Calviño: No soy cubano por accidente, soy cubano por decisión…

con 2 que se quieran… tomado de cubadebate

Amaury. Muy buenas noches, estamos en Con 2 que se quieran. Ahora aquí, en 5ta Avenida y calle 32, en Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala.

Hoy nos acompaña, otro querido amigo mío, el doctor en  Ciencias Psicológicas y músico, un gran músico que después va a explicar por qué no siguió siendo el gran músico que siempre fue. Mi hermanito, Manolo Calviño.

Muy buenas noches, oye qué alegría, cómo se va a poner la gente feliz de tenerte en el programa. Lo han pedido, me dicen, ¿por qué no llevas a científicos, a deportistas? Me lo dicen mucho. Y claro, yo siempre digo que el perfil del programa está vinculado a ese mundo artístico-intelectual, ¿no?, pero es que tú reúnes esas dos condiciones, así que los que querían científicos, te tienen a ti aquí y los que querían músicos, también.

Yo quería empezar a hablar por tus padres, por tu niñez, cuando te conocí, ya eras un joven. ¿Cómo transcurrió eso?

Calviño. Pues la verdad que funcionó muy bien. Yo tuve una niñez absolutamente feliz -en mis recuerdos y en los hechos objetivos que puedo estructurar para tratar de separar el recuerdo de lo que realmente pasó, cosa que es casi imposible-, pero fue una niñez muy linda, muy feliz. Yo nací en Cayo Hueso, sigo viviendo en Cayo Hueso, aunque vivo ahora en el Vedado, pero mi estilo de vida quedó marcado por Cayo Hueso, el concepto del barrio, de la gente, de llegar a las 3 de la mañana, de las puertas abiertas, y todo el mundo ahí. En Cayo Hueso trasncurrió mi infancia, una infancia llena de juegos, de desentendidos con los padres, como es de suponer. Mi padre siempre fue un hombre con un pensamiento muy avanzado. Mi madre a la usanza de la época, muy dedicada a ensalzar a mi padre y a sus hijos.

Amaury. ¿A qué se dedicaban?

Calviño. Mi madre era ama de casa. Se dedicaba a los hijos, tenía la profesión más difícil de todas las profesiones, y mi padre era médico, era cardiólogo y en gran medida mi padre es una de las causas fundamentales de por qué yo estudio psicología.

Yo fui, Amaury, un pésimo estudiante de preuniversitario. Digamos, evaluando por los estándares conocidos: no asistencia a clases, no estudio, no interés. Era la época en que la música ocupaba el primer plano de mis intereses. Repetí el último año del pre, eran, qué sé yo, 18 asignaturas. Me presenté a una cosa que hoy se llama los mundiales, en aquella época ni me acuerdo cómo se llamaba.

Amaury. ¡Extraordinarios!

Calviño. Efectivamente, extraordinarios y aprobé todas las asignaturas menos Física. Entonces eso fue una cosa interesante: Estoy sentado en el parque Mariana Grajales y se me acerca la entonces directora del preuniversitario y me dice: “¿Calviño, usted va a repetir todas las asignaturas o solamente Física?” Mira como han cambiado los tiempos, si eso se le dice hoy a un muchacho, probablemente preguntará ¿Cuánto cuesta? En aquella época, yo pregunté: “¿Qué es lo que me va a mandar a hacer?”

Amaury. ¡Claro, claro! (risas)

Calviño. Es la diferencia, muchos años. Entonces me dijo: No, usted puede dar solamente Física, pero tiene que ir a trabajar de profesor a una secundaria y me mandaron a la secundaria en la que yo había sido estudiante. Cuando el director me ve llegar, dijo: “¿Y usted que hace aquí?” Dije: Prepárese que va a recibir a su nuevo…

Amaury. ¿Qué secundaria era?

Calviño. La Rubén Martínez Villena. El otro día, hace unos programas atrás, estuviste hablando con Loipa.

Amaury. ¡Ah, sí!

Calviño. Y decía que su mamá era profesora de Español, fue mi profesora de Español, excelente profesora de Español. Bueno, y cuando llego a la Secundaria, digo: bueno “¿y qué asignatura voy a impartir?” Me dice el director, la única que tenemos disponible es…, Física.

Amaury. (risas)… Física.

Calviño. Por suspender Física fui profesor de Física y esto es un hecho interesante, hoy muchas personas dicen: los profesores jóvenes, los emergentes. ¡Yo fui un emergente!, pero con un sentido de responsabilidad, estudié Física como nunca en mi vida y allí descubrí mi vocación por el magisterio. Yo no puedo dejar de ser maestro y lo descubrí allí. Por un accidente, dirían algunas personas. Los psicólogos diríamos: alguna causalidad en la historia de tu vida.

Y con la Psicología me pasó igual, terminé ese año el preuniversitario, la misma directora me dijo: “¿Y usted qué va a estudiar?” Y con una cosa así, absolutamente prepotente y altanera, que yo no era así.

Amaury. Tú no eres así, no.

