Archivo para televisión cubana

Farándula cubana: El Star System de bagazo…

Posted in el Taburete with tags , , , , , , , , , , on junio 9, 2011 by el taburete

Por: Ariel Díaz para El Taburete.

Enciendo el televisor y automáticamente entro en la fantasía que se esparce por el éter. Escenografías oscuras que pretenden luminosidad entre tablas mal montadas, muebles que crujen y puntillas a la vista, bailarinas cuya descoordinación llega a parecer coordinada mientras tratan de reproducir, sin éxito y con agujeros en las medias, la coreografía de la película Chicago, locutoras con dejes a lo CNN pero con noticias aún más aburridas. Bajo el micrófono de insípidas entrevistas hay artistas tapizados en prendas de oro y ropa “de marca” hecha en Hong Kong, que luego de mostrar poses de súper estrella y hablarnos de su “gira de invierno por Europa” se van a casa, en el mejor de los casos, en un auto de uso que compraron luego de una montaña de papeles y cartas. Héroes fabricados a la medida de un consumidor que no consume, divas de un pueblo sin opciones, vedettes de teatros húmedos, “glorias” desafinadas, jóvenes valores sin valores, mercaderes de un mercado que no vende. Es el país de las maravillas simulado, la clonación que salió mal. Es el Star System de bagazo.
Desde que era pionerito estoy escuchando esos tópicos que nos llenaban de un orgullo casi ingenuo: La caña de azúcar más dulce del mundo, la playa más hermosa del mundo, el mejor helado del mundo, las mulatas más lindas, el pueblo más culto, el mejor equipo de pelota. Pero resulta que fui creciendo y un día, tocado por el indecible privilegio que resulta en esta latitud, viajar por el mundo; descubrí la dulzura de la caña venezolana, dejé los ojos en las playas de la costa del sol, sucumbí a los encantos del helado argentino y a golpe de batucada temblé ante las mulatas de Sao Paulo. Por si fuera poco todos los días padezco la falta de cultura del transeúnte común y sobre la pelota…mejor no hablar.
Pero mi país, en cambio, tiene otras cosas únicas. Detalles que nunca fueron resaltados por la grandilocuencia insular, tesoros como la autenticidad de su cultura rural, la sencillez de sus voces, el patrimonio de su diversidad y la fuerza de su pensar. Por sobre todas las cosas el sismo de un proceso transformador que no solo convirtió los cuarteles en escuelas como reza la consigna sino, mansiones en casas de cultura, comerciales de jabón en spots educativos y concursos de banalidad en maratones de sabiduría. A pesar de los censores y burócratas de turno, de políticas de choque y tornados ideológicos siempre prevaleció la verdadera cultura, el arte profundo y rebelde.
No alcanzo a definir exactamente en qué cruce de caminos torcimos el rumbo, pero me atrevo a afirmar que algo cambió desde la primera vez que tuve un dólar en la mano, hasta ese día solo visto por mí en el pequeño instante de las películas donde cierran el portafolios luego de la transacción que consuma el delito. A partir de entonces todo fue mutando del color verde de las palmas, al verde prohibido del dólar primero, y al azul artificial del C.U.C. luego. No sé si alguien ha notado que, mientras en la llamada moneda nacional (apelativo que casi convierte a la otra en extranjera) nuestros héroes aparecen en gallardo primer plano, en el C.U.C. se convirtieron en estatuas. Una siniestra metamorfosis.
Poseer la divisa como una especie de bendición sustituyó al cargo público, al carro del estado o las vacaciones en centros turísticos inalcanzables. Una nueva actitud pareció emerger formando nuevas y complicadas relaciones sociales. Una actitud que se manifiesta incluso en la forma de hablar o de caminar. Un pequeño juego al capitalismo subdesarrollado e incompleto terminó por socavar los pilares de un proyecto socialista esperanzador.

