Vicente Feliú: «Yo soy el hermano más viejo. El mayor era Santi» …

Vicente Feliú en el concierto que ofreció ayer viernes en la Casa Golferichs de Barcelona como antesala de la presentación del domingo en el festival BarnaSants. © Xavier Pintanel

por Isabel Llano  tomado de cancioneros.com

Vicente Feliú al BarnaSants incluye 15 canciones deVicente Feliú, además de una composición para guitarra de Alejandro Valdés, un Popurrí con boleros de los compositores cubanos César Portillo de la Luz y Marta Valdés y una versión de la célebre La bayamesa de Sindo Garay.

 En una charla distendida, sostenida en una antigua bodega de vinos de Barcelona, conversamos sobre la producción del disco, que da cuenta de la amistad y el trabajo conjunto de Vicente Feliú y Alejandro Valdés. Además hablamos sobre las razones que motivaron la selección de canciones, el proceso de mezcla en estudio, a cargo de Tony Carreras, amigo de Vicente y Alejandro; conocimos detalles del origen de algunas de las canciones que hacen parte de este CD y pudimos saber sobre los discos que Vicente Feliú está grabando en estos momentos, en los que participará también Silvio Rodríguez. El trovador también nos habló, por supuesto, de su mujer, Aurora, y de su hija, Aurora de Los Andes, sus compañeras fundamentales; del proyecto cultural Canto de todos y de sus consideraciones sobre la nueva generación de cantautores cubanos y, cómo no, recordamos a su hermano Santiago Feliú y del legado musical que ha dejado. Vicente nos obsequió un entrañable testimonio sobre la amistad de los hermanos Feliú y el colombiano Carlos Pizarro, máximo comandante del Movimiento 19 de abril (M-19) entre 1986 y 1990 que tras dejar las armas, firmar la paz con el gobierno y reintegrarse a la vida civil, fue asesinado por órdenes de las Autodefensas Unidas de Colombia el 26 de abril de 1990.

¿Cómo fue el proceso de selección de las canciones para este disco?

 

Vicente Feliú: Trabajo costó. Alejandro y yo llevamos un tiempo largo trabajando juntos, aunque no siempre, hemos estado periodos muy unidos y después cada cual haciendo lo suyo, y desde hace como unos cuatro años hay una sistematicidad de este trabajo y con alguna de las cosas que ya teníamos y otras dos o tres que incorporamos, bueno, logramos hacer esta antología que puede ser 16 más.

Esta fue una de las posibles compilaciones de mi obra que hicimos concretamente para este formato de dos guitarras. Si hubiera sido otro formato más amplio —como hicimos después, y donde Alejandro participó— aquel del año pasado, que hice un concierto con una banda donde introduje un poco de cuerdas, era más amplia la propuesta, aunque están muchas de estas canciones en esa propuesta más amplia que hice a fin de año.

Esta era la primera vez que podíamos hacer no solamente un concierto, sino un concierto que se grabara con buena calidad para que quedara como un concierto en vivo que siempre tiene una calidad y una calidez que no logra tener nunca un disco de estudio, sobre todo un disco tan trovadoresco y tan minimalista, elemental, esencial como este. Estoy muy contento realmente con el trabajo, con el concierto como tal y con el resultado que logramos después de la mezcla, donde pulimos un poquito más, porque siempre en un concierto en vivo se te va un dedo, se te va un gallo o una serie de cosillas, hemos dejado las cosas más humanas.

Alejandro Valdés: La intención del disco es justamente presentar el momento del concierto. Porque mucha gente tiene la mala costumbre de hacer un concierto y después regrabar el disco completamente en un estudio, y tú escuchas el disco y sabes que no es un concierto en vivo. De hecho yo no había escuchado el disco, lo primero que hice cuando llegué el martes fue justamente escuchar el disco, me encantó, me impresionó mucho el diseño del disco, está muy bonito, y me senté a escuchar el disco y tomando distancia como oyente me sorprendí con el disco porque realmente sientes el concierto y eso es importante.

Alejandro Valdés. © Xavier Pintanel

Alejandro Valdés.
© Xavier Pintanel

Pienso que habría sido posible que otras de tus canciones, aparte de las grabadas en este disco, también se hubieran podido adaptar al formato de dos guitarras. Por eso me gustaría saber si también consideraste que en esta recopilación había que incluir canciones que podríamos considerar imprescindibles, como Créeme o Que me cuenten.