Calviño. Era mi relación con la directora, era como decirle; usted no me va a poner un pie encima y le digo: ¿Cuál es la especialidad más difícil de entrar? Me dijo: entre ellas, Psicología. Le dije: “Apúnteme en Psicología” y ahí fui, hice las pruebas y matriculé Psicología.

Amaury. Pero ahí voy a una pregunta ¿En la Psicología que se practica hoy se sigue respetando ese secreto profesional, igual que se respeta en la iglesia el secreto de confesión?

Calviño. El sector profesional es absolutamente inviolable. La estructuración ética de la profesión descansa en el secreto profesional.

Amaury. Yo conozco a algunos artistas que tienen dificultades psicológicas y algunos hasta psiquiátricas y dicen: yo prefiero contener todo esto que ir a contarle -inclusive una persona que sale por televisión, que sale en el cine-, no voy a contarle a un médico mis problemas, porque a lo mejor se ha relajado la disciplina, y cuando venga a ver los problemas que yo tengo se entera todo el mundo.

Calviño. Bueno, ese es un tema también que no tiene tanto que ver, a mi juicio, que no tiene solo que ver con el modelo profesional, sino también con un modelo cultural. Seguimos siendo culturalmente un país donde una persona, en medio de Galiano y San Rafael, puede hablar de sus padecimientos de hemorroides con una tranquilidad impresionante (risas), sin embargo, decir que está sometido a un tratamiento psiquiátrico, o que se ve con un psicólogo, eso… no. Yo creo que es un problema cultural.

Sin embargo, yo he tenido pacientes, vamos, he tenido amigos, que por amistad he preferido que no sean mis pacientes, los he derivado a otros profesionales y yo mismo he llegado a pensar: tengo que buscar la forma para no exponerlo. Y esa persona en quién estoy pensando me ha dicho: Dime dónde hay que estar, a qué hora, dónde es la cola. Tranquilo.

Amaury. ¡Ah, qué bárbaro!

Calviño. Es decir, yo creo que es un problema cultural y un problema también, ¿por qué no?, sin que nadie se ofenda, creo que es un problema de madurez personal.

Amaury. Bueno, ¿ustedes son tres hermanos? Alfredo, Lola y tú.

Calviño. Sí. Yo soy el del medio, Alfredo es más pequeño.

Amaury. Alfredo, ¿a qué se dedica?

Calviño. Alfredo se dedica al cine. Vive en México, parece ser que una persona bastante exitosa en materia de comercialización de cine. Se dedicaba a eso aquí. Aprendió su trabajo aquí en el ICAIC, verdad que con los grandes vendedores del ICAIC, que son antológicos.

Amaury. Sí. ¿Y Lola?, que trabaja en el cine también.

Calviño. Lola también trabaja en el cine, así que probablemente de ahí mi parecido a Brad Pitt, con unas libras de más. (risas)

Amaury. (risas) Bueno, los ojos tuyos son más bonitos que los de Brad Pitt

Calviño. ¡Ah, ya tú ves!

Amaury. No sé si las luces permiten ver la claridad de tus ojos. Ahora ¿Cuándo se forma el grupo Moncada?, quiero que vayamos ahí  antes de irme atrás.

Calviño. Moncada nace en el 72. Alberto Faya y un estudiante de física, Mario Ayoub y yo, cantábamos…, como empezamos todos, cantando las canciones de Silvio, de Pablo, hacíamos las veces de trovadores. Y entonces, en algún momento aparece la Televisión Universitaria, y aparece un programa, entre los muchos que aparecieron de la TV Universitaria, que se llamaba Siempre en Domingo, que lo dirigía Jorge Gómez.

Amaury. ¡Ah, claro!

Calviño. Y Jorge Gómez empieza un poco a aglutinar gente para intentar sustentar aquel programa y había una cercanía ya entre nosotros. Nos juntamos ahí a tocar con unos instrumentos que estaban allí que eran de la escuela. Cuando hicimos el primer intento, yo dije: este grupo ya tiene nombre, debe llamarse Los Pimientos Morrones (risas) para evitar cualquier otro exceso.

Moncada nunca nació, a mi juicio, con una pretensión de ser músicos, sino con una pretensión de hacer un trabajo cultural, de comunicación cultural. Sus gestores eran gentes con intereses de este tipo, quizás no éramos, seguramente, muy buenos músicos, pero sí, esto nos unió y en el 72 fundamos el Grupo Moncada.

Amaury. Pero cuando tú llegas al Moncada, yo recuerdo el Moncada de aquellos años, desde afuera tú decías: los que tienen una formación musical más sólida…, estaba Julián (Fernández).

Calviño. Julián, efectivamente.

Amaury. Tocaba guitarra, empezó a tocar tres por esa época.

Calviño. Exactamente.

Amaury. Y tú, porque tú venías… Mi primer recuerdo primero tuyo era tu pelo largo, ¡imagínate! todos nosotros rapados, porque la escuela donde yo estudiaba era medio militar o algo así. Y cantando: Tan solo tres días… (entonando)

Calviño¡Tan solo tres días! ¡Black is Black!

