Archivo para Fernando Martinez Heredia

La cultura como guía para la liberación…

Posted in el Taburete with tags , , , , , , , , on febrero 11, 2011 by el taburete

Fernando Martínez Heredia • La Habana

Compañero Esteban Lazo, invitados latinoamericanos y de otras regiones; compañeras y compañeros, dirigentes, intelectuales, artistas y demás invitados.Frente a un honor tan grande como este, es inevitable reunir en una síntesis muy apretada el agradecimiento, el recuento de mi trayectoria vital, las motivaciones, el contenido y los objetivos de mi trabajo intelectual, el sentido social que le veo al hecho que me proyecta hoy ante mis conciudadanos y mi posición ante el presente y el futuro de la sociedad cubana.

Nací en un pequeño pueblo del centro de la isla, Yaguajay, y he vivido la mayor parte de mi vida en La Habana, pero me hizo feliz que fuera en Santiago de Cuba donde supe que nos dedicarían esta Feria del Libro a mi querido Jaime Sarusky y a mí. Fue muy grande la emoción, aunque mi madre nos enseñó a no mostrarlas mucho.He recorrido un camino muy largo desde los lejanos días de mi niñez, cuando perseguía toda hoja de papel impreso que veía. Ayunos de escuela, mis padres habían conquistado a lo largo de la vida un lugar social desahogado que les permitía cumplir uno de los mayores y antiguos anhelos de las familias de Cuba: que los hijos estudiaran. Por eso pude encontrar una extraordinaria primera maestra: la maestra de la escuela pública. Desde entonces y hasta hoy he vivido enamorado de la lectura y he gozado la poesía, la prosa de todos los géneros, la historia y los periódicos.Adolescente recibí el impacto mayor de mi vida, la insurrección que trataba de convertirse en Revolución cubana, y me sumé a ella, que modeló la persona que soy. Dentro de esa Revolución he seguido hasta hoy. Me ha enseñado a luchar y pensar por la libertad y la justicia social, sin concesiones, y me fue cambiando en el curso de su proceso de cambiar el país, la vida de la gente, las ideas y los sentimientos. No puedo separar una “vida privada” de esa vida en la Revolución, y por esta he regido mis decisiones siempre que ha sido necesario.

Vine a La Habana a ser universitario, estudiar en aulas y bibliotecas, conocer las teorías y las técnicas de la Ciencia social y del Derecho, y aproveché para entrar a saco en el mundo del intelecto y la sensibilidad. Devoré la literatura, conocí el teatro y las artes plásticas, asistí a conciertos, vi un nuevo cine; pero en todos los momentos de aquellos años simultaneaba con las más variadas tareas de la Revolución. Por ejemplo, en febrero del 61 estudiaba artillería en esta fortaleza.Causas y azares me llevaron a la filosofía marxista y enseguida la amé sin saber la marca que me dejaría. Como en tantos otros terrenos, la revolución exigía, con sus hechos y sus retos, unas ideas y unos procedimientos que todavía no existían, y a esa tarea nos lanzamos los jóvenes del Departamento de Filosofía y de la revista Pensamiento Crítico. Cada terreno de labores tenía su complejidad: la de este atañía a las ideas que debía abrazar y desarrollar la revolución socialista de liberación nacional cubana, la primera autóctona y anticolonial de América y de Occidente. Era un campo de disyuntivas y, por tanto, de aguda polémica. Fuimos parte de la gran herejía cubana, pensamos e hicimos con total entrega a esa causa y asumimos las consecuencias.Desde entonces y hasta hoy me he dedicado a la investigación de los procesos de nuestra revolución y de la historia nacional y a los de América Latina —la región que me es entrañable, y que he estudiado y recorrido de la mano de los movimientos populares—, del internacionalismo cubano y de los magníficos pensadores sociales de este continente. Por ese camino y con muchas ayudas me he ido formando como investigador. Desde 1986 comencé a ofrecer productos de mis labores en esos campos y en cuestiones teóricas, y criterios acerca del proceso que vivimos las cubanas y los cubanos.Cuando recibí la honrosa distinción que me trae aquí, no sabía que pasaría medio año en función de la Feria, en una suerte de maratón intelectual al que me lanzó la generosidad del Instituto Cubano del Libro. Pero me satisface mucho sumarme con ese trabajo a la función social que tiene este homenaje, que es para mí lo más importante. Cada uno debe dar en esta hora todo lo que pueda con su trabajo, desde lo que le sea más factible, y en mi modesto tamaño participo en uno de los desafíos de hoy: tenemos una escandalosa necesidad de ideas.Soy uno más entre los millones de cubanos que están discutiendo, con pasión y rigor a la vez, problemas y definiciones fundamentales que trascienden con mucho al contenido de un documento. El nivel general de conciencia política, prácticamente sin igual en el mundo, y una proporción muy alta de personas con notables conocimientos generales y técnicos, son dos cualidades de la población que favorecen una entre las opciones que se abren: la de avanzar hacia un fortalecimiento del socialismo. Sabemos que será muy difícil: hoy las palabras bullen, pero los hechos renquean. Mas la cultura acumulada nos enseña que el carácter de la Revolución no lo fijó la economía, sino la acción, la voluntad y la abnegación de masas que se organizaron, pelearon y se unieron. Un pueblo que se forjó durante una gesta heroica y vivía casi sin nada, sin empleo, salud pública ni escuelas, entre el descreimiento y la lotería, se volvió capaz de luchar una vez más, y de cantarle a una nueva suerte: “que Cuba premiará nuestro heroísmo”. Mediante la gran Revolución se transformó a sí mismo, se apoderó de su país y asumió el proyecto de futuro más ambicioso.

