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Esteban Morales: soy un revolucionario inclaudicable…

Posted in américa, arte, censura, cuba, debate, internet, LaHabana with tags , , , , , on agosto 17, 2010 by el taburete

LA HABANA, ago (IPS) – “Sigo viendo la corrupción como un peligro extraordinario” para el país, pues su “poder corrosivo” la convierte en un asunto de “seguridad nacional”, enfatizó Esteban Morales, separado de las filas del Partido Comunista de Cuba (PCC) luego de hacer públicas sus advertencias.

Morales presentó su apelación ante el PCC, recurso al cual tiene derecho según los estatutos de ese partido que ejerce el gobierno y es el único permitido en este país.
“Una comisión debe analizar el asunto y decidir. Si no me satisface la respuesta, puedo llevar el caso hasta el congreso del partido. Seguiré apelando porque creo que tengo razones para ello”, dijo a IPS.
Mientras tanto, continúa “muy activo” como académico e investigador, aunque en septiembre dejará de pertenecer a la plantilla del Centro de Estudios Hemisféricos sobre Estados Unidos, de la Universidad de La Habana, del cual es fundador y al que dedicó buena parte de su vida profesional.
“Me jubilaré con 68 años. Tendré más tiempo y mayor libertad para dedicarme a mis labores académicas y de investigación”, añadió este doctor en ciencias y en economía, experto en las relaciones cubano-estadounidenses y autor de ensayos, libros y numerosos artículos sobre el no menos delicado tema del racismo en su país.

IPS: Luego de hacerse pública su separación del PCC, usted prefirió evitar contactos con la prensa, sobre todo la extranjera acreditada. ¿Qué lo hizo cambiar esa decisión y acceder a esta entrevista?

ESTEBAN MORALES: Considero saludable aclarar ciertos puntos. Algunas personas han dicho que fui un privilegiado, un agente de la seguridad (servicios secretos) y ahora me propongo decir estas cosas. Nunca encontrarán mis privilegios, no los tengo. En cuanto a la seguridad, si así lo fuera, no lo tengo a menos, porque eso en Cuba es un honor.
Lo que habla por mí es mi currículo. Soy un académico de verdad, no soy un inventado, son decenas de trabajos los que he escrito y no siempre de asuntos sencillos, además de impartir mucha docencia, dictar conferencias y hacer asesorías académicas. Si alguien aún duda, que ponga mi nombre en Google (el motor de búsqueda en Internet).
Otros se han afilado los dientes pensando que voy a cambiar de bando, a pasarme a la “disidencia”. Quizás la contrarrevolución, tan falta de liderazgo, pudo pensar que yo les llenaría ese vacío. Pero quienes me conocen de verdad, saben que eso es imposible, que soy un revolucionario inclaudicable. Además, nunca he tenido ínfulas de líder, ni busqué protagonismo.

IPS: ¿Ni siquiera ha dudado de sus convicciones políticas?

EM: No, nunca. El sol, con ser el sol, tiene sus manchas, puede haber apreciaciones diferentes. Uno también puede dar lugar a malas interpretaciones, aunque el espíritu de mis textos está claro y se ve que fueron escritos desde posturas revolucionarias.
Antes de ser militante del partido, ya era revolucionario y lo seguiré siendo. Es una militancia política que decidí hace más de 50 años, por mi propia voluntad. Jamás me ha gustado jugar a los “mentirazos”.
Lo sucedido no me paraliza. Simplemente tendré mucho más cuidado al expresarme y escribir, pero no dejaré de hacerlo, como un intelectual que la Revolución ha preparado para alertar con honestidad de aquellas cosas que nos pueden hacer daño. Es lo que he hecho siempre. Son los riesgos que hay que correr.

IPS: El hecho de que a usted se lo sancione tras expresar públicamente sus criterios sobre la corrupción y sus riesgos para la estabilidad política y social del país, ¿no contradice al propio presidente Raúl Castro, quien el 1 de este mes dijo que la unidad “se fomenta y cosecha en la más amplia democracia socialista y en la discusión abierta de todos los asuntos, por sensibles que sean, con el pueblo”?EM: Yo creo que el debate y la crítica son promovidos por Raúl y la dirección del partido. Pero puede haber circunstancias en que alguien en algún nivel piense que las cosas no son tan así.
Diría que el proceso de aplicación de la crítica es mucho más complejo que la mera decisión de ejercerla, tiene que ver con las estructuras, con los hombres y el modo diferente en que algunos a veces comprendemos las cosas.
O tal vez, de lo que dije, algo pudo ser dicho de otra forma. Hay mucha distancia entre deseos y práctica concreta.

IPS: ¿Qué es lo que considera más preocupante de la corrupción?