Amaury. Black is Black ¿Cómo fue ese paso por Los Dadas? Porque a lo mejor estaba por ahí lo del Pre, que no sacabas bien las notas…

Calviño. Exacto, sin dudas, sin dudas. En el año 65 ó 66, ingresé en Los Dadas. Recuerdo que una de mis primeras experiencias -que nunca se llegó a realizar- en un viaje que hacíamos a Matanzas, montó en la guagua un muchachito flaco, orejoncito, con su guitarra y le decía a la gente de Los Dadas: ¿por qué no hacemos un disco? Los Dadas venían del Ejército, de la 2350, de Managua. Yo no, yo estaba en mi Pre y este muchacho recién salía del Servicio Militar Obligatorio. Y ahí quedó la idea de hacer un disco, en el que a mí me tocaría hacer una segunda voz de una canción que decía algo así como: “Quédate, quédate, para poder vivir sin llanto” (canta esa línea y Amaury la termina con él)

Amaury. ¡Era Silvio, el muchacho jovencito que se subió a la guagua!.

Calviño. Era Silvio, y realmente es que Los Dadas fueron un grupo muy, muy bueno.

Amaury. Muy bueno.

Calviño. Y sí, yo tenía, al llegar al Moncada, una experiencia de trabajo en grupo muy importante.

Amaury. Y en escena.

Calviño. Y en escena, en el 69.

Amaury. Porque Alberto (Faya) tenía la impronta

Calviño. Exactamente y una voz tremenda.

Amaury. Y tú con el oficio total.

Calviño. En el 69 recuerdo que coincidimos en un escenario que se llama el Copa Room del Hotel Riviera, que fue el año que repetí en el preuniversitario, ¿ya vas atando cabos?, hacíamos dos shows, un show y una cortina musical con Los Dadas. Y las tres personas que en aquel momento tocábamos y cantábamos con la guitarra, éramos: Pedro Luis Ferrer, Mike Porcel y yo.

Amaury. ¡Madre mía! ¡Era una bola de talento!

Calviño. No, la verdad, es que todas esas cosas te marcan. Pero todo eso forma parte de esa tradición musical que yo no abandono, ¿eh?

Amaury. Bueno, voy para una pregunta que, a quién mejor que a ti se la voy a hacer. Vale la pena, un programa que lleva al aire veinte años, yo no he visto todos los programas, pero sí he visto muchos. Se ha formado una especie, como se dice en la calle, “una atmósfera” con el asunto del celo y del intrusismo profesional, o sea, la gente que viniendo de la calle, va a la televisión y supuestamente le robamos el trabajo a algunos locutores, ¿qué tú piensas de eso?

Calviño. Mira, el tema del intrusismo profesional es todo un temazo y justamente se ubica, básicamente, en lo que hoy algunos especialistas llaman las disciplinas blandas. Es difícil el intrusismo profesional en neurocirugía.

Amaury. Claro.

Calviño. Es poco probable, mejor no lo probemos. (risas)

Amaury. Sí, que una enfermera diga: déjame meterme a operar aquí.

Calviño. Entonces. A ver ¿qué cosa es esencialmente un profesional? Un profesional es una persona con un conjunto de conocimientos, habilidades y sobre todo ¿de qué?: de-di-ca-ción. Entonces, no veo mucho esta cosa del intrusismo profesional. El rol de un locutor está bien definido. Tenemos excelentes locutores que lo hacen muy bien.

Amaury. Buenísimos, buenísimos.

Calviño. Una cosa es un locutor, otra cosa es un conductor, otra cosa es un comunicador.

Amaury. Un animador.

Calviño. Un animador. Tu madre, la última vez que estuve en la casa de Nuevo Vedado, me dijo: “Aquí yo he conocido a muchos ‘comunicólogos’, pero comunicadores hay pocos, y tú eres uno de ellos”.

Amaury. Pero es que tú eres, para mí, y lo digo con absoluta responsabilidad -el otro día Sara (González) me pegó casi en la cabeza, porque me dijo: estás siendo muy absoluto en el programa- bueno, yo estoy hablando por mí, y yo creo que el mejor comunicador que tiene nuestro país, que sale por televisión es Manolo Calviño.

Calviño. Esa es la ventaja de tener buenos amigos.

Amaury. No, no estoy siendo… digo, tú me conoces, sabes que de adulador no tengo nada.

Calviño. Nada.

Amaury. Sino que yo sé,  lo que tú haces: pararte delante de una cámara, con una iluminación normalmente pobre, con una escenografía escasa, prácticamente nada.

Calviño. Nada.

Amaury. Todas las semanas, donde no hay un error, cualquiera pensaría que tienes un teleprompter (un aparato que ponen debajo de la cámara para leer lo que dice el locutor a cámara), ¡No!, en Vale la penatodo eso sale de tu cabeza. ¿Cómo preparas esos guiones?

