Wichy nos espera en la esquina…

wichypor El Diablo Ilustrado…

Hace quince segundos

que se murió el poeta

y hace quince siglos

que notamos su ausencia.

Reza una canción de Silvio que recoge las sensaciones que priman con respecto a Wichy Nogueras, su vida y su obra: pareciera que acaba de irse, y se le extraña como una eternidad. Lo más curioso, no ocurre solo con quienes lo conocieron personalmente, sino entre los que –como yo- solo contamos con su arte y las anécdotas que le dan visos de leyenda.

Hace quince milenios

se nos fugó el poeta

dejándonos sus viudas

y su niñita eterna.

Brindemos por su verbo,

por su roja cabeza,

hermanos de la sangre

vertida del poeta.

A mí me llega Luis Rogelio Nogueras, desde múltiples cuentos de sus amigos, sus viudas, aquellos que compartieron los días fundacionales de El Caimán Barbudo, y claro que por la trova de Silvio, quién lo ha dibujado no solo en las canciones que le dedica directamente.

Ahora quiero hablar de poetas,

de poetas muertos y poetas vivos,

de tantos muchachos hijos de esta fiesta

y de la tortura de ser ellos mismos.

Porque hay que decir que hay quien muere sobre su papel

pues vivirle a la vida su talla tiene que doler.

En esta “Oda a mi generación” Silvio pareciera referirse a aquel grupo de escritores, poetas, periodistas en torno a El Caimán Barbudo: Guillermo Rodríguez Rivera, Víctor Casaus, Jesús Díaz, Félix Guerra, Félix Contreras, el Gallego Posada (el ilustrador), Fernando Martínez Heredia, y otros que protagonizaron intensos debates sobre la cultura y la sociedad cubana de aquella segunda mitad de los 60.

Nuestra vida es tan alta –tan alta-

que para tocarla casi hay que morir,

para luego vivir.

Aquellos caimaneros querían virar la tierra de una vez, enamorados herejes, que desde la revolución eran profundamente críticos, como reza esa especie de declaración de principios del No 1 de la revista. El Wichy Nogueras que he ido tejiendo entre escritos y conversaciones de quienes lo conocieron coincide con el espíritu de su obra: cuestionador del entorno, de sí mismo, sin retorcimiento, claro y con gran dosis de humor; enamorado, también del entorno, especialmente de las mujeres, e incluso de sí mismo. Coinciden muchos en que era meticuloso en extremo con su porte y aspecto, lo cual confieso que me sacaba de foco esa imagen desenfadada, que prima en su novelística, en su cine, en su poesía.

La suerte está echada

Se acabaron los poemitas lacrimógenos

las noches de insomnio

los dos paquetes de cigarrillos al día

la falta de apetito

el mal humor

las miradas perdidas en el aire

detrás de moscas invisibles o musarañas.

Se acabaron los dibujitos abstractos

en el mantel con la punta del cuchillo

la palidez

los polvorientos sonetos con estrambote al estilo de Navarro

las miradas ansiosas al teléfono

el mudo interrogatorio al cartero

A partir de hoy todo va a cambiar

¿Te fuiste con tus lindos ojos azules?

Mala suerte

Que te vaya bien

(y los hermosos ojos azules

te los puedes meter en tu inolvidable culo).

El lenguaje coloquial, cuasi callejero, su fusiona en su vuelo poético con desbordado lirismo que dan como resultado una obra sin rebuscamiento, accesible a todos, y para nada simple; esa poesía que nos abre caminos del espíritu sin poses, como del amigo “jodedor” que nos tira el brazo por encima para casi susurrarnos verdades colosales, o al menos agudezas para ver y amar mejor.

Materia de poesía

Qué importan los versos que escribiré después

ahora

cierra los ojos y bésame

carne de madrigal

deja que palpe el relámpago de tus piernas

para cuando tenga que evocarlas en el papel

cruza entera por mi garganta

entrégame tus gritos voraces

tus sueños carniceros

Qué importan los versos donde fluirás intacta

                                                              cuando partas

ahora dame la húmeda certeza de que estamos vivos

ahora

posa intensamente desnuda

para el madrigal donde sin falta

florecerás mañana.

