Archivo para abril 4, 2011

El sueño de un noruego en La Habana…

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Una impresionante producción, de esas que potencian la espectacularidad visual en la escena, ofreció con su última adaptación teatral el director Juan Carlos Cremata, en la sala Tito Junco, del Centro Cultural Bertolt Brecht. Sleep (Duerme), obra del dramaturgo, poeta y narrador noruego Jon Fosse, es uno de esos montajes que, con detractores o no, han de trascender en el panorama nacional por su excelente calidad y factura escénica.

Foto: Otmaro Rodríguez

Llevada a las tablas por el proyecto teatral El Ingenio, la puesta de más de una hora de duración tiene el efecto sorpresa de caja china. Aunque, desde la entrada en la sala oscura, todo parezca que va a acontecer encima de una cama, varias historias simultáneas aparecen en la misma acción dramática, espacialmente opuestas, pero contenidas entre sí.

Del texto, que aborda los conflictos del amor, la pareja, y las distintas etapas de la vida desde la adolescencia hasta la vejez, la versión sustrae la esencia dramatúrgica y va más allá, donde solo quien conoce o vive nuestra circunstancia comprende la simbología y la intertextualidad que se adueña de la escena. De ahí que sea tan importante la factura de este espectáculo como su filiación, tan cubana.

El montaje es rico, apasionado, doliente, hilarante, realista y crítico a la vez. El director logra articular todos estos elementos de tal forma que no priva su visión de la realidad contemporánea de variantes tan importantes como la intensidad —manifiesta en las actuaciones—, la imaginación, las emociones y, naturalmente, los sueños.

En Sleep encontramos un espectáculo pletórico de incitantes sutilezas e ironías. Una historia de afectos, conformismos, engaños y carencias donde conviven varios tipos de acciones cual si fueran cuadros o secuencias cinematográficas —pensadas para presenciarla desde distintos ángulos— que Cremata va presentando al público con los recursos propios del teatro.

Un encomiable diseño de luces, vestuarios, atrezzos y proyecciones audiovisuales (en una pantalla que resalta palabras a conveniencia) enriquecen el trabajo de composición escénica resuelto con un gran sentido de la estética del séptimo arte que bien conoce el cineasta. No obstante, amén del hábil manejo de los espacios, no sucede igual con los tiempos de la acción que se dilata demasiado en los parlamentos y que, por momentos, baja en intensidad el ritmo de la obra.

Por su parte, el elenco brinda un drama de candente erotismo sustentado en la expresión corporal y los equilibrados malabarismos —casi circenses— de los personajes que encarnan las parejas jóvenes, Yaité Ruiz, Carlos Solar, Sheila Roche y Ariel López, y un conflicto de la vida cotidiana que interpretan con agudeza, organicidad, toques de humor y sentido artístico los actores Nieves Riovalles, Daisy Sánchez, Olivia Santana, Idalmis García, Hugo Vargas, Harold Vergara, Marcial Reyes, Hamlet Paredes y los adolescentes Daniel Romero y Malú Tarrau.

Fosse, quien estuvo presente en una de las funciones, es el dramaturgo contemporáneo más sobresaliente de ese país nórdico. Autor de piezas tan conocidas como El nombre, Invierno, Alguien va a venir, La noche canta sus canciones, El hijo y otras obras de la nueva dramaturgia europea, ha recibido varios reconocimientos, entre ellos el Premio Internacional Ibsen 2010, el mismo que años antes recibieran los directores Ariane Mnouchkine y Peter Brook. Su trabajo, que ha sido traducido a más de veinte idiomas, llega a nuestro país por primera vez con esta adaptación de Cremata que resultó ser un espectáculo en el cual se conjugan, al mismo tiempo, la pasión desbordada, la exquisitez, la frivolidad y la belleza.

AMELIA DUARTE DE LA ROSA en Granma.

 

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Dúo Karma: nuestro mundo suena…

Posted in el Taburete with tags , , , , , , on abril 4, 2011 by el taburete
Por Ariel Díaz.
La Habana es nuestro mundo más inmediato y, si obviamos los esquemas que nos convierten en la postalita turística que sonríe sensual desde los estantes, sus noches son oscuras y silenciosas en lo que a espiritualidad se refiere.
Hace ya algún tiempo que sufro la inmensa pena de su extravío, salgo en busca de conciertos cuya música me haga retornar a aquellos tiempos duramente humanos en que el público asistía sin remilgos a escuchar el decir – sincero o no- de cualquier juglar armado de seis cuerdas y su voz común. Pero esos tiempos han cambiado entre bolsillos muy vacíos y otros muy llenos, ilusiones rotas, esperas continuadas y, sobre todo, poco pan y mucho circo. Cuando intento llenar un átomo de este vacío con una propuesta musical propia y financiada con el sudor y la penuria de unas pocas manos, el resultado es aún más silencioso. Gran parte del público y los artistas  han permutado de ciudad, han ido de los aplausos y las tardes engrandecidas por la poesía y la urgencia de crítica social a la cerveza rítmica y las luces de colores, que antes añorábamos como una alternativa y no como una norma.
Pero esta vez creo que he encontrado un camino, una ventana donde asomarme y respirar oxígeno para esta asfixia mental cotidiana. He seguido la senda del dúo Karma, que no suele decepcionarme. Cuando media una amistad tan galante y romántica como las que ya no abundan es muy difícil realzar cosas que el amor adorna todo el tiempo, pero verdaderamente en este caso hasta ese amor ha quedado sin palabras.

