Miguel Barnet: “Contarlo todo es un acto de extrema vanidad”…

Leo a mis contemporáneos también y tengo una gran valoración de la literatura que se hace hoy en Cuba, no soy feminista ni machista, pero sí admiro mucho la literatura que hacen las mujeres hoy y también de algunos de mis compatriotas masculinos. Creo que uno se nutre de los contemporáneos y de los que nos han antecedido. Y creo que odiar, bueno, he tenido razones para odiar a mucha gente, pero se me olvida, se me escapa, es como un perfume malo que no tiene fijador.

Amaury Pérez. ¿Los perdona, los disculpa?

Miguel Barnet. No soy de vocación cristiana, pero no conozco el rencor y no es que los disculpe, pero es algo evanescente, se va, es un sentimiento que se escapa de mí muy rápidamente. A los que me han hecho mucho daño no los perdono, los tengo engavetados. A veces cuando me acuerdo de ellos abro la gaveta y ya podrás imaginarte los conjuros y la vuelvo a  cerrar. No han tenido buena salud.

Amaury Pérez. ¿No han tenido buena salud?

Miguel Barnet. No, no por culpa mía, por culpa de ellos, porque el que odia no puede tener salud. Hay que cantar.

Amaury Pérez. Hablemos de escritoras. Le voy a decir cuatro nombres y me dice qué opinión le merecen: Gina Picart, Marilyn Bobes, Fina García Marrúz, Dulce María Loynaz.

Miguel Barnet. Bueno, a mí no me gusta juzgar.

Amaury Pérez. No, es sólo un criterio de gusto.

Miguel Barnet. Pienso que de todas las que has mencionado, la escritora que tiene más dominio de la palabra y que ha alcanzado una dimensión poética y metafórica y tiene un mundo más coherente es Fina García Marruz. Para mí es la gran poeta viva que tenemos en Cuba.

A Dulce la quise mucho, como sabes, y la admiro mucho. Por cierto, el otro día me estaba duchando en casa y escuchando las canciones que compusiste, que son bellísimas, de los poemas de Dulce María Loynaz, es de lo mejor que has hecho.

Amaury Pérez. Gracias.

Miguel Barnet. Sinceramente, y Gina Picart ha sido una revelación para mí. Es una escritora rara y por eso me gusta, además, osada, atrevida. Va al mundo de los celtas, de los griegos, a los clásicos y se desenvuelve muy bien en ellos. ¿La otra que me mencionaste?

Amaury Pérez. Marilyn

Miguel Barnet. Es mi amiga y la admiro mucho, creo que Marilyn tiene una prosa muy clara y de una facilidad para tejer historias, historias que parecen sencillas, que parecen intrascendentes y sin embargo, trascienden mucho, ella tiene ese don de elevar las cosas aparentemente cotidianas a una categoría poética.

Amaury Pérez. Usted acabó de cumplir 70 años el pasado 28 de enero.

Miguel Barnet. Pero por el hecho que haya cumplido 70 años no te permito que me trates de usted. Sé que estamos en la televisión, pero no me gusta eso de usted contigo. No me siento cómodo, tú me dijiste que me sintiera cómodo.

Amaury Pérez. Cuando uno mira hacia atrás, siempre hace un balance, los hace a los 40, a los 50, a los 60, y a los 70 imagino que los balances sean de más peso, más sólidos, más densos. Cuando tú miras hacia atrás ¿cuál es el Miguel que ves? Cuando andas buscando por tus recuerdos. ¿Qué Miguel anda por ahí?

Miguel Barnet. Un personaje curioso. No te voy a decir que me cae mal, es un personaje curioso que se fue edificando, construyendo su propia personalidad y fue haciéndolo a partir de la creación y siempre he tenido mucha curiosidad. Precisamente muy cerca de aquí, en el año 1958, había una asociación que se llamaba Asociación de Reporters donde vi una colección de organografía afrocubana y nunca había visto eso organizado, nunca lo había visto así de golpe.

Era una exposición que hacían Argeliers León y María Teresa Linares sobre instrumentos de los abakuá, de los lucumíes, o sea, el cuchi-eremá, el obiapa, los tambores batá.

