el punto que no sólo hizo todos los diseños de luces extraordinarios. Berta siempre dice que Saskia vestía de largo el teatro, ¿no?. Tú podías hacer una cosa, pero de pronto, cuando entraba Saskia le daba una calidad muy especial. Saskia fue mi paño de lágrimas, siempre, siempre, siempre, o sea, era un familiar extraordinariamente cercano para mi…, para mi latir, era eso que late adentro, Saskia era ese sonido, la amé profundamente.

Amaury. ¿Cuándo tú armaste La Colmenita?

Cremata. La Colmenita. Mira, bueno, la fecha de nacimiento yo siempre digo que es el 14 de febrero del 1990, que es el año en que nace La Colmena y sin Colmena no hay Colmenita y los Colmeneros todos están… Pero realmente, si hay un momento de nacimiento… todo ocurre cuando yo dirijo La Colmena, alternaba como guionista y director artístico de un programa que dirigía mi mamá, a principios de los 90.

Amaury. “Cuando yo sea grande”.

Cremata. “Cuando yo sea grande”. Entonces mami es una gente de la televisión y, a mami, estar dentro de un cuarto de edición, una madrugada entera, eso para ella es estar como pez en el agua, pero mi hiperquinesia teatral no me lo permite, yo parecía un león enjaulado. Era terrible.

De pronto le dije: mami, voy a intentar con esos niños de Cuando yo sea grande, hacer un espectáculo en el lenguaje madre, en el lenguaje teatral, donde no puede haber trucos, donde un error ahí, alante de los espectadores a ver qué pasa. Era lo que a mí me gustaba hacer. Entonces reuní a esos niños y a mi hija, que entonces era pequeñita, ahora tiene 19 años, mi hija mayor, Camila y montamos un primer espectáculo grande en el Carlos Marx, que fue nuestra primera versión de Meñique por un cumpleaños de los Pioneros el 3 ó 4 de abril.

Amaury. ¿Qué tiempo estuvieron sin salario?

Cremata. Estuvimos sin salario del 90 al 98. Ocho años aproximadamente, 22 actores.

Amaury. ¿Y cambiabas actuaciones por recursos? O sea, ¿podías hacerlo aquí, nacionalmente.

Cremata. Muchas veces. Eso es un recurso muy utilizado en el mundo, que se llama el trueque. El teatro lo hace. Nada, muchas veces llegábamos a un lugar, por ejemplo, necesitábamos la poliespuma para hacer las paredes del estudio de sonido y nos decían: ¿pero cómo pagan esto? Yo les decía: bueno, lo único que podemos hacer es dar algunas funciones a los hijos de los trabajadores, después de varias funciones hacíamos ese trueque.

Amaury. ¿Cuál es el papel que ocupan los padres, los abuelos, las madres, sobre todo, dentro de La Colmenita?

Cremata. Mira, es el protagónico absoluto, porque yo digo que trabajar con niños en el terreno de la educación, no es tan difícil como en el caso artístico trabajar con los familiares. Los familiares son de diferentes habitat, de diferentes maneras, de diferentes costumbres. Es muy difícil, en un principio siempre la familia generalmente quiere que el niño brille y lo primero que le dice La Colmenita es que nosotros no somos esa fabriquita para convertir al niño en actor o actriz. Nada más alejado de La Colmenita. El teatro es el pretexto para que el niño se entregue a jugar al teatro, lo que le enseñamos es entregarse con el máximo de pasión a lo que vaya a ser después en la vida. El que quiera estudiar arte puede ir a la escuela de arte.

Amaury. Tú no te vas a convertir en una alternativa de las Escuelas de Arte tampoco.

Cremata. Es que La Colmenita son niños de las escuelas comunes de Cuba, de Ciudad de La Habana, por ejemplo, que después de las clases van al local que tenemos nosotros para jugar al teatro.