Calviño. Yo no creo en la improvisación ¿en qué sentido?: la improvisación…, creo en ella solamente como el lugar y la circunstancia específica, el momento en el que tú dejas salir algo que has estado formando y preparando durante años. Cuando Chucho (Valdés) se sienta y dice: “voy a improvisar”. Son 50 años de piano.

Amaury. Claro, claro, sí, sí.

Calviño. Son 50 años de piano y una experiencia… entonces, yo sí creo en el saber, en la dedicación, en el estudio. Mucho estudio, mucho trabajo, eso es ser un profesional. Y eso sobre un contexto ético fundamental que se llama, a mi juicio: responsabilidad. Yo no puedo pararme en un aula, no puedo sentarme en un estudio de televisión, si no es pensando que voy a intentar hacer todo lo mejor que yo puedo hacer por respeto a esas personas que están allí sentadas. Sean mis estudiantes, sean los televidentes.

Amaury. Bueno, es que yo siempre he dicho que uno no viene a este mundo con determinados dones.

Calviño. Exacto.

Amaury. Sino que uno los ejercita… y esto ha sido motivo de discusión en la casa y ha sido motivo de discusión en este mismo programa.

Calviño. Claro.

Amaury. Ahora, Vale la pena ¿por qué surge ese programa?

Calviño. Tiene dos historias…

Amaury. ¿A quién se le ocurre?

Calviño. Tiene dos historias. Una historia, si quieres, más administrativa y una historia más contextual, cultural y una historia obviamente personal. Hilda Rabilero, que en aquella época hacía el programaContacto estaba buscando crear secciones que le reanimaran el programa. Hacía una sección de salsa, de la que salió Mi Salsa y hacía una sección de psicología.

Amaury. ¿Era televisión en vivo?

Calviño. Televisión en vivo. Y en un determinado momento, me acuerdo, un ex alumno mío que trabajaba con Vicente González Castro me llama y me dice: “estamos buscando programas de pequeño formato”. Yo estaba…, no desencantado de la psicología, pero quería buscar otra cosa. Yo soy una persona, en mi vida profesional, que pienso mucho en la devolución, en lo que yo puedo ayudar a las personas. Es una vocación primitiva casi en mí, y entonces ahí llegó la posibilidad. Yo quería levantar y salir un poco de ahí y decirle a la gente: la mejor variante es mirarnos primero nosotros. La vida nos es dada una sola vez y esta vez que te la dan, y esta vez que la tienes, hay que vivirla con mucha felicidad, con mucho bienestar. Hay que vivirla con mucha entrega. Esa cosa, a lo mejor un poco cursi, no importa, de que cuando te vayas saliendo puedas decir: ¡viví, viví!

Entonces me gustaba, me gusta la idea, de que esto no sea solo un proyecto mío, de mis hijos, de mi familia. Que podía ser un proyecto mucho más allá y ayudar a las personas a este andar más presidido por la felicidad, por el bienestar. Que no quiere decir que no hayan obstáculos, que no hayan problemas, que no haya frustración, que no haya depresión, ¡No!, el problema no es que no hayan esas cosas, sino cómo salir de ellas, y salir vencedores, salir del lado de la felicidad.

Amaury. Ya. Manolo ¿y cómo se graba Vale la pena?

Calviño. Entrará en los Records Guinness como el programa más barato de la Televisión Cubana, que debe ser la televisión más barata del mundo. Así que puedo aspirar (risas). Mira, yo normalmente voy recogiendo temas, leyendo cartas, conversando con la gente y voy haciéndome una esquela de temas generales. Pero yo llego al estudio, me pongo la camisa, me siento y grabo. Tres minutos, paro; siete minutos, paro; tres minutos y vamos para el otro programa.

Amaury. ¿Cuántos grabas?

Calviño. Normalmente grabo dos programas y no tengo necesidad de grabar más porque como grabo con mucha anticipación, grabo dos programas. Quiere decir que en términos estrictamente de utilización de estudio, con 30 minutos de estudio, yo hago Vale la pena y no me hace falta más.

Amaury. Sí, es el más barato. Creo que hay uno en Albania que es un poquito más corto y más barato. (risas).

Calviño. Pero Vale la pena se graba de arriba abajo.

Amaury. ¿Y cuando hablas de las cartas en los programas es verdad que estás leyendo las cartas reales o hay cartas ficticias?

Calviño. Por lo general son cartas reales, ¿en qué sentido? Recibo 10, 12 cartas, 20 cartas sobre una temática más o menos común y ahí construyo una que representa todo lo que está. Otras veces, efectivamente es una carta tal y como la recibí.

Amaury. A veces, cuando estábamos en el período especial, por ejemplo, yo creo que tú fuiste de las grandes ayudas para este país. Hay que reconocerlo, por lo menos, para mí lo fuiste, a veces hablabas de temas que en esa semana estaban ocurriendo y tú habías grabado ese programa a lo mejor hacía un mes.

Calviño. Exactamente, o más.

Amaury. ¿Eso es destino, casualidad?