No salí más de ese mundo, me gustó tanto, me cautivó tanto. Porque era el mundo que tenía muy cerca de mi casa y que veía a distancia y ahí lo veía de cerca. Los tambores que oía por la noche, los veía ahí con sus falderas, con sus cascabeles, el batá. Me llamó mucho la atención todo eso y a partir de ahí se me abrió el camino de damasco; de la investigación.

Amaury Pérez. ¿Tú eres habanero?

Miguel Barnet. Soy habanero del Vedado.

Amaury Pérez. ¿Eras de una familia clase media, clase media alta, humilde?

Miguel Barnet. Era una familia humilde espiritualmente, que por supuesto, el tema de la africanía no era afín a ellos. No es que tuvieran ningún prejuicio, pero cuando me metí de cabeza en eso, enseguida aquel chico curioso se convirtió en un bicho raro en la familia.

Amaury Pérez. Por eso tú dices en un poema que a mí me estremece, como toda tu poesía, tengo que decirlo en público.

Miguel Barnet. Muchas gracias.

Amaury Pérez. “Pero la familia sabe que yo no participo del todo. / Que me da igual una cosa que la otra. / El prestigio y las trastadas silenciosas. / Y un día me llaman hijo casi con terror”. ¿A qué se refería Miguel en ese poema?

Miguel Barnet. Al susto de mi madre que me veía en esas cosas, en esas lecturas; mi padre igual, pero nunca me dijeron: ¡no hagas eso, no vayas por ahí! Pero no olvides que la poesía, que es un género de ficción, y tú eres novelista también y he leído tus novelas, son formas noveladas de interpretar la vida.

Amaury Pérez. Ahora estoy intentando ver en tus ojos claros a ese Miguel que cumple 70 años gozoso, con salud, con responsabilidades altas y con la confianza de sus discípulos y de las personas que están bajo su dirección y de sus compañeros. Tiene que haber también un Miguel que sufrió incomprensiones. ¿Qué haces con esas incomprensiones, también las engavetas, como a los enemigos?

Miguel Barnet. No pueden engavetarse porque no hay gaveta que tenga un espacio para ellas. Son cosas que no se olvidan, heridas que no se restañan, pero no se puede lucrar con eso. Hay cosas que están más allá, sentimientos mayores y pienso, no sé si es un orgullo o el amor propio que uno tiene, que es mejor no hablar de esas cosas, para qué, si la vida como dije es evanescente, es tan corta, son cuatro días y vamos a estar regodeándonos en eso. Tengo que decirlo con objetividad. ¿Tú estás hablando del llamado quinquenio gris?

Amaury Pérez. Yo estoy hablando de todas las incomprensiones que una persona talentosa como tú puede haber pasado.

Miguel Barnet. Creo que afortunadamente mis amigos, la sociedad en que vivo, este pueblo de Cuba que es tan extraordinario, tan curioso, tan optimista, tan estoico, tan valiente.

Amaury Pérez. ¡Tan generoso!

Miguel Barnet. ¡Tan generoso! Y no me ha permitido caer en un hueco, caer en un vacío. En esos años caminaba mucho, iba a casa de amigos que no tenían nada que ver con la cultura. Me aislé un poco de ese mundo, porque había como que un morbo, un círculo vicioso.

Amaury Pérez. No sentirse víctima.

Miguel Barnet. No me puedo sentir víctima nunca. Tengo mucho orgullo para eso. Ni víctima ni victimario.

Amaury PérezOficio de Ángel es una novela de ficción, pero yo que te conozco y los que te conocen encontramos una cantidad tremenda de elementos autobiográficos más que en otras novelas. Si un día te diera por escribir tus memorias ¿serías capaz de contarlo todo?

Miguel Barnet. No quisiera tener que contarlo todo porque iba a ser demasiado explosivo. Es mejor que el escándalo esté subyacente. Porque cuando se hace demasiado evidente a veces es grotesco.

Amaury Pérez. Es mucho más delicado así.

Miguel Barnet. Contarlo todo es un acto de extrema vanidad. Creo que hay que contar las cosas que uno quiere. En definitiva la memoria es arbitraria, no te permite nunca contarlo todo porque la memoria no es una secuencia, no es cronológica, no es lineal y es una parte de eso que yo admiro tanto que es la imaginación, que es así, como los sueños. Oficio de Ángel son viñetas, es muy autobiográfica.

