Historias cubanas de Ismael Serrano…

MICHEL HERNÁNDEZ SÁNCHEZ en Granma.cu

Por estos días resulta frecuente el debate sobre la importancia de promover auténticos valores culturales, de fomentar entre las nuevas generaciones obras de verdadera valía estética, de abrir las puertas a expresiones alejadas de la hegemonía de las industrias que reducen el arte a una mera mercancía. Entonces, ¿cómo podemos explicar que cuando nos visita un músico que se alista bajo la bandera de la auténtica poesía, no encuentre apenas resonancia en los medios y sus conciertos son condenados a pasar clandestinamente por la escena cubana?

Esta especie de “maldición gitana” ha sobrevolado, por solo citar algunos ejemplos recientes, a grupos y cantautores como los argentinos Arbolito, los uruguayos Fernando Cabrera y el Club de Tobi. Ahora, inexplicablemente, le tocó el turno al cantautor madrileño Ismael Serrano. La noticia de su concierto en Bellas Artes apenas la dieron a conocer el día antes en un apurado encuentro con la prensa y, al parecer, todo indicaba que tampoco era la mejor noche para su presentación en el museo, pues, coincidentemente, el patio de la instalación acogía una especie de celebración turística, que interfirió en más de una ocasión en el concierto de este gran contador de historias, una figura esencial de la canción de autor española.

Aparte de estos amargos imprevistos, el primer concierto de la gira cubana del cantautor ibérico no pudo encontrar mejores cauces. Volviendo a demostrar la efectividad del boca a oreja, el público abarrotó el teatro e Ismael salió a escena en medio de una escenografía que recreaba una habitación a media luz. Y, en verdad, sus canciones están hechas a la medida de la tranquilidad de los espacios íntimos o de la riqueza de la meditación. Pero lo que sí resulta innegable es que Ismael es un excelente y sensible observador del corazón humano y encuentra en la cotidianidad pequeñas historias que eleva a la categoría de obras de arte, con una línea ideológica y artística que continúa apelando a la memoria de la canción de autor española, colándose al lado del hombre común que lucha por sobrevivir y rebelarse contra la resignación para impulsar un contexto social más humano.

Con un repertorio en el que ocuparon un lugar de primera fila discos como Todo empieza y todo acaba en ti, Atrapados en azul y Acuérdate de vivir, el músico escribió desde el inicio su propia declaración de principios. Lo hizo con Despierta, un tema que dedicó al movimiento 15 M, bajo cuya bandera se alistan los indignados españoles. Para el cantautor ese título es una especie de convocatoria colectiva a tomar las riendas de los acontecimientos y hallar en las crisis nuevas oportunidades para levantar un mejor futuro. Crecido bajo la influencia de Serrat, de Sabina, de Aute, de Silvio y de Pablo, interpretó luego temas con los que ha elegido dejar a través de su vida constancia de otras vidas, como Te odio y Te debo una canción.

Ismael acompaña cada título con un peculiar e inteligente sentido del humor del que otros artistas podrían tomar nota. Bromea, incluso, de algunas críticas a su obra que ha encontrado en sus andanzas por plataformas como Twitter o Facebook. Lo cierto es que la hondura poética de los textos de su repertorio cobra protagonismo por encima de la música, algo que pudiera equilibrar arropando sus canciones con una mayor variedad sonora.

El concierto no pudo tener mejor final. El músico, tras casi dos horas en el escenario, interpretó uno de sus grandes himnos, Papá, cuéntame otra vez y el público lo acompañó coreando el texto con ímpetus de estadio y demostrando que las canciones del juglar, a pesar de que no se benefician de los privilegios de una promoción con todos los hierros, circulan con total libertad en los círculos íntimos del público trovadoresco. Lo que no quiere decir que deban quedar reducidas a un pequeño gueto, sino que deben promoverse con mayor ahínco por los medios de difusión. Ojalá que para las próximas aventuras cubanas de Ismael Serrano, ese sea el credo artístico de las entidades correspondientes. De lo contrario, seguiremos gastando pólvora en debates para edificar estrategias que divulguen los verdaderos productos culturales, mientras que, cuando llega el momento, la realidad, a veces, camina por otro lado.

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