Incluso, el teatro, no sé si sabes, está contraindicado en el mundo entero antes de los 15 años y La Colmenita es desde los 3 a los 15 años, o sea, el teatro se empieza a estudiar en 10mo. grado, nunca se estudia en edad temprana. La música sí, el ballet sí, pero el teatro no, está completamente contraindicado.

Entonces nosotros, lo primero que tuvimos que hacer, es convencer al Ministerio de Cultura y a Cuba, al Gobierno, de que nosotros no íbamos a convertir a los niños en actores y realmente nada más alejado del propósito de los colmeneros. El objetivo es meterles el bichito del arte.

Amaury. Pero muchos de ellos después que terminan la edad de estar en La Colmenita se han convertido en actores y actrices importantes.

Cremata. No muchos, o sea, hay un por ciento de ellos, pero como incluso las Escuelas de Arte…, de La Colmenita se pueden ir anualmente unos cuantos niños y las escuelas de arte aceptan un número pequeño. Sólo que en La Colmenita, a través del pretexto del arte intentamos intoxicarnos, contagiarnos de valores, donde increíblemente, esto no es algo que te digo para…, los maestros son los niños… O sea, si queremos hablar de valores, el que sabe realmente -como dice Silvio-, qué cosa es entregarse al otro sin prejuzgar, ese es el niño. El que sabe el verdadero significado de la palabra desinterés, es el niño. Para no hablarte de generosidad. El niño es un maestro en todas esas cosas, lo tiene muy clarito, muy clarito. Los adultos a veces lo conservamos o lo perdemos, pero el niño siempre tiene el valor humano muy clarito.

Amaury. Bueno, tú eres de los que no lo perdió. Cuando tú hablas con cualquier padre, yo conozco a muchos de los padres de los niños que están en La Colmenita y cuando se habla de ti en la casa de cualquiera de estos padres amigos, tú eres para ellos casi un milagro de la naturaleza. ¿Tú eres un buen papá? Tú tienes dos hijas.

Cremata. Dos hijas maravillosas. Para contestarte esa pregunta, o sea, yo hago lo que yo aprendí a hacer, yo tuve un papá y una mamá, yo tengo un papá y una mamá, no sé, de verdad es un privilegio que nos dio a nosotros tres la vida. Sencillamente hago lo que aprendí a hacer. Mi hija Camila, la mayor, no vive en Cuba, vive en Tampa, pero Camila fue la primera niña que estuvo en La Colmenita. Ahora, en estos momentos, puede perfectamente dirigir una Colmenita mil veces mejor que yo. Es una niña que tiene además, unas condiciones naturales extraordinarias.

Ahora acaba de pasar las vacaciones pasadas aquí, conmigo, y la integré al espectáculo de Cenicienta según Los Beatles y Cami no conocía el espectáculo, pero de pronto en una función en Santa Clara, en el Teatro La Caridad, la niña que interpretaba Hey Jude, la canción de Mc Cartney estaba ronquita y le pido a Cami que la pase en el ensayo para cuidar a la otra y todo el mundo se quedó tan electrizado, tan electrizado, que no lo dejó de hacer más y ella iba a ayudarme. Y la más chiquitica, bueno, ahora acaba de estrenar en el Carlos Marx el personaje de Eutelia, en este espectáculo que hicimos de Elpidio Valdés y Los Van Van.

Amaury. Pero mi pregunta sería: tú tratas a los niños de La Colmenita de una manera, ¿es la misma forma en que tú tratas a tus hijas en tu casa?

Cremata. Para nada. Yo digo que yo puedo perfectamente dominar a cientos de niños en el escenario, pero me cuesta mucho trabajo una sola, María Carla, la chiquitica, tiene cinco años y no puedo con ella. Ella es la directora mía.

Amaury. Háblame de tus hermanos, a ver, de los dos.

Cremata. Tengo dos hermanos, uno muy conocido, cineasta, Juan Carlos Cremata, y quiero aprovechar este programa para que me ayuden a que no nos confundan. Siempre me dicen a mi Juan Carlos, yo encantado, pero me estoy apropiando de todos los premios que se ha ganado.

