Carlos Acosta: “Cuba es una sola y la llevo dentro” …

Amaury Pérez: Tú hablabas del salto que no podrás dar con más edad, ¿cuánto de arte y cuánto de acrobacia tiene el Ballet?

Carlos Acosta: El Ballet es un arte físico, eminentemente que reúne muchos requisitos, incluso muchas artes en una: el diseño, la música, etc. Somos atletas. Enseguida que se abre la cortina y apareces en el escenario, tú estás haciendo ejercicios. Tiene elementos acrobáticos, porque es una actividad física, pero hay repertorios y “repertorios”. Por ejemplo, hay ballets que son vehículos para el despliegue de la técnica y los saltos -como Diana y Acteon, como El Corsario,o como Don Quijote. Pero también hay otras obras clásicas, como el Apollo de Balanchine, que es más suave para el cuerpo, que no requiere esos saltos descomunales, pero el intérprete debe tener cierta madurez para entender el mensaje y llevarlo hacia el público. Manon, que tú viste, es un ballet que tiene una gran demanda física, pero no es Don Quijote.Manon son dos parejas que están enamoradas, hay una dramaturgia con muchos dúos, sin esos brincos del cazador de Don Quijote

Amaury Pérez: Pero en Manon hay un desplazamiento…

Carlos Acosta: Sí, pero no es el fin. Hay otros ballets que el fin es esa acrobacia a la que yo llamo el “factor wow”, que es para que la gente diga “wow”. Hay otro repertorio donde prima la emoción, para hacerte llorar, transportarte a una época como es el caso de Manon que se desarrolla en el 1700. La clave es cultivarlo todo. Y esa es la misión del artista. Por eso no me he encasillado en lo clásico, no, el guaguancó, la charanga, el clásico, lo que aparezca…

Amaury Pérez: De la manera en que te expresas y mueves las manos, me da la impresión de que fuiste un muchacho que le diste a tus padres ciertas preocupaciones, que eras un mala cabeza, ¿fue así o no?

Carlos Acosta: No, mala cabeza, no. Yo soy un muchacho nacido y criado en Los Pinos, y esa es la esencia que me define, esa es mi raíz, independientemente de que haya hecho una carrera internacional y ahora estemos hablando de obras exquisitas, yo soy eso y el día que pierda eso, entonces me pierdo yo como ser humano. En mi medio se gesticulaba mucho, y creo que el cubano es así, gesticula mucho, y no es una cuestión de haber nacido en Los Pinos. Los cubanos somos así, al caminar estamos bailando, bailamos sentados…

Amaury Pérez: ¿Tu padre no tenía ningún prejuicio porque tú bailaras Ballet Clásico?

Carlos Acosta: No, al contrario, por eso es que mi historia es muy bonita. Porque los hombres lo que quieren, cuando tienen un hijo, es que sea pelotero o futbolista, que era lo que yo quería ser.  El fútbol era mi pasión. Pero, ¿ballet? ¿Un camionero? Cuando él me dijo: “ballet”, yo le respondí: “¿se come eso?” No tenía idea de qué era, y creo que él tampoco. Porque yo lo que hacía era breakdance. “Si te gusta bailar” -me dijo- “puedes ir a la Escuela de Ballet”, en L y 19, en El Vedado. Y por ahí fue que yo empecé en el Ballet.

Amaury Pérez: Tú llevas mucho tiempo viviendo fuera de Cuba, en una compañía, en otra, en EEUU, en Inglaterra, en Italia… ¿Cómo se puede vivir tanto tiempo fuera de Cuba y no perder la identidad?

Carlos Acosta: Chico, yo no sé… En mi caso, descubrí el ballet casi por accidente, porque no era mi vocación, pero tuve facilidades y pude luego hacer la carrera que tengo ahora, pero en mi interior yo siempre me llevé mi Cuba, mis orígenes. Lo que más me  llena es estar con mi familia. Mi carrera me alejó de mi seno familiar. Todo lo cubano me encanta, porque lo cubano me define… Lo que me ha dado mayor felicidad es no haber perdido nunca contacto con Cuba. He vivido en Estados Unidos, en Italia, llevo 12 años en Londres, pero a mí ninguno de esos países me define, a pesar de que yo me tomo un té contigo, y sabroso. Disfruto no perderme, algo que siempre he tenido presente. La gloria, el éxito, el Príncipe Charles, la Reina, sí, todo eso está muy bien, pero yo soy de aquí. El ron y el dominó es lo mío. Para mí eso es esencial.