Amaury Pérez. Muy autobiográfico, pero sigue siendo ficción.

Miguel Barnet. Sigue siendo ficción, todo es ficción, eso es lo bueno. Acaso no soy un poco Esteban Montejo, un poco Rachel también, soy un poco Julián Mesa de La vida real y el Gallego. Toda obra literaria, por muy antropológica o científica que pretenda ser tiene elementos de tu biografía personal. No vamos a entrar en la psicología que es muy pesada.

Amaury Pérez. No, no, no, y yo que no sé nada más que ir al psiquiatra.

Miguel Barnet. ¿Tú vas al psiquiatra?

Amaury Pérez. Sí, yo voy al psiquiatra, voy al psicólogo y voy al loquero.

Miguel Barnet. No chico, no, siéntate en el muro del Malecón y mira el mar, ese es el mejor psiquiatra que hay.

Amaury Pérez. El mar me pone nervioso, no soy el capitán Nemo.

Miguel Barnet. Lee Moby Dick y verás que se te quita el nerviosismo con el mar.

Amaury Pérez. Hay una cosa que no es ficción, que es Miguel Barnet, muy jovencito, un adolescente, en Santa Clara. ¿Qué fue a hacer Miguel a Santa Clara?

Miguel Barnet. No. ¿Qué fue a hacer mi padre, que tuvo que salir huyendo de La Habana en la época de Batista? Porque le fue mal en todo, en los negocios, en la política. Él tenía un negocio que quebró y tuvo que irse a Santa Clara con una compañía norteamericana. Yo me iba los fines de semana, a veces me pasaba quince días con ellos y allí me cogió la Batalla de Santa Clara.

Amaury Pérez. ¿Qué edad tenías cuando eso?

Miguel Barnet. Iba a cumplir 18 años.

Amaury Pérez. Un muchacho, un niño.

Miguel Barnet. Todavía recuerdo a los rebeldes caminando por el techo de mi casa en Santa Clara. Estuve un tiempo en Santa Clara, nunca viví permanentemente porque cuando mis padres me dijeron: ¡Vámonos! yo dije: ¡no! Me quedé con una tía mía aquí porque quería estudiar, pero figúrate, con tan mala suerte que empecé a estudiar y cerraron la Universidad. Entonces tuve que entrar en la Escuela de Publicidad y ahí tuve la suerte de conocer gente muy valiosa como Eloísa Lezama Lima, a Frank Pérez, que es mi amigo más antiguo, que fue el que me habló por primera vez de marxismo, de la Revolución, en época de Batista. Ahí conocí a Samuel Feijoo después.

Amaury Pérez. Hace un rato hablamos de Algeliers (León) y de María Teresa Linares. ¿Qué importancia tiene en tu vida, Algeriers, específicamente y Fernando Ortiz?

Miguel Barnet. Los dos tienen una importancia cardinal. Argeliers fue mi maestro directo, con quien comencé a trabajar. Estaba trabajando en una compañía norteamericana antes del Triunfo de la Revolución, con estos dedos gordos pasaba 82 palabras por minuto en una máquina de escribir, facturas de neumáticos, de gomas de la Firestone.

Entendí muy bien a William Faulkner cuando dijo que la peor cosa que había en el mundo era estar 8 horas en una oficina, y yo digo: ¡Caramba, yo me paso 10 y 12 a estas altura con la edad que tengo!

Pero en aquel momento que estaba muy joven, 16, 17, 18 años, tenía que trabajar porque quería tener mi propio dinero para moverme, para coger la guagua, para jugar al bingo en Tropicana, para las cosas que hacíamos los jóvenes.

Amaury Pérez. ¿Y ahí apareció Fernando?

Miguel Barnet. No, ahí apareció Argeliers León, a quien había conocido en este lugar, en Prado en el 58 que me quedé conectado con él. Conocí a Don Fernando unos meses después, justamente por Argeliers que me indujo a que fuera a ver a Don Fernando. Argeliers me llevó después, cuando triunfó la Revolución de asistente personal, de secretario de él.