Lo que entonces fue un gran sueño, hoy es necesidad: solo el socialismo es capaz de brindar suelo para la libertad, la justicia social y la soberanía nacional. Me siento orgulloso de ser hijo de un pueblo que jamás permitirá que la autoridad legítima que hoy ejercen los grandes, sea sucedida por una alianza del despotismo de los pequeños y el imperio del dinero. Porque el dinero no puede reinar solo en una sociedad, esa es una ilusión: tiene que asociarse con un poder. Poseemos una inmensa cultura de liberación acumulada y podemos apelar a instrumentos idóneos para construir y crear: el control de los trabajadores y el pueblo sobre los procesos sociales y las decisiones fundamentales, la entrega real de los esfuerzos y capacidades de cada uno y la ley por sobre todos.A veces me angustia la posibilidad de que se vuelva pequeña la huella que le hicimos al futuro; pero me sobrepongo y continúo en la brecha. Por eso termino con una exhortación que se inspira en el porvenir: que la cultura cubana utilice su maravilloso desarrollo para alimentar bien a todas las personas de Cuba, y fortalecer así los espíritus y las subjetividades que serán decisivos para vencer los desafíos y crear las nuevas realidades tangibles, y que la política que nos guíe sea una cultura para la liberación.Muchas gracias.

Palabras leídas durante la inauguración de la 20a. Feria Internacional del Libro de La Habana

 


porque leer es crecer…

Posted in el Taburete with tags , , , , on enero 10, 2011 by el taburete

La Habana, Cuba.- Del 10 al 20 de febrero, en La Habana, y hasta el seis de marzo, en todas las cabeceras de provincias, la Vigésima Feria Internacional del Libro se propondrá que cale más en el pueblo la máxima de que Leer es crecer.

Se insiste en ello porque en los libros que han sido y en los que son está la verdadera fuente de la sabiduría, porque no existe otro modo de tener un espíritu cada vez más libre, si no se es cada vez más culto.

Presentaciones y ventas de libros, será el signo más distintivo del evento, que dispuso la salida, por parte de la editorial Letras Cubanas, de unas siete decenas de novedades, por Arte y Literatura 34, y por Gente Nueva más de un centenar.

La Vigésima Feria Internacional del Libro tendrá como invitados de honor a los países de la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América.

Un evento que se expande

La Vigésima Feria Internacional del Libro tendrá, como es habitual y esperado por los amantes de la lectura, su sede central en la fortaleza de San Carlos de La Cabaña.

Pero, además, se expandirá hacia otros centros insignias de La Habana: El Pabellón Cuba, la Casa del ALBA Cultural, el Centro de Estudios Martianos, la Sociedad Cultural José Martí, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la Casa de las Américas, la Biblioteca Nacional José Martí, el Centro Cultural Dulce María Loynaz y el Memorial José Martí.

¿El objetivo? Convertir el evento en un suceso más integrador y participativo, al facilitar el acceso a sus actividades a una mayor cantidad de público. Recuérdese que la Feria, además de poner a la venta esta vez unos dos mil títulos, incluirá sus establecidos programas Profesional, Literario, Infantil y Artístico.

Hacia la integración de Latinoamérica

A partir del 10 de febrero y hasta el seis de marzo, al reverenciar el Bicentenario del inicio de las luchas independentistas en América y a las Culturas de los países de la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América, ALBA, la Vigésima Feria Internacional del Libro andará los caminos de la integración latinoamericana.

En el evento se presentarán los primeros 25 títulos de la colección conmemorativa ALBA Bicentenario, entre los que se cuentan Bolívar y la independencia de Cuba, de Francisco Pérez Guzmán, y Breve historia de América Latina, de Sergio Guerra.

La Vigésima Feria Internacional de Libro homenajeará también a los intelectuales cubanos Jaime Sarusky, narrador y periodista, y Fernando Martínez Heredia, ensayista y filósofo.

en radio progreso.

