Liliana Héctor estremece en la Casa del Alba…

Eltaburete. La Habana. Fotos Iván Soca Pascual.

La más reciente presentación de la joven cantautora cubana Lilliana Hector Balance en la Casa cultural del Alba en La Habana, despertó en muchos de los presentes la curiosidad de conocer más de una trovadora, que se consagra hoy como una de las grandes promesas de la Trova y la cancionística contemporánea en la isla. Invitada por el proyecto “Canto de Todos” que dirige ese bardo mayor que es Vicente Feliú y acompañada por integrantes de la agrupación “Trébol de Ciudad” (de Heidi Igualada); Lilliana Héctor nos regaló un concierto que por mucho tiempo recordaremos los que tuvimos la satisfacción de acudir a la cita del Canto de Todos.

Sacudida desde pequeña por la Trova Tradicional que escuchaba junto a su abuela y las canciones de Silvio Rodríguez que cantaba junto a su padre, no pudo renunciar a la herencia bebida en casa, y una vez titulada de Derecho en la Universidad de La Habana, despertó el amor por la guitarra y la poesía que le brotaba dentro.

Más tarde integraría junto a otros jóvenes como, Adrián Berazaín, Mauricio Figueral o Pedrito Beritán, lo que se dio en llamar como la generación de “La Séptima Cuerda”; un movimiento de jóvenes trovadores habaneros que sostenían un espacio de igual nombre que los identificaba. Al unir vida y carrera profesional con Ariel Díaz, conforma dúo con uno de los más talentosos cantautores de los últimos tiempos en la isla y sostienen en comunión de intereses ambos proyectos entrelazados.

En esta ocasión Lilliana llegaba como intérprete al escenario desde otra óptica; cantar la obra de varios maestros de la “canción inteligente”, como la definiera Silvio en una ocasión. Esa canción de pensamiento que sostiene  “El mismo canto” por el que apuesta esta joven intérprete.

Todo comenzaba con “Créeme” a dúo con Vicente, nada casual para dar luz a un concierto que más que tributo u homenaje, se vuelve compromiso y guía necesaria para no errar por los caminos del Arte.

La sala, abarrotada de público,  no tuvo otra alternativa que apretarse y sudar a pesar del aire acondicionado, mientras disfrutaba de la exquisita interpretación de conocidos temas, con excelentes arreglos musicales del joven pianista José V. Gavilondo y la guitarra de Ariel Díaz…

Fito Páez con sus “Tumbas de la Gloria”, Rubén Blades, Juan Luis Guerra con ese “Amor de Conuco”, Atahualpa Yupanqui, Bob Marley; el eterno Silvio Rodríguez y su tema “La Gaviota”; el genio de Roly Berrío con “El Patio”…. hasta el gran Bob Dylan y su eterno “Blowin’ in the Wind”, estuvieron presentes en la velada. Músicos extraordinarios de los cuales han bebido todas las generaciones posteriores y de los que sin duda se obtiene un magisterio.

El abrazo fundido con Víctor Casaus y María Santucho fue testigo del éxito; Gerardo Alfonso exclamando: “¡Maravilloso, maravilloso!”  daba la aprobación de esos grandes allí representados; los aplausos y alabanzas del público que ocupó el recinto, daban la idea y necesidad de repensar la propuesta en otros espacios citadinos. Felicidades Liliana… Felicidades Vicente por tan bella propuesta…
Mientras una Habana se debate entre pugnas de Reguetón, mediocridad y “Chupi-Chupi”; hay otra Habana que apuesta por el trabajo y superación constante, por el compromiso artístico y seguir masticando el sueño de lo imposible. Es hora de repensar los caminos en torno a la difusión de la música en nuestros medios de comunicación. Propuestas como la de Lilliana son un buen ejemplo. El Taburete.

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