Liliana Herrero, “Maldigo” en tu nombre…

Maldigo concierto

eltaburete. Buenos Aires.

Algo extraño sucedió esa noche en un hermoso teatro de Buenos Aires que lleva por nombre “Coliseo”. Todo un lujo poder asistir a la presentación en directo y en semejante escenario del último trabajo de esta gigante de la canción, a quien no hace tanto pudimos disfrutar en los escenarios habaneros. La cita era ineludible y allí estábamos.

Salta la canción de golpe, apagan las luces, comienza el espectáculo y Liliana Herrero maldice al mundo desde la tormenta de esa música que le brota por los poros:

“El par de enanos con los chumbos en la mano mientras ven que al otro hermano lo balearon mal. Los hijos del olvido en gal y arrepentidos porque dios no los vino a buscar”

A pesar de estar en la primera fila, esta opaca miopía no logra ver más allá de la silueta de una artista que se acerca de a poco al escenario. Los ojos de María están húmedos justo a mi lado, salpican todas sus emociones sobre mí; mi camisa negra vibra al compás de la batería que está solo a unos pocos metros, y tengo escalofríos por todo el cuerpo… siento que hay algo más allá de la canción…

Liliana se mueve, se retuerce, da golpes sobre su cuerpo y a mí me salen hematomas en el cerebro. Grita como loca y guardo un silencio que me abre heridas. Llora y siento que son mis lágrimas las que brotan. Liliana cae al suelo y yo me elevo desde sus ruinas… Liliana canta y me da por maldecir lo que desde su voz acusa; canción y discurso de vida…

Ha convocado para la noche a parte de los mejores juglares del continente, vivos y muertos, todos reunidos, en la sala están: Don Atahualpa Yupanqui, Juan Falú, Anibal Sampayo, Fernando Cabrera, Miguel Abuelo, el dúo Orozco-Barrientos y la más chilena de las Violetas, la Parra. Recorren los pasillos desde su voz y se unen al canto de todas.

El escenario congrega excelentes músicos con un formato inusual dentro del folklore argentino: Pedro Rossi (guitarras), Martín Pantyrer (vientos), Mario Gusso (percusión), Ariel Naon (bajo y contrabajo). Liliana defiende una vanguardia dentro del arte de hacer canción, y bebe de todas las estéticas musicales posibles para no quedar postrada en esquemas fatuos que condicionan o encasillan a los artistas.

Propone nuevo disco y no puede llegar en mejor momento esta maldición. El público pide más, Liliana lo exige a toda voz : “iremos por más, vamos por más” en la Argentina. Acepta el reto de conjuro en ese aquelarre por la vida, no hay tiempo de quedar tranquilo, es cuestión de todo o nada, de saber elegir ahora… América está en peligro, es momento del recuento y la marcha unida. Liliana propone y el público aplaude y grita ¡Bravo! ¡Bravo!

Sube Raly Barrionuevo, y desde el escenario nos entrega a dúo su voz con la anfitriona de la noche, tan empastados como quienes comparten desde hace tiempo dúo de arte, compromiso e ideas.

Liliana tiene que subir a escena ante los insistentes aplausos, no puede irse, el dolor y la tristeza se entremezclan con la alegría y la esperanza de su canto. La noche no quiere terminar, continúa en la memoria de todos los que allí estuvimos.

Liliana, “Maldigo” y me siento humano: más humano desde que lo hago. Gracias cantora!

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