 

VF: Buscar una manera de incluir algunas de las canciones — digamos— imprescindibles de mi carrera, está ahí lo que inevitablemente se ha grabado en casi todos mis discos. En este disco está Donde habita el corazón, pero también está Piropos, que no está grabada, esta es la primera grabación en vivo y en serio, ya madura, porque hay otras grabaciones, una, cuando la canción estaba recién hecha prácticamente, en un concierto en el Centro Cultural Pablo de la Torriente, pero que fue muy empírico todo y no estaba terminada la canción y, otra, que está en el disco Mario y yo, pero en donde se incluyeron canciones que de pronto no estaban en ninguna parte. Así que era bonito hacer Piropos en vivo, porque como hemos estado hablando tiene un encanto muy especial.

Hay canciones que son novedades también, como El último adiós, es una canción a la Argentina, que no está grabada y que incluso la habíamos previsto grabar en un disco que estoy terminando con canciones que yo tengo engavetadas y que había que terminar, pero la saqué. Cuando escuché esta versión dije “esta es la versión, no hay otra, es esta versión en vivo que es la que debe ir”. Y así… Serenamente nunca la había cantado prácticamente en público. La versión deCréeme con el poema de Los Héroes antes es la más justa, porque el poema de Los Héroes es lo que nació exactamente antes de que Créeme saliera de arriba abajo y yo la grabara, o sea casi soplándola; Créeme está dedicada a dos personas y nació con dos canciones que hice inmediatamente antes del poema Los Héroes, fue un día de tres canciones y ese poema.

De La guitarra de Lorca hay una versión hermosísima en mi segundo disco, pero muy pianística, arreglada por Frank Fernández, pero esta versión, con el arreglo de guitarra que le hace Alejandro, es de las imprescindibles. Cuánto de sed sufrí es un poema de Antonio Guerrero, como desde hace muchos años siempre trato de mencionar el problema de mis cinco compañeros presos en Los Estados Unidos, por luchar contra el terrorismo, la mejor manera de decirlo es con un poema de amor de Tony, precioso, que además me nació como un bolero tradicional de los años 30 y con el cual Alejandro también hizo ahí un movimiento especial. Cuarentenario es una canción que tenía por ahí perdida y no la había hecho nunca y a Alejandro se le ocurrió esa versión.

Todo lo que está a dos guitarras son arreglos de Alejo, fundamentalmente, y yo quizá metí alguna cuchareta. La Felicidad nunca la había hecho a dos guitarras en vivo, es una canción dedicada aSerrat, muy serratiana. Hay un tema A lo Ñico, que es una obra de Alejando inspirada y dedicada a Ñico Rojas, un guitarrista y compositor de la gran trova cubana de la época del movimiento del Filin, y que es una pieza fundamental que quisimos incluir porque nos gusta, además del Popurrí que hemos incorporado, que son boleros de la trova del Filin y que es un homenaje a la canción trovadoresca en Cuba. Aparte está Canción de ombligo que es una canción a los viejos trovadores.

AV: Con el disco también hemos querido dejar constancia justamente del tiempo que hemos estado trabajando juntos y hemos intentado hacer, quizá también un poco más allá de las obras muy conocidas —aunque siempre hay que hacerlas en los conciertos porque la gente lo pide, pues van a escuchar las canciones que conocen— realmente hemos tratado de darle al trabajo un componente de música de cámara, donde cada detalle es importante, donde absolutamente todo está pensado desde el punto de vista conceptual, o sea que no sucede nada que no se haya concebido de esa manera, y estas son obras que hemos tocado ya en varias giras de conciertos y que indiscutiblemente te das cuenta que tienen una madurez.

VF: Sí, es un resumen de un trabajo que llevamos haciendo y que de alguna manera siempre lo vemos como sacando de aquí y de allá. Es decir, no es una novedad. Yo no trabajo por discos. Ahora mismo estamos sacando canciones muy viejas, bastante viejas, que nunca canté, pero que están ahí y no canté cuando tocaba porque estaba en otra cosa. De manera que este CD de alguna manera resume también el trabajo nuestro, de Alejandro y yo.

¿Por qué decides grabar Créeme a cappella? ¿Es porque la has enlazado con el poemaLos Héroes?

