Samuel Águila: ¡Como el tigre! …

Por:  | Fotos: Escael Marrero / . 22|5|2013 tomado de El Caimán Barbudo

Ahora mismo no sabría decir cuál fue la primera canción de Samuel Águila que se quedó conectada en mi memoria. Lo cierto es que recuerdo a este trovador desde hace ya unos cuantos años. Quizá mi admiración por él comenzó en aquellas intensas y largas noches de descarga del piso 8 de la beca de F y 3ª, cuando el Período Especial golpeaba de lo lindo y muchos trovadictos en La Habana buscábamos la necesaria paz interior en jornadas de guitarreo. De entonces a acá el tiempo ha transcurrido y he sido testigo del crecimiento artístico del juglar, evidenciado en múltiples composiciones suyas y que van desde títulos como “El primer día2, “Queriendo”, “Fuiste”, “Madrugando”, “Del otro lado del sol”, “Arando el fin”, “30 de papel”, “Ahorcados de crédito”, hasta “Somos luces”, por solo mencionar algunos temas. Presencia habitual en las peñas organizadas por El Caimán Barbudo, es un inmenso placer abrir las páginas de la revista a las palabras de quien, sin la menor discusión, es una voz fundamental del canto trovadoresco de nuestros días.

—En tu forma de trovar siempre ha sobresalido el dominio que posees de la guitarra. ¿Tienes formación académica?

—La guitarra llegó a mí desde la infancia, mi primer juguete fue una guitarrita plástica que siempre andaba conmigo como un guardián. Después quise aprender a tocar más o menos a los 10 años y mis padres buscaron y buscaron hasta que llegó el sabio profesor Bonet, quien le dijo a mis viejos: “Yo lo pruebo y si veo condiciones le doy clases; si no, que escoja otro camino”. Entonces, me dejó unas lecciones y cuando llegó a darme la otra clase me preguntó: “¿hiciste la tarea?”. Y yo, con la inocencia de la niñez le dije: “todo me lo sé”. Él se rió y me dijo: “vamos a ver…”. Toqué lo que me había dejado y luego les dijo a mis padres que me daría clases. Fue él quien me orientó y me plantó la semilla, me marcó el destino. Desde siempre supo que sería trovador y entonces me enseñó todo lo que sé. Ya cuando tenía 12 años me dijo: “¿Tú no quisieras estudiar en una escuela de música?”. Yo le dije que podía ser; así que él me llevó a ver a Luis Manuel Molina, uno de los guitarristas y pedagogos que también marcaron mi vida, y que me mostró el mundo del rock. Molina era un profesor de esos que te abren la cabeza. Después de tocar una obra de Leo Brouwer, sacaba una guitarra eléctrica que tenía en la escuela y se ponía a tocar canciones de los Beatles.

“Ya por ese entonces entré en la escuela Paulita Concepción y pasé ahí todo el nivel elemental, con algunos altercados, pues una profesora de solfeo, Estela Paola, cuando ya andaba yo en tercer año, me dice que deje la música y que vaya a recoger papas, que eso no es lo mío. Imagínate tú… de pronto aquello me creó un trauma tremendo; pero siempre estuvieron mis padres y el profesor Bonet apoyando. Es ahí cuando llega a mi vida, gracias al profesor Bonet, la maestra Marta Cuervo, una academia dentro del mundo de la guitarrística cubana. Ella me prepara para hacer el pase de nivel, pero de verdad me rendí, no quise presentarme y entonces me fui para el Preuniversitario Cepero Bonilla, lo que siempre con la guitarra a cuestas. Ya te imaginas: conflicto en el pre. Yo venía de una escuela de artes, donde el régimen de estudio y la visión era otra; yo queriendo tener el pelo largo, cantando cuando veía la oportunidad. En verdad no me adapté, mil cosas no entendí. Así estuve un año y entonces regresé a la academia y me fui a la Escuela de Superación Ignacio Cervantes. Ahí daban clases los profesionales de la cultura. Llegó entonces el profesor O’Reilly. Fue cuando comprendí que si tenía que recoger papas, como decía la gran Estela Paola, sería con la guitarra en mi espalda”.