 

Mensaje desde Cuba a los artístas e intelectuales afronorteamericanos…

Posted in américa, arte, censura, cuba, debate, Memorias, Opinión with tags , , , , , , , , , , , , , , , , on diciembre 4, 2009 by el taburete

Un proverbio yoruba reza: “La mentira puede correr un año, la verdad la alcanza un día”. Aunque por largo tiempo a la opinión pública norteamericana le han tratado de imponer, desde los círculos políticos más intolerantes y los medios de comunicación más poderosos, una imagen distorsionada de la sociedad cubana contemporánea, siempre, de un modo u otro, termina por abrirse paso la realidad.
Así sucederá, estamos seguros, cuando se conozcan los argumentos que nos llevan a refutar las falaces afirmaciones sobre nuestra sociedad contenidas en un documento circulado el pasado 1ro. de diciembre a nombre de un grupo de intelectuales y líderes afronorteamericanos.
Decir que entre nosotros existe un “insensible desprecio” por los cubanos negros, que se coartan las “libertades civiles por razones de raza”, y exigir que se ponga fin “al innecesario y brutal acoso de los ciudadanos negros en Cuba que defienden sus derechos civiles”, parecería una delirante elucubración si no fuera porque detrás de esas ficciones se evidencia la aviesa intención de sumar a respetables voces de la comunidad afronorteamericana a la campaña anticubana que pretende socavar nuestras soberanía e identidad.
Si la Cuba de estos tiempos fuera ese país racista que se quiere inventar, sus ciudadanos no hubieran contribuido masivamente a la liberación de los pueblos africanos. Más de 350 000 voluntarios cubanos combatieron junto a sus hermanos de África contra el colonialismo. Más de 2 000 combatientes de la Isla cayeron en tierras de aquel continente. Una personalidad de indiscutible relieve mundial, Nelson Mandela, ha reconocido el papel de esos voluntarios en la quiebra definitiva del infamante régimen del apartheid. De África solo trajimos los restos de nuestros muertos.
Si la Cuba de hoy sintiera ese desprecio por el negro, más de 35 000 jóvenes africanos no hubieran sido formados en nuestras escuelas durante los últimos 40 años, ni 2 800 jóvenes de una treintena de países de esa región estudiaran ahora mismo en nuestras universidades.
Un pueblo enfermo de racismo se negaría a colaborar en la formación de médicos y recursos humanos en el área de la Salud en Facultades de Ciencias Médicas fundadas en Guinea Bissau, Guinea Ecuatorial, Gambia y Eritrea; daría la espalda a los programas de asistencia sanitaria que han salvado miles de vidas en varios territorios de América Latina y el Caribe donde resulta significativa la presencia de la diáspora africana, y se hubiera desentendido de los más de 20 000 haitianos y afrocaribeños de habla inglesa que han recuperado la vista mediante operaciones quirúrgicas practicadas gratuitamente en nuestro país.
Es muy probable que la mayoría de los firmantes del documento desconozca cómo a raíz de la devastación de Nueva Orleáns por el huracán Katrina, decenas de médicos y personal paramédico cubano se ofrecieron para asistir voluntariamente a las víctimas del meteoro en un gesto humanitario que no halló respuesta en las autoridades norteamericanas.
En otro orden, quizá también ignoren de qué modo, desde los primeros días que siguieron a la victoria popular de 1959, fueron desmanteladas aquí las bases institucionales y jurídicas de una sociedad racista. La Revolución Cubana encontró en 1959 una situación desesperada en la mayoría de la población. Los afrodescendientes cubanos, que estaban entre las más sufridas víctimas del modelo neocolonial imperante en la Isla, se beneficiaron de inmediato con la batalla que dio el gobierno revolucionario para erradicar toda forma de exclusión, incluido el feroz racismo que caracterizaba a la Cuba de entonces.
La política de Cuba contra cualquier tipo de discriminación y en favor de la igualdad tiene respaldo constitucional y se expresa en los capítulos de la Carta Magna que se refieren a los fundamentos políticos, sociales y económicos del Estado y a los derechos, deberes y garantías de sus ciudadanos. Los derechos constitucionales, así como los mecanismos y medios para hacerlos efectivos y restablecer la legalidad ante cualquier violación de estos, se garantizan mediante una muy precisa legislación complementaria.
Como nunca antes en la historia de nuestro país, los negros y mestizos han hallado, en el proceso de transformaciones emprendido en el último medio siglo, oportunidades de realización social y personal, sustentadas en políticas y programas que han propiciado el despegue de lo que llamó el antropólogo cubano Don Fernando Ortiz la impostergable fase integrativa de la sociedad cubana.
Se trata, lo sabemos, de un proceso no exento de conflictos y contradicciones, sobre los que gravitan tanto desventajas sociales heredadas como prejuicios secularmente enraizados.