 

VF: Me gusta más esta solución, que además salió por casualidad en una gira que hicimos Alejandro y yo en Estados Unidos, en un concierto en Nueva York, donde el audio era tan desastroso que yo decidí que no iba a cantar. Empezaron a dar discursos —había un micrófono que sonaba muy mal— y la única opción posible de que yo dijera algo, porque me lo pidieron y me lo pidieron —estaba abarrotado el teatro— era esa, se me ocurrió hacer eso y funcionó perfectamente y lo he seguido haciendo, además porque Créeme es una canción que me cansa la versión con guitarra que yo hago, la puedo hacer, pero le encuentro con esta variante otra manera y me gusta más.

En todo caso, como en este disco hay una especie de representación de las canciones compuestas por Vicente en las diferentes décadas, 70, 80 y 90, pensé que se habían escogido con esa intención.

 

VF: ha sucedido de manera natural. No fue una propuesta.

AV: Hay algunas canciones que uno toca durante un tiempo, o canta, en el caso de Vicente, y después las vas dejando, pero luego las retomas, muchas veces con otra madurez. Yo creo que eso es lo que ha pasado con estas canciones. Muchas canciones han estado guardadas por gran tiempo o fueron grabadas con otro formato y de pronto nos acordamos de ellas.

VF: Es que Alejandro conoce prácticamente casi toda mi obra y entonces me dice “aquella canción, por qué no la hacemos” o “mira, creo que vendría bien en este entorno”.

AV: Sí, es que es un trabajo de equipo.

Recordar las canciones que has compuesto es difícil, porque con este disco que acaba de publicarse contaríamos 10 discos en solitario de Vicente Feliú, pero además hay muchos discos colectivos en los que has participado y una enorme lista de canciones sin grabar.

 

VF: Hace unos años había muchos apagones en La Habana, apagones de días enteros en que no había luz —yo vivo en Alamar—, entonces tenía de público a mi mujer, Aurora, y a mi suegra, y cuando venía el apagón, inaudito, agarraba mi botella de ron, empezaba a tomar ron y decía “Aurora, ¿te acuerdas de esta canción?” y empezábamos a recordar. Aurora lleva conmigo 35 años, o sea que conoce buena parte de las canciones de los últimos 35 años y de las anteriores y entonces fui increíblemente recordando no solamente las canciones sino la manera en que yo tocaba esas canciones en los años 60 y 70, insólitamente podía cantarlas —tengo la voz ahora más alta que entonces, no me preguntes cómo, es muy raro— y de la digitación todavía me acordaba y se lo dije a Silvio y me dijo “empieza a grabar mañana antes que te vuelvas a olvidar”, y grabé cuarenta canciones y de ahí estamos sacando todavía. Tengo unos discos pendientes de terminar pulir, de volver a poner la voz donde no ha quedado muy bien. Entonces de esas canciones fueron saliendo y por eso te diría que están ahí. Cuando nos hace falta “vamos a sacar ésta, porque encaja aquí perfectamente en este entorno”. A veces he querido cargar la mano en un sentido más político, más combativo, de manera directa, y a veces he querido mantener el sentido combativo pero de una manera más indirecta, más desde el corazón, más desde la intimidad, desde el humanismo, y este disco yo creo que es un resumen de ese trabajo.

¿Estás satisfecho con la grabación de este disco?

 

VF: Sí, muy satisfecho con la grabación y con la mezcla que hicimos. Fue una excelente grabación, los compañeros que hicieron el sonido lograron un sonido muy bueno, muy cariñoso, muy cómplice. Igual las luces, todo fue muy fluido.

¿Dónde se realizaron las mezclas?

 

AV: La mezcla se hizo en La Habana, porque la mezcla es algo, generalmente, para lo que se necesita tiempo, justamente para tomar distancia. Tony Carreras con quien hicimos la mezcla, quien tiene mucha experiencia, es un grabador que es amigo, a quien también llamamos para tomarnos una botella de ron o para escuchar un disco…

VF: Tony Carreras es músico, toca muy bien la guitarra, el bajo, es compositor y tiene varios Grammy de grabación, como Alejandro, que tiene un Grammy también.

AV: Así que Tony sabe de qué va, entiende este mundo de la canción, porque a veces encuentras diferentes técnicos pero no entienden muy bien qué cosa es la canción, entonces hacen unas mezclas que sonarían muy bien para un grupo de pop o para jazz, pero no para este nivel de intimidad que nosotros habíamos logrado en el concierto en vivo.

