Archivo para La Calle del Medio

Parque de G, diez años…

Posted in américa, arte, cuba, debate, espejos, hip hop, Jazz, LaHabana, música, Memorias, Opinión, poprock with tags , , , , , , , on agosto 31, 2010 by el taburete


Por Camilo Ernesto Olivera. tomado de http://www.maximrock.com

En la edición correspondiente al mes de marzo del magazine ¨La calle del medio¨ se publicó un artículo – entrevista, bajo la autoría de Vladia Rubio, titulado “Calle G, guarida o espejo”. Este fue escrito a propósito de una investigación desarrollada por la master Daybel Pañelas Álvarez y estudiantes de la Facultad de Psicología de la Universidad de la Habana.
El acercamiento al espacio de confluencia social por parte de este equipo de trabajo resultainteresantenecesario. Sin embargo saltan a la vista algunos erroresomisiones.

Entonces vale la pena que hagamos un poco de historia.

Es muy posible que casi ningún parque notorio de la capital cubana, haya sido obviado por la presencia noctámbula de losrockeros en las últimas décadas. Desde aquel, enmarcado a un costado del entonces denominado, Teatro Auditórium(Calzada y D) en el Vedado donde buscaron un espacio, al abrigo del duro año 1970, los denominados ¨pepillos¨ o ¨hippies¨. Sus pasos también anduvieron, en distintas épocas, por ese inmenso y mítico parque en forma de heladería que es Coppelia. Pudieran mencionarse, además, el parque Córdova ubicado en el reparto Sevillano, el de la 14 en la esquina de Calzada de 10 de Octubre y Maria Auxiliadora, el denominado ¨De los tarros¨ enH y 21 o inclusive el parque Central, este ultimo, en los años 80.

Invariablemente, durante décadas, los rockeros y los gitanos compartimos una dinámica semejante, a pesar de la equidistancia geográfica. Una y otra vez los espacios de reunión y vida social eran forzados a la disolución. Al igual que sucedió con el rock durante décadas, se entendía de manera equivocada por parte de las autoridades que el carácter informal de estos espacios era delictivo.

Durante el crítico decenio de los noventa, la órbita social rockera coexistió con la de otras tribus urbanas. Emigramos desde el pequeño parque de L y 21(frente a Coppelia) hasta la denominada Fuente de la Juventud. Nos reunimos frente al centro recreativo juvenil ¨El Castillito¨ para luego ir a pasar las madrugadas en la zona alrededor del restaurante ¨La Punta¨, a un paso del túnel de Quinta Avenida. Los conciertos en el Patio de Maria habían sido reducidos a nada, y la única opción salvadora fue la rockoteca de los jueves en la noche. En ese espacio se tomaba el primer impulso de la noche y el fin de semana. Era el único lugar donde te ofrecían condones y no te ponían música de discotecas.
Después el espacio de reunión languideció durante un tiempo en el área de calle 23 y N (frente al Club Tikoa). Estábamos repitiendo la historia de nuestros padres pero por fortuna no era 1968 sino 1998.

En un determinado segmento del artículo en cuestión, se señalan los años 2001 – 2002 como fecha inicial de la confluencia nocturna de jóvenes seguidores del rock en la zona de la Avenida de los Presidentes. Adicionalmente se ubica en dichos años el cierre del emblemático Patio de Maria, lo cual también es un error.
Una noche, probablemente entre 1999 y el 2000, un grupo de rockeros provenientes de la rockoteca que tenía lugar en el club de F y Línea, decidió tomar como zona de paso la esquina de G y 23. Allí coincidían, y coinciden, varias rutas de transporte público. En los siguientes meses ese tramo del parque, en la denominada Avenida de los Presidentes, se convirtió en un permanente y polémico fenómeno social. Hasta octubre de 2003, la tribu urbana predominante fue la de rockeros ymetaleros. A comienzos de ese mes se produce el cierre del Patio… con todas las consecuencias que esto trajo en ese momento.

A partir de esa fecha, fuerzas de orden público intervinieron para obligar a los reunidos en el perímetro a desplazarse hacia el área de G y Malecón. Precisamente, en Malecón y calle D, funcionaba un establecimiento comercial destinado a la venta de cerveza. En ese lugar, conocido como “La Dispensada”, transcurrió el período de crisis que sobrevino para los rockeros capitalinos, tras el cierre del Patio de Maria. El retorno a los predios de la Avenida G ocurrió gradualmente y en una fecha posterior. Fue durante la segunda mitad de la década, cuando otras tribus urbanas asumieron el sitio como lugar de reunión social.