Como por arte de magia brotaron aquellas célebres controversias entre salseros que apelaban a lo externo como carta de triunfo. Apareció la palabra entretener en los medios de difusión pronunciada como abra cadabra para la gran teleaudiencia, esos mismos medios crearon y apoyaron a los monstruos  Frankesteins que hoy repudia cuando abandonan la isla en consecuencia con sus mentalidades de siempre. La televisión, por ejemplo, diseñó programas que imitaban lo peor de la televisión capitalista centroamericana y como toda imitación, carente de originalidad. Viene a mi mente un lamentable programa diseñado para el verano con aires caribeños que prometía a bombo y platillo “una piscina dentro del estudio” que luego resultó ser no más que una breve palangana de plástico con dos muchachas en bikini dentro, con el agua a los tobillos. Mientras el cine cubano asumió exageradamente la marginalidad y la destrucción arquitectónica y moral, la telenovela situó los conflictos entre top models, gerentes, mansiones de Miramar y hasta solares bien pintados donde todos merendaban en C.U.C., tenían autos y practicaban infidelidades en habitaciones de hotel.
Aparentar, simular, mostrar, especular parecen ser los nuevos y exitosos verbos cotidianos. La aparición de una nueva clase social acaudalada como resultado de  grupos convivientes: los pequeños negocios privados, los afortunados que trabajan en la santísima trinidad turismo-arte-divisas y los que reciben remesas familiares del exterior, trae consigo la desproporción del poder adquisitivo en relación a un trabajador promedio que recibe su salario en moneda nacional. No podemos dejar fuera a los que ejercen la corrupción como forma de vida con ingresos nada despreciables. Esta clase pudiente  acapara por tanto la mayoría del acceso a la telefonía móvil, a la tenencia de vehículos de transporte, a las mejores viviendas, el control de determinados servicios y tramitaciones legales así como mejor alimentación y acceso a la información.
La estética Miami, la llamada cultura Di Tú, el  alfombrarrojismo de algunos eventos y premiaciones, los sueños de grandeza limitados por la realidad conforman un universo virtual que intenta llenar frustraciones y carencias en gran medida provocadas porque la alternativa a estas estéticas es pobre y mediocre a niveles de difusión, pues en realidad todo un caudal de talento, modernidad y buen gusto subyace bajo este monopolio de fantasía sin posibilidades de emerger. En un país donde los discos no se venden en grandes cantidades se habla de mercado discográfico como si realmente existiera y funcionara como medidor de éxito musical. El video clip, que ha llegado a niveles verdaderamente altos de calidad de realización se ha convertido, en no pocas ocasiones, en legitimador de estas imágenes chocantes y falsas, modos de vida ajenos al nuestro, donde se juega Básquet Ball en las esquinas como en el Bronx o se vive a lo Beverly Hill con fans persiguiendo a la estrella y flashes de cámaras. Las listas de éxito de emisoras y canales certificadas por unos pocos ciudadanos, premios de la popularidad definidos por 50 personas, encuestas de opinión que no salen de los alrededores de la heladería Coppelia. Así transcurre esta fantasía en una ciudad prácticamente sin vida nocturna, sin Internet, sin televisión por cable y (por suerte) sin expendio masivo de revistas del corazón ni prensa amarilla. En los bancos clandestinos de renta de películas se alquilan bodrios como El Show de Cristina desactualizado, o patéticos programas de Miami donde da náuseas ver a nuestros actores de otrora envueltos en las dinámicas de tan singular entorno. Pero, la fantasía funciona mejor que el rigor de la realidad. Parece ser que fabricamos un mundo de lentejuelas y luces artificiales para nuestra existencia diaria. Queremos creer que nuestro voto decide un premio, que nuestra llamada telefónica o nuestro sms es medidor de calidad artística o reconocimiento sin pensar que en el mundo estos mecanismos son diseñados solo para engrosar las ganancias de las empresas y las compañías de telefonía móvil, que quien más se enriquece con la obra de un artista de moda no es el artista sino la disquera y sus ejecutivos. Que los realmente agradecidos de nuestra conducta servil y consumista son los sponsors y las marcas cuyos artículos muchas veces son confeccionados por niños esclavos en Asia o mujeres en las maquiladoras de Nuevo México. A primera vista nada de esto tiene que ver con nosotros. La machacada conciencia revolucionaria, no parece incluir la conciencia ecológica, los derechos de los gays y las lesbianas o el respeto por nuestro idioma; por más que se esfuercen algunas instituciones.  