¿Se tardó mucho la mezcla?

 

VF: yo creo que hicieron ustedes 4 tandas. Primero, escuchamos por separado los tres, llevamos una propuesta los tres y Tony, que es músico además, como te decíamos, se queda trabajando mientras nosotros estamos de concierto en Argentina y luego dijo “vengan a escuchar”. Fueron 3 o 4 tandas, fue muy rápido. Realmente estaba bastante bien casi todo. Solo había un par de temas que estaba un poco desfasado algo.

¿Se incluyó en el disco todo lo que presentaron en el concierto?

 

VF: Quitamos algunos temas porque era muy largo, quitamos A los que luchan toda la vidaEl colibrí y Ojos malignos.

AV: Es que también nos sorprendió el concepto que tienen aquí del concierto en vivo, porque ya automáticamente tú haces un tiempo de concierto y un tiempo de bis. Para nosotros, normalmente, los bises te los pide el público, si no te los piden no hay nada que hacer, entonces la gente espera, el artista se esconde, si la gente lo pide pues vuelves a salir, pero cuando tú sales a hacer el bis tampoco esperas a hacer tantas cosas, porque corres el riesgo de que una canción, más que enriquecer el concierto para que quede bonito, vaya en detrimento de ese concierto. Estos temas quedaron bien, musicalmente quedaron bien, pero después, escuchándolos nos pareció que no se ajustaban mucho a la dramaturgia del concierto y por eso fue que los dejamos afuera, pero están ahí como constancia también y pueden servir para otra cosa.

Vicente Feliú. © Xavier Pintanel

Vicente Feliú.
© Xavier Pintanel

El domingo 6 de abril será la presentación oficial del disco en el concierto que haréis en el auditorio Barradas, ¿Qué planes hay con este disco en un futuro inmediato? Porque este disco es como una antología, ¿no?

 

AV: No es una antología, es una obra referencial al trabajo que hemos venido haciendo Vicente y yo durante mucho tiempo. Nosotros, normalmente, hacemos el trabajo mucho más de cámara, de hecho yo tiendo a tocar más obras solo en concierto, pero para el concierto que se ha grabado en este disco Vicente trajo unas cosas suyas, yo también, y las vinculamos, con la guitarra yo soy parte de la canción aunque no cante y entonces hemos tratado justamente de buscar ese punto en común que es la canción, desde el camino de cada uno. En este disco —como el concierto era en un lugar, en un marco muy específico, en el BarnaSants, que es un festival de la canción de autor— no tenía sentido, de hecho no planificamos tocar A lo Ñico, pero fue Vicente quien me pidió en el escenario que yo tocara la pieza, pero no lo habíamos concebido así por el marco del festival en el que estábamos.

VF: Si Alejandro no hubiera sido nada más que un guitarrista acompañante no hubiera sido así, pero es que es un compositor y de obras importantes, entonces dije “vamos a incluir esa canción en este concierto para que quede como parte de un trabajo en común”, pero el trabajo en común es realmente mucho más amplio, de hecho cuando Alejandro toca solo toca por lo menos dos temas más de su autoría, además de A lo Ñico, y generalmente enlazamos con una versión trovadoresca suya, de las clásicas de Sindo GarayPerla marina; él hace la versión instrumental y me entrega y yo canto la canción y a partir de allí empezamos otro ciclo de canciones trovadorescas, es decir, tiene otro movimiento el concierto.

Como un interludio dentro del concierto…

 

VF: Exactamente. Que será probablemente lo que hagamos en el concierto del domingo, porque ya el disco está, o sea que el que vaya al concierto —y vamos a hacer buena parte de las canciones de este disco, pero no solamente esas— verá que vamos a ampliar un poquito más. Ahora, ¿qué perspectiva hay con este disco?, pues es nuestro primer disco juntos, ahora lo estamos haciendo acá y hemos tratado de llevarlo a varias partes, más o menos este fue el concierto —casi igual— que estuvimos haciendo en Argentina en octubre del año pasado. Pretendemos llevar este disco también a la Argentina para mantenerlo allá y hacer lo mismo e incluir algunas canciones nuevas que ya estamos preparando.

Antes has mencionado a Silvio y has dicho que estás realizando el trabajo de recuperar canciones y grabarlas. ¿Nos puedes adelantar algo sobre los discos que estás grabando?