Amaury Pérez: A diferencia de la Danza Contemporánea o del Ballet Folclórico, el ballet es quizás una de las manifestaciones más clasistas. Los bailarines y las bailarinas normalmente interpretan a príncipes, duques, condes, reyes, y todos son nórdicos, pálidos, pétreos, blancos. ¿Cuánto te ha ayudado y cuánto te ha perjudicado tu raza en el mundo del ballet? No en tu vida, por supuesto, ya se sabe que todos somos iguales.

Carlos Acosta: A ver, reyes, príncipes los había también en África. Sigfrido nunca existió. Sigfrido es un príncipe equis. Yo puedo inventarme mi príncipe. Lo otro son preconcepciones que han existido desde los tiempos de los tiempos que también tenemos que erradicar. Realmente existen pocos negros en el ballet, te los puedo contar con esta mano. Mi caso ha sido excepcional, nunca he tenido impedimentos… Por ejemplo, cuando llegué a Houston, Ben Stevenson no me clasificó. Me dio Romeo y Julieta como un primer bailarín, y a raíz de eso he podido crecer. Llegué al Royal Ballet y tuve que esperar un poco más para hacer los grandes príncipes, pero al final los pude hacer. He tenido una gran suerte. He trabajado, creo que tengo talento también. Pero sí es un fenómeno que existe, es un mensaje que se le está dando a la sociedad que no ayuda el hecho de que no haya negros en el ballet. El hecho de que los príncipes siempre son trigueños, de ojos claros. Cuando veo a Plácido Domingo hacer Otelo yo no veo a un blanco pintado de negro, representando al guerrero, no ¡yo veo a un guerrero! ¿por qué? porque Plácido tiene el talento y la capacidad de convencernos de que él es Otelo, desde que sale y da el grito…

Tienes que darle a la gente la posibilidad de sorprendernos. Lo que pasa es que muchas veces no vemos más allá de lo que se ve con los ojos. ¡Por Dios!, es el siglo XXI. Ya se creó el avión, la gente va en horas de un continente a otro, se mezcla. Es la fusión de culturas. Ese es el mundo de nosotros y con ese mundo tienen que ir desapareciendo todas las otras preconcepciones que han existido a lo largo de la historia.

Y esto de los negros que no existen en el ballet es un fenómeno global que tenemos que erradicar. En Nueva York, en el Royal Ballet somos tres, que es una revolución, porque cuando yo llegué éramos dos y luego escogieron a otro más.

Aquí todavía estoy esperando por los príncipes Sigfridos negros y el Albrecht negro, no sé qué ha pasado. Tenemos que hacer hincapié en eso y no es una cuestión de ser negro, ¡no!, es una cuestión de que si un negro o un mulato tienen talento, ponlos a hacer los príncipes y dales el chance de sorprendernos.

Amaury Pérez: Desde que empezaste, oigo que te comparan con Baryshnikov, con Nureyev. ¿Qué sientes cuando dicen o escriben esas cosas sobre ti?

Carlos Acosta: Me siento en las nubes. Nureyev, Baryshnikov, son lo más grande que ha existido. Comparaciones así son válidas. La sociedad siempre está en busca de un héroe, de una persona que poner de moda, y entonces uno crea pautas en la vida y puntos de referencia.

Amaury Pérez: ¿Te imaginas que un día digan ese bailarín es tan bueno como Baryshnikov, como Nureyev, como Carlitos Junior?

Carlos Acosta: ¡Ño, qué bien, qué rico, sabroso!

Amaury Pérez: Quiero que me hables de una persona que es entrañable tanto para ti como para mí: Ramona de Sáa (Cheri).

Carlos Acosta: Ramona es una segunda madre para mí. Ella fue la que realmente me formó, me educó, me preparó para las competencias de la Laussanne, de París. Depositó una confianza tremenda en mí. Hemos vivido etapas y cosas bellísimas, es muy difícil separarnos. Uno siempre necesita de alguien que te ayude, que te dé la mano. Independientemente de que yo tenía talento yo vivía en condiciones muy, muy, muy pobres y el barrio, el medio no era el mejor. A veces me pongo a pensar que hubiese sido de mi vida si ella no me hubiera rescatado.

Amaury Pérez: Es una especie de Hada Madrina. ¿Todavía tienes un contacto muy estrecho con ella?