Estuve un año de secretario hasta que entré en el Instituto de Etnología, con un carné que decía, las cosas extraordinarias de la Revolución: Investigador Científico. Yo tenía 20 años, pero ahí estudié como 9 años. Muchos cursos de etnología, de antropología social, me formé bastante.

Después iba a casa de Don Fernando, los miércoles y los sábados. ¡Figúrate, qué privilegio! Lo he contado tantas veces. Don Fernando es mi Dios tutelar. Fue mi brújula porque toda su obra fue una gran lección de visión global integral de la vida, de intelectual orgánico, de hombre con una visión muy cóncava, yendo a todos los lados del país sin prejuicios.

¡Qué cosa tan extraordinaria! Un hombre de la alta burguesía, que no tuviera ningún recato en ir a los negros curros, a los negros brujos, en hacer la obra inmensa que hizo en los cinco tomos de los instrumentos de la música afrocubana, incluso sus contemporáneos, la gente que lo visitaba en su casa y yo fui uno de ellos, era el más bisoño, el más joven.

Sentía que, con excepción de Argeliers y de María Teresa Linares, no tenían un diálogo con él, un hombre como Jorge Mañach, por ejemplo, no entendía a Don Fernando, porque Jorge Mañach era muy conservador. Y Yo me aproveché de eso y me gané a Don Fernando, en el sentido que dialogaba con él, me sabía sus libros de memoria. Cuando me leí Los bailes en el teatro de los negros en el folklore de Cuba, a los pocos días fui a casa de Don Fernando y me los recité y le empecé a hacer preguntas de los bereberes, de cómo se prepara una sopera de Yemayá, de los cabildos, las cofradías, en fin, las cosas que a él le motivaban.

Amaury Pérez. ¿Pero le motivaban porque era un mundo exótico, colorido, que le llamaba la atención o él llegó a involucrarse pasionalmente en ese mundo?

Miguel Barnet. Se involucró intelectualmente, académicamente, como antropólogo empírico, como historiador. Entendió muy bien que sin la comprensión de ese mundo no se entendería jamás qué cosa éramos nosotros los cubanos y su gran preocupación en la dimensión suya, que es una dimensión muy alta, que es mi gran preocupación también, en otra dimensión más modesta es: qué somos los cubanos y por qué somos como somos. Él fue el gran pionero de la musicología en Cuba sin ser musicólogo. Fue el gran pionero de la antropología social sin ser un antropólogo social de formación. La obra de Don Fernando es una obra infinita y no me canso de admirarlo mientras más lo leo. Por eso es que me decidí a crear la Fundación Fernando Ortiz en el año 94, bueno, se oficializó en el 95 y estamos desarrollando ahí un trabajo intenso.

Amaury Pérez. ¿Y Fernando murió sabiendo qué era ser cubano?

Miguel Barnet. Creo que se aproximó bastante a eso que él llamó la vocación de cubanía, más que otros intelectuales. No sé si murió con esa certeza, pero sí en la búsqueda; en la búsqueda de esa interrogante que nos conmueve a todos, porque sabiendo qué somos los cubanos como masa, como mosaicos culturales, sabemos también qué somos nosotros y por qué somos capaces de resistir tantas vicisitudes, tantas contingencias.

Somos producto de una cultura plagada de contradicciones, pero de no haber sido por el impulso que le dio Don Fernando a sus estudios, quizás hoy estaríamos todavía con muchas más interrogantes de las que tenemos.

Amaury Pérez. Hay un poema tuyo que se llama “Los sesentas”, voy a citar: “Como entonces no voy a sentir nostalgia / Si ahora nadie se desnuda bajo la lluvia…”

Miguel Barnet. “Nadie enarbola una bandera / Nadie se saca el corazón y los tira contra las piedras”/.

No sé como sigue, no me acuerdo. Pero es verdad, siento una gran nostalgia. Realmente donde quiero vivir es en el futuro, no en el pasado, aunque me alimento del pasado, como nos alimentamos todos aunque no lo queramos admitir, nos alimentamos del pasado porque no hay otra cosa.