 

VF: Bueno, estamos tratando de terminar esas grabaciones que hay que hacer, creo que habría que grabar algunas más para cerrar tres o quizá cuatro discos. Cuarenta canciones se pueden dividir entre cuatro o entre tres discos, porque la dinámica, la dramaturgia tiene otra cosa. También estoy a punto de cerrar un disco que hace mucho tiempo quiero hacer que se llamaráHerejes o Heréticas, donde casi todo está grabado. Estamos viendo, hay que pasarle la mano a esas grabaciones cuando coincidamos en el tiempo, porque hay uno de esos temas que probablemente lo cante Silvio solo, un tema que desde mi primer disco Silvio me pidió que lo incluyera, es de esos temas que lo tienes presente pero que no te acaba de encajar, porque ese tema en sí mismo es el que definiría las Heréticas, entonces este es el momento. Además que lo cante él, o que lo cante él conmigo. Es un tema del año 68, bien viejito, y que yo he ido cantando de vez en cuando. Hay varias cosas pendientes.

Vicente Feliú y Alejandro Valdés en la Casa Golferichs de Barcelona. © Xavier Pintanel

Vicente Feliú y Alejandro Valdés en la Casa Golferichs de Barcelona.
© Xavier Pintanel

Dejando un poco de lado el disco, quisiera que nos contaras sobre el proyecto culturalCanto de todos que tú coordinas. ¿Qué se está haciendo ahora?

 

VF: Recién me encontré —al fin física y personalmente, y pudimos darnos un abrazo y un beso— con Fernando González Lucini; nos conocemos desde hace mucho, a través de amigos en común, y cada cual sabe perfectamente lo que está haciendo el otro, hemos sido conspiradores en favor de la canción, de la maravilla del arte, y este proyecto para la canción iberoamericana que yo he estado trabajando durante diez y tantos años era ni más ni menos la manera de colaborar en la búsqueda del encuentro y la compañía de los jóvenes creadores iberoamericanos, no latinoamericanos, porque aunque la fuerza mayor está en Latinoamérica siempre pensé en España y Portugal, de todas maneras porque somos hijos de esas dos ex potencias y esas dos ex potencias sin sus hijos no son nada —porque no son Europa, son la pariente pobre de los rubios de mierda estos que quieren acabar con el mundo y entonces su verdadera familia está allá— por eso pensé siempre en la canción iberoamericana.

Canto de todos no es una oficina, no es un centro cultural, es un punto de encuentro, es una punta de lanza, es una memoria, es una especie de conspiración permanente con Lucini, porque estamos en la misma frecuencia, él en una zona y yo con otra, pero muy coincidentes. De hecho hemos pedido a algunos amigos que sean delegados de Canto de todos en algunos países, en España le pedí a Juan Trova que fuera delegado, es otro puntal que anda con Abril para vivir. Estamos buscando, primero, que no se pierda la memoria y, segundo, que nos encontremos todos los que somos y que combatamos. Esos son los principios elementales, tanto de Fernando como de Juan, el mío y como el del centro Pablo de la Torriente, que dirige Víctor Casaus, poeta, cineasta y periodista que está muy involucrado en esto. Eso es Canto de todos, punto de encuentro y desarrollo de los trovadores, sobre todo de los que aparecieron después de que supuestamente se acabaron las dictaduras en América del Sur, —porque empezaron las dictablandas—. Canto de todos, es decir, trovadores del mundo unidos, es un punto para conocerse y luchar por la canción.

¿Por qué Canto de todos es un espacio especialmente para los trovadores que surgen después de las dictaduras?

 

VF: Sí, porque los que aparecieron antes de los 80 ya están hechos, están formados o no están más. Entonces los que aparecieron después de los 90 estaban por ahí buscando brújula y no se conocían entre ellos. Nosotros sí nos conocíamos. Utilicé abiertamente el nombre que tengo para el proyecto, porque siempre lo digo: tengo la suerte de ser muy conocido y hasta querido, pero no soy tan famoso, puedo entrar en una barra como esta y no pasa nada, puedo pasar clandestinamente por ahí, eso me ha permitido conocer un montón de gente, mientras que, por ejemplo, Silvio y, probablemente Víctor Heredia, no lo han podido hacer.

