Chau Flaco…

No le temía a la muerte, pero la tenía en cuenta. Sabía que muchas veces merodeaba como una amenaza maldita, sobre todo luego de perder a su padre en la última década, de que su madre, Julia Ramírez, de más de 90 años, batallara con un puñado de enfermedades, y de que Gustavo Cerati, a quien llamaba “Gustavito”, se había hundido en una agonía infinita.

Por eso, el 23 de enero, cuando su llegada a los 62 años lo sorprendió internado en la clínica Cemic, debido a una cirugía abdominal, Luis Alberto Spinetta decidió reunir a su círculo más íntimo y festejar su aniversario. Llegaron sus cuatro hijos -Dante, Catarina, Valentino y Vera- y como una réplica masiva de un abrazo privado, los saludos se multiplicaron por las redes sociales. No intuía que la muerte estaba cerca, pero la tenía en cuenta.

Como una suerte de ruleta en que la fiesta y la tragedia detonan reacciones similares, el cuadro que ayer acompañó al músico fue casi el mismo: sus cuatro hijos situados alrededor de la cama en su residencia y los medios de todo el continente replicando su figura. Pero la realidad era inversa. Spinetta, el poeta más rockero de la música latina y uno de los nombres más influyentes del rock en español, había muerto. Justo a los 62 años que festejó hace dos semanas, el artista fue derrotado por un cáncer al pulmón, que se le diagnosticó en julio pasado.

El 23 de diciembre y luego de confusas versiones en torno a su salud, él mismo hizo pública su enfermedad a través de una emotiva carta. Luego, el 5 de enero, se sometió a una intervención quirúrgica por una perforación intestinal, la misma que lo obligó a estar hospitalizado por 25 días. De ahí lo dieron de alta el día 30, con la esperanza de un mejor reposo. Pero, según reportan diversos medios argentinos, su estado ya era crítico. Un desenlace que ayer sorprendió a los medios de todo el continente, los que se hicieron eco de su estatura artística. Un estatus levantado a contrapunto de otros héroes del sur. Ahí donde Charly García se inmortalizó como un geniecillo capaz de fundir estándar artístico con popularidad, y Gustavo Cerati como un referente pop que legitimó la frivolidad, Spinetta instauró una figura vanguardista, intelectual y que nunca cedió a las modas.

Mientras en los 60 el rock sudamericano se asentaba en su carácter imitativo hacia el canon anglo, el argentino formó, en 1967, el grupo Almendra, nombre capital del rock argentino, que impresionó con sus letras de indiscutida belleza y sus melodías, más patrimonio del incipiente rock progresivo que de la beatlemania. Luego vinieron sólo nombres fundacionales, como Pescado Rabioso, Invisible y Jade y un total de 33 discos.

Y bajo una marca: su constante hermandad con los músicos más diversos, a quienes les abrió puertas y los educó en su ética. Desde David Lebón hasta las creaciones que firmó con Fito Páez y García. O su amistad con Cerati, el hombre que más lo acercó a la reflexión en sus últimos meses. “Ir a visitarlo me ha servido. No soy el mismo tras ver a ese gigante dormido”, dijo… Sus restos serán cremados de manera privada. con info de latercera.

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