Hoy, la Avenida de los Presidentes resulta, durante el fin de semana, una especie de calidoscopio de la juventud capitalina. Lo realmente asombroso es el hecho, en si, de la permanencia de este lugar como sitio de confluencia social. En los últimos diez años, el parque de G ha sido testigo del entramado psicosocial y las mutaciones de una parte de este segmento poblacional. Una década de existencia para un lugar de confluencia, que nació al margen de casi todo control, es todo un record si tenemos en cuenta los antecedentes de esa índole a través de la historia.

Los rockeros y los metaleros, al igual que los personajes del celebre cuento “Casa Tomada” de Julio Cortazar, nos reunimos ahora en el tramo de G entre 23 y 25. Desde calle 23 hacia Línea, se extiende una curiosa y variopinta mezcla de modas y estilos. Una especie de zoológico tribal urbano donde sobresalen los “Reparteros” (fans del reggeton o la timba cubana), los “Mickys” (seguidores de la música Techno y la cultura Fashion) y los “Emos” (“Mickys” que quieren marcar la diferencia).
En los últimos tiempos una nueva tropa de Punkies, seguidores de aquella generación de finales de los ochentas, se ha dado a la tarea de “despejar a G de Emos”. Desde su perspectiva, consideran a estos como una versión falsa y fresa del Punk. Ahora, en estos predios, a los seguidores del metal extremo los han denominado con el calificativo de “Dinosaurios”, aunque recientemente se escucha más el término de “Radicales”. Un grupo de jóvenes de alguna Iglesia Protestante, llegan para traernos la palabra de cristo redentor. Se les acepta tal y como son y también se les sugiere que intenten llevar ese mismo mensaje a los asistentes en algún concierto bien caliente de Timba o de Reguettón.

Cada día son más evidentes las huellas del cambio generacional por el cual transita la tribu urbana rockera. Así cambia el color y la atmósfera de una avenida que sigue siendo el espejo de una generación que reta al enigmático destino de una nación.

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en contra de la Igualdad… (de las naranjas)

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Santiago Alba Rico

Especial para La Calle del Medio 20 tomado de la isla desconocida

La tierra no es esférica sino rugosa, ondulada, abollada, bulbosa, irregular como un boniato. Vista de lejos -desde el espacio, desde un avión, en un mapa-, con los pies en el aire, se nos antoja tan geométrica que no la podemos sentir amenazada, nos parece tan próxima que no puede darnos miedo. Pero en lo alto de la montaña más alta seguimos tocando el suelo y por eso allí nos sentimos inseguros; lo que llamamos vértigo o acrofobia es en realidad un horizóntigo o geofobia; el miedo, no a las alturas, no, sino a la extensión irregular de la Tierra, a su “bajura” temblorosa e inclinada desplegada ante los ojos desde la raíz de los zapatos. Desde el cielo, el planeta parece un juguete; desde la colina, parece una patata. Todo en él son arrugas, pliegues, inclinaciones; todo en él son bultos y hendiduras. Hasta la línea del horizonte se baja, no por catetos, hipotenusas y cosenos, sino por quebraduras, sinuosidades, levantamientos, aproximaciones. La Tierra es un terremoto provisionalmente endurecido, un oleaje momentáneamente sólido.

Como ya sólo imaginamos la Tierra -con sus mares, continentes y países- desde el aire y en los mapas, hemos acabado por considerarla un producto nuestro, artificial y controlado. Nos tranquiliza concebirla así, como un producto industrial y no como un azar natural, porque cada vez nos da más miedo aceptar la fragilidad, la inexactitud, la irregularidad, la irrepetibilidad de nuestra existencia. La oposición entre la industria y la naturaleza, y la superioridad de la primera, tiene que ver con el hecho de que, mientras que la naturaleza sólo produce jimaguas como excepción y anomalía, la industria puede producir en serie y de manera potencialmente ilimitada objetos idénticos. La naturaleza no sabe reproducirse sin producir diferencias: entre dos cuerpos, entre dos montañas, entre dos hierbas. La industria se reproduce, al contrario, produciendo identidades: la misma tuerca, la misma camisa, el mismo carro. Que la naturaleza produzca dos cosas iguales resulta inquietante; que una cadena de montaje produzca dos cosas distintas se considera un defecto. Los iguales naturales dan miedo; los distintos industriales van a parar al cubo de los desperdicios. Nos tranquiliza, sí, pensar en el planeta como salido de una fábrica, redondo, bien acabado, reproducible a voluntad. ¿No podremos hacer otro igual, otros iguales, cuando se nos acabe? ¿Llenar el universo de bolitas azules, ponerlas en fila, habitarlas eternamente?