Entonces lo que hice fue: dame tu disco y se lo llevo al otro, se lo llevo a la radio de tal lado, se lo llevo al otro país, y así fui creando una red, primero de radios y después de gente. La verdad es que ellos andan por su cuenta, más o menos solos, y con un proyecto que está andando de unificar varias fuerzas en una especie de base de datos y una web común, el proyecto va creciendo mucho más y va a agarrar una fuerza mayor, de manera que todos puedan conocer el trabajo de todos.

Uno de los eventos fundamentales que se hace en ese sentido es el BarnaSants que hace Pere Camps, desde ya hace casi 20 años, para mí el más importante del universo de la canción de autor, porque es una maravilla, pero al que no solamente viene gente muy consagrada, al BarnaSants vienen los consagrados y los desconocidos, porque tiene que haber un sitio donde estén todos y tiene que haber la manera de que este sitio donde estén pueda tener una base de datos para que se pueda encontrar la gente. Por eso es que están Canto de todosCanción con todos de Lucini y Abril para vivir. Todos con el mismo principio de encontrarnos y de luchar contra la mediocridad, desde la buena canción, el rescate de la memoria.

Hablando precisamente de estos proyectos que dan cabida a los jóvenes cantautores y siendo tú un fundador de un movimiento tan importante como la Nueva Trova ¿cuál es tu consideración respecto a estas nuevas generaciones?

 

VF: Es muy diferente, por ejemplo lo de los cubanos respecto a los de otros lugares. Es mucho más combativa la gente que está en América del Sur, incluso en España. En Cuba hay una situación muy diferente, hay una generación que ya nació con cierto desencanto, siguen siendo trovadores porque siguen retratando la canción, siguen respetando el hecho de decir lo que piensan y que ese decir lo que piensan pueda ayudar a cambiar las cosas, pero nacieron en un entorno muy diferente, no combativo o no tan combativo. Probablemente no hay otro lugar del mundo donde se escuche tanto reguetón como en Cuba; te das cuenta que lo peor de la penetración del ala fascista de la música nos ha entrado por un tubo y entonces es difícil, porque los medios la promueven. Hay una dicotomía entre lo bueno y lo malo que pasa y entonces los trovadores han tratado de luchar, o sea, han tenido que meterse de alguna manera, sin llegar quizá a convertirse en reguetoneros con buenas letras sí han tenido que utilizar elementos rítmicos y buscar la manera de levantar a través de las rítmicas más que de la canción, aunque hay de todo.

Está Karel García, que es uno de los puntales de la canción, y mucha gente, y no hace tanta falta en Cuba aupar al joven, ellos saben lo que tienen que hacer porque vienen directamente de Cuba, de la Nueva Trova, y es el fenómeno que conocen y se conocen entre sí. Porque en Cuba, no obstante lo que te estaba diciendo, todos los cantautores se conocen y hay cientos de trovadores que yo ya perdí hasta la esperanza de escucharlos a todos. Acabo de estar en un festival que se hace todos los años en la ciudad de Santa Clara, que se llama Longina, en homenaje a una memorable canción y un memorable trovador de los primeros, Manuel Corona, y lo que he visto en trovadores jóvenes son unas canciones preciosas, diferentes, en otra frecuencia, buscando la belleza del texto más que en la rítmica, más que en la pegada, y es impresionante, pero ellos tienen ese camino abierto.

Lo que pasa en Cuba no es el caso necesariamente de lo que pasa en América del Sur. Lo que pretendo con Canto de todos es que los de cada país se conozcan y se conozcan con los de los países del al lado, porque de Mendoza, que es la última ciudad de Argentina, a Chile, que está a 200 Km, cuesta más caro viajar que ir a Miami. Esa es una de las cosas que ha buscado siempre el imperialismo, que nos cueste más viajar de un país nuestro a otro país nuestro que tú te vayas a pasear el fin de semana a Miami. Entonces ese bloqueo es el que trato de que se rompa y que la gente empiece a conocerse y a ir a festivales. Se están haciendo algunos eventos en Chile, Ecuador, Perú y Argentina, o sea, hay un movimiento bastante fuerte que hay que apoyarlo.Canto de todos no pretende erigirse en un poder sino en apoyar todo lo que puede apoyar, los intentos de acercamiento que aparezcan, eso es lo que intenta Canto de todos, crea los acercamientos si es posible y sino los apoya. Es lo que ha pasado en Chile, en Perú, donde hay un movimiento fuertísimo en Lima. En Colombia no he podido entrar, hay una gente ahí que conocí, Lizardo Carvajal, pero que no está ahora mismo activo en la canción.

