Archivo para noviembre 16, 2011

Salón y coloquio de Arte Digital…

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Felicidades…

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…tengo que reconocer que nunca pensé en escribirte. No al menos estando cuerdo. Ya otros cuerdos y locos te hablaron, te escribieron loas tan bellas que no se qué adjetivos nuevos pudiera inventar yo sin plagiar siquiera a alguno de ellos. Hoy los recuerdos se vuelven nítidos al tiempo que se entremezclan como las fotos desordenadas de un album familiar. La calle L completamente a oscuras y los dedos de mi compañera clavados en mi biceps… Damian y nuestras conversaciones en la azotea del Colina a donde acudía a afeitarme con mi máquina eléctrica enchufada a un transformador… Carlos, jinetero, nos llevó a una paladar y nos dió una  lección de humildad, de ética… aún lo veo por La Habana y me sonrío… Cuántos prejuicios eliminados y cuánto he aprendido de tí… de ti y de los tuyos… paso la página y se me empañan los ojos cuando recuerdo aquellos momentos con Mara, enferma de muerte, revivía de risa con aquellas historias kafkianas que me ocurrían cuando recorría tus calles… después se nos fué en un suspiro, a ti y a nosotros que no llegamos a tiempo con el alivio para ese trance… y tuvimos que acostumbrarnos, y fueron días de silencios entrecortados, de recorrer tus restaurantes, tus calles, tus rincones que eran también los de ella… y los de Hermes, ese hermano mayor que nos diste… vivimos momentos duros, momentos que nos unieron y nos unieron más a ti y poco a poco nos fuiste adoptando…también momentos especiales, aquellos espaguetti con jureles, los cafés de madrugada en la calle Obispo, las pesca en la playa de chivo… y tu, viéndonos pasar la vida… aquel apartamento de la calle Campanario. El ruido. El bullicio de Neptuno. Los kilómetros de tienda en tienda en busca de algún imposible necesario… o aquel día que casi me cago en los pantalones para comprar un par de entradas donde no debía para ver un concierto de Pablo Milanés en el Karl Marx… siempre tenías algo nuevo que descubrirme, que enseñarme… he rozado tus fachadas con las yemas de mis dedos… he recorrido cada metro de tu malecón un día y otro para reencontrarme contigo y cada despedida me ha desgarrado el alma de pensar que, te debes tanto a los tuyos, que apenas notas mi ausencia… pero vuelvo a tí…y un buen día mi pequeño aprendió a andar en tu Plaza Vieja y los paseos se tornaron más cortos pero igualmente intensos… Subir al Cristo, cruzar la lancha desde Regla, comer una pizza de la Rosalía sentados sobre las piedras llenas de historia de la plaza de armas… cúantas anécdotas entrañas… te he descrito, te he contado, te he dibujado, te he cantado y siempre creo que me he quedado corto…Se nos fué Esperanza de la Caridad, que te dió hijos, vecinos, criados en el compromiso militante, en el trabajo voluntario, en la ley de ser buena gente… Los mejores ratos los pasé con ella y con sus más de 80 abriles peleando por su familia y por la Revolución, con sus cuadernos de crónica social del barrio. Se fue Esperanza y nos dejó a su familia como nuestra, y aquella gorra de miliciana que llevó el día que acudió a la llamada tras el atentado de la Coubre y que hoy cuelga en mi rincón más preciado enmarcada sobre la bandera cubana. Llegó Luisito, como una bola y sus ojos achinados y lo sostuve en una suerte de contención de respeto, que no de creencia, mientras caía el agua por su cabeza… y compartimos bajo tu auspicio paseos por el cerro y  tardes en el Latino, aguaceros  o jornadas de calor intenso imposibles de apaciguar por la falta de electricidad… y la música… la música que hemos compartido en todos estos años… Discursos. Manifestaciones. Conciertos. Teatros. Silvio y Pablo, Pablo y Silvio…. y de vuelta a las ganas de caminarte, de recorrer cada uno de tus ocultos lugares, de sacar a la luz tu lado más oscuro…y luego, el malecón… siempre el malecón…  LLegué con un cuaderno de notas y lo llené con creces de ti, y entre apuntes y un programa de radio para hablar de tus bondades, me regalaste un nuevo Hermano. Nunca sabré cómo agradecerte tanto… Adrian entró en mi vida, en nuestras vidas, para quedarse como hace rato tú misma hicieras, combativa, y renové las ganas de amarte, y abrí horizontes y de nuevo comencé a soñar contigo, conmigo, tú y nosotros… y el futuro. Y una buena tarde decidimos ir un poco más allá y sellar nuestro compromiso contigo, con los tuyos, con nosotros y con los que te han traído hasta aquí. Ese es nuestro taburete, que si nos es ciento por ciento cubano, te prometo que sí lo es habanero. Ciento por ciento. Y fiel.

Nunca pensé en escribirte, tengo que reconocerlo, pero qué alivio de felicidad en cada lágrima que he derramado. Gracias mi Habana, gracias por todo y felicidades… Te lo debía y me lo debía.

Gillen.ElTaburete.