EM: Su poder corrosivo desde el punto de vista moral. Cuando la moral y la ética se afectan, nuestro sistema político se desprestigia, va abajo todo.
Por eso estoy de acuerdo con quienes dicen que es un problema de seguridad nacional.
Pero eso no se resuelve sólo a partir de inspecciones o de crear más papeleos, sino de estar muy vigilantes y creando continuamente mecanismos para que esas cosas no ocurran. Para que la gente que maneja dinero y recursos tenga que rendir cuentas continuamente. En nuestro país es una realidad que los bienes son del pueblo, no es un mero discurso.

IPS: Usted es muy conocido por temas sobre Estados Unidos, las relaciones de Cuba con ese país y el racismo. ¿Qué lo llevó a escribir sobre la corrupción, un asunto que, según sectores oficialistas, alimenta “campañas de desprestigio” contra el país si se ventila públicamente?EM: Escribí esos artículos porque creo que son los peligros de ahora. Y tengo un lema: en medio de la situación que hemos vivido estos años, creo que quien quiera ser revolucionario tiene que tener su propia guerra, librar sus propias batallas y correr los riesgos que sean. En caso contrario, que se quede en su casa, bajo la cama.
Eso de que el enemigo va a aprovechar las cosas tampoco me inmoviliza, porque el enemigo no nos va a resolver el problema, sino al contrario. Soy de los que piensa que a veces es más saludable que seamos nosotros mismos quienes reconozcamos nuestras deficiencias a que sea el enemigo quien nos las lance luego a la cara, o nos las guarde, que es peor.

IPS: ¿Cuándo dice enemigo, a quién se está refiriendo?EM: Nosotros no podemos obviar que desde fines de los años 80 el foco de la política de Estados Unidos hacia Cuba cambió. Ahora, todo lo que está ocurriendo internamente en la isla está siendo observado, monitoreado por los políticos estadounidenses y en particular por los servicios especiales de Estados Unidos.
Es en ese contexto que veo el problema de la corrupción, que lo sigo viendo como un peligro extraordinario.

Tomado de Kaosnelared. “CUBA: Alerta roja contra la corrupción

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Corrupción… ¿la verdadera contrarrevolución?

Posted in américa, cuba, debate, el Taburete, espejos, LaHabana, Opinión with tags , , , , , , , , on abril 13, 2010 by el taburete

Por: Esteban Morales. tomado del sitio web de la UNEAC

Cuando observamos detenidamente la situación interna de Cuba hoy, no podemos tener duda de que la contrarrevolución, poco a poco, va tomando posiciones en ciertos niveles del Estado y del Gobierno.

Sin duda, se va haciendo evidente, de que hay gentes en posiciones de gobierno y estatal, que se están apalancando financieramente, para cuando la Revolución se caiga, y otros, que pueden tener casi todo preparado para producir el traspaso de los bienes estatales a manos privadas, como tuvo lugar en la antigua URSS.

Fidel dijo, que nosotros mismos podíamos acabar con la Revolución, y yo me inclino a pensar, que entre otras preocupaciones, el Comandante en Jefe, se estaba refiriendo a las cuestiones relativas a la corrupción. Porque estando ya presente, este fenómeno, ha continuado apareciendo con fuerza. Si no, veamos lo ocurrido con la distribución de tierras en usufructo en algunos municipios del país: fraudes, ilegalidades, favoritismos, lentitud burocrática etc.

En realidad, la corrupción es mucho más peligrosa que la llamada disidencia interna. Esta última aun se encuentra aislada: carece de programa alternativo, no tiene líderes reales, no tiene masa. Pero la corrupción resulta ser la verdadera contrarrevolución, la que mas daño puede hacer, porque resulta estar dentro del gobierno y del aparato estatal, que son los que realmente manejan los recursos del país. Sino veamos algo muy simple: ¿Cuando hay leche en polvo en el mercado negro, que ha ido subiendo de precios hasta llegar a 70 pesos el kilogramo? Cuando la leche en polvo llega a los almacenes estatales. No hay mejor ejemplo que ese. Y así es con todos los productos que se adquieren en el mercado negro por parte de la mayoría de la población .Es decir, a cuenta de los recursos estatales, existe un mercado ilegal, del cual todos se benefician, menos el Estado. Y que me dicen, de los vendedores en los alrededores de las grandes tiendas en divisas, proponiendo de todo. Se trata de una corrupción de las que casi todos participan, generada por la corrupción de funcionarios estatales. Porque, que sepamos, en Cuba hay un solo importador: el Estado. No creo que lo que viene en los paquetes de Miami sirva para generar un mercado tan grande, mucho menos, de productos duraderos.