—¿En qué momento comienzas a hacer canciones?

—Las canciones llegaron cuando tenía 12, 13 años. Recuerdo que la primera canción que hice se la enseñé muy tímidamente al profesor Bonet y entonces el mundo se me abrió, pues él me dijo: “A partir de hoy tus clases serán discutir académicamente tus canciones”. Fue algo que me cambió la visión que tenía yo de la música y del compromiso del artista, Bonet siempre me decía: “el artista debe aprender a subirse al escenario pero también tiene que aprender a bajarse de él, eso es lo más difícil”. Desde entonces la canción llegó para definirme trovador.

Samuel Águila—Sé que conoces como pocos la obra de Silvio Rodríguez. ¿Cuánto le debes a dicho artista?

—Sí, las canciones de Silvio siempre me cautivaron, las fusilaba una a una, escogía algunas de sus canciones para estudiar las cosas de la academia, por ejemplo, “Gaviota” era un buen ejercicio de ligados, “Mujeres” me servía para ejercitar arpegios y “Aceitunas” para mover un poco las manos. Así fue que comprendí la obra de Silvio, pero desde la academia. Cada tema lo analizaba y se convirtió en un hobby. Llegué a aprender todas las canciones de los discos y todas las inéditas. Súmale a eso todo el repertorio que tenía que tocar en la escuela y las obras que tenía que escuchar en Apreciación de la Música, imagínate tú, mucha información para tener 14 años, ¿no?

—Tus canciones pueden ser muy líricas o con una determinada carga de dureza. En dicho sentido, ¿con cuáles te sientes más identificado?

—En verdad cada canción mía es como si me estuvieran viendo desnudo, no me preocupa si va a ser un hit o no, si esta o tal otra va a pegarse; eso nunca ha sido una preocupación para mí. Por eso hago lo que quiera hacer y me identifico con todas; algunas me gustan más que otras, pero todas son parte de mi paisaje, de mi vida.

—Como seguidor de tu quehacer, me sorprende lo cuantiosa de tu obra cancionística. Háblame un poco de tu rutina para componer, es decir, si esperas a que te bajen las musas o si te sientas todos los días a escribir música y textos.

—A ver…, nunca he tenido una ecuación para hacer canciones, para mí la creación es una explosión, como todo nacimiento, duele; y como la vida, llega de formas diversas. Eso sí, siempre tengo algunas ideas rondando, y mis canciones las hago primero en mi cabeza; después que tengo todo claro voy y las plasmo. Es como si viera imágenes que voy editando en mi cerebro y luego hago la película.

—Desde que asisto a tus conciertos, tengo la impresión de que la proyección escénica que manejas en ellos, es parte de los códigos comunicativos que usas. ¿Cuánto de espontáneo y de programado hay en tu manera de actuar sobre el escenario?

—Como te decía, el profesor Bonet siempre me dejó un lema: “el artista debe aprender a subirse al escenario pero también tiene que aprender a bajarse de él, eso es lo más difícil”. De acuerdo con ello, trato de ser como soy, no me gusta el maquillaje, ni las lentejuelas. Lo anterior no quiere decir que no prepare los conciertos, pero eso sí: no creo en los artistas que se disfrazan y arman todo un show que no tiene nada que ver con lo que son ellos diariamente, ese arte para mí cae por su propio peso; tarde o temprano se marchita porque no se puede estar por el mundo engañando a la gente. Yo veo a varios creadores que se inventan todo un mundo en sus cabezas y andan por ahí interpretando un personaje que se crean, después con el tiempo también veo cómo los globos explotan.