Calviño. Creo que las contingencias de la vida humana son de alguna manera reiterativas. Entran con disfraces diferentes, con caras diferentes, pero las situaciones humanas son muy comunes. Entonces, claro, hablas de cosas que pueden estar siendo pensadas para hoy y un mes después, dos meses después, tú dices: la debe haber grabado hoy por la mañana.

Amaury. Yo pensaba muchas veces que lo hacías en la misma semana en que salía.

Calviño. Bueno, para bien y para mal, ¿eh?. Porque me ha pasado también, de cosas que he grabado con dos meses de anticipación y han salido un día en que el contexto les da una lectura específica y entonces es al revés.

Amaury. Ah, también.

Calviño. Pasa ese tipo de cosas. Pero Vale la pena, siempre digo es un programa que empieza cuando se acaba. Es decir, mi gran aspiración es que cuando yo cierre, la gente diga: no estoy de acuerdo con eso o sí estoy de acuerdo, eso es lo que le pasa a Fulano y se produzca eso, que en definitiva es su leit motiv, es realmente lo que queremos. Muchas veces se piensa que el psicólogo es el tipo que sabe muchas cosas y que sabe dónde aplicarlas, ¿no?, una representación muy vieja del psicólogo. Me es imposible pensar que yo puedo saber de tu vida más que tú mismo, pero la distancia que tengo de tu vida, es la que cuando se junta con la distancia que tienes tú, la que tú ves más de cerca, y la que yo veo más de lejos, nos permite encontrar otra visión distinta y en esa otra visión, probablemente esté tú camino.

Amaury. Es la otra punta del triángulo, ¿no?

Calviño. Exactamente.

Amaury. Yo te oigo hablar y estoy absolutamente hipnotizado. Este es mago, además, pero siempre fuiste así, antes de ser psicólogo, tú siempre has hablado con tanta vehemencia…, que yo recuerdo, desde jovencitos, en algún momento…, nosotros fuimos jóvenes también alguna vez…

Calviño. Sí, claro (risas)

Amaury. Y delgados.

Calviño. (risas) Y delgados.

Amaury. Cualquiera pensaría que a ti no te hace falta nunca tener ayuda médica, porque la gente que te ve en televisión puede decir: este hombre tiene las respuestas para todo. Si un día se siente mal, él solo puede resolverlo. Él solo se recicla, él solo se reedifica.

Calviño. Antes de ser psicólogo soy ser humano y si a algo no renunciaría definitivamente nunca, es a dejar de ser ser humano. Algunas veces me dicen: “sus hijos deben ser perfectos”. Yo respondo: “no, no, yo soy padre antes que psicólogo, y no voy a renunciar nunca a ser padre.”

Amaury. Y deben ser malas cabezas los muchachos, como todos.

Calviño. ¡Cómo todos!, ¡cómo todos! Cuántas veces nosotros estamos metidos en conflictos con los más jóvenes y de pronto tú dices: ¡Espérate un minutito, flash back, vete atrás! ¡Ponte en tus 17 y es como si fuera la historia repitiéndose! Empiezas a ver las cosas ahora como un deja vu, eso ya pasó en mi vida.

Amaury. El joven que uno fue, ¿no?.

Calviño. El joven que uno fue. Entonces, yo no tengo respuestas para todos los problemas, ni a los míos y sin duda alguna que los tengo.

Amaury. Hombre, claro.

Calviño. Ahora, sí tengo una convicción. Tengo una convicción que la digo en palabras de Martí, tengo la convicción de que “andar es el único modo de llegar”. Entonces, vamos a andar y tengo una segunda convicción, que andando con alguien, se llega mejor y más rápido.

Amaury. Bueno, me faltaría aplaudir o algo así (risas). Ahora, tú me dijiste, cuando Tato nos estaba poniendo los micrófonos y me he quedado pensando en ello…

Calviño. Sí.

Amaury. “Yo tengo un problema con la gente de cultura, para la gente de cultura, cultura son los artistas, los bailarines…”

Calviño. Es que es cierto.

Amaury. Desarrolla eso.

Calviño.  La producción cultural es producción, es intercambio, es diálogo entre subjetividades y el concepto de Cultura es mucho más amplio que lo que pueda significar la funcionalidad de un aparato eficiente, productivo, muy bueno; mi respeto, que pueda ser llamado un Ministerio de Cultura o un Ministerio de Educación. Los vendedores de las tiendas son tan educadores como yo. Los artistas, cuando se paran en un escenario, son tan educadores como yo cuando me paro en un aula.

De hecho, te diré que mi gran reto como educador es el dilema que vivo hoy, entre lo que intento hacer en el aula, y lo que luego ese muchacho, que es mi estudiante, se encuentra cuando sale del aula. Son influencias educativas, des-educativas. Imaginemos que los artistas, los cantantes, los músicos, qué sé yo, pensaran en el impacto educativo que tiene su comportamiento, que tienen sus palabras. Del mismo modo las Ciencias Sociales son ciencias de la producción cultural. Pero no es la visión dominante. Mi opinión.

Amaury. Sí, es como se ha dicho muchas veces, me parece que fue Fidel quien lo dijo: nuestros mejores diplomáticos son nuestros artistas.