Amaury Pérez. ¿No sientes una nostalgia especial por aquellos años fundacionales de los años sesenta?

Miguel Barnet. Fue una época extraordinaria, pero con muchas contradicciones también. Había que romper barreras de incomprensión y de silencio y tengo que decir que esa lucha, esa batalla que yo libré contra la modorra, contra algunas cosas que uno arrastraba del pasado, me ayudaron mucho a ser como soy. Siento un poco de nostalgia, sobre todo porque fueron los años en que todavía hacíamos muchas conquistas amorosas. Ahora ya no es igual.

Amaury Pérez. No seas modesto. Los que te conocemos sabemos que todavía hay.

Miguel Barnet. No, ese departamento de mi vida no lo conoce casi nadie, porque yo he sido en eso muy discreto. Tú si eres mi amigo y sabes.

Amaury Pérez. Ahora que me hablas de discreción, hay un poema, que a mí me gusta mucho, que dice: “Pero no vengas / Porque lo que yo quiero realmente es esperarte”.

Miguel Barnet. Ah, sí, claro, fue el “Barrio Chino”. Creo que no hay amor más bello que el amor platónico. Ese no es egoísta; no quiere morder.

Amaury Pérez. Pero se puede convertir en obsesión.

Miguel Barnet. Sí, pero en una obsesión maravillosa que te da fuerza, que te estimula. Porque como dice: “pero no vengas/ porque lo que yo quiero realmente es esperarte”. Esa es la idea del amor.

Amaury Pérez. Pero también a finales de los 60 se escribieron muchos poemas al Che. Recuerdo el de Mirta Aguirre, que era extraordinario, el de Fina, también, el de Nicolás…

Miguel Barnet. Che Comandante.

Amaury Pérez. Pero “No es que quiera darte pluma por pistola, pero el poeta eres tú”, fue de las cosas más atrevidas que se escribieron sobre el Che, de las más apasionadas, de las más encarnadas. Mucha gente piensa que la canción de Pablo es un poema de Miguel Barnet.

Miguel Barnet. No, él se inspiró.

Amaury Pérez. Él dice: si el poeta eres tú / como dijo el poeta.

Miguel Barnet. Tú sabes que Pablo me llamó por teléfono y me dijo: ¿tú vas mucho al cine? Le dije: ¡bueno, voy pero poco, voy más al teatro! Entonces me dice: ¡ve al cine en estos días que en el noticiero hay una sorpresa para ti! No había escuchado la canción, que es bellísima. Fue  una cosa muy linda de Pablo y ese poema lo escribí en el año 65. No sé si fue el primer poema que se le hizo al Che, a lo mejor su papá le hizo un poema al Che. Sí sé que ese poema se lo hice al Che en vida y se publicó en La Gaceta de Cuba, cuando el Che todavía no estaba en Bolivia, estaba en África, después pasó a Praga.

Amaury Pérez. Sí, claro, la historia que conocemos.

Miguel Barnet. Ese poema lo escribí en una cajetilla de cigarrillos que tenía Margarita Dalton, una amiga mía, la hermana de Roque Dalton.

Amaury Pérez. En ese momento Miguel va dejando atrás todas las famosas incomprensiones de las que hablamos antes en el poema “Los Setentas” que dice: “Y heme aquí contando las vicarias de mi bello patio / desenvainando mi espada / subiendo de mi caída / soplando los polvos del atrio / tarareando Una rosa de Francia”.

Miguel Barnet. Así es.

Amaury Pérez. Vamos a hablar de Una Rosa de Francia, que ya nadie concibe si no es cantada por Miguel Barnet.

Miguel Barnet. Escribí una vez en una entrevista que me hicieron, una boutade, quizás una exageración, que cambiaría toda la obra que he hecho, que he escrito, por haber compuesto una canción como “Una rosa de Francia”. A mí me parece una auténtica joya del cancionero cubano, compuesta por Rodrigo Prats cuando tenía 16 años, creo que la compuso en Sagua la Grande y la cantó bastante bien.

Amaury Pérez. Tú la cantas muy bien. ¿Alguna vez pensaste en convertirte en cantante lírico?

Miguel Barnet. Sí, claro y muy seriamente. Me lo tomé tan en serio que fracasé.