Así es, aunque algunos que leen en este momento no estén de acuerdo o consideren que es un extremismo mío les recuerdo: El mundo es extremo. Entonces, importar todos estos mecanismos a nuestra realidad es contraproducente, pues el cubano, masivamente, todavía no compra por marcas en nuestra maltrecha capacidad de oferta, el cubano compra…lo que hay o…lo que le toca. Cuando lo hace tiene casi la seguridad de que son bienes de consumo de segunda, burdas falsificaciones, pero no le da importancia porque el mundo donde se manifiestan todas estas características de las que hablamos también es de segunda, es una imitación sin sus bases económico-sociales y mucho menos políticas. Es como el puente sobre un río que no existe.
Así nos deleitamos con géneros foráneos que ya no se funden o mixturan con nuestras tradiciones sino que se importan tal y como fueron concebidos desde otra realidad, con vestuarios, accesorios, acentos y estereotipos. Últimamente hemos padecido y, por qué no, tolerado el fenómeno Reggaetón. Este es tal vez el ejemplo más elocuente de la ensoñación por un escenario completamente ajeno a nuestra realidad. Una estética que ha llegado a importar localismos idiomáticos de Puerto Rico o República Dominicana en el habla de nuestra juventud, ademanes y gestos calcados de los videos, señas que son utilizadas en la triste y violenta supervivencia de las pandillas callejeras centroamericanas. Todo desde una mirada externa.
Si al menos importáramos los verdaderos valores de movimientos musicales o tendencias ideológicas progresistas de todo el planeta o pusiéramos en su lugar manifestaciones culturales surgidas entre los avatares de esta calle nuestra, dígase Hip Hop, Grafitti, cuando la Trova deje de estar custodiada por dos matas de Areca en el rinconcito patriótico y la Rumba se despoje de los turistas y el  jineteo cultural. En cambio tenemos una puesta en escena donde aparecen tribus urbanas (más que tribus, cuadrillas): Emos que no conocen a Andy Warrol, Hippies que no saben que hubo una guerra en Viet Nam o un concierto en Woodstock , Vampiros que beben Red Bull y Bloggers sin conexión. Gente que dice “hicistes” y “estuvistes”, otros que piensan “de que…” Lo más terrible, en mi opinión, es ver a especialistas y personalidades de indiscutible prestigio tratando de legitimar estas estéticas, teorizando sobre valores musicales o convenciéndonos de la relevancia cultural de la maquinaria hollywoodense o la comida chatarra (que aquí es todavía peor).
Como señalaba Eduardo Galeano, el mundo está patas arriba. Nada escapa a la irrealidad virtual. Incluso en los sectores que tradicionalmente fueron alternativos florecen los artistas que huyen despavoridos ante el apelativo canción social, o se auto declaran “apolíticos”. Que prefieren  los teatros llenos aunque el público no alcance más que a tararear dos palabras de su estribillo. He visto el desfile de los “arrepentidos” que regresan del “exilio cultural” a ocupar lugares de difusión más altos que cuando se fueron, levantando las banderas que un día plegaron. Todos quieren formar parte del show de mentiritas donde el dinero es el protagonista (en dos monedas), la poesía un pecado capital y la patria, pedestal.
Nuestro país pareciera culturalmente dividido en dos, por un lado el sueño pseudo capitalista que puja por imponerse sin tener idea de lo que significa, que pretende consumir sin aportar, con sus cualidades variadas y defectos únicos, carente de profundidad, que clama por acceso a la información para desinformarse, que pide progreso personal y tiene manías de superioridad. Por otra parte los que procuran transformar la realidad desde el pensamiento, los que queremos avanzar con conocimiento y participación real, para quienes el arte es una necesidad fisiológica y un arma peligrosa y liberadora. En medio siempre están los que fluctúan según la marea. Pero la libertad no es solo la ausencia de rejas, es también la abundancia de espacio.
Esta noche nuestra ya veterana televisión cubana anuncia hasta el cansancio un espectáculo de variedades donde una compañía (asalariada del Estado) reproducirá escenas de La sirenita, El Rey león, Aladino y La bella y la bestia pero, no las de Andersen, o los maravillosos poetas anónimos de Las mil y una noches sino…las de Disney.
De momento me queda la opción de apagar el televisor y abrir un libro, el que yo decida. No sumarme a la fiestecilla, al baile sin cabeza. Al fin y al cabo el bagazo no es buena madera para construir puertas.