Amaury. No, Carlos Alberto eres tú.

Cremata. Sí, Carlos Alberto, pero me dicen Tin. A Juan Carlos yo le digo Juanqui desde chiquitico. Él fue el que me puso Tin a mí, Juanqui, es un cineasta y es para mí, yo lo he dicho públicamente el artista que más yo admiro. Tuve la suerte de verlo crecer y me he dado cuenta que nunca ha sido infiel al estudio, pero salvaje, del arte. Cuando Juanqui se mete en una cosa, yo no he conocido a nadie… O sea, cuando veo a veces los seriales de la vida de grandes artistas, lo identifico, porque yo aspiro en la segunda reencarnación a estudiar como Juanqui estudia realmente. Y el más chiquito se llama José Carlos. Papi nos puso Carlos a todos, mi papá se llamaba Carlos también.

El más chiquito, José Carlos, es productor, es actor humorista, estuvo en los Fonomemecos, estuvo en Onondivepa también y ahora está haciendo todas las cosas con mi hermano de productor.

Pero tenemos una hermanita por parte de padre que se llama Anaí Cremata, que siguió los pasos de papi en el aeropuerto.

Amaury. Que son entonces en realidad cuatro.

Cremata. En realidad somos cuatro.

Amaury. Uno de los espectáculos más conocidos de La Colmenita es La cucarachita Martina. No quisiera entonces dedicarle a eso tanto tiempo, pero a mí me llama la atención,el trabajo que tú has hecho con la música de Beatles, primero; después con la música de Silvio y después con la música de Formell, con la música de Van Van.

¿Por qué no me hablas de esos tres espectáculos?

Cremata. Aquello empezó un poquito antes, empezó con la música folklórica campesina cubana.

Amaury. Con lo Alexis Díaz Pimienta.

Cremata. Con lo del Papalote. Sí y un espectáculo que hicimos quese llamaba Ajiaco de Sueños, donde toda la banda sonora eran esas tonadas. Después tuvimos uno, que por cierto es el que más me gusta a mí, que no es muy conocido, Los cuentos de Andersen, con la música de la Trova Tradicional, con María Teresa Vera, Ñico Saquito, Matamoros.

Amaury. ¿Ese no has pensado reponerlo, porque en realidad ese yo no lo conocía?

Cremata. Sí, lo reponemos a cada rato, quiero que lo conozcas, es el más… Se canta por ejemplo, una versión de Nena, de Patricio Ballagas, que es un contracanto muy fuerte, se canta Matamoros muy bien. Es muy hermoso. Entonces después es que hacemos lo de los Beatles, Silvio y Van Van. Porque todo parte, Amaury, de un principio, en La Colmenita, de un principio pedagógico. O sea, nosotros tenemos, como todos los habitantes de la tierra, en este momento, ese peligro de la invasión de la seudo cultura, de la banalidad, de eso que le llama Abel la chatarra cultural. Y entonces ante toda esa invasión tremenda, la educación, nosotros lo vemos así, de los muchachos, debe estar, también en el terreno artístico potenciado por lo mejor. Y entonces por eso es que aparecen los Beatles. Fíjate, yo pensaba que yo conocía a los Beatles. Cuando tú te pones a bucear como Deborah Andollo en las barreras coralinas de los Beatles, descubres las cosas más increíbles, pero cuando te pones a hacerlo es impresionante.