Calviño. Forma parte de las falsas concepciones, de los estancos, que son estancos de poder, ¿ya?. Al final no puedes hacer esto porque esto es lo que hago yo, y si lo haces tú, yo estoy perdiendo un espacio. A ver, yo hasta puedo tranzar con la comprensión necesariamente administrativa, burocrática de ciertas cosas. Una cosa es que yo diga: por necesidades operacionales divido esto en fragmentos, y otra cosa es que yo me crea que eso está dividido (risas), son dos cosas distintas. Yo puedo hacer lo que quiera, pero no nos engañemos, no nos engañemos.

Amaury. Hablemos del destino, me interesa muchísimo hablar del destino.

Calviño. Mira, Sartre tenía una frase para mí, muy sintomática, muy interesante. Decía Sartre: “Somos lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros”. Y a mí me pasa eso muchas veces en mis prácticas clínicas. Llegan personas de 50, 60 años a lamentarse: mi mamá no me quiere, mi hermano no me trata bien. Hay un estereotipo del psicólogo, es: ¿Qué le pasó cuando niño?, ¿no lo quisieron lo suficiente?, ¿no le dieron cariño? ¡¿Hasta cuándo?! Hay un momento en que tu vida dice: soy yo. Y tú construyes tu destino, pero eso que tú construyes tiene un sustento, tiene una historia, tiene un basamento que muchas veces te está moviendo, te está instigando, te está estimulando y tú ni consciente eres de eso.

Eso es lo que yo llamo el destino, esa pluri causalidad de la vida que te lleva por un camino en el que inevitablemente vas a ir. Que no te conduce a un lugar inevitable, pero te lleva de un modo, de alguna manera inevitable. Por eso sí creo en ese destino, pero en ese destino que tú también construyes, que tú tomas consciencia de él. En todo caso yo soy una persona pro activa y profesionalmente defiendo la pro actividad y para  mí la pro actividad es pensar que las instigaciones fundamentales del ser humano no vienen del pasado, vienen del futuro.

Amaury. ¡Madre santa!

Calviño. Es mirando hacia adelante como el ser humano crece, no siendo condescendiente, o no siendo adecuado, o no siendo justo con su pasado. Lo que mueve al ser humano es su futuro y por eso yo siempre digo: Los grandes dilemas humanos tienen que ser dilemas hacia el futuro, no hacia el pasado. El pasado hay que conocerlo, hay que saberlo, -como decía Santayana- para no tropezar de nuevo con él, para no repetirlo.

Amaury. Sí, pero también resulta que cuando en mi pasado yo decía: en mi futuro yo voy a ser tal cosa, pero ahora mi futuro es mi presente.

Calviño. Es tu presente. ¿Y te vas a conformar con tu presente?

Amaury. No, claro, tengo que pensar de nuevo en el futuro.

Calviño. Tienes que pensar de nuevo en el futuro.

Amaury. Bueno, esta entrevista me encantaría que durara para siempre, yo saldría entonces siendo una persona mucho más equilibrada.

Calviño. No estoy seguro, ¿eh?.

Amaury. Nunca uno tiene la oportunidad de entrevistar a un sobreviviente de un accidente aéreo. Se ha hablado muy poco, se ha hablado, tampoco es un secreto. Cuéntame hasta dónde quieras contar ¿qué pasó? ¿Cómo fue aquello y cómo lo recuerdas hoy?

Calviño. Esto fue, Amaury, en septiembre del 82, habíamos ido un grupo de psicólogos que nos graduamos en la universidad…, en Moscú, no solo en la universidad estatal, en otras y regresábamos, tentando el destino. Teníamos que regresar en una fecha, pero ya estábamos saturados de Moscú y sus cosas y decidimos irnos un poco antes. Regresar un poco antes a la casa.

El vuelo venía prácticamente vacío, veníamos ochenta y tantos pasajeros, probablemente la mitad de un IL-62, era un IL-62M, un Iliushin. En ese sentido veníamos cómodos y esa cosa a veces que yo digo que también es defensivo en el momento del aterrizaje, que uno se pone a hacer un chiste un poco para destensar y quizás, algún chiste que se hizo y de pronto, efectivamente sentimos algo que no era usual, ¿no? el avión salió de la pista dando vueltas, se iba de un lado, las luces apagadas, un choque que prácticamente derrumba la parte donde nosotros…

Amaury. ¿Era de día o de noche?

Calviño. De noche, era de noche.

Amaury. ¿Se partió?

Calviño. Se partió, explotaron aquellos motores… En fin, ¿qué te voy a decir?  Fue muy fuerte, fue una impresión muy fuerte, muy fuerte, pero esta cosa de sentir que tus compañeros, que tus amigos, que tus colegas… en esa situación donde cualquiera pudiera estar pensando en su vida y nada más, pensábamos en la vida de todos.