—Se te ha visto presentarte en ocasiones con banda y en otras solo con tu guitarra. ¿Cómo te hallas más cómodo?

—Mira, cada vertiente tiene su magia; hay temas que salen y desde que nacen ya sé si son para hacerlos con una banda o no. En realidad disfruto ambas caras de la moneda. Eso sí, los temas a guitarra siguen siendo más difíciles pues tienes que estudiar. Yo no sé cómo algunos cantores van a cantar con su guitarra y entonces escuchas un mal sonido en el instrumento, no lo conocen, no lo ejecutan bien, o no se dan cuenta de que está desafinada la guitarra. Esas son las cosas que le tengo que agradecer al profesor Bonet, A Luis Manuel Molina, Marta Cuervo, O’Reilly…, en fin, a la academia. La disciplina es la base de todo.

Samuel Águila—En tu proyección artística hay que hablar de lo que has hecho como promotor de otros trovadores. “Puntal Alto” fue una experiencia muy llamativa en tal sentido. ¿En qué estado está actualmente ese proyecto, ya desapareció?

—“Puntal Alto” es un proyecto que no muere, es como los volcanes: a veces están dormidos pero no muertos. Además, creo que los proyectos deben transformarse porque si no, se ponen caducos, aunque los que lo realicen crean lo contrario. Desde que se pensó el “Puntal” supe que en algún momento tendría que dormir un rato, incluso morir.

“Cuando surgió el proyecto, no había espacios para escuchar canciones y el Centro Pablo era ese lugar para poder expresarnos. El logro de ‘Puntal Alto’ es que acercó a los jóvenes al Centro. María y Víctor los conocían y desde ese entonces el espacio A Guitarra Limpia se abrió y se alimentó gracias al ‘Puntal’ con aires nuevos. También les cambió la visión a muchos trovadores. Recuerdo que por aquel entonces no habían carteles de ninguno de nosotros en la calle, menos pensar en un spot en la televisión, también logramos tener un programa de radio, donde poníamos las canciones de los jóvenes. ‘Puntal’ abrió esas puertas, les dijo que sí era posible.

“Después de ocho años de trabajo de manera constante, necesitábamos un descanso. Recuerda que Ihosvany y yo hacíamos la producción del ‘Puntal’, pero también hacíamos conciertos, canciones, giras, etc. Por suerte siempre estuvo en su primer momento Claudia Expósito y después Yuslemy Escobar (La Yusla), que eran parte esencial para poder lograr todo eso. Súmale a lo que te he explicado que surgieron algunos conflictos con el Centro Pablo. Ellos querían retomar el ‘Puntal’, nosotros estábamos trabajando en otras direcciones, Ihosva con la producción de La Utopía y yo pensando en transformar el proyecto y queriendo dedicarle más tiempo a mi vida, a mi propia labor, trabajar para la gente te esclaviza mucho y pa’ colmo la gente empieza a exigir cosas, que en verdad son tan ridículas que decidí alejarme de todas esas cosas, ver todo desde afuera siempre es bueno, te replanteas tu vida y también te purificas respirando aires nuevos. Fue entonces que le dije a María que nosotros podíamos programarlo, pero no producir el espacio. Nunca se llegó a un acuerdo y el Ihosva y yo pensamos que lo mejor era que el ‘Puntal’siguiera durmiendo un poco.

“En estos tiempos (que ya son otros) ‘Puntal’ está transformándose en algo más grande, pero hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas… Cuando todo esté listo, Cuba se enterará de lo que hará ‘Puntal Alto’.

—De tu estudio casero de grabación han salido varios discos, tanto tuyos como de otros colegas de profesión. Para mí, eres uno de los que, sin apenas recursos, mejor graba en el ámbito de las producciones independientes en Cuba. Sin que reveles tus secretos como grabador, ¿cómo haces para conseguir los resultados sonoros que logras en el cuarto de tu casa?