Ahora nos pasó con Van Van. ¿Qué cubano puede decir que no conoce a Van Van? Cuando nosotros empezamos a descubrir lo virtuoso que es cada uno de los músicos en su instrumento y, el genio musical de ese compositor y arreglista que se llama Juan Formell. Los arreglos de Formell, los ponches, es impresionante. La sonoridad, vas a ver que…, pero para nosotros es una inyección de eso que es la cubanía o que se llama, por ejemplo, la alegría de Cuba. Van Van puede ser la alegría de Cuba. Entonces a través del arte puedes ver como eso se mete en nuestra alma y después se lo trasmitimos a los niños. Porque hacemos un espectáculo no para los niños, hacemos espectáculos para la familia. Y como pasó con los Beatles, ahora con Van Van y Elpidio Valdés, disfrutan los chiquiticos y los adultos disfrutan con Van Van, porque el niño no va solo a ver el espectáculo. Pero al mismo tiempo le estamos recordando Elpidio a los grandes y le estamos colando, inyectando en vena, lo mejor de la música cubana a los niños que van a verlo.

Amaury. Pero en el caso de letras como las de los Beatles, o las mismas letras de Silvio, es un poquito arriesgado, digo, es una pregunta, el hecho de que ellos empiecen a repetir esas canciones pero como papagayos, sin interiorizarlas.

Cremata. Has dicho una palabra muy importante. Tú lo puedes hacer como papagayos o tú lo puedes hacer…, y te voy a contar cómo lo hacemos nosotros. Nosotros lo hacemos a partir de un taller. Yo me he pasado la vida dando talleres con La Colmenita. Talleres de actuación, de canto coral, de percusión cubana, de zancos, de aprender inglés. Somos dueños de mil y un talleres, pero ahora estamos hace un año, y es lo que nos permitió hacer lo de Silvio, en el taller que yo simplemente soñé toda mi vida para hacerlo con niños, que se llama, Amaury, Crecer con Martí. Que no es solamente pintar a Martí, que no es solamente leer a Martí, es intentar buscar a Martí. Entonces en ese taller, todas esas canciones de Silvio, como El Problema, una canción tan honda como Historia de la silla. Nosotros discutimos hasta la saciedad y los niños dicen las cosas más increíbles. Pero yo digo: cuando monté el espectáculo de Silvio, el súper objetivo mío, era, por ejemplo, que mi niña, que tiene cinco años, cuando saliera conmigo del espectáculo, me preguntara, por ejemplo: Papá ¿por qué La Colmenita, ese grupo que a ella le gustó, por qué La Colmenita dice: que el problema, Señor, será siempre sembrar el amor?

Amaury. Sembrar amor.

Cremata. Me abre todas las posibilidades del mundo para yo explicar la esencia. Pero no a partir de que yo se la cuelo dogmáticamente, sino a partir de que ella la recibe de una respuesta, o una pregunta que tiene de algo que vio que era afín a ella. Entonces ese es el objetivo final de toda la…

Amaury. Y el espectáculo que estás preparando por Los Cinco héroes.

Cremata. Es una obra que le vamos a dedicar, o vamos a hacer. Yo digo, el súper objetivo es, pensando que vamos a poner un granito lindo para incidir en la liberación de los Cinco Héroes, porque esa es una deuda que tiene, muy especialmente mi familia, la familia de todos los que han sido víctimas, con esos cinco gigantes. O sea, ellos estaban haciendo eso, y estuvieron evitando que a cientos y miles de familias cubanas no les pasara lo que nos pasa a nosotros ahora que estamos creciendo sin nuestros ídolos.

Yo se lo dije a mami el 6 de octubre pasado, la llamé por teléfono y le dije: Mami, siento que tenemos que hacer más. Y mami estuvo completamente de acuerdo y es una deuda, Amaury, que tenemos con esos cinco amores, con esos cinco… Y estamos pensando en un espectáculo que pueda ser un poco como mutante, porque queremos hacerlo en Cuba y en el mundo. Por ejemplo, queremos que si vamos a hacerlo en España, donde tenemos muchos amigos, hacerlo utilizando como leitmotiv, como columna vertebral, la poesía de Miguel Hernández y de Marcos Sana, que fueron prisioneros extraordinarios también. Cuando vamos a Turquía, donde tenemos unos amigos.

El único libro que hay escrito de la historia de La Colmenita, lo escribieron los turcos. Se llama La Historia de La Colmenita, pero en turco, pero va y no lo entiendes, pero es la historia de nosotros.