Hace seis años, Fidel Castro, al dialogar en La Habana con pedagogos cubanos y extranjeros, comentó cómo “aún en sociedades como la de Cuba, surgida de una revolución social radical donde el pueblo alcanzó la plena y total igualdad legal y un nivel de educación revolucionaria que echó por tierra el componente subjetivo de la discriminación, ésta existe todavía de otra forma. La califico como discriminación objetiva, un fenómeno asociado a la pobreza y a un monopolio histórico de los conocimientos”.
Quien observe la vida cotidiana en cualquier sitio del país, podrá advertir cómo se lleva a cabo un ingente esfuerzo por superar definitivamente los factores que condicionan tal situación mediante nuevos programas orientados a eliminar toda desventaja social.
Los intelectuales afronorteamericanos deben saber cómo sus colegas cubanos han abordado estos temas y promueven acciones desde el lugar prominente que ocupan en la sociedad civil. Algunos de los programas anteriormente aludidos surgieron a partir de los debates suscitados en 1998 durante el VI Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en diálogo franco y abierto con las máximas autoridades del Estado y el entonces presidente Fidel Castro.
Debe recordarse que la organización que agrupa a la vanguardia del movimiento intelectual y artístico cubano tuvo como presidente fundador a un poeta negro, Nicolás Guillén, uno de los más notables poetas de la lengua castellana del siglo XX, activo luchador contra la discriminación racial, y amigo personal de Langston Hughes y Paul Robeson.
En el seno de la UNEAC, organización que nunca estuvo a espaldas de esta problemática se ha creado un Comité permanente para luchar, desde una perspectiva cultural, contra todo vestigio de discriminación y prejuicios raciales.
En un país racista sería impensable la fundación y el funcionamiento de instituciones como la Casa de África, la Fundación Fernando Ortiz, la Casa del Caribe de Santiago de Cuba, el Centro de Estudios del Caribe de la Casa de las Américas y el Instituto Nacional de Antropología, que, entre otras, investigan a fondo el legado africano en nuestra cultura y las relaciones interraciales en nuestro país. Ni recibieran apoyo ni tendrían el más amplio reconocimiento social entidades artísticas de tanta jerarquía como el Conjunto Folclórico Nacional, el Ballet Folclórico de Camagüey, o el Conjunto Folclórico de Oriente. Ni existiera el Museo de La Ruta del Esclavo, primero de su clase en América Latina y el Caribe y uno de los principales resultados del compromiso de Cuba con el programa auspiciado por la UNESCO para vindicar el aporte de los africanos arrancados por la fuerza de sus tierras de origen a estas otras donde contribuyeron a la forja de nuevas identidades.
Si el odio racial fuera una tónica predominante en nuestra sociedad, no pasaría de ser un gesto retórico la conmemoración del centenario de la fundación del Partido Independiente de Color, sobre la base de recuperar la memoria histórica de una etapa de las luchas y afanes del pueblo cubano por sus derechos y su liberación de todas las dominaciones.
Genuinos portadores de la cultura musical tradicional, sumamente apreciados por públicos norteamericanos, como Los Muñequitos de Matanzas y los conjuntos Yoruba Andabo y Clave y Guaguancó tendrían que desempeñarse como braceros mal pagados en los puertos, parqueadores de autos, limpiabotas y empleados domésticos, de no haberse reconocido sus extraordinarios valores.
Una sociedad racista no se hubiera empeñado en traducir y publicar centenares de obras literarias de decenas de autores africanos y afrocaribeños. En una de sus visitas a Cuba, el Premio Nobel nigeriano, Wole Soyinka, declaró: “Es difícil encontrar otro lugar en el hemisferio occidental donde la avidez por conocer a los escritores africanos trascienda, como he visto aquí, el interés de las instituciones académicas”.
Los intelectuales y artistas cubanos agradecemos la solidaridad, la comprensión y el respeto que muchas personalidades afronorteamericanas han mostrado hacia la realidad cubana a lo largo de medio siglo. Nunca les hemos pedido compartir nuestras ideas políticas ni hemos condicionado el diálogo a algún tipo de respaldo o adhesión. Por un elemental sentido de la ética respetamos sus puntos de vista.
Tal vez fuera oportuno que los firmantes de la declaración que comentamos escucharan desprejuiciadamente esos criterios. Estamos convencidos de que al hacerlo, como proclama el refrán yoruba, la verdad tenga su día.

La Habana, 3 de diciembre de 2009

Nancy Morejón, poetisa y ensayista
Miguel Barnet, poeta y antropólogo
Esteban Morales, politólogo y ensayista
Eduardo Roca (Choco), artista
Heriberto Feraudy, historiador y ensayista
Rogelio Martínez Furé, africanista
Pedro de la Hoz, periodista y ensayista
Fernando Martínez Heredia, sociólogo y ensayista