El capitalismo, a través del mercado, ha impuesto una medida industrial para valorar la calidad no sólo de las tuercas y los accesorios eléctricos -necesariamente sometidos a estandarización o normalización- sino también los alimentos y los conocimientos. Así lo explica con ironía el veterinario y músico Antonio Calvache en un excelente artículo: “No hay comida de más calidad que la que puedes encontrar en un Macdonald’s. En efecto, pide una Macpollo en cualquier lugar del planeta, cualquier día del año y a cualquier hora y recibirás exactamente la misma masa, consistencia, sabor, olor de carne, la misma esponjosidad y diámetro del pan, el mismo color, grosor, textura de los trocitos de lechuga, idénticos granitos de sésamo, etc. Para conseguir esto, la multinacional se jacta de tener proveedores en los cinco continentes. Así, si plantamos la misma variedad de tomate en una tierra con similar composición y utilizamos los mismos abonos, se conseguirá que un tomate chileno en febrero sea igual que uno marroquí en abril o uno de Almería en junio”. Curiosamente, la asociación mental entre calidad e igualdad, inducida por las grandes multinacionales de la alimentación, ha acabado por acelerar la trágica pérdida de biodiversidad en el mundo. El planeta es una patata y las patatas son todas distintas entre sí, abolladas e irregulares; el planeta es un tomate y los tomates son todos distintos entre sí; el planeta es un tabaco y los tabacos, si son buenos, son todos distintos entre sí. Pero el planeta es un boliche y los boliches, reproducibles en serie, son todos lisos, brillantes, idénticos entre sí. También deben serlo las papas, los tomates, las manzanas; y así desconfiamos de todas las irregularidades que introduce la naturaleza, de todas las diferencias que introducen las manos. Queremos manejar siempre el mismo carro, lo que es bastante sensato; pero queremos comernos siempre la misma naranja y fumarnos siempre el mismo tabaco, lo que amenaza 10.000 años de enriquecimiento biológico y de placeres civilizados.

¿Resultado? La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estima que el 75% de la diversidad genética de los cultivos se ha perdido durante el último siglo. Históricamente, el ser humano ha utilizado para sus necesidades entre 7.000 y 10.000 especies; hoy, sólo se cultivan unas 150 y doce de ellas representan más del 70% del consumo humano. En Estados Unidos, por ejemplo, ha desaparecido de los campos el 93% de las variedades de frutas y productos hortícolas en los últimos cien años. En España, en los años setenta había 380 variedades de melón; en 2009 se encuentran en el mercado entre 10 y 12. En México en la actualidad sólo sobrevive el 20% de las variedades de maíz que se cultivaban en 1930.

¿Resultado? El buen gusto, el refinamiento, el know-how, el cuidado, la atención, la destreza, la belleza de cientos de generaciones se pierden al mismo tiempo que el respeto por las cosas, el sentido de la supervivencia y la capacidad de resistencia. Vivimos en el aire, sin vértigo ni angustia. El planeta tierra es un producto industrial; las papas y los tomates también. El planeta tierra es un boliche; las naranjas y los melones también. Lo mismo, por supuesto, que los hombres, las mujeres y los niños.

Imaginamos el mercado como una gran fiesta de la variedad, la multiplicación y la diferencia. Es, ya lo vemos, todo lo contrario. ¿Se puede decir al menos que, en una relación inversamente proporcional, el capitalismo sustituye la biodiversidad por logodiversidad y nos compensa de la riqueza natural de que nos priva, de los refinamientos que nos roba y de la vida que nos acorta multiplicando las marcas, ya que no los productos? Ni siquiera eso es cierto. De las miles de bebidas refrescantes registradas en todo el mundo, el 73% pertenecen a Coca-Cola o Pepsi-Cola. La cervecera Heineken, por su parte, es dueña de 130 marcas de cervezas en 65 países y la ominosa casa Nestlé es propietaria de 15 marcas de cafés, 12 de bebidas, 16 de productos no frescos, 30 de helados, 17 de comida infantil, 3 de alimentos para deportistas, 5 de condimentos, 5 de congelados, 4 de productos refrigerados, 51 de chocolates y galletas y 19 de alimentos para mascotas. Según la visión religiosa tradicional, un solo dios creó la pluralísima riqueza de la madre tierra; bajo el capitalismo, 4 o 5 dioses, al mismo tiempo que la destruyen, crean en su lugar, para ocultar la pérdida colectiva, para obtener beneficios privados, un alegre bullicio de nombres y logotipos.