Fue un torrente de imaginación, nunca se sentó en una idea, lo cuestionaba todo, de ahí que sacara a cada paso un punto de vista asombroso, una vuelta de vida. Lo mismo inventaba un autor que un país, que un mundo, tras el cual estabas siempre en la duda, esa que te hace saltar hacia un peldaño superior de la idea. Entre sus poemarios destacan Cabeza de zanahoria, Premio David de Poesía en1967, Las quince mil vidas del caminante, 1977 e Imitación de la vida, Premio Casa de las Américas, 1981.

Aparte de su aporte a revistas como Cuba Internacional El Caimán Barbudo, La Gaceta de Cuba  y  Cine Cubano,  fue investigador literario, editor y redactor en el Instituto Cubano del Libro.

Como novelista escribió especialmente policiacos como Y si muero mañana, El cuarto círculo (con Guillermo Rodríguez Rivera) y Nosotros los sobrevivientes.

Vivió intensamente el cine. Escribió con Octavio Cortázar el guion del filme Guardafronteras y El Brigadista. En las que momentos de la historia de la revolución, son reflejados desde la vida de jóvenes protagonistas. Las pasiones, las situaciones humorísticas, la broma entre amigos que se juegan la vida, esa historia de los héroes anónimos pasa con encanto en las pantallas que nos tejió Wichy.

Entre otros documentales y películas, un punto importante es el documental “Que levante la mano la guitarra”, (también libro, en compañía de Víctor Casaus y Guillermo Rodríguez Rivera) que a partir de un concierto de Silvio Rodríguez nos adentra en el cosmos poético del trovador; canción adentro, describen en interacción con el público, los dolores, sueños y alegrías de esa era que paría un corazón.

El cisne salvaje

No intentes posar tus manos sobre su inocente

cuello (hasta la más suave caricia le parecería el

brutal manejo del verdugo).

No intentes susurrarle tu amor o tus penas

(tu voz lo asustaría como un trueno en mitad de la noche).

No remuevas el agua de la laguna no respires.

Para ser tuyo tendría que morir.

Confórmate con su salvaje lejanía

con su ajena belleza

(si vuelve la cabeza escóndete en la hierba).

No rompas el hechizo de esta tarde de verano.

Trágate tu amor imposible.

Ámalo libre.

Ama el modo en que ignora que tú existes.

Ama al cisne salvaje.

Luis Rogelio Rodríguez Noguera, Wichy, El Rojo, nació en La Habana, el 17 de noviembre de 1944, o sea que está por estos días de cumpleaños. Ahora mismo, muchos creadores lo tienen cerca en esa búsqueda incesante, en ese afán de abrazar sin rebuscamientos o fingimientos, pero sin simplismos complacientes. La agudeza honesta y honda, ese toque irónico o satírico con que ve la realidad, lo hacen siempre presente. Todo parece indicar que el 6 de julio de 1985 murió, aunque podría tener algo de ilusorio y ser otro buen chiste suyo. No hace mucho el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau publicó “Entre el cuerpo y la luz” un libro donde gran cantidad de creadores de varias generaciones dialogan con él, de tú a tú, entre versos y textos de canciones. Y es que como dijo Silvio al dedicarle el álbum Causas y azares, de broma en broma tuvo la humana grandeza de “hacernos creer que jamás partiría, y además demostrarlo.

El último caso del inspector

El lugar del crimen
no es aún el lugar del crimen:
es sólo un cuarto en penumbras
donde dos sombras desnudas se besan.

El asesino
no es aún el asesino:
es sólo un hombre cansado
que va llegando a su casa un día antes de lo previsto,
después de un largo viaje.

La víctima
no es aún la víctima:
es sólo una mujer ardiendo
en otros brazos.

El testigo de excepción
no es aún el testigo de excepción:
es sólo un inspector osado
que goza de la mujer del prójimo
sobre el lecho del prójimo.

El arma del crimen
no es aún el arma del crimen:
es sólo una lámpara de bronce apagada,
tranquila, inocente
sobre una mesa de caoba.

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