Cucu Diamates: La mafia de Miami es un pequeño grupo que no me preocupa

“La mafia de Miami es un pequeño grupo que no me preocupa. Todo artista debe ser valiente a la hora de defender sus criterios y los valores por los que lucha. En mis quince años de carrera artística mi posición siempre ha sido pro Cuba, sin estimular el odio hacia nadie, incluso ni a los que me odien, porque ante todo me considero humanista y quiero promover arte, música, cultura… sin hablar de rencores, sino de amor y de unión entre todos los cubanos”.

Así expresó Cucu Diamantes, la chica que sorprendió con su extravagante estilo durante el gran concierto por la Paz en la Plaza de la Revolución, quien sigue desafiando a la mafia miamense, la cual, asegura, “nunca me ha preocupado”.

Y pronto recorrerá la Isla en un anhelado contacto con su pueblo, al que entregará esa loca manera de componer y de cantar expresamente contenida en su primer disco en solitario titulado Cuculand, el que también promocionará durante esta gira, anunciada aquí en exclusiva.

Incentivada por un amigo común, Jorge Perugorría (Pichi) —a quien agradezco facilitar este familiar contacto con la genial artista— Cucu Diamantes realizará este trayecto por las capitales de la mayoría de las provincias en unos diez días de presentaciones casi diarias. “El show tendrá como nombre ¡Bienvenidos a Cuculand!, y concluirá con un gran espectáculo en un teatro de La Habana. Pichi filmará este suceso, sobre el cual realizará un documental”, dijo la artista, quien coordina este periplo con el Instituto Cubano de la Música.

“Nueva York te resalta el color de la piel, pero cuando tomo un poco de sol me torno un poquito trigueña”. Y delgada —mucho—: “Hago dietas a base de vegetales y frutas, aunque aquí Pichi y Elsita, su esposa, me hacen comer cerdo y sopa… y ya he engordado unas onzas”…

Conversadora amena y locuaz, el diálogo con esta muchacha puede ser interminable. Ella transita, con gracia y soltura, desde las situaciones más humorísticas e íntimas hasta las más sobrias y complejas. Aunque cuando se refiere a las estupideces de la mafia de Miami su fisonomía se tensa. Por cantar junto con Juanes en La Habana recibió insultos por parte de algunos cubanos radicados en La Florida.

Cucu nació en Cuba hace algún tiempo —no mucho, aclara—. Casi adolescente se fue a Italia a estudiar Historia del arte, y también Restauración.

“Hice coros en un grupo de salsa en Roma, no me pagaban nada pero me sentía en lo mío, que era la música. Después me fui a vivir a Nueva York, y me dediqué por completo a la música. Conocí a varios músicos latinos y en el año 2001 creamos el grupo Yerba Buena, que promueve una música funk abierta a múltiples influencias, desde el flamenco y el tango, hasta los ritmos ancestrales africanos y la cumbia. Es fusión absoluta, como lo es, socialmente, Nueva York”, subrayó.

Desde el año 1991 reside en Manhattan. “Soy isleña por naturaleza. Nací en una isla y vivo en otra. Los isleños no podemos vivir en tierra firme. Yo le llamo La República de Manhattan, porque allí viven emigrantes de todo el mundo, existe una integración muy linda. La tolerancia y el respeto de cada habitante de la famosa isla hacia las múltiples culturas que allí coexisten es admirable”.

Para esta aparentemente frágil muchacha, que prefiere cantar en español, a pesar de su perfecto dominio del inglés; “actuar en Cuba es un reto.

Nunca he dejado de viajar a La Habana, vengo frecuentemente a visitar mi familia. Ahora tengo oportunidad de presentar mi música ante mi pueblo, y quiero hacerlo con las canciones que he compuesto desde mis raíces afrocubanas y con la influencia de los mejores exponentes de la música de este país”.

Asegura que en su formación musical también influyó la extraordinaria tradición del cabaret existente en Cuba, donde se entremezclan estilos y proyecciones artísticas que van desde la más sublime espiritualidad romántica y el kitsch, hasta fuertes expresiones de folclore, circo, y lo auténticamente popular.