Esto es malo. Pero peor aún es que nos sintamos tan contentos, tan civilizados, tan avanzados, con este empobrecimiento.

del deporte cubano… ¡ El amateurismo ha muerto ! ¡Viva el amateurismo !

Posted in américa, arte, cuba, debate, espejos, LaHabana, Memorias, noticias, Opinión with tags , , , , , , , on noviembre 16, 2009 by el taburete

El FULL acogió la presentación del número 18 de La Calle del Medio con un debate sobre la pelota y el profesionalismo en el deporte. Acompañando a su director Enrique Ubieta Gomez , la periodista Julita Osendi de la Televisión cubana. Hemos tomado esta reflexión de La Isla Desconocida, realizada a posteriori por el propio Ubieta sobre el tema a debate y titulada Algo más sobre el profesionalismo en el deporte..

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He quedado rumiando algunas ideas desde anoche. El debate en torno al profesionalismo en el deporte en general y en el cubano en particular, tiene muchas aristas. Alguien hizo una afirmación categórica: “el amateurismo ha muerto”, y yo no aquilaté correctamente la frase. Creo que tiene razón, es decir, en el mundo el amateurismo fue enterrado por los poderosos intereses económicos del profesionalismo. Antes, el deportista debía escoger: la gloria olímpica o el jugoso contrato. Los deportistas que saltaban al profesionalismo lo hacían generalmente después de finalizado el ciclo olímpico. Pero los negocios son negocios, y eso daba pérdidas. Ahora se rompió el tabique y la Olimpiada es un gran bazar: los deportistas no solo pueden ser profesionales, sino que el espectáculo se contamina cada vez más de anuncios, premios, ofertas. Los países ricos compran a deportistas de países pobres y los llevan al bazar como competidores propios. En ese contexto, Cuba enfrenta el reto de mantener y desarrollar su poderoso movimiento deportivo. Enfrenta incluso un reto adicional: el otro mundo –el que tiene el poder y el dinero–, quiere a toda costa que Cuba se rinda, que desista de la “locura” de construir un espacio alternativo, y los deportistas cubanos que desertan son recibidos como héroes y contratados de inmediato con salarios millonarios. Porque no es solo en el deporte que Cuba es una excepción, un proyecto alternativo. En realidad, el deporte es solo una manifestación especialmente clara del sentido de esa alternativa, que sirve de “mal” ejemplo a otros. Hay sin embargo una pregunta de principio, esencial, que debe anteponerse a cualquier reflexión: ¿es posible el desarrollo de un deportista de alta calidad en un contexto ajeno a los intereses y los réditos del mercado? Es una pregunta que no se detiene en la discusión bizantina de si ahora mismo tenemos peloteros mejores o peores que los de Grandes Ligas. La pregunta es de principio: ¿es posible o no lo es? Los records mundiales y olímpicos de Cuba, los excepcionales peloteros que el país ha dado, ¿son solo historia magnificada? No dudo que tengamos que cambiar muchas concepciones que ya son obsoletas, que debamos buscar fórmulas organizativas más eficaces; no descarto incluso la posibilidad de entrenamientos y de una participación colectiva –con el nombre de Cuba en el pecho–, en torneos del deporte rentado. Pero hay ilusos que creen que es posible abrir el mercado y después controlarlo. Que el deportista reciba más de lo que actualmente recibe es correcto; pero muy pocas personas –solo excepciones– viven como ricos y no piensan como tales. Pensar como rico es pensar como capitalista. Abrirle la puerta al profesionalismo en Cuba es destruir su movimiento deportivo, e inocular la bacteria de la gangrena en el socialismo cubano. Estas son reflexiones escritas al vuelo, sobre las que quizás vuelva en otro momento.

la foto es de 10kbzas

Sobre el Fraude y más allá…

Posted in américa, arte, cuba, debate, LaHabana, Memorias, relato with tags , , , on agosto 4, 2009 by el taburete

lacalleErnesto Pérez Castillo

Hace algún tiempo escuché a un señor muy viejo, con unas ganas enormes, cuestionar a un grupo de adolescentes: « ¿Por qué ustedes hacen fraude?»

