Galeano: El capitalismo ajeno nos ha convertido en enanos…

por M. H. Lagarde, tomado de Cubasí.cu

A su llegada a La Habana para inaugurar el Premio Casa de las Américas, el escritor uruguayo Eduardo Galeano declaró a la prensa que creía que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama no se había leído su libro, Las Venas  Abiertas de América Latina, que le fuera regalado por el presidente venezolano Hugo Chávez durante una cumbre de Unasur en 2009.

“No creo que lo haya leído. Fue una manera de decirle a Obama que existen otras voces distintas a las que esta acostumbrado a oír de sus asesores, dijo en el aeropuerto el también autor de  Memorias del fuego .”

Cubasí  aprovecha  la visita de Galeano a la” Isla de la que nunca se ha ido” para reproducir un fragmento, sobre el libro Las Venas Abiertas de América Latina, de una entrevistaque apareciera publicada en la revista Casa en 1989.

-Ya cuando escribí los fantasmas tenía la idea de hacer un libro sobre América Latina en su conjunto. Yo siempre fui muy patialegre, muy caminador. Ya había andado bastante por distintos lugares de América y me entró la tentación de también ahí unir los pedazos porque la historia de América está contada como una cantidad de historias desvinculadas entre sí. En todo caso, varillas de abanico cuyo vértice está fuera de nosotros, en Estados Unidos, o en Europa, o en algún lugar que no es aquí. Entonces yo digo, bueno que tal si hacemos esto pero que las varillas se junten en un vértice propio, que salga de nuestras manos, para poder darnos aire a nosotros, que tanto lo necesitamos y de esa forma hallar el vínculo.
Las venas…fue una tentativa de unificar las cosas que estaban sueltas, desde una óptica propia, desde una óptica latinoamericana. Intentamos mostrar que, en el fondo, éramos protagonistas de una misma historia. Esa historia venía de lejos y lo que nos pasaba se explicaba por lo que nos había ocurrido, era el resultado de un veredicto de los dioses, ni de los diablos, sino obra humana y, por lo tanto, era cambiable. No creo que haya un proyecto cultural que valga la pena si no implica una intención de cambio, si no abre caminos para el cambio.

-¿Cuánto tiempo demoró para hacer Las venas…?

-En escribirlo tres meses. Noventa noches, pero estuve como cuatro años buscando los materiales.

-O sea, a partir de los viajes de Marcha.

-Claro, yo iba apuntando cosas que sentía que podían servirme para esta especie de manual. Fue un libro escrito sin pretensiones. Todavía yo no había terminado de entender que ese tipo de periodismo político podía ser realizado con las mismas exigencias que yo me formulaba a mí mismo a la hora de hacer literatura. Todavía yo tenía esa fractura entre literatura y periodismo, como te diría, cuentos, novelas y el ensayo que tenía otras leyes. Yo creo que esto ha hecho mucho daño, tanto a mí como a los demás. Don Carlos Quijano me ayudó mucho a ir entendiendo esto porque él hizo una literatura de alto nivel escribiendo artículos de economía. Y buena parte de la mejor literatura latinoamericana anda dispersa en los artículos. Desde Martí para acá. Martí fue el primero que le dio al periodismo un nivel muy alto y con plena conciencia de que lo estaba haciendo. Ese es uno de sus méritos, no el único. Bueno, pero a partir de ahí, muchos. Carlos Quijano fue uno de los hombres que demostró que esto era posible y necesario pero yo no lo tenía claro a pesar de que él me lo había enseñado tanto. En los trabajos míos siempre había una preocupación literaria pero yo seguía creyendo que la literatura de verdad eran los cuentos y las novelas, cosa que todavía veo en las mesas redondas, en los encuentros con intelectuales que escriben ensayos de ciencias sociales o de temas políticos o de economía. Dicen: Bueno, ustedes los escritores. No, no, un momentito. También en ese campo hay una necesidad literaria en la medida en que esas son palabras que intentan llegar a los demás y actuar sobre la conciencia de los demás que es la manera que la palabra tiene de ayudar a que el mundo cambie. Actúa sobre la conciencia de los demás. Uno tiene la responsabilidad de las palabras porque son palabras dirigidas a otros y no hay tal frontera. Yo lo fui descubriendo con los años. Me costó un proceso complicado. Ahora tengo conciencia clarísima de que no hay fronteras y de que las fronteras entre los géneros son un invento maligno que lo mejor que uno puede hacer es violarlas. Me he convertido en un violador de fronteras, casi profesional, porque Memorias… es en el fondo un libro inclasificable y tiene la alegría de serlo. O sea que no es inclasificable a pesar del autor, sino porque el autor quiere que sea. Siempre es un lío en las bibliotecas a la hora de clasificarlo. Si es un ensayo, si es historia, si es poesía, si es novela, ¿qué es eso? No tiene género. Quizás testimonio es lo más parecido, pero bueno tampoco. Es todo eso, porque es eso pero otras cosas más. Y bueno, en todo caso Las venas… es un ensayo atípico porque está escrito como una novela aunque yo no tenía la intención de hacerlo así.

-¿Cuál fue la intención de Galeano con Las Venas Abiertas de América Latina?

-Un manual. Yo quise ponerlo a disposición de la gente joven que surgía. Yo era muy joven también cuando lo escribí, tenía treinta años recién cumplidos. Pero digamos, que lo leyeran los muchachos que tenían en ese momento diez y ocho, veinte, que se estaban asomando a la vida política, en el Uruguay, sobre todo. Quizás en otros lugares también. Poner al servicio de ellos una seria de datos, de informaciones que estaban dispersas y que eran, el resultado de algunos trabajos especializados, escritos, algunas veces, en un lenguaje codificado que no estaba al alcance de eso que los intelectuales llaman, con cierto desprecio, el lector común para ayudarlo a creer que la realidad era cambiable. Estábamos jodidos pero no era irremediable. Esa jodienda era el resultado de cosas concretas que habían ocurrido. La riqueza de los ricos era el resultado de la pobreza de los pobres y que una no se explicaba sin la otra. Por lo tanto no había ninguna riqueza inocente ni ninguna pobreza irremediable. Bueno, mostrar ese proceso histórico del despojo y contarlo de tal manera que fueran ideas encarnadas. O sea, que el lector sintiera que esas ideas estaban encarnadas que eran ideas tangibles. Contar que el subdesarrollo no es una etapa del desarrollo sino su consecuencia y que, un niño, se parece a un enano pero que un niño y un enano son bien diferentes. Nosotros en América Latina, tenemos estructuras económico-sociales que son las estructuras de la infancia del capitalismo ajeno que nos ha deformado y que nos ha convertido en enanos. Entonces, el subdesarrollo no es una etapa del desarrollo sino su consecuencia histórica. Por lo tanto, las soluciones tecnocráticas no nos sirven, ni el lenguaje tecnocrático nos expresa. Cuando los tecnócratas hablan de países en vías de desarrollo están mintiendo la realidad, la están enmascarando y Las venas… intenta hablar un lenguaje desenmascarador de esa realidad mentida. Fue escrito con esa intención, como una suerte de manual sin mayores pretensiones, pero donde se ve que uno lleva un narrador adentro. Esto ocurrió a pesar de mí. El estilo es más de novela de piratas que de ensayo económico-político. Y por supuesto, perdió.
Yo lo presenté a Casa de las Américas y perdió.

-Increíblemente perdió.

-Sí, perdió. Perdió porque el jurado entendió que no era ensayo. Es curioso como la izquierda puede llegar a ser muy conservadora en muchas cosas. Hay un sacrosanto respeto, algunos tabúes y una cierta incapacidad de violarlos. Hemos progresado mucho en eso. Hace veinte años la cultura latinoamericana era mucho más conservadora que ahora, o para decirlo de otro modo, hay entre los jóvenes, ahora, una conciencia mucho más clara de que solo un lenguaje nuevo, y formas nuevas de expresión, pueden llegar a expresar, de alguna manera, esta realidad nueva que nosotros somos y puede llegar a iluminarnos el camino o ayudarnos un poquito a recorrerlo. El lenguaje viejo no nos sirve. Ya nos sirve aceptar pasivamente las jaulas que otros han inventado para tenernos bien encerraditos, ser prisioneros de buena conducta. Yo quiero una literatura peleona, escapada de las jaulas, inventada para controlarla, para dominarlas. En el fondo, para castrarla. Y me parece ese, el gran desafío que tenemos planteado ahora: hacer una literatura nueva que desborde los géneros y que se burle de los guardias aduaneros, de esas fronteras artificialmente dibujadas por los críticos y los eruditos de la literatura.
Todos los que en el fondo tienen miedo de vivir.

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