Y eso es una cosa muy reconfortante, porque tú dices: a pesar de los pesares, incluso en tiempos como estos, en que muchos son invitados a la desidia, al egoísmo, tú sabes que esa cosa básica, humana, es recuperable, es salvable y al final se impone. Entonces eso fue una sensación muy fuerte para mí. La otra cosa es los vericuetos de la consciencia -soy psicólogo, no puedo dejar de serlo-.

Amaury. Claro, claro, lo has sido todo el programa.

Calviño. No dejo de serlo nunca. Yo recuerdo que ya estábamos en un lugar más o menos a salvo, habíamos llegado allí corriendo a campo traviesa. Se sentía todavía el estruendo, el cielo aquel dantesco que no voy a olvidar nunca, si soy condenado al infierno ya tengo una idea de cómo es, por lo menos en apariencia. De pronto allí llega un hombre deshilachado, no de ropa, de piel, apenas se le veían las órbitas blancas de los ojos. Llega aquel hombre y decía, en ruso, lo digo en español yo. Decía: soy ciudadano de la Unión Soviética, soy ciudadano de la Unión Soviética, se desploma y allí en el piso, me le acerco y le digo: no te preocupes, va a venir inmediatamente ayuda y esa persona abre los ojos y dice: “Si hay amigos todo está bien y con la misma cerró los ojos y se murió”. Entonces es muy fuerte.

Amaury. ¡Qué cosa!

Calviño. Es muy fuerte, muy fuerte. En fin, yo honestamente, hasta el día de hoy, cuando me tengo que montar en un avión y obviamente, no puedes dejar de hacerlo. Quizás el ruido que antes era ¡qué bueno, estamos volando!, ahora tu dices: ¿estará pasando algo? y queda esa impronta, ¿no?. Pero al final de todo, esta cosa de sentir que lo humano prevalece por encima de todo, incluso, por encima de las situaciones más terribles.

Amaury. Bueno, háblame de tu mujer, de Margarita, y háblame de tus hijos.

Calviño. Pues esta es una parte fundamental en mi vida. Yo creo fervientemente en la familia, creo fervientemente en la necesidad de tener esa compañera con quien tú puedes compartir tu vida, esa es Margarita, mi esposa. Mis hijos, no sé, yo creo…

Amaury. ¿Qué edad tiene el mayor y qué edad tiene el menor?

Calviño. La mayor tiene 35, cumple ahora, recién en estos días cumple 35. El más pequeño, en estos días también cumple 14.

Amaury. Bueno, están ahí, ahí (risas)

Calviño.(risas) Sí, están muy cerquita, casi pudiera ser la madre. Y para mí, Amaury, mis hijos son mi vida misma. Entre las cosas que yo más gratificación siento de mi vida, sin duda alguna, están mis hijos. Sin duda alguna está mi familia, mi esposa, mis hermanos…, el saber, el tener personas cercanas, personas que te pueden tender una mano y a quien tú les tiendes la mano. Eso para mí es vital. La familia, tus hijos, tus padres, no importa dónde estén. En algún lugar de un cementerio, en algún país lejano.

Amaury. En una foto.

Calviño. En una foto. Ese es un sentimiento de base, indestructible, sobre el que se construye la vida humana, a eso no podremos renunciar nunca.

Amaury. Bueno, fuimos afortunados entonces los dos.

Calviño. Yo creo que sí.

Amaury. Tuvimos grandes padres.

Calviño. Yo creo que sí.

Amaury. Y grandes madres.

Calviño. Yo lo creo también

Amaury. Bueno, no voy a renunciar a la posibilidad de consultarme con un psicólogo en televisión. Entonces yo le voy a pedir a Solís, nuestro director, que atenue las luces del set. Que conste que esto no está preparado. Yo traje mis preguntas personales para preguntárselas a mi doctor. Vamos a apagar las luces, Solís, por allá atrás, a ver si tenemos un poquito de oscuridad. Fíjate que estamos logrando cierta atmósfera.

Mi primera pregunta: Yo tengo una especie de obsesión con el tiempo, con la falta de tiempo. Eso me lleva a ser impuntual, porque siempre quiero estar antes de tiempo. Me lleva a vivir en una angustia perenne. ¿Por qué yo siento siempre que no tengo tiempo para nada? Estoy siempre corriendo con una especie de angustia constante con que el tiempo se me acaba.

Calviño. Yo te haría una pregunta a ti. ¿A dónde vas tan apurado?

Amaury. ¡Ves, un Doctor hace falta!

Calviño. Eso es lo que probablemente llamaríamos nosotros: una tendencia neurótica.

Amaury. Yo sé, yo conozco mis limitaciones… (risas)

Calviño. El no darnos cuenta que persiguiendo lo imposible, dejamos de hacer lo posible y yo te diría: concéntrate en lo que estás haciendo, disfruta ese momento de hacer, y lo demás, sucederá.

Amaury. Ok. Voy a otra. Imaginemos, yo estoy en un teatro, un teatro que tiene 5 mil localidades. Supón que canté una canción que fue emotiva y de esas 5 mil personas que están allí, se pusieron de pie y me ovacionaron 4, 999. Hay uno que se quedó sentado, que no le interesó, ni aplaudió. ¿Por qué a mí el que me interesa, me deprime y me preocupa es ese?