Los adolescentes, que se las daban de ser muy serios, se sintieron intimidados por la pregunta y, a la vez, entrampados. Apurar cualquier respuesta implicaba, antes que otra cosa, reconocer que algún fraudecillo llevaban a la espalda, y que tan serios no eran… Pero el viejito era insistente, y se le notaba estar de vuelta de todo, así que con él no valdrían evasivas.

Además, no cargaba su voz con el tono regañón que podría esperarse. Quizá por eso uno de los adolescentes al fin se sinceró: «porque somos finalistas».

«Bueno, yo también era finalista –soltó el señor –, mas no hacía fraude… es verdad que no estudiaba sino hasta última hora, pero también es verdad que a última hora estudiaba mucho, y nunca me atreví a poner en mis exámenes más que aquello que sabía». En ese punto ya se había roto el hielo… los adolescentes improvisaron las mil y una excusas que tenían, o podrían tener, para el fraude, y el viejito, lejos de satisfacerse con las respuestas, cada vez se exaltaba más y más… «Yo no quiero un mea culpa –les increpó –, yo sólo quiero saber por qué hacen fraude».

Entonces yo entendí su pregunta, pero creo que aquellos adolescentes jamás la entendieron. Entendí qué preguntaba exactamente ese señor. Él quería la razón última que nos permite cometer un fraude. Y creí tener conmigo una respuesta, y me moría de ganas de arriesgarla; mas la conversación no era conmigo, así que esa tarde sólo fui un testigo ansioso y silencioso.

Ahora, que se me ofrecen estas páginas, intentaré mi respuesta.

En verdad, creo que la razón no tiene mucho que ver con ser finalistas, o con la calidad de las clases, ni con más o menos libros de texto disponibles, mejores o peores. La respuesta es simple, muy simple, aunque duela, porque lo complicado es que tras ella se abisma un cráter enorme.

¿Por qué hacemos fraude? Porque podemos.

Así de fácil, así de sencillo, sin más allá ni más acá. Porque no tenemos ahí dentro, en lo profundo de nosotros, un Grillo Pepito ni ningún otro bicho que nos tire de las orejas y nos diga: «No, eso no se hace», y nos lo impida. Y si lo tenemos, está dormido, y sólo despierta de cuando en cuando, quizá cuando ya es muy tarde.

Un día –cualquier día – en una escuela –cualquier escuela – se supo que venía una «visita». Se explicó a los alumnos la «importancia » de esa «visita». Y todos limpiaron a fondo hasta el último rincón –el rincón que nunca habían limpiado – y se revisó que todos tuvieran forradas sus libretas –por primera vez, ese día, los maestros ayudaron a los que todavía las tenían sin forrar – y todos, todos, todos, hicieron la tarea. Y cuando la «visita» preguntó cualquier cosa en un aula, todos los alumnos –todos, toditos – levantaron la mano –incluso los que no se sabían la lección, los que nunca levantaban la mano y la maestra jamás les preguntaba. Y la maestra señaló, para que respondiera, al único niño que ella sabía que sabía la respuesta. Quizá hasta la «visita» lo sabía.

Ese día, un día cualquiera, esos niños aprendieron –algunos para siempre y de eso viven todavía – que se podía hacer fraude. Ese día se les enseñó a hacer fraude.

Ahí en esa escuela cualquiera, donde debió educárseles para lo contrario.

Y si eso fuera todo, resolver el problema sería pan comido.

Pero no. Esos niños viven en una casa, una casa cualquiera. Y en esa casa, a cada rato, aparecen cosas que no se venden en la tienda. Cosas que son ciertamente necesarias, a veces, y otras no tanto. Pero que nadie sabe de dónde vienen, quizá porque nadie quiere saber, o porque es preferible no saberlo. Pero el niño bobo no es, y sabe dónde se consiguen las cosas que no se pueden conseguir.

Ese niño, además, vive en un país. Y no en un país cualquiera. En este país vive ese niño. Un país pequeño, con unos problemas enormes. Ese niño crece y conoce, porque los vive, los problemas de su país. De adolescente se sienta a ver televisión. Y una que otra vez, en el noticiero hablan de un país que él no reconoce porque sabe que ese país casi perfecto no es su país.