Con ellos vamos a la poesía de Nazim Hikmet. Si vamos a los Estados Unidos tenemos la suerte de poder contarles a los norteamericanos, lo que sentimos en ese caso, y lo vamos a hacer utilizando la música de Bob Dylan y así trataremos de buscar…

Amaury. Sí, un espectáculo que lo van a ir adaptando según el lugar.

Cremata. Va a tener una cosa en común que va a partir sobre todo de los testimonios que nos den los familiares de los Cinco Héroes, sobre todo los niños, los hijos. Pero queremos, porque como decía Fidel al principio de la Revolución. Fidel decía: nosotros no le decimos al pueblo que crea, le decimos que lea.

Entonces es un poco el objetivo que nosotros queremos con este espectáculo. A partir de la belleza, de la poesía, del arte, de las canciones, decirle a la opinión pública, no queremos que estén de acuerdo, no pedimos eso, queremos que se interesen. Porque yo creo que lo principal de todo es que le gente no sabe. El sabotaje al avión de Barbados lo conocen las organizaciones de solidaridad con Cuba, pero la opinión pública en el mundo no lo conoce y fue el atentado más terrible en pleno vuelo en el hemisferio occidental.

Todo el mundo conoce el crimen de la Estación de Atocha, de las Torres Gemelas, pero Barbados, lo conocen círculos pequeños, y fue una cosa terrible, sencillamente, y la cosa mediática, como tantas cosas, lo obvia completamente. Vamos a hacer este espectáculo.

Amaury. Hay un tema que no sólo no quiero dejar de tocar, sino que no debo dejar de tocar. Como nuestro pueblo completo sabe, tú perdiste a tu papá en el atentado terrorista del avión de Cubana en Barbados.

Pero hace poco tiempo las familias te eligieron, por ser un tipo tan conocido, ser una persona tan responsable, que tú fueras como el presidente de esa especie de comité de víctimas, de familiares.

Yo quisiera que tú me hablaras de eso y que intentaras hacerlo desde una perspectiva distinta a la que se hace normalmente en los actos grandes, sino íntimamente porque yo, como ser humano, como cubano, recuerdo que la primera vez que yo lloré en público, fue en el acto en la Plaza en el 76 con el discurso de Fidel. Y Este es un programa que normalmente no va hacia lugares políticos muy evidentes, pero como yo lloré tanto ese día, quisiera que tú me contaras cómo fue tu vida desde aquel momento, desde aquella noticia hasta hoy.

Cremata. Mira, Amaury, yo no soy en este momento el presidente de ese comité, precisamente por esto que te voy a contar. Que lo he contado muy pocas veces. El cadáver de papi no apareció, sabes que aparecieron muy pocos cadáveres, creo que nueve, de aquel atentado salvaje.

Y nosotros nos hemos buscado, sólo lo sabemos nosotros los hermanos, ¿no? una especie de defensa, y soñamos mucho, tenemos un sueño común de que papi no ha muerto, o sea, la certeza de la muerte no la admitimos ni la admitiremos nunca.

Papi era un héroe real, o sea, papi fue mi Elpidio Valdés, mi Maceo, de nosotros, ¿no?. Era un héroe de esos, hasta de cómics, de dibujos animados. Era una persona que no puede ser asociada absolutamente con la muerte, no puede ser.