Coppelia es Humanidad…

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Los lectores que nos sigan un poco la pista pensarán que lo que ocurre es que somos masoquistas… que nos va la marcha vaya, que nos excitamos con el maltrato… y nada más lejos de la realidad, sencillamente, uno tiene deseos de comerse un helado estando en el vedado y a dónde si no a lo que otrora fuera la catedral del helado en nuestro país. Claro que uno se lo piensa después de las anteriores experiencias, pero entre que confías y te pica la curiosidad de comprobar cómo sigue la cosa, pues nos dejamos empujar por unos amigos … Lo dicho. Nos llegamos hasta allá y con la garantía e información del custodio de turno que con certeza nos aseguró que acababan de surtir la cancha más próxima a nuestro alcance en lista de espera, y con la imagen proyectada de un helado de chocolate en nuestra mesa, fuimos invitados a tomar helado por un grupo de amig@s de la emisora habanera Radio Metropolitana. Ahí, y por no romper la armonía del grupo, tuvimos que romper la promesa que nos hicimos la última vez que pisamos una de aquellas canchas un año atrás. Entremos pues y demos un voto de confianza a esta catedral del maltrato en los servicios gastronómicos de La Habana, que sostiene todos los males de la gastronomía en nuestra sociedad incorporados como estrategia del trabajo.

Entramos, luego de un tiempo prudente de espera y la primera sorpresa fueron los vasos de agua que nos brindaron… sucios, salpicados por el churre de varios días con restos, huellas, que ninguno de nosotros se llevó a la boca… Si bien nosotros estábamos ya presdispuestos, al girarnos pudimos observar como en varias mesas de alrededor reflexionaban sobre el mismo tema. Mal rollo.

“Por favor caballeros, venimos a pasarla bien, no se pongan bravos ahora…”.

Así que nada, apartamos los vasos de agua como que no iban con nosotos y sonreimos… pero que va, solo era el comienzo de la aventura, cuando al llegar la camarera nos percatamos de que estaríamos inmersos en otra película de surrealismo cubano.

Sin un muy económico y cortés “buenas tardes”  siquiera, la gastronómica se plantó junto a la mesa con cara de no tener ninguna gana de servirnos y un silencio cortante y maleducado interrumpió nuestra conversación. Silencio. La camarera que es quien debe atender ni siquiera se esfuerza en decirnos la variedad que nos espera…

– ¿VARIEDAD?….

– Bueno, al menos nos habían afirmado que estaba recién surtida la cancha y que podríamos tomar chocolate.

– “Hay helado de chocolate pero poco, así que la única oferta que tenemos para ustedes es ensalada de vainilla y chocolate mezclado, con más chocolate si quieren”.

Era la única oportunidad de tomar helado sin galleticas (los particulares las venden afuera por cinco pesos ) y decidimos volver a sonreír por el bien del grupo y procurar aceptar el mal rato que ya estábamos pasando.

Suerte que no somos los únicos cubanos que nos indignamos ante las inmoralidades que suceden en la gastronomía y el comercio de este país. Justo en la mesa adyacente, un cliente expresó muy disgustado su inconformidad por esa “exclusividad” de mezclarle los helados sin consulta previa. Nuestro vecino de la mesa, desató su irá y enojo, con todo derecho. Demandaba y pretendía ensalada de chocolate ya que no le gustaba la vainilla. Cómo era posible que existieran los dos sabores a la venta y no le dieran la oportunidad de consumir su preferencia!

Pero queridos amiguitos, estamos equivocados y juzgamos prematuramente… el empleado de turno superó cualquier respuesta imaginada y en una magistral y didáctica exposición, un poco sobreactuada eso sí,  relató que había entrado poco chocolate y por una cuestión de “Humanidad” habían decidido que todo el pueblo tenía derecho a tomar su poquito de chocolate, aunque fuera en una mezcla preparada por ellos mismos…

¿CÓMO?… muy lógico, así todo el mundo tomaba chocolate Sí o Sí, aunque pidiera vainilla… la humanidad es lo que tiene…

Para qué decir que el episodio derivó en carcajadas del personal y estas derivaron en bronca del respetable por tamaña sin-razón de los servicios y tanta desidia e irresponsabilidad de la cual somos testigos todos los habaneros en la heladería más famosa de Cuba.

Decir que las bolas llegaron a la mesa en ensalada mezclada por humanidad, y con una cuchara que, ahí está la imagen, era difícil de agarrar… y como habíamos pedido con más chocolate que vainilla pues nos pusieron dos de chocolate y tres de vainilla, queremos pensar que dentro de la jodedera… por lo que pedimos la cuenta…

Salimos  y como por acuerdo de asamblea improvisada decidimos todos no regresar hasta que ese recinto eliminé de raíz sus problemas… sabemos que demoraremos en volver…

No somos ajenos a los problemas que atraviesa el país, la economía, a los ajustes que se han de efectuar… sabemos que La Habana, que el vedado Habanero acoge muchísimos potenciales clientes, que la demanda es grande y que también se cometen errores en otros estadios de la cadena que no conciernen solo al establecimiento… Pero lo que no se puede entender es el maltrato, la indisciplina, la falta de profesionalidad, el desconocimiento de lo que significa atender al cliente, la suciedad y falta de higiene, la falta de educación de trabajadores disconformes y la incompetencia manifiesta de gestores que o no saben lo que allá pasa o no quieren saberlo…

Han llegado al término de prostituir el lenguaje, y donde antes decía pésima gestión ahora dice Humanidad.