—Bueno…, secretos no tengo ninguno, yo no inventé el agua tibia (como dice el amigo Alain Garrido); eso sí, siempre ando estudiando, muchas horas nalgas y muchas noches sin dormir para aprender siempre un poquito. Gracias a Jaime Canfux, que ha sido el profesor de sonido, he logrado hacer cosas decentes al menos.

“Tengo dos nominaciones en la categoría de Trova al Cubadisco: primero con Respuestas del poeta en el 2011, y ahora el disco de Pedrito Beritán, Instantáneas, que es como si fuera mío, todo lo hice en casa: mezcla y masterización. Al parecer salió un trabajo digno. Yo empecé a grabar para poder ser libre y hacer realmente lo que quiera sin disqueras que te marquen el camino.

“Aunque hay cosas que no puedo grabar en casa porque desgraciadamente vivo en la Avenida 26, ya te imaginas: carros a toda hora. Esos proyectos sí los tengo al menos maqueteados y en algún momento saldrán de a poco y quién sabe si a alguna disquera le interese. Por ahora he tenido mala suerte con eso de grabar oficialmente. Además, tampoco estoy para estar cayéndole atrás a los que deciden esto sí, esto no. He presentado pocas veces porque algunos amigos me han dicho, pero después no pasa nada, todo se evapora. Yo sigo con Producciones en el GAO y si un día alguna disquera se interesa en uno de mis trabajos, veré si a mí me interesa entrar en esa dinámica del disco cubano.

“Ahora mismo estoy preparando varios materiales: Como el viajero, que es una continuidad de Ahorcados de crédito. Ese trabajo es una trilogía que seguramente acabará con el proyecto Somos luces. Además de esos proyectos estoy viendo cómo grabo Bares y cantinas, una propuesta en la que voy a las raíces de la canción cubana, la trova en vena, sonoridad más de antaño para no olvidarme de donde vengo.

“Súmale a esto otros dos proyectos: Llegué trovando, que será una respuesta al Bares y cantinas, un material más callejero, y De otras cuestiones, donde hay canciones dedicadas a la Cuba de ayer, de hoy y de mañana; es un proyecto patriota sobre todas las cosas. En fin… como ves, ando trabajando mucho, pero de a poco, con pasos firmes y sin apuro”.

Samuel Águila—En más de una ocasión te he escuchado decir que la verdadera nueva trova de nuestros días la están haciendo los raperos. ¿Por qué afirmas tal cosa?

—Mira, Joaco, creo que la trova cubana esta enquistándose en sí misma, sigue hermética como siempre. Entonces, llegó el hip hop y me planteó otra manera de hacer canciones. Creo que fui el primer trovador invitado en un concierto de rap, eso fue junto a Doble Filo. Recuerdo que Irak me llama y me dice: “Vamos a hacer algo juntos”. Ahí se volvió abrir el mundo para mí, la manera de escribir del rapero, la manera de expresarse me cautivó. Desde ese momento sigo, sobre todo, el hip hopcubano: Doble Filo, Anónimo Consejo, Silvito el Libre, Papa Humbertico,la gente de Real 70 que está haciendo un gran trabajo de manera independiente, interesantísimo; Jorjito Kamankola (el gago como le digo yo cariñosamente)…, empezaron a ser parte de mi mundo, incluso me identifico con ellos porque grabo en el garaje también.

“El trovador desde sus inicios le cantaba a la gente, al pueblo, pero siempre para que ese pueblo se identificara. En dicho sentido, el trovador ha perdido mucho terreno en la mayoría de los casos, andamos en otros caminos mientras los tiempos van cambiando, la manera de hablar cambió, el mundo cambió y nosotros tendremos que cambiar, transformarnos con él porque sino perecemos. El trovador en su generalidad sigue muy hermético y creo rotundamente que hay muchas de las canciones que hace el hip hop u otros géneros que mis colegas ni las intentan escuchar, porque ‘si eso no es música, es facilismo, es comercial, no es poético, etc.’, argumentos que en vez de hacerte crecer te estancan.