Obsérvese también el transito de la carne de puerco de los estatales a los privados, los precios de la venta de refrescos y aguas según las diferentes cadenas del turismo. Las sospechosas diferencias de precios con que nos tropezamos frecuentemente… seguir leyendo…

Mensaje desde Cuba a los artístas e intelectuales afronorteamericanos…

Posted in américa, arte, censura, cuba, debate, Memorias, Opinión with tags , , , , , , , , , , , , , , , , on diciembre 4, 2009 by el taburete

Un proverbio yoruba reza: “La mentira puede correr un año, la verdad la alcanza un día”. Aunque por largo tiempo a la opinión pública norteamericana le han tratado de imponer, desde los círculos políticos más intolerantes y los medios de comunicación más poderosos, una imagen distorsionada de la sociedad cubana contemporánea, siempre, de un modo u otro, termina por abrirse paso la realidad.
Así sucederá, estamos seguros, cuando se conozcan los argumentos que nos llevan a refutar las falaces afirmaciones sobre nuestra sociedad contenidas en un documento circulado el pasado 1ro. de diciembre a nombre de un grupo de intelectuales y líderes afronorteamericanos.
Decir que entre nosotros existe un “insensible desprecio” por los cubanos negros, que se coartan las “libertades civiles por razones de raza”, y exigir que se ponga fin “al innecesario y brutal acoso de los ciudadanos negros en Cuba que defienden sus derechos civiles”, parecería una delirante elucubración si no fuera porque detrás de esas ficciones se evidencia la aviesa intención de sumar a respetables voces de la comunidad afronorteamericana a la campaña anticubana que pretende socavar nuestras soberanía e identidad.
Si la Cuba de estos tiempos fuera ese país racista que se quiere inventar, sus ciudadanos no hubieran contribuido masivamente a la liberación de los pueblos africanos. Más de 350 000 voluntarios cubanos combatieron junto a sus hermanos de África contra el colonialismo. Más de 2 000 combatientes de la Isla cayeron en tierras de aquel continente. Una personalidad de indiscutible relieve mundial, Nelson Mandela, ha reconocido el papel de esos voluntarios en la quiebra definitiva del infamante régimen del apartheid. De África solo trajimos los restos de nuestros muertos.
Si la Cuba de hoy sintiera ese desprecio por el negro, más de 35 000 jóvenes africanos no hubieran sido formados en nuestras escuelas durante los últimos 40 años, ni 2 800 jóvenes de una treintena de países de esa región estudiaran ahora mismo en nuestras universidades.
Un pueblo enfermo de racismo se negaría a colaborar en la formación de médicos y recursos humanos en el área de la Salud en Facultades de Ciencias Médicas fundadas en Guinea Bissau, Guinea Ecuatorial, Gambia y Eritrea; daría la espalda a los programas de asistencia sanitaria que han salvado miles de vidas en varios territorios de América Latina y el Caribe donde resulta significativa la presencia de la diáspora africana, y se hubiera desentendido de los más de 20 000 haitianos y afrocaribeños de habla inglesa que han recuperado la vista mediante operaciones quirúrgicas practicadas gratuitamente en nuestro país.
Es muy probable que la mayoría de los firmantes del documento desconozca cómo a raíz de la devastación de Nueva Orleáns por el huracán Katrina, decenas de médicos y personal paramédico cubano se ofrecieron para asistir voluntariamente a las víctimas del meteoro en un gesto humanitario que no halló respuesta en las autoridades norteamericanas.
En otro orden, quizá también ignoren de qué modo, desde los primeros días que siguieron a la victoria popular de 1959, fueron desmanteladas aquí las bases institucionales y jurídicas de una sociedad racista. La Revolución Cubana encontró en 1959 una situación desesperada en la mayoría de la población. Los afrodescendientes cubanos, que estaban entre las más sufridas víctimas del modelo neocolonial imperante en la Isla, se beneficiaron de inmediato con la batalla que dio el gobierno revolucionario para erradicar toda forma de exclusión, incluido el feroz racismo que caracterizaba a la Cuba de entonces.
La política de Cuba contra cualquier tipo de discriminación y en favor de la igualdad tiene respaldo constitucional y se expresa en los capítulos de la Carta Magna que se refieren a los fundamentos políticos, sociales y económicos del Estado y a los derechos, deberes y garantías de sus ciudadanos. Los derechos constitucionales, así como los mecanismos y medios para hacerlos efectivos y restablecer la legalidad ante cualquier violación de estos, se garantizan mediante una muy precisa legislación complementaria.
Como nunca antes en la historia de nuestro país, los negros y mestizos han hallado, en el proceso de transformaciones emprendido en el último medio siglo, oportunidades de realización social y personal, sustentadas en políticas y programas que han propiciado el despegue de lo que llamó el antropólogo cubano Don Fernando Ortiz la impostergable fase integrativa de la sociedad cubana.