Carlos Acosta: Sí, claro, todavía voy a la escuela y la veo. Acuérdate que yo me formé en la época del Período Especial. Me estaba preparando para el concurso de Laussanne y no podía rebasar la primera frase de Don Quijote, porque perdía las energías. No teníamos casi para alimentarnos, entonces se movilizaban todos los profesores que son los mismos que están allí hoy en día, y se turnaban. Yo me quedaba en casa de Mirta Hermida, otro día en casa de Estercita, o alguien venía con la comida, un pan de su casa, para que yo pudiera comer y tener la fuerza para competir y representar a la escuela, imagínate, ¿cómo te olvidas de eso? Y cuando regreso veo a todos mis profesores. Imagínate, son como tu familia.

Amaury Pérez: ¿Cuándo es que llegas al Ballet Nacional de Cuba?

Carlos Acosta: A los 17 años me gradué, hicieron una audición y se presentó todo el mundo. Cuando me vio bailar Iván Knight, que fue el director del English National Ballet dijo: “Yo quiero a ese muchacho. Nada de cuerpo de baile ni de solista, de primer bailarín.” Eso la gente no lo entendió.

Entonces Cheri (Ramona de Sáa) dijo: “No hay problema”, y tomó todos los datos. Al final teníamos una gira por Italia y desde Italia lo llamó para ver si estaba interesado y de ahí salté para Inglaterra.

Al cabo de un año me uní al Ballet Nacional de Cuba y comencé las temporadas en el Albéniz con ellos, hice mi debut aquí.

Amaury Pérez: En España.

Carlos Acosta: Sí y después me llegó el contrato de Houston y ahí estuve casi cinco años. Entonces bailaba aquí y regresaba para allá.

Amaury Pérez: ¿Cómo te manejabas con el idioma?

Carlos Acosta: El idioma fue muy trabajoso, pero como mejor se aprende el idioma es pasando necesidades. Si vas a pedir una croqueta, un pollo o un pan con jamón tiene que ser en inglés. Te ves en la necesidad de aprenderlo. Pero esos primeros años fueron difíciles. El choque cultural. El no poder ir a un cine o no poder compartir un chiste, porque no tienes idea de lo que están hablando, tiene su cosa, no te vayas a pensar.

Amaury Pérez: El mundo del silencio, donde uno solamente se puede expresar a través de movimientos.

Carlos Acosta: Además yo era casi un adolescente. Mi refugio siempre fue mi arte. Fui ahí para cultivar mi arte, para mejorar, para aprender. Por eso es que al ballet lo voy a extrañar mucho. Porque esas horas oscuras en que yo no podía comunicarme, siempre tenía el ballet a mi lado.

Amaury Pérez: Cuando llegaste al Royal Ballet, ¿cómo te fue con Anthony Dowell? ¿Es verdad que es un tipo difícil?

Carlos Acosta. Chico, él me contrató y le estaré eternamente agradecido. Anthony Dowell fue muy generoso conmigo. Me dio Manon y todos los personajes que cuando la gente habla del Royal Ballet, piensa en ese repertorio, de MacMillan y de Ashston y de toda esa gente, de todos esos coreógrafos. Pero después me he dado cuenta que él, independientemente que ya no baila, te ve como una competencia. Incluso hemos tenido programas juntos, master clases y la BBC lo ha grabado y tú ves que él, en vez de darte los consejos generosamente, como que compite contigo ¡y tiene 70 años!. En su mente él todavía…

Amaury Pérez: Todavía es el joven bailarín.

Carlos Acosta: A la hora de hablar no reconoce. Incluso ha usado terminologías que yo me doy cuenta que es un poco para bajarme. Pero no lo critico por eso.

Amaury Pérez: Cuando estaba leyendo tú libro No way home, que todavía no está en español, noté que tiene un título muy sugerente. ¿Por qué “No way home” si tú siempre eres “welcome home”?