Y eso ha llegado a un nivel tan alto en nosotros, que yo le conté a mis hermanos, por ejemplo, que una vez actuando en el Ferrol, en Galicia, en una plaza para 3 000 personas con La Colmenita, yo juraría que a lo lejos, allá, yo veía a mi padre que se escondió, canoso y lo mismo le pasa a mis hermanos. Recuerdo que no hace mucho, mi hermano Juan Carlos me llamó por teléfono, hará unos años y me dijo por teléfono: Tin tengo la noticia más grande que te puedo dar en la vida, pero tienes que venir para escucharla aquí.  Al final la noticia era que mi hija Camila iba a venir a Cuba cuando no la esperábamos, pero no lo puedo ocultar, yo fui con la idea de que papi… Nosotros incluso soñamos que, como David, Corrieri en En Silencio… (En silencio ha tenido que ser), cuando se baja del avión, que regresa como que está en una misión secreta y tiene que ocultar su personalidad. Todo eso nos lo hemos inventado y eso fue lo que me impidió seguir esa responsabilidad, porque no podemos estar en contacto directo todos los días con la posibilidad de la certeza real, eso no. Es un escudo que nos hemos inventado o que creemos. Sencillamente para no admitir nunca que una persona como esa pueda realmente desaparecer.

Lo que sí no podemos perdonar nunca, es todo este tiempo tan grande en que nos han privado de vivir al lado de él. Yo estaba en los Camilitos cuando me dieron la noticia. Incluso cuando me dieron la noticia fue de madrugada; ese día nos habían inyectado una vacuna. Yo me sentía muy mal y de madrugada me despiertan y me dicen que me llama el director de la escuela. No podía entender que de madrugada, yo pensé que era una broma de los Camilitos y, cuando llego me encuentro al mejor amigo de mi papá, que era más bromista que mi papá todavía, era el jodedor cubano más grande que pueda haber, y estaba mal, completamente desfigurado, no era él. Incluso recuerdo que la noticia que nos dieron era -la primera noticia-, que había habido un accidente, pero que habían algunos sobrevivientes y yo viré a recoger mis cosas para ir a ver a mi mamá y me encuentro a mi hermano que lo traían, que estaba en otro grado, yo estaba en doce y él estaba en décimo y venía mi hermano y recuerdo perfectamente que le dije a Juanqui. Juanqui, un accidente en el avión que viajaba papi, nosotros ni siquiera sabíamos que había salido para el extranjero, él sale un martes, una cosa así y eso ocurre un viernes, nosotros estábamos becados en los Camilitos, no nos enteramos y, era un vuelo que no le tocaba, además se lo dijeron el lunes, una cosa así. Y entonces yo le digo, recuerdo que le digo: Juanqui, hubo un accidente pero tú sabes que papi ayudó a salvar a todo el mundo, y está vivo, eso tú lo sabes, tú y yo lo sabemos. Entonces recuerdo que cuando llego a la cuadra, papi era el delegado, era el tipo más querido, un tipo de pueblo, carismático, tremendo y recuerdo que estaba la cuadra llena y en Cuba la noticia, todavía no se había dado realmente, creo que se dio al otro día. Se había dado de una forma muy vaga, todavía no había elementos y estaba la cuadra repleta. Recuerdo que me bajé del taxi y formé un escándalo ¿qué hace tanta tante aquí, qué cosa es esto? ¡Van a poner nerviosa a mi mamá, si aquí no ha pasado nada, caballeros. Mi papá está vivo!

Desde entonces para acá, Amaury, no puedo perdonar jamás la cantidad de preguntas que se me han quedado sin respuesta, de no tener a mi ídolo, más que a mi papá, a mi ídolo viviente. A mi Martí, el que yo podía tocar, del que yo podía escuchar en susurros, del que yo podía aprender, a mi ídolo artístico, a mí ídolo humano. Yo tenía 16 años, Juanqui tenía 14 y mi hermano más pequeño tenia 13, mi hermano más pequeñito estudiaba en la ENA, estudiaba percusión. No se me olvida nunca, que el problema de nosotros era cómo le decíamos al más chiquitico, que era el más apegado a mi papá y es el jodedor, siempre lo ha sido, igual que mi papá. Igualito, son idénticos ¿cómo le decíamos la noticia de que hubo un accidente? Nunca se me olvida que llegamos a la ENA, él estaba desayunando detrás de unos cristales. Llegamos y nos preparamos especialmente para tener el mejor semblante del mundo, para poder empezar a hablarle a Jose. Jose estaba desayunando, levantó la vista, él estaba chivando, riéndose, levantó la vista, nos vio a nosotros, e inmediatamente empezó a llorar y salió a preguntar qué había pasado y… terrible, terrible.