Calviño. Ya te mostré un modo de ser psicólogo, ahora te voy a mostrar otro modo, otro paradigma de ser psicólogo. Probablemente te falta la aprobación de alguien en tu vida, de alguien que es y fue muy importante para ti, pero no vio tu punto de llegada y tu le estás reclamando de algún modo: mira adonde llegué, mira adonde llegué. ¿Quién sabe?, puede ser mamá, puede ser papá.

Amaury. (risas) Sí.

Calviño. Es ese que nunca, que nunca va a estar ya, aunque siempre está.

Amaury. ¡Qué bárbaro!, bueno. La tercera y última. La gente va a decir: Amaury se cogió el programa para él. Yo tengo la sensación y es una sensación, de que en la misma medida en que yo más me he esforzado y me esfuerzo, en algunos casos, en ser un buen hijo, en ser un buen padre, en ser un buen amigo, en ser un buen esposo. Tengo la sensación, y es sensación, ya te digo, no es certeza, la sensación de que mientras más me esfuerzo, menos lo logro y siempre me queda la sensación de que me quedo por debajo, que nunca lo puedo lograr.

Calviño. Ahora, junta las tres preguntas y me has hecho una sola.

Amaury. ¡Entonces no estoy tan loco!

Calviño. No, no estás tan loco. Has dicho: ¿Qué pasa conmigo, verdad?

Amaury. Sí.

Calviño. Y entonces yo te diría: esa es una enfermedad tan linda, es una enfermedad tan reconfortante, que se llama, nunca estar conforme sin estar tampoco inconforme. Tú eres una persona que no quiere que le den vida, que quiere ganarla, que quiere hacerla y para eso siempre el tiempo es poco, para eso siempre necesitamos el apoyo de quien no nos apoya y para eso siempre tenemos que tener una insatisfacción residual, para que nos vuelva a instigar y no abandonar el camino.

Amaury. Bueno, yo pensé… Bueno, ya terminé con esto porque ya me empezó a dar taquicardia. Es increíble cómo tú has resuelto muchísimas tragedias mías en apenas unos minutos de televisión.

Yo siempre hago una pregunta al final y leí una entrevista que te hizo una joven estudiante de periodismo, muy buena entrevista, qué lástima que no recuerdo su nombre, y ella te hablaba de los sentidos, no sé bien cómo estaba armada la pregunta, pero te hablaba de los sentidos y tú hablaste de un sexto sentido, el sentido de la ética. No voy a hacer la pregunta igual que ella porque tendría que citarla entonces y no la logro recordar.

Calviño. Claro, esta joven, efectivamente me preguntó: ¿puedo suponer que no le han faltado situaciones, estando fuera de Cuba, en que lo han invitado a trabajar fuera de Cuba?

Amaury. A trabajar o a no regresar.

Calviño. O a no regresar, sí. Cuando digo trabajar, efectivamente a no regresar y yo le dije: tiempo perdido conmigo, yo soy una persona que no sé vivir sin Cuba.

Ni tan siquiera, ni tan siquiera sé vivir, como dicen algunos con Cuba en el corazón o con Cuba en el maletín. Yo necesito Cuba en mis pies, Cuba en mis manos, Cuba rozándome, Cuba molestándome.

Amaury. También.

Calviño. Cuba favoreciéndome. Necesito…, eso forma parte de mi existencia. Justamente necesito vivirlo con los cinco sentidos, necesito oler Cuba, ver Cuba, oír Cuba, sentir Cuba y lo necesito también en un sexto sentido. Yo creo que los seres humanos tenemos un sexto sentido que se llama ética, que es una construcción absolutamente nuestra y soy una persona esencialmente, no solo cubano, sino comprometido con Cuba. Yo no vivo en Cuba por casualidad, yo vivo en Cuba por causalidad, porque he decidido vivir en Cuba. No soy cubano por accidente, soy cubano por decisión y mi gran sueño siempre está asociado al bienestar de los cubanos y las cubanas, a la felicidad de los cubanos y de las cubanas y para nada demerito a quién pueda favorecer esto desde la distancia, pero yo soy de los convencidos que necesito hacerlo aquí y lo voy a hacer siempre aquí. Estoy convencido. No puedo vivir sin eso, no sé vivir sin eso, no quiero, Amaury, vivir sin eso.

Amaury. Bueno, somos dos. Manolo, te despido, yo quisiera hacer una serie contigo, una serie de programas de televisión contigo. Te agradezco, primero me voy a agradecer yo, haberte llamado.

Calviño. Yo te agradezco esto mucho también.

Amaury. Sí, claro. Me siento, es de esas veces que digo: qué bueno que se me ocurrió llamar a Manolo y te puedo jurar una cosa: yo era una persona hasta que llegué a este programa hoy y cuando tú te vayas por esa puerta, yo seré una persona diferente y seguramente mejor y te lo debo, mi socio.

Calviño. Muchas gracias.

Amaury. Te quiero mucho, muchas gracias.

 

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