Abel Prieto: Somos responsables de que los gustos culturales hayan retrocedido…

tomado de OnCuba…

Consideraciones de Abel Prieto, Asesor de los Consejos de Estado y de Ministros sobre los desafíos que tiene hoy la cultura cubana.

Hace seis años se realizó el VII Congreso de la UNEAC, a su juicio ¿cuáles han sido aquellos retrocesos, estancamientos o avances que han habido en esta organización?

Ha habido avances importantes. En la propia UNEAC se consolidó un equipo de trabajo en este período que dirigió Miguel Barnet, acompañado por un grupo de personas muy eficaces a la hora de impulsar iniciativas culturales. La dimensión nacional de la organización se consolidó en este período, por eso espero que en este nuevo ciclo esa línea continúe.

Durante esta época se trabajó con mucha seriedad frente al despilfarro, frente a las formas de corrupción que aparecieron. Barnet desplegó una batalla muy grande para evitar el crecimiento indiscriminado de la membresía de la organización. La UNEAC se nos ha convertido en una caricatura de lo que fue. Entró mucha gente en períodos anteriores de forma masiva y son personas que no tienen nada que ver con la vanguardia, más bien con la retaguardia en términos artísticos y estéticos.

Hace unos días el Ministro de Cultura Julián González recordaba que entre un congreso y otro se han reparado en todo el país más de 95 instituciones importantes de la cultura. Entre ellas, mencionó el teatro Comandante Eddy Suñol de Holguín, el teatro Martí a cuya inauguración asistió Raúl Castro, lo cual habla de la prioridad que tiene la cultura para la Revolución, incluso en condiciones de carencia, de restricciones fuertes en materia financiera y de recursos. Creo que se ha avanzado en la infraestructura de la cultura. Además, han habido instituciones emblemáticas que se han rescatado o que están en proceso de rescate como el Gran Teatro de La Habana.

Pero yendo un poco más allá de lo institucional, pienso que las nuevas tecnologías que sin dudas son un aporte excepcional para promover la cultura y los mensajes culturales -en alguna medida en estos últimos años- han sido portadoras de lo peor de esa cultura chatarra de la industria hegemónica del entretenimiento, entre ellas Nuestra Belleza Latina, La Voz Kids…

Sobre todo los jóvenes, y es culpa nuestra, han consumido de manera acrítica todo estos productos. Creo que hemos seguido retrocediendo en el gusto por el audiovisual y por la música no comercial. Ese es un problema que no es de la UNEAC, sino del Ministerio de Cultura, y ahí tienen que estar implicados todo el gran movimiento de Instructores de Arte creado por Fidel, tienen que incidir los maestros y también los medios de manera notable; son problemas con los que tenemos que competir.

¿Y cómo puede reinventarse la UNEAC ante esas nuevas tecnologías?

Hay que usarlas. Hace unos días dialogaba con el Presidente del Movimiento Juvenil Martiano y le proponía que creara una fórmula basada en las nuevas tecnologías para mover el pensamiento de Martí, para promover la lectura del Apóstol; porque no podemos renunciar a que nuestros jóvenes lean a Martí. Sería quedar mutilados como cubanos.

Hay muchas señales, hoy se lee menos, la gente busca libros más ligeros, de menos densidad. La gente va menos al Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, son datos reales que están ahí. Es verdad que las formas de la cultura se han diversificado, pero tenemos que lograr que sean para bien.

Uno de los desafíos que tienen hoy las instituciones de la cultura es cómo lograr que las nuevas tecnologías nos ayuden a ser portadoras de mensajes, no solo acerca de la cultura nacional, sino de lo mejor de la cultura universal.

Hay un proyecto de reconquista cultural del mundo y otros más específicos de subversión contra Cuba, esos son dos niveles de un gran proyecto de dominación que es muy eficiente. Son productos bien hechos. Es una fábrica que funciona utilizando componentes de la vanguardia artística y de diseño que la hacen muy atractiva sobre todo para la gente joven. Tenemos que pensar en el tiempo libre de los jóvenes de otra manera, ocuparlo en un consumo cultural de alta calidad, o sino será ocupado de manera abrumadora con toda esa cultura chatarra que existe.

Decía Fernando Martínez Heredia cuando le dieron la condición de Maestro de Juventudes que teníamos que lograr que la gente se interesara y disfrutara…tenemos que lograr motivar a la gente para disfrutar la cultura.

¿Cómo hacer que el Congreso de la UNEAC no se vuelva una catarsis? ¿Cuáles son esos resultados que deben trascender a este Congreso y verse en la cultura cubana y en Cuba?

Aquí no va a haber soluciones mágicas para muchos problemas, pero creo que algunos resultados tienen que estar asociados a propuestas acerca de cómo hacer sostenible la cultura, cómo evitar el despilfarro presupuestario sin deformar la política cultural. Hay una zona de la cultura que es necesaria presupuestar porque si no, la liquidas. No podemos pretender que las orquestas sinfónicas sean empresas o que el ballet clásico sea rentable,. Hay que tener claro que hay zonas presupuestadas, pero que hay otras esferas de la cultura que pudieran tener expresiones económicamente sostenibles, sin renunciar jamás a la democratización de la cultura, que es una de nuestras grandes conquistas. No podemos convertirlo en un objeto de lujo.

El tema de cómo no distorsionar la política cultural en las condiciones actuales, es vital. No podemos permitir tentaciones de carácter economicista. Al propio tiempo tenemos que pensar cómo la cultura puede ayudar a la nación en estos momentos, en estas circunstancias tan decisivas. Hay qué pensar cuál puede ser aporte de los artistas y escritores ante la quiebra de normas elementales de convivencia social, ante el deterioro del decoro y al mismo tiempo cómo frenar el proceso de colonización.

Personalmente creo que prospera de una manera desenfrenada un culto a lo yanqui. No hablo de lo norteamericano, vamos a distinguirlo así. Ojalá las personas leyeran a Whitman, Poe, a Emerson, a Melville, ojalá pasara eso. Pero no, lo que se está consumiendo es una cultura industrial yanqui, o mejor dicho, la mala cultura hispano-estadounidense. Pero al mismo tiempo tenemos que tratar de no humillar a las personas que consumen dichos productos, porque la culpa de que eso ocurra es nuestra. Las instituciones somos responsables en una gran medida de que los gustos hayan retrocedido hasta ese punto. Tenemos que crear una producción cultural que sea realmente entretenida, atractiva, que tenga esas imágenes de alta calidad, que tenga gancho para la gente joven; pero sin vaciarla de sentido. Considero que la cultura tiene que tener un sentido en términos emancipatorios y eso es lo que a veces nos falta.

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