Y cuando se compra un helado, le sirven sólo la mitad, pero le cobran esa mitad y también la mitad que no se comió, centavito a centavito. Y escucha protestar a su madre porque en el mercado le han vendido una libra de carne como si fueran dos. Y a su padre quejarse de que el salario no alcanza, y se pregunta él mismo si el trabajo de su padre alcanza o no, y encima sabe que el padre de su amigo no trabaja pero no se queja de su salario ni de nada. Y va voluntariamente a las actividades que no quiere ir, porque aprendió qué debe hacer, y qué no, para quedar bien. Porque ha aprendido a aparentar, esto es: a hacer fraude, a hacer las cosas mal.

Puedo seguir enumerando, y podría alargar mucho más esta respuesta. Podrían objetarse mil razones, entre ellas los sucesivos golpes que ha sufrido la economía nacional (desplomes de otros, bloqueos recrudecidos y crisis mundiales); pero el hecho es constatable. Creo, sin embargo, que existen reservas morales para resistir y vencer esa trampa que a veces nos ponemos, para eludir ese camino «fácil» que nos aleja del socialismo.

En todo caso, no me extenderé más. Yo sólo quería que aquel señor escuchara mi respuesta, pero entonces guardé silencio. Hoy lo dejo por escrito. Quizá ahora el viejito me pueda leer.

*tomado de “La Calle del Medio”, publicación mensual cubana de opinión y debate.

por la calle del medio… descanso obligatorio

Posted in américa, ¡qué Arte!, cuba, debate, el Taburete, Memorias, Opinión with tags , , on mayo 30, 2009 by el taburete

«MANEJE SU CARRO «conozca el mundo sin salir de casa», «endurezca  sus glúteos sin levantarse del sillón», «hágase millonario sin esfuerzo», «compre desde su hogar», «lo hacemos todo por usted», «hable más tiempo, más lejos, más barato», «beba, coma, duerma, rásquese, mire», «no lo piense más: haga daño», «nosotros disparamos mientras usted descansa», «produzca diez toneladas de basura con un solo euro», «mate más niños a menos precio», «mutílese gratis», «destruya el planeta desde la pantalla de su ordenador», «no lea, no piense, no luche, no se canse, no viva: vea la televisión». Con poco dinero y casi sin ningún trabajo, es verdad, se puede renunciar a la libertad e incluso a la supervivencia. Lo único que no cuesta nada es la esclavitud; lo único que no requiere esfuerzo es la derrota; lo más cómodo de todo es dejarse matar…. leer articulo completo. La calle del medio, pag 6, por Santiago Alba Rico.

de literatura y navajazos…Los dos ángeles

Posted in américa, ¡qué Arte!, cuba, debate, feria del libro, LaHabana, literaura, noticias, Opinión, relato with tags , , , on mayo 27, 2009 by el taburete

Enrique Ubieta Gómez
Recuerdo que estaba en una esquina con semáforo a la caza de una botella. Un chofer me hizo señas y rápidamente me subí a su carro. Lo miré sin disimulo, porque supuse que nos conocíamos de alguna parte y suelo ser despistado para recordar rostros. Entonces él me sacó de apuros: “Ubieta”, dijo, “yo soy Ángel Santiesteban”. Sí, nos habíamos visto antes, pero no solemos coincidir mucho. Y por supuesto que conozco su obra literaria, publicada en Cuba y merecedora de importantes premios. Él también mostró conocimiento de los textos que suelo publicar, mayormente en Internet, de tono ensayístico y personal, pero visceralmente comprometidos con la Revolución. Habló con satisfacción de La Calle del Medio, y acordamos que quizás podría colaborar. Me dejó su dirección electrónica. Durante el breve trayecto del viaje hablamos de dos personas que le son cercanas, a las que yo conocí en Venezuela, en épocas diferentes: en 1995, cuando todavía gobernaban adecos y copeyanos, acompañé a Jorge Luis Prats a Caracas, para una serie de actividades por el centenario de la muerte de José Martí, que incluía un concierto extraordinario del gran pianista en el Teresa Carreño –desde entonces nos hemos encontrado en raras ocasiones, pero ese hecho marcó una simpatía definitiva–, y en 2005, conocí en Maracaibo y entrevisté para mi libro sobre la Revolución bolivariana a un médico internacionalista, que es primo suyo. En fin, que unos días después le envié un correo –tal como convenimos–, exhortándolo a colaborar con la revista, y le comenté satisfecho a un amigo: creo que podemos contar con Santiesteban. …  seguir leyendo…