“En Nueva York conviven muchas culturas. Pero en Cuba existe una cultura con muchas facetas diferentes, que puedes disfrutar a través de disímiles manifestaciones del arte. En un mismo día encuentras infinidad de opciones: presentaciones de libros, estrenos de cine, de teatro, de danza, de ballet, de música popular y sinfónica, de artes plásticas, de trova… Cuando viajas corroboras que eso no sucede así en todas las grandes ciudades del mundo, la solidez y desarrollo de la cultura cubana es un hecho real”, afirmó.

Independiente y totalmente libre en el ejercicio de su profesión, Cucu afirma que para mantener ese status no “pertenece a ninguna casa disquera. De lo que gano, invierto en mi carrera. Nadie viene a decirme cómo tengo que hacer un CD. Nunca he hecho concesiones, ni cosas que no me gustan a cambio de producir un disco. He sido nominada a los premios Grammy en dos ocasiones. También he participado como invitada en esa ceremonia. Pero el Grammy que más valoro es el que otorga el público. Cuculand ha sido bien acogido. Ya veré cómo lo recibe este maravilloso pueblo”.

Calificado por algunos especialistas como “sólido álbum debut como solista, lleno de vida y ritmos”, Cuculand es latente expresión de una grácil personalidad artística tan ecléctica en su pensamiento, como lo es su música, la cual es mezcla de rock, boogaloo, hip-hop, funk, jazz y ritmos antillanos, con letras comprometidas con la dignidad de la mujer. En Cucu y en su primer CD, se resumen locura, amor, tolerancia, y otros muchos sentimientos humanos.

En la realización del disco, la cantante recibió gran apoyo de Andrés Levin —fundador de Yerba Buena—, quien tuvo a su cargo la producción —junto con Yotuel Romero— y tocó todos los bajos y las guitarras del disco, y le dio el feeling a cada canción. “Siento particular admiración por el número Amor crónico, el cual refiere una pasión amorosa, pero especialmente tiene que ver con Cuba. Nacer aquí es como un amor que no se te quita, se hace crónico…”.

Debido a ese apego a la Isla, a su gente y a su cultura —le fascina la tierra roja de nuestros campos—, Cucu siente como propio cada logro o adversidad de sus coterráneos. “Detesto el absurdo bloqueo de Estados Unidos. Es una política ilógica, porque este es un país inofensivo. ¿Te imaginas, con soberanía y sin bloqueo, cómo podríamos vivir aquí? Hace poco participé en La Habana en la conferencia internacional en contra del bloqueo.

Vinieron cientos de cubanos radicados en el exterior. Le escribimos al presidente Obama… aún no ha respondido, quizás nunca lo haga”, aseveró.

Entre café y café transcurrió el amigable encuentro con esta chica de indiscutible estilo almodóvariano, poco valorada durante su breve incursión en el concierto de Juanes, donde algunos la consideraron devota a la santería, por los atuendos que exhibió, de color blanco, alusivos a la Paz, tal los participantes habían convenido. Sin embargo, ella asegura que aunque fue criada en un ambiente religioso (afrocubano) “no practico ninguna creencia, pero las respeto todas”.

También aborrece las expresiones de racismo y de discriminación y siente “especial predilección por los hombres raros (feos), me interesa buscar en ellos la belleza interior…”

Algunos lectores, quizás, ya se han preguntado ¿por qué Cucu Diamantes?

Esta hiperquinética y simpática mujer —quien conoce un truco fácil para quedar bien en las fotos, y colabora con decenas de organizaciones humanitarias y de ayuda a otros pueblos pobres, especialmente de África — detesta que la llamen por el nombre con el cual fue inscripta al nacer, el cual me prohibió reproducir.

“Ese nombre no lo escogí yo, me lo pusieron a la fuerza (¡?). Cuando entré a Yerba Buena, cariñosamente llamaba Cucu a todos. Después, unos amigos chilenos me dijeron que en realidad Cucu no eran ellos, sino que era yo.

Y era verdad. Desde entonces lo veo como mi alter-ego, como la persona que no es tímida, que se sube a un escenario, canta, baila, se divierte, y es un poco crazy. Además, Cu-Cu, fonéticamente, en inglés (kook, kook) y sin el acento que algunos erróneamente ponen, significa estar chiflado, pero con una locura sabrosa, no enfermiza. Diamantes, a modo de apellido, viene a ser el toque espectacular, como parte del marketing promocional. En fin, ¡Me encanta ser Cucu Diamantes!”

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