“Pero bueno, allá esos trovadores que piensan así, yo admiro y respeto mucho la poética del rap y de ellos también aprendo, descubro que están con los pies en la tierra cantándole al barrio, a la gente de a pie. Algo de esto que te estoy diciendo lo canta Ray Fernández en uno de sus temas cuando dice: ‘que muchas de las canciones de los trovadores más que canciones son puros algoritmos’. Eso es una realidad que si el trovador de estos tiempos no la ve, pues está ciego, mi hermano”.

—Me llama la atención el amplio diapasón que tienes a la hora de escuchar música, cosa que no sucede así con muchos miembros de tu generación. ¿Cuánto le debes como creador a semejante diversidad en tus gustos musicales?

—Es lo que te decía, la Nueva Trova para mí es muy hermética. Yo vengo de la academia que me enseñó a escuchar y ver la música de otra manera. A los 12 años escuchaba a Johann Sebastian Bach, a Antonio Vivaldi, a Ravel, Liszt, Suman; y después en el barrio a Los Van Van o a Roberto Carlos; tocaba a Leo, Villa-Lobos, en fin… Todo eso me llevó a entender que la variedad en el mundo existe y sigo pensando así. Por ejemplo, Buena Fe es un grupo que respeto porque lo que hace lo hace bien, no es mi estética pero los admiro muchísimo; a David Blanco le descargo mucho igual (y esto solo por ponerte dos ejemplos), yo aprendo de ellos. Creo que todo suma. No soy como esos trovadores que arman clanes estéticos, y creen que tienen al toro cogido por los cuernos. Para mí tales trovadores son ignorantes, creo en la diversidad, a eso siempre me sumo.

“Hay algunos trovadores que creen que ellos tienen la bolita del mundo y no es así; cada creador tiene sus fuentes, sus manantiales y creo que todos llegan a Roma. Como es lógico, hay cosas que para mí tienen calidad y otras no, pero eso no quiere decir que no respete y disfrute el trabajo de otros artistas que tienen estéticas distintas a las mías. Ray Fernández y yo siempre hablamos del tema y también nos reímos de los colegas que se creen sabios, inventores, descubridores del agua tibia. Por ejemplo, ahora que te respondo esta entrevista, ando escuchando a Alejandro Sanz, porque con él aprendo mucho, sus mezclas son fabulosas, un trabajo de calidad con un acabado que me encanta. Porque de todo se aprende”.

—Pronto serás papá. ¿Ya le has compuesto algo a la criatura por nacer?

—No, a él no le he hecho ninguna canción, ya tenía algunas para el hijo que llegara, algunas canciones infantiles y otras de cuna, pero a este ángel aún no lo he retratado en canción. Ya habrá tiempo para eso, creo que la mejor canción que le haré será la de educarlo para que sobreviva en este mundo cada día más complejo, el mejor canto será tratar de ser su mejor amigo y confidente, el mejor canto será el enseñarle que él es de la vida y cuando sus alas ya estén listas para volar decirle: “mira cómo hay cielo por conquistar”.

—Por último, ¿cómo quisieras que te recuerden en el futuro?

—Como El Tigre, ¿entendiste la película? Jajajajajajajajaja.

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3 comentarios to “Samuel Águila: ¡Como el tigre! …”

  1. La primera foto no es de Richard sino mia
    Samuel Aguila

  2. vanessa jimenez(mariposa) Says:

    el sabado 1 de junio, tuve el placer de asitir a la UTOPIA, y alli conoci a ese gran trovador, gran persona, artista, medio loco y hasta medio romantico, espero que le vaya bien en su vida profesional y personal, y que a su fruto de la vida, que es ese bebe que esta recien por llegar le de todo el amor y el cariño que se merece.

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