Se trata, lo sabemos, de un proceso no exento de conflictos y contradicciones, sobre los que gravitan tanto desventajas sociales heredadas como prejuicios secularmente enraizados.
Hace seis años, Fidel Castro, al dialogar en La Habana con pedagogos cubanos y extranjeros, comentó cómo “aún en sociedades como la de Cuba, surgida de una revolución social radical donde el pueblo alcanzó la plena y total igualdad legal y un nivel de educación revolucionaria que echó por tierra el componente subjetivo de la discriminación, ésta existe todavía de otra forma. La califico como discriminación objetiva, un fenómeno asociado a la pobreza y a un monopolio histórico de los conocimientos”.
Quien observe la vida cotidiana en cualquier sitio del país, podrá advertir cómo se lleva a cabo un ingente esfuerzo por superar definitivamente los factores que condicionan tal situación mediante nuevos programas orientados a eliminar toda desventaja social.
Los intelectuales afronorteamericanos deben saber cómo sus colegas cubanos han abordado estos temas y promueven acciones desde el lugar prominente que ocupan en la sociedad civil. Algunos de los programas anteriormente aludidos surgieron a partir de los debates suscitados en 1998 durante el VI Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en diálogo franco y abierto con las máximas autoridades del Estado y el entonces presidente Fidel Castro.
Debe recordarse que la organización que agrupa a la vanguardia del movimiento intelectual y artístico cubano tuvo como presidente fundador a un poeta negro, Nicolás Guillén, uno de los más notables poetas de la lengua castellana del siglo XX, activo luchador contra la discriminación racial, y amigo personal de Langston Hughes y Paul Robeson.
En el seno de la UNEAC, organización que nunca estuvo a espaldas de esta problemática se ha creado un Comité permanente para luchar, desde una perspectiva cultural, contra todo vestigio de discriminación y prejuicios raciales.
En un país racista sería impensable la fundación y el funcionamiento de instituciones como la Casa de África, la Fundación Fernando Ortiz, la Casa del Caribe de Santiago de Cuba, el Centro de Estudios del Caribe de la Casa de las Américas y el Instituto Nacional de Antropología, que, entre otras, investigan a fondo el legado africano en nuestra cultura y las relaciones interraciales en nuestro país. Ni recibieran apoyo ni tendrían el más amplio reconocimiento social entidades artísticas de tanta jerarquía como el Conjunto Folclórico Nacional, el Ballet Folclórico de Camagüey, o el Conjunto Folclórico de Oriente. Ni existiera el Museo de La Ruta del Esclavo, primero de su clase en América Latina y el Caribe y uno de los principales resultados del compromiso de Cuba con el programa auspiciado por la UNESCO para vindicar el aporte de los africanos arrancados por la fuerza de sus tierras de origen a estas otras donde contribuyeron a la forja de nuevas identidades.
Si el odio racial fuera una tónica predominante en nuestra sociedad, no pasaría de ser un gesto retórico la conmemoración del centenario de la fundación del Partido Independiente de Color, sobre la base de recuperar la memoria histórica de una etapa de las luchas y afanes del pueblo cubano por sus derechos y su liberación de todas las dominaciones.
Genuinos portadores de la cultura musical tradicional, sumamente apreciados por públicos norteamericanos, como Los Muñequitos de Matanzas y los conjuntos Yoruba Andabo y Clave y Guaguancó tendrían que desempeñarse como braceros mal pagados en los puertos, parqueadores de autos, limpiabotas y empleados domésticos, de no haberse reconocido sus extraordinarios valores.
Una sociedad racista no se hubiera empeñado en traducir y publicar centenares de obras literarias de decenas de autores africanos y afrocaribeños. En una de sus visitas a Cuba, el Premio Nobel nigeriano, Wole Soyinka, declaró: “Es difícil encontrar otro lugar en el hemisferio occidental donde la avidez por conocer a los escritores africanos trascienda, como he visto aquí, el interés de las instituciones académicas”.
Los intelectuales y artistas cubanos agradecemos la solidaridad, la comprensión y el respeto que muchas personalidades afronorteamericanas han mostrado hacia la realidad cubana a lo largo de medio siglo. Nunca les hemos pedido compartir nuestras ideas políticas ni hemos condicionado el diálogo a algún tipo de respaldo o adhesión. Por un elemental sentido de la ética respetamos sus puntos de vista.
Tal vez fuera oportuno que los firmantes de la declaración que comentamos escucharan desprejuiciadamente esos criterios. Estamos convencidos de que al hacerlo, como proclama el refrán yoruba, la verdad tenga su día.

La Habana, 3 de diciembre de 2009

Nancy Morejón, poetisa y ensayista
Miguel Barnet, poeta y antropólogo
Esteban Morales, politólogo y ensayista
Eduardo Roca (Choco), artista
Heriberto Feraudy, historiador y ensayista
Rogelio Martínez Furé, africanista
Pedro de la Hoz, periodista y ensayista
Fernando Martínez Heredia, sociólogo y ensayista