En relación con las generaciones posteriores de trovadores, me gustaría hablar sobre tu hermano Santiago, del que todos lamentamos tanto su repentina muerte. Desde tu punto de vista, como hermano mayor y también como promotor de Canto de todos, ¿cuál es el legado que deja Santiago?

 

VF: Lo primero es que yo no soy el mayor, soy el más viejo, pero yo creo realmente que el mayor de los hermanos en estatura era Santi. Tenía un talento descomunal. Desde que tenía 6 años le dijo al viejo “papito hice una canción” y el viejo le puso los acordes y dice “papito ese acorde no es”; él no sabía qué acorde era, pero sabía que ese no era. Entonces el viejo me llamó, “mira a ver que acorde”, y… (Vicente describe con gestos posiciones de acordes en la guitarra) “ese sí”. El viejo hacía unas canciones preciosas pero tocaba muy poca guitarra y entonces Santi era una gente que con 15 o 16 años ya se me adelantaba, entonces dices “bueno, qué cosa es esto, de dónde salió el gago este, zurdo”, que además no era zurdo.

¿Por qué tocaba como si fuera zurdo?

 

VF: Imagino que porque aprendió de vista, no sé, no tengo explicación. Yo creo que es muy grande lo que siempre fue Santi y creo que el legado que ha dejado, el mayor, el más importante, es que nunca se plegó a la más mínima mediocridad, a la más mínima concesión, fue un hereje desde chiquitico y ahí está su obra. El legado es múltiple, no solamente musical, no solamente poético, porque tiene una poética muy especial, no solamente en la canción como tal, sino cultural, en lo ético creo que dejo un legado extraordinario, una estética. La gente dirá.

AV: A mí me ha cogido llamado la atención la respuesta popular a la muerte de Santi, todos sabemos lo que significaba Santi para su generación, lo carismático que era, pero lo que ha sucedido, más allá de los eventos institucionales, es la respuesta popular, porque hay quienes pesan en la cultura pero no pesan en el pueblo. Hay gente que son grandes artistas pero no son populares. A mí me ha sorprendido la respuesta que ha habido de gente joven, incluso de gente que no tienen que ver con su música, por ejemplo mi hija de 16 años conoció a Santi porque está en el medio, ella escucha las canciones de Santi como escucha las de Vicente, menos mal no escucha reguetón y escucha otra cosa, pero que ella y otros muchachos, por su propia decisión, vayan a eventos y a homenajear a Santi dice mucho de la trascendencia de él. Dentro de tres generaciones de trovadores, va a haber trovadores siguiendo a Santi, no porque tocaba mejor o peor la guitarra, no porque cantaba de una manera, sino por lo que representó como persona en la cultura y en la sociedad cubana.

Tenía cierto pudor de hacer esta pregunta sobre Santi porque es una pérdida muy reciente, pero sabía que no podíamos dejar de hablar de él.

 

VF: Cuánto sintió Santi la muerte de Carlos Pizarro. ¿Sabes la relación que tuvieron? A Pizarro yo lo conocí en casa de Frank Fernández y estábamos Silvio, Frank, Pizarro y yo. Pizarro nos invitó a los tres a ir a Colombia. Le dijimos, como tú comprenderás, si cualquiera de nosotros se acerca a la frontera colombiana vamos a caer presos, va a ser un rollo, es imposible. Yo le regalé un afiche mío y él me lo dedicó, lo tengo en la casa. Luego Santi se va a un festival en Colombia, y se va quedando en Colombia y un día lo llamo porque había preocupación, no se sabía dónde estaba y me dijo “mañana me voy para Santo Domingo, para el campamento del M-19.” Y le digo “Santi, estamos hablando por teléfono” y él “sí, no importa, yo estoy tan quemado como Silvio y como tú, ya” y yo “bueno, pues dale un abrazo a Pizarro”. Estuvo allí con Pizarro, Santi que no quería nunca ver armas, ni nada. Santi diseñó una política cultural para el M-19 y lo botaron de Colombia (sonríe Vicente) porque estaba en el campamento del M-19. La canción , de Náuseas de fin de siglo, está dedicada a Pizarro. Hay una foto preciosa con Pizarro y con su perro. No lo mataron por gusto, era el hombre.

Vicente Feliú, el canto de todos. © Xavier Pintanel

Vicente Feliú, el canto de todos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: