Archivo para Parque de G 10 años

Parque de G, diez años…

Posted in américa, arte, cuba, debate, espejos, hip hop, Jazz, LaHabana, música, Memorias, Opinión, poprock with tags , , , , , , , on agosto 31, 2010 by el taburete


Por Camilo Ernesto Olivera. tomado de http://www.maximrock.com

En la edición correspondiente al mes de marzo del magazine ¨La calle del medio¨ se publicó un artículo – entrevista, bajo la autoría de Vladia Rubio, titulado “Calle G, guarida o espejo”. Este fue escrito a propósito de una investigación desarrollada por la master Daybel Pañelas Álvarez y estudiantes de la Facultad de Psicología de la Universidad de la Habana.
El acercamiento al espacio de confluencia social por parte de este equipo de trabajo resultainteresantenecesario. Sin embargo saltan a la vista algunos erroresomisiones.

Entonces vale la pena que hagamos un poco de historia.

Es muy posible que casi ningún parque notorio de la capital cubana, haya sido obviado por la presencia noctámbula de losrockeros en las últimas décadas. Desde aquel, enmarcado a un costado del entonces denominado, Teatro Auditórium(Calzada y D) en el Vedado donde buscaron un espacio, al abrigo del duro año 1970, los denominados ¨pepillos¨ o ¨hippies¨. Sus pasos también anduvieron, en distintas épocas, por ese inmenso y mítico parque en forma de heladería que es Coppelia. Pudieran mencionarse, además, el parque Córdova ubicado en el reparto Sevillano, el de la 14 en la esquina de Calzada de 10 de Octubre y Maria Auxiliadora, el denominado ¨De los tarros¨ enH y 21 o inclusive el parque Central, este ultimo, en los años 80.

Invariablemente, durante décadas, los rockeros y los gitanos compartimos una dinámica semejante, a pesar de la equidistancia geográfica. Una y otra vez los espacios de reunión y vida social eran forzados a la disolución. Al igual que sucedió con el rock durante décadas, se entendía de manera equivocada por parte de las autoridades que el carácter informal de estos espacios era delictivo.

Durante el crítico decenio de los noventa, la órbita social rockera coexistió con la de otras tribus urbanas. Emigramos desde el pequeño parque de L y 21(frente a Coppelia) hasta la denominada Fuente de la Juventud. Nos reunimos frente al centro recreativo juvenil ¨El Castillito¨ para luego ir a pasar las madrugadas en la zona alrededor del restaurante ¨La Punta¨, a un paso del túnel de Quinta Avenida. Los conciertos en el Patio de Maria habían sido reducidos a nada, y la única opción salvadora fue la rockoteca de los jueves en la noche. En ese espacio se tomaba el primer impulso de la noche y el fin de semana. Era el único lugar donde te ofrecían condones y no te ponían música de discotecas.
Después el espacio de reunión languideció durante un tiempo en el área de calle 23 y N (frente al Club Tikoa). Estábamos repitiendo la historia de nuestros padres pero por fortuna no era 1968 sino 1998.

En un determinado segmento del artículo en cuestión, se señalan los años 2001 – 2002 como fecha inicial de la confluencia nocturna de jóvenes seguidores del rock en la zona de la Avenida de los Presidentes. Adicionalmente se ubica en dichos años el cierre del emblemático Patio de Maria, lo cual también es un error.
Una noche, probablemente entre 1999 y el 2000, un grupo de rockeros provenientes de la rockoteca que tenía lugar en el club de F y Línea, decidió tomar como zona de paso la esquina de G y 23. Allí coincidían, y coinciden, varias rutas de transporte público. En los siguientes meses ese tramo del parque, en la denominada Avenida de los Presidentes, se convirtió en un permanente y polémico fenómeno social. Hasta octubre de 2003, la tribu urbana predominante fue la de rockeros ymetaleros. A comienzos de ese mes se produce el cierre del Patio… con todas las consecuencias que esto trajo en ese momento.

A partir de esa fecha, fuerzas de orden público intervinieron para obligar a los reunidos en el perímetro a desplazarse hacia el área de G y Malecón. Precisamente, en Malecón y calle D, funcionaba un establecimiento comercial destinado a la venta de cerveza. En ese lugar, conocido como “La Dispensada”, transcurrió el período de crisis que sobrevino para los rockeros capitalinos, tras el cierre del Patio de Maria. El retorno a los predios de la Avenida G ocurrió gradualmente y en una fecha posterior. Fue durante la segunda mitad de la década, cuando otras tribus urbanas asumieron el sitio como lugar de reunión social.

Hoy, la Avenida de los Presidentes resulta, durante el fin de semana, una especie de calidoscopio de la juventud capitalina. Lo realmente asombroso es el hecho, en si, de la permanencia de este lugar como sitio de confluencia social. En los últimos diez años, el parque de G ha sido testigo del entramado psicosocial y las mutaciones de una parte de este segmento poblacional. Una década de existencia para un lugar de confluencia, que nació al margen de casi todo control, es todo un record si tenemos en cuenta los antecedentes de esa índole a través de la historia.

Los rockeros y los metaleros, al igual que los personajes del celebre cuento “Casa Tomada” de Julio Cortazar, nos reunimos ahora en el tramo de G entre 23 y 25. Desde calle 23 hacia Línea, se extiende una curiosa y variopinta mezcla de modas y estilos. Una especie de zoológico tribal urbano donde sobresalen los “Reparteros” (fans del reggeton o la timba cubana), los “Mickys” (seguidores de la música Techno y la cultura Fashion) y los “Emos” (“Mickys” que quieren marcar la diferencia).
En los últimos tiempos una nueva tropa de Punkies, seguidores de aquella generación de finales de los ochentas, se ha dado a la tarea de “despejar a G de Emos”. Desde su perspectiva, consideran a estos como una versión falsa y fresa del Punk. Ahora, en estos predios, a los seguidores del metal extremo los han denominado con el calificativo de “Dinosaurios”, aunque recientemente se escucha más el término de “Radicales”. Un grupo de jóvenes de alguna Iglesia Protestante, llegan para traernos la palabra de cristo redentor. Se les acepta tal y como son y también se les sugiere que intenten llevar ese mismo mensaje a los asistentes en algún concierto bien caliente de Timba o de Reguettón.

Cada día son más evidentes las huellas del cambio generacional por el cual transita la tribu urbana rockera. Así cambia el color y la atmósfera de una avenida que sigue siendo el espejo de una generación que reta al enigmático destino de una nación.

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