Mundo sonajero es el nombre del concierto que Xóchitl Galán y Rodolfo (Fito) Hernández acompañados del excelente músico Franqui Corbea ofrecieron este sábado 2 de abril en la sala del Museo Nacional de Bellas Artes. Pero no fue un concierto cualquiera. Lo primero a notar fue justamente la asistencia de público, tal vez en busca de ese universo que estos artistas nos han venido ofreciendo desde hace tiempo como alternativa, lo mismo a pie que montados en esa Guarandinga junto a Rita del Prado a la que yo llamo “La Guarandinga amarilla”, porque me recuerda a aquel submarino inolvidable. Inmediatamente, incluso antes de comenzar, uno se transporta hacia otro sitio desconocido pero atractivo como pocos, los instrumentos sobre el escenario ya son una pieza teatral que nos habla de antemano. La madurez que han forjado estos músicos maravillosos a fuerza de trabajo sostenido nos emociona por encima de tanta algarabía disfrazada de folklore que nos circunda. La voz de Xóchitl y el vuelo blanco de sus manos como palomas me conmueven hoy más que nunca, la certeza de los versos, tan bien construidos que parecen evangelios de un mundo por venir. Me motiva inmensamente la destreza al borde de la perfección que ha logrado Fito en la guitarra, arrancándole armónicos inesperados, con arreglos a viejas canciones que rejuvenecen con tal magia que las vuelvo a descubrir. Es muy notable el carisma y la organicidad con que nos condujeron toda la noche, este punto fue durante mucho tiempo objeto de críticas, no siempre bien intencionadas (a veces así, como quien busca las manchitas del sol) siendo ellos personillas tan singulares y graciosas, Xóchitl con su belleza procaz y Fito con su existir  chaplinesco. No puedo dejar de destacar el trabajo de la percusión pocas veces visto, pues la destreza sin excesos parece haberse extinguido de la música nacional, Franqui Corbea es un músico que emana de sí mismo la energía propia de sus credos culturales, me ha impresionado profundamente al introducir instrumentos propios de la India en una conga o apareciendo y desapareciendo sin que lo notáramos, como un mago.

Debo destacar el valor de asumir un estilo con características universales y hacerlo desde una pasión y una necesidad de conocimiento casi antropológico. Permearse de las músicas de por donde pasamos despojándonos de ese orgullo insular que nos persigue, tras el concepto falso de que tenemos la mejor música del mundo, es un reto. Fue todo un desfile de instrumentos misteriosos como el chancletófono incorporado desde otros lares pero fabricado por ellos mismos. Es por eso que a algunos el dúo Karma no les suena a “cubano”, pero me apena decepcionar a quien así piense. Cuando Martí nos decía “Patria es Humanidad” no dejaba una consigna hueca referida a que la patria era el centro del universo, nos decía que el mundo es nuestra patria, y en su iluminada costumbre de adelantarse a la historia (y que me perdonen los martianos conservadores) nos dibujaba  la aldea global del futuro. Entonces esta es también la música cubana, la que necesitamos para despojarnos de la miradita superflua hacia nuestra cultura, donde no todos sabemos bailar y donde también hay abuelos celtas, vikingos, chinos y musulmanes.
Recrear lugares como la quebrada de Humahuaca en el norte argentino o el delta del río Orinoco con localismos y sonidos muy bien fusionados, propone un viaje a otras culturas, a otras miradas, hacia el ser humano y la naturaleza. Una vez escuché un comentario (con cierta sorna) de que los Karma hacían “Trova Étnica”, aunque pudiéramos apelar a esos conceptos simplistas que tanto abundan, nombrar este trabajo de tal manera sería encerrarlo tras los barrotes que su misma propuesta ha roto para siempre. Resulta que es muy fácil calificar y muy difícil proponer algo verdaderamente tan interesante.
Acompañados de imágenes afines y hermosas  provenientes de los proyectos K&K Ideas y SIAMES, el resultado de este concierto es inigualable. Para colmo con un BIS minimalista que estuvo a la altura de todas las canciones anteriores, cuando sentados en el escenario nos regalaron un divertimento percutido con pequeños recipientes de plástico sobre el suelo; una parada bien alta que ellos mismos se han impuesto para superarla mañana, como ya nos tienen acostumbrados. No esperamos menos de su constancia y dedicación de sacerdotes terrenales. Pero este concierto es además una bofetada al rostro de la inmovilidad, una flor plantada en la maceta vacía de la inoperancia, sobre todo en estos días en que nos repensamos la economía en la cultura y la relación trabajo-remuneración.
Tal vez esa noche muchos hayan preferido, en su entera libertad, arrimarse a una cerveza y sucumbir al ritmo de lo común o asistir a las mutaciones trovadorescas muy convenientes en estos tiempos de incertidumbre. Pero los que entramos a este país de la tierra y las luces duraderas hemos sido tocados por el rayo de Karma, sin violencias ni maquillajes. Personalmente he cargado mis baterías maltrechas, al llegar a casa he mirado mi guitarra en el rincón y la he visto otra vez hermosa. Ha sido la mejor forma de comenzar la primavera.
Gracias a estos músicos y amigos ya imprescindibles he descubierto que, en efecto, nuestro mundo suena.

Domingo 3 de abril de 2011 (10:23 am) / fotos el taburete.