Amaury Pérez. Es que tengo un recuerdo fascinante de los dos, estaba también mi compañera, Petí, en una catedral en Portugal, en Oporto.

Miguel Barnet. Yo te canté el Ave María de Gounod.

Amaury Pérez. Pero aquello resonó en aquella capilla con mucha potencia canora. No recuerdo la capilla, recuerdo la voz de Miguel Barnet.

Miguel Barnet. ¡De verdad!, mira que me pongo a estudiar canto de nuevo.

Amaury Pérez. Hay una cita de otro poema y quisiera dedicar un tiempo, porque además no es que uno trate de buscarle una explicación a la poesía, sino que uno quiere entenderla y el público que nos esté mirando seguramente disfrutará mucho de este verso y es de un poema que se llama Miami.

Miguel Barnet. “Nada cubano es ajeno excepto Cuba”

Amaury Pérez. ¿Qué quiso decir el autor?

Miguel Barnet. Ese es un poema que hice hace unos años y que se ha publicado en antologías y claro, Miami es en alguna medida una parte de nosotros, porque allí está parte de nuestra familia y yo soy respetuoso con mucha de la gente que está en Miami, que se fue por razones filosóficas o económicas o por lo que fuera, pero sí se han detenido los relojes en Miami, es lo que quiero decir. Por eso es ese verso de que en Miami nada cubano es ajeno…

Amaury Pérez. … excepto Cuba.

Miguel Barnet. Excepto Cuba, porque la Cuba nuestra, la Cuba de los cincuenta años de Revolución, de socialismo, de contradicciones, de una vida diferente, pues a veces por la gran mayoría de quienes viven en Miami no es asimilada y eso es lo que quiere decir el verso. Porque dice: “mira que en Miami las palabras pesan / mira que la confusión pesa”, pero después dice: “mira que el corazón pesa a pesar de todo”. Porque está parte de nuestra familia ahí.

Amaury Pérez. Bueno, Miguel, tenemos que empezar por Cimarrón ya. ¿Cómo es que conoces a Esteban Montejo? Sé que esa historia te la han preguntado en entrevistas, en todos lados, pero los televidentes de mi programa estoy seguro que quieren saber eso.

Miguel Barnet. Lezama decía que Martí era el misterio que nos acompañaba, efectivamente, pero para mí, Esteban Montejo también es un misterio más modesto que me acompaña, porque aprendí mucho de la historia de Cuba con él, lo conocí cuado tenía 103 años, en el Hogar del Veteranos, yo iba a cumplir 23 años y la primera pregunta que me hice cuando empecé a oírlo contar las historias de su vida en el monte, en los barracones, de cimarrón en las sierras de Guamuaya, por allá por Trinidad, dije: “¿Cómo es  posible que ningún escritor, que ningún historiador, se haya acercado a este hombre?” Me dije: ¡Tengo que hacer algo con esta vida! Y así fue que surgió Cimarrón. Y después todo lo demás.

Amaury Pérez. ¡Qué raro que no se ha llevado nunca al cine, porque se llevó al cine Gallego y Canción de Rachel!

Miguel Barnet. ¡La bella del Alhambra!

Amaury Pérez. ¿Qué ha pasado con Cimarrón? ¡Qué raro! Un libro tan atractivo y yo lo veo muy cinematográfico.

Miguel Barnet. También lo veo muy cinematográfico y ese es el temor mío, de verlo demasiado cinematográfico, porque no me gustaría ver a Esteban Montejo encarnado en nadie, honestamente.

Amaury Pérez. Esperemos que alguien se atreva.

Miguel Barnet. ¡Ojala, pero que se atreva estando vivo yo!

Amaury Pérez. Pues tienes que dejarlo en el testamento

Miguel Barnet. Voy a echarle una maldición.

Amaury Pérez. Miguel, hablemos brevemente de tu etapa en Nueva York, tú hablas y lees inglés perfectamente.

Miguel Barnet. Lo leo perfectamente pero lo hablo más o menos, hago mi esfuerzo.

Amaury Pérez. ¿Qué tiempo estuviste tú viviendo en Nueva York?