Carlos Acosta: La traducción al español de “No way home” es “Sin mirar atrás”. “No way home” viene sencillamente porque jamás voy a poder regresar a mi casa de los 80s en Los Pinos, porque ni los 80s, ni Los Pinos son lo mismo, ni el entorno de los amigos míos, ni yo soy el mismo. Entonces no hay ninguna forma de “go back home”, de regresar a esa etapa. Lo otro es que hay un punto en el libro que es cuando mi hermana trata de atentar contra su vida y yo regresaba. Estaba cansado de ser un extranjero por el mundo con una mochila para Italia, para aquí, para allá y extrañaba mucho a Cuba y a mi familia. Regreso y me encuentro con esta situación de mi hermana y mi papá fue el que me dijo que tenía que seguir sin mirar atrás. Que no los iba a ayudar con lágrimas, que ellos necesitaban a alguien, una esperanza de donde agarrarse y por lo tanto, debería regresar a Houston y seguir mi carrera, para por lo menos ellos estar tranquilos de que alguien de la familia estaba haciendo una carrera. Me dice: “vete y no mires atrás”. Y eso es sin mirar atrás.

Amaury Pérez: Espero que pronto podamos tenerlos al alcance de los lectores de habla hispana, y sobre todo de los lectores cubanos que tanto te admiran. En el libro uno respira un aire de felicidad, como si el título no tuviera una total correspondencia con lo que ocurre dentro porque tú estás todo el tiempo regresando, al menos en tus recuerdos, en tus añoranzas y a mí me hacía pensar ¿Qué imagina o qué medita Carlos Acosta cuando está lesionado?

Carlos Acosta: No he pensado, no he pensado, he hecho todo lo que he tenido que hacer, he pasado por toda la depresión, pero siempre me he recuperado, he continuado. Cuando yo tengo tiempo para pensar esa es la hora más oscura que tengo, por eso soy una persona que hago mucho, porque cuando no tengo nada que hacer vienen los pensamientos a mi cabeza y hay muchas cosas del pasado que me han marcado, el pasado hay que dejarlo donde está porque te amarga el presente y yo trato de bloquearlo como un mecanismo de defensa.

Amaury Pérez: En todo el mundo artístico hay rivalidades, hay envidia, hay mezquindades y hay traspiés. Tengo entendido que en el mundo del ballet eso todavía es más agudo, la vida es más corta, un escritor tiene toda su vida para escribir su gran novela. Un pintor siempre puede esperarse toda la vida para pintar su gran lienzo. Un músico tiene toda la vida para escribir su gran canción o su gran obra. Un bailarín tiene una vida muy corta. ¿Cómo puedes manejar el sentirte envidiado y por lo mismo muchas veces acosado por tus propios compañeros, a veces por la persona que tú pensarías que más te querría? ¿Cómo manejas eso?

Carlos Acosta: En el ballet estamos en una carrera constante contra el tiempo, y por eso es muy competitivo. En el ballet realmente no hay amigos. Todo el mundo compite contra todo el mundo, por lo menos esa es mi experiencia, hay excepciones, por ejemplo, José Manuel Carreño que es mi hermano.

Amaury Pérez: ¡Ese es otro príncipe!

Carlos Acosta: Nosotros tenemos una amistad preciosa. Fui el padrino de su boda. Pero creo que como esa relación no hay muchas. Maya Plisestkaya decía que en el ballet, las amistades era mejor buscarlas en otro sitio porque la envidia es un sentimiento que nace como el amor, espontáneo, no puedes contra eso. Siempre va a existir. Nunca vas a ser, ante los ojos de la competencia, lo suficientemente bueno.

Un año para nosotros es mucho tiempo, si tú no estás posisionado ya a los 25 años como primer bailarín en una Compañía, ya no te escogen a los 26 ó 27 años a menos que te vayas para un nivel más bajo. Porque también es una inversión que la compañía tiene que hacer en ti. Primero, tienen que posicionarte, tienen que hacer un trabajo de marketing, para que todo el mundo sepa quién eres, eso son décadas de decirle e insistirle al público para que te reconozcan, si tienes 30 años lo que te queda son cinco años de calidad, porque después viene la caída y entonces ya es más selectivo. La compañía saca esas cuentas.

Otra cosa que he notado es que mientras más bajo es el nivel, hay más armonía, menos competencia. Donde está la competencia dura  es en las grandes ligas, el brujo está en las grandes ligas aunque la competencia también es buena.

Amaury Pérez: Tienes un trabajo que estrenaste aquí con nosotros, con gente del Folclórico, con gente de Danza Contemporánea: tu obra Tocororo, que es una cosa muy cubana y muy linda. ¿Cómo fue para ti?  Primero, sentirte coreógrafo y después dirigir a tu sobrino, a Jonah Acosta, que también es un apadrinado de Cheri (Ramona de Saá). ¿Cuéntame de esa experiencia?