Ha sido muy, muy, muy difícil y yo creo, como dicen Juanqui y mami, que nos ha salvado sobre todo lo que hacemos. Es decir, estamos tan ocupados en multiplicar lo que aprendimos de él, que no nos queda tiempo para pensar, por ejemplo, en cosas tan terribles como el odio, como la venganza, como esas cosas.

Sentimos, mucho, mucho odio en el corazón, mucho odio, mucho, eso no es mentira, es verdad. Pero ¿qué nos enseñó papi?, a multiplicar el amor, no a multiplicar el odio, no sabemos hacer otra cosa, no nos enseñaron otra cosa.

Amaury. Tin, tú trabajas con niños, por tanto trabajas con cuentos  infantiles y la idea de que el tesoro está al final del arco iris o al principio, según uno lo busque, me llevaría a mi última pregunta.

Dicen, ya es casi una leyenda popular, que Iraida estaba en un trabajo voluntario, tu mamá, y de repente vio donde nace el arco iris y yo pensaba ahora, después de escucharte hablar, que de alguna manera ella también encontró su tesoro. ¿Dime tú qué piensas de eso?

Cremata. Mira, mami tiene dos anécdotas chiquiticas que te voy a hacer en relación a eso. Ella cuenta que siempre despedía a papi cuando hacía un vuelo de una forma muy especial, se despedían de una forma muy linda, tan linda que cuentan los vecinos que una semana antes del sabotaje del avión de Barbados, encontraron a mi papá y a mi mamá en el parque de la esquina de mi casa, en el parque de Línea, besándose, o sea, tenían la casa para ellos solitos, nosotros estábamos becados, tenían la casa para ellos solitos y estaban allí besándose, era una cosa bien…

Mami cuenta que la única ocasión en toda su vida que se quedó con la tacita de café en la puerta y vio salir el taxi y no pudo despedirse, fue esa vez. Pero hay una cosa más, ella no estaba en el campo, ella estaba en un trabajo voluntario del ICRT construyendo los edificios que están cerca del Meliá Cohíba. Estaba, creo que Ana Lasalle, yo no recuerdo exactamente, pero estaban personas muy conocidas de la televisión y después mami se da cuenta, cuando hace el cuento, de que lo que te voy a contar ahora que le pasó a ella, y le pasó a la hora exacta en que se estaba produciendo el sabotaje del avión. Dice que estaban trabajando y empezó a llover muy fuerte, pero esa cosa que tú recuerdas que es la vez más fuerte que ha visto llover en la vida, caía casi granizo, era muy fuerte. Entonces ellos estaban en un lugar y tenían que pasar a otro para guarecerse, se metieron por una estera y cuando salieron, había acabado de llover milagrosamente y dicen que mami empieza a gritar como endemoniada: ¡Caballeros, miren, miren, miren aquí mismo nace el arco iris! O sea, ella vio el lugar donde nace el arco iris y nadie lo vio, solamente ella. Después ella cuenta, por esas cosas de las asociaciones, que increíblemente descubrió que era en ese momento. Entonces yo creo que lo que hacemos los tres, los cuatro, es exactamente eso, es tratar de inventarnos, de tender un arco iris, porque lo necesita la vida, lo necesita…

Es eso lo que hacemos todos ahora, es, es… tratar de vivir de la forma que nos enseñaron, de la forma más linda.

Amaury. Bueno, Tin, los programas desgraciadamente se acaban. Contigo podíamos estar hablando un buen rato. Muchas gracias, muchas gracias por venir, muchas gracias por lo que dejas a nuestros niños, por lo que vas a dejar en los niños que vendrán y por la importancia de ser tú. Te quiero mucho.

Cremata. Gracias, Amaury.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: