nuestro no encuentro con Galeano…

Primero devorados y más tarde arrojados por un P-1 a una acera con frenético flujo de gentes de la ciudad,  seguimos en busca de nuestro encuentro con el hermano latinoamericano, ese grande de las letras y el pensamiento Eduardo Galeano, un amigo que, aunque él no lo sepa, es nuestro compañero de tertulias y encuentros sobre la realidad de nuestra América y el mundo, cada vez que un colega propone “Vamos para el patio de casa a descargar o arreglar el mundo…” .

El encuentro sería como saben en Casa de las Américas y aunque algo tarde para tomar asiento ante tanta gente expectante, llegamos con tiempo de escucharle… o al menos eso pensábamos, pues resultó que  al llegar nos dimos cuenta que el tumulto en el P1, era un juego de niños en comparación con el que el público congregado en la “Casa” había formado. No era para menos. Cientos de compatriotas, gentes de todos los lares del continente que se encontraban en La Habana, estudiantes universitarios, intelectuales… la Casa de las Américas se quedo muy chiquita para albergar tantos deseos de ver y escuchar a este grande del Uruguay. Nos tuvimos que dar por vencidos. También teníamos claro que tendríamos que esperar a otra ocasión para hacernos con la edición cubana de ESPEJOS, pues aquel esfuerzo por vender el libro in situ no alcanzaría ni a una parte de los allá congregados. En cualquier caso ya hemos leído el libro, y lo recomendamos encarecidamente, como cualquiera de sus obras. Por suerte,

No llevábamos unos minutos fuera y nos encontramos con el abrazo fraterno de El Diablo Ilustrado, que por Diablo, desde muy temprano estaba dentro de la Casa y pudo escuchar parte de las lecturas del ilustrado intelectual, para más tarde salir a saludarnos, y no poder regresar nunca más al recinto por lo abarrotado de sus pasillos. El que fue al Taburete perdió su silla… Ahí nos encontramos con Vicente Feliú que nos recordó que este sábado estará en la Utopía, en el Tun Tun, así que ya saben, sean puntuales porque eso se pondrá como un P4 por lo menos.

Ariel Díaz y Liliana Hector  junto a los músicos que los acompañaban trataron de entrar con la misma suerte que nosotros pero tampoco pudieron atravesar la multitud de los pasillos. Realmente nunca habíamos visto así la Casa de las Américas.  En la puerta ya nos congregabamos un piquete de frustados asistentes cuando con lucidez oportuna Liliana Héctor dice: “ Caballeros, Invito a un helado para tod@s” … y nada mejor para quitar la calentura del momento que refrescarla con un helado que no fuera de Coppelia que Liliana regalaba en la tarde noche a todos los que sumábamos en el grupo.

Después, ya se sabe, café, guitarras, poesía, arreglar un poco Cuba… Así despedíamos la tarde de no-encuentro con Eduardo Galeano, con un rizado de chocolate, eso sí, sin “humanidad”… El Diablo Ilustrado, Ariel y Liliana, junto con nuestro amigo y trovador Silvio Alejandro, y hasta unas horas intempestivas,  aunque esa historia la dejamos para otro día…o mejor, que la cuente Silvio cuando lo tengamos sentado este año en nuestro taburete.

A nuestro Galeano, no importa, viejo amigo latinoamericano, nos pillamos en los libros, como siempre… El Taburete.

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