Carlos Acosta: Tocororo fue una escuela con mucho nivel. Realmente no sabía a lo que me estaba enfrentando con Tocororo. Nunca había coreografiado ni una rueda de casino. Es un espectáculo que yo mismo creé. Pero me dio mucho trabajo. Tuve que entrenar a la gente como tu trabajas porque sabes como somos los cubanos, te dicen a las nueve y llegan a las nueve y media. Tuve que dar cuatro gritos de vez en cuando y muchos se pusieron bravos conmigo y fueron a mi casa a fajarse. Además de crear los movimientos.

Con lo de Jonah, que es un niño, le estaba exigiendo más allá de los límites que él podía asimilar. Aparte, era mi sobrino. Yo lo llevaba recio, el pobre, terminaba llorando y todo.

Pero al final creo que le sirvió a todo el mundo y fue un espectáculo que giró el mundo. Fuimos a Hong Kong, a todos lados, tuvo su momento y fue una gran escuela para mí.

Amaury Pérez: ¿Háblame de tu aparición como actor en el segmento que en “I love New York” que dirigió Natalie Portman?

Carlos Acosta: Entrando por el aeropuerto un día recibo una llamada de Natalie Portman con un proyecto de película que había escrito pensando en mí. Nos reunimos y ahí fue dónde me explicó. Yo era el padre de una niña, la niña era rubia y entonces nosotros teníamos que andar por todo el Parque Central de Nueva York, y el kit de la cosa era que las personas no me asociaban con el padre de la niña, pensaban que yo era el niñero.

Ella se tomó un gran riesgo, porque los productores le decían que por qué no escogía a un actor de verdad, y ella dijo que me quería a mí.

Amaury Pérez: ¿Y te gustó la experiencia?

Carlos Acosta: Me encantó. Después hice “Days of Flowers” que fue el verano pasado. Y ahí sí sentí lo que era el cine, porque lo de Natalie Portman fueron dos días…

Amaury Pérez: Fue un segmento dentro de una película larga.

Carlos Acosta: Un corto de siete minutos. Pero en “Days of flowers” si fueron semanas y ahí si me di cuenta de verdad de lo que era el cine, el cine es espera, espera, espera. No, no, chapó con los actores, oye, para después de seis horas dar esa emoción que se te exige…, porque en el ballet tú sales y desde la A hasta la Z estás viviendo cronológicamente toda la obra, pero en el cine tienes que cargarte para dar lo que te exigen y cuando estás cargado que quieres hacerlo, todavía no es el momento, no es cuando tú quieres.

Amaury Pérez: Pero de todas maneras es un trabajo que te gustó y en el que tú piensas que puedes tener un futuro.

Carlos Acosta: Chico, eso dicen la gente, no sé, yo creo que sí, y además, tengo el inglés.

Amaury Pérez: Hay dos maneras de ver Cuba; hay una sola de sentirla. Cuando hablo de verla, cuando tú estás aquí, cuando tú estás aquí de vacaciones, cuándo estás aquí con los tuyos, hay una manera de ver Cuba, de sentirte parte de ella. Y cuando estás fuera de Cuba, durante tanto tiempo como tú, tienes otra manera de ver Cuba en la distancia. Pero hay una sola forma de sentirla. ¿Cómo la sientes tú? ¿Cómo tú sientes a Cuba?

Carlos Acosta: Chico, yo siento a mi país como mismo me siento yo, o sea, es que eso de verla desde la distancia yo no creo… Cuba es una sola y Cuba la llevo yo adentro. Incluso Cuba es, nosotros somos una raza ecléctica, una raza que representa toda la sabrosura, todo el calor y esa es la Cuba con la cual me voy a morir.

Amaury Pérez: Bueno, muchísimas gracias, Carlitos, es un gusto extraordinario para mí haberte tenido en el programa y haber comprobado una vez más, que se puede ser virtuoso, bello y profundamente inteligente y culto. Muchas gracias, mi hermano.

Carlos Acosta: Gracias.

Amaury Pérez: Mucha suerte para ti.

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Una respuesta to “Carlos Acosta: “Cuba es una sola y la llevo dentro” …”

  1. Vi la entrevista en televisión y me pareció espectacular, al igual que el programa está excelente, pienso que el público cubano está ávido de este tipo de materiales. Felicidades

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