Miguel Barnet. He ido muchas veces, pero viví un año y tres meses cuando obtuve la beca de la Fundación Guggenheim. Hice el libro La vida real, que es un libro que quiero mucho, de ese sí me gustaría que se hiciera una película, están los ambientes, están las locaciones y la historia es muy cercana porque a mí me interesa mucho el tema de la inmigración. De hecho todos mis libros, todas mis novelas tienen que ver con inmigrantes.

Ahí estuve año y medio y después entregué el libro a la Guggenheim vine para Cuba, el libro se publicó y regresé allá, estuve otros tres meses, una experiencia tremenda porque Nueva York es una ciudad muy compleja, muy rica y donde uno vive experiencias tremendas. Truman Capote decía que en Nueva York uno tenía varios rostros y varias personalidades y es verdad. Caminas tres cuadras y es un mundo diferente al que dejaste atrás.

Amaury Pérez. Es muy curioso Miguel, tú eres de lo más cubano que conozco y sin embargo, te gusta la nieve, te gustan los abedules, te gustan los abetos.

Miguel Barnet. Hubiera querido que El Morro estuviera cubierto de nieve desde octubre hasta marzo, por lo menos, porque a mí el calor no me gusta nada.

Amaury Pérez. Pertenecemos a un grupo, es una cofradía. Ahí está Alfredo, está Silvio, está Eusebio…

Miguel Barnet. Alicia Alonso, que es una mujer tan extraordinaria, a quien quiero tanto, decía que un día los japoneses iban a inventar un software en que uno no tuviera que coger aviones, que uno cerrara los ojos y ya apareciera en otro país. Eso sería ideal.

Amaury Pérez. Y nos sacábamos de arriba el calor.

Miguel Barnet. Creo que algún día nevará en La Habana.

Amaury Pérez, ¿Quién dijo en tu familia “Patria o Muerte, Amén”?

Miguel Barnet. ¡Yo!

Amaury Pérez. Sin embargo, tú no eres un hombre de filiaciones religiosas marcadas; pero eres una persona mística, evidentemente.

Miguel Barnet. Sí, bueno, si no fuera un místico no estaría sentado aquí contigo, tenemos que tener una mística. Esta maravilla que vivimos en este país, esta Revolución que hemos vivido con todos sus logros y sus reveses, con todo, se tiene que vivir como una gran mística, y el fruto de ella se ve hoy en el mundo…, yo siento un orgullo tan grande…, y esa es la mística.

Amaury Pérez. Eso que has dicho, me lleva  a una de las frases más importantes que se han dicho en 50 años en la poesía cubana. Siempre digo es mi criterio: “Yo soy el que anda por ahí empujando un país”. Esa frase, por supuesto, es de Miguel Barnet. ¿Qué ocurrió durante los años en que estuvo representando a Cuba en la UNESCO? Creo que todavía andas cumpliendo funciones vinculadas con la UNESCO en París.

Miguel Barnet. Ya no estoy en el Consejo Ejecutivo, pero soy uno de los vicepresidentes del Comité de la Ruta del Esclavo, que es un tema que llevamos en Cuba que lo  llevo yo con el apoyo de amigos y compañeros muy valiosos como Jesús Guanche.

Amaury Pérez. ¿Empujando un país?

Miguel Barnet. ¿Qué fue lo que hizo Fernando Ortiz siempre, qué fue lo que hizo Lezama Lima, qué fue lo que hizo Alejo, qué es lo que hacemos los escritores y artistas cubanos? Aún los que no están aquí, aún los que no están aquí estamos empujando este país hacia el futuro, hacia esa otra dimensión, no se puede cansar uno de llevar las riendas, yo me siento que estoy haciendo algo útil. Por eso digo, “Así que perdonen si no escucho/Las quejas de mis contemporáneos/ Yo no puedo hacer otra cosa/que seguir empujando un país”, y lo hago con mucho orgullo, con mucho amor y pienso que esa mística da frutos, que es lo que estás haciendo tú también.

Amaury Pérez. Muchas gracias, Miguel, ha sido un gusto vivir el tiempo tuyo también.

Miguel Barnet. Gracias.

Amaury Pérez. Te quiero mucho.

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