pon un poco de psicología en tu vida….

Posted in el Taburete with tags , , , , , , on abril 11, 2011 by el taburete

“Durante veinte años muchas personas han decidido compartir conmigo una expedición por la vida cotidiana para mirarnos en ella, y encontrar cómo nuestro privilegio de vivir puede ser mejor compartido, llevado por senderos más poblados de bienestar. Ha sido inmensamente grato poder entrar en las casa de miles de cubanas y cubanos, compartir unos minutos de saberes y experiencias, de pensamientos y emociones, de compromisos, de convicciones, de esperanzas. Mirarnos constructiva y críticamente a nosotros mismos, a nuestros modos de ser y estar, con autenticidad y transparencia, sin hipocresía. Entregarnos a la necesidad de cambiar o reforzar, de crear o reconstituir. Asumir el protagonismo central de lo que tenemos que superar y de lo que tenemos que cuidar. Sin olvidar la mirada a los contextos, porque ellos también somos nosotros, porque contienen nuestros límites de hoy y nuestras ansias de trascenderlos. Eso hemos hecho. Estamos haciendo. Eso haremos siempre.”

Así comienza el prefacio del más reciente libro del Profesor Titular de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, Doctor en Ciencias Psicológicas, Manuel Calviño. El profe Calviño, protagonista directo de uno de los programas más longevos en la pantalla de nuestra Televisión, hace palpable una idea que lo ha sostenido  durante todos estos años años; proponer el dialogo televisivo esta vez desde las páginas de un libro que estuviera al alcance de la población y recurriese al intercambio desde los temas que durante 20 años ha tratado a través de sus guiones para los medios.

Desde Febrero de 1991, apenas comenzando la etapa más compleja y convulsa de nuestro proceso histórico revolucionario, Calviño convocaba desde un dialogo televisivo a la reflexión y meditación de cubanas y cubanos. Como profeta de lo que vendría, recuperó la autenticidad de la verdad desde las propuestas coherentes y socialmente útiles, enalteciendo los más altos valores humanos y la racionalidad de los individuos como parte de la sociedad que conformamos. Sostenidos en largas décadas que arrastran una mugre de perdida de valores a escala mundial y preservación de nuestros valores más auténticos como cubanos, aún su programa cumple objetivos bien marcados, que sin duda alguna la aceptación del público televidente hace justificar su presencia más allá de 20 años. Este nuevo texto servirá para reencontrar una mirada a nuestras más intrínsecas situaciones o características  como individuos o sociedad toda.

Por el precio de 20 pesos cubanos el libro se encuentra al alcance de todos los cubanos y tuvo su presentación en la Casa de la FEU (Federación de Estudiantes Universitarios) con un aforo de público increíble que abarrotó la institución.

Felicitamos sinceramente al profe y le deseamos suerte con este interesante libro que desde ya recomendamos!

El Taburete.

 

Osvaldo Doimeadiós: La risa salva…

Posted in el Taburete with tags , , , , , , , on enero 12, 2011 by el taburete

Con 2 que se quieran. Tomado de Cubadebate. Foto Petí.

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, ahora aquí, en 5ta. Avenida y Calle 32, en Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala.

Hoy nos acompaña uno de los más versátiles actores cubanos. Se mueve con la misma pasión, con la misma certeza, con la misma inteligencia en el mundo del humor y en el mundo del arte dramático. Mi querido, admiradísimo Osvaldo Doimeadiós.

¿Qué tal, Osvaldito, cómo estás? Buenas noches.

Osvaldo. Buenas noches.

Amaury. Bueno, en la revista Temas, en una entrevista que revisaba en estos días, metido en tu vida hasta dónde uno puede meterse, dijiste esto: “El humor es algo implosivo, un poco más para adentro. Es como la sonrisa de la Mona Lisa, que uno no sabe de qué se ríe, pero dura en el tiempo. Lo cómico es más instantáneo, como una gran descarga –imagino que eléctrica-, que dura poco.”

Pero tú has sido una persona que ha hecho momentos de humor que han sido más largos que esta sentencia. ¿Por qué dices esto?

Osvaldo. No, precisamente, bueno, con la revista Tema fue uno de esos debates que ellos hacen mensualmente y era un poco teorizando en torno al humor, en torno a lo cómico, a lo satírico, en cómo veíamos el humor. Y entonces lo cómico yo lo veía como más explosivo y el humor lo veía un poco más para adentro, ¿no?.

Mira, hay cosas cómicas que provocan una descarga instantánea que uno se muere de la risa, pero cuando termina, ya, uno se queda como vacío, ¿no?. Entonces el humor es como una nota que uno lleva, como una nota musical que se queda, o una melodía que se te queda en la cabeza y que vas tarareando.

Amaury. Que no tiene grandes saltos o que puede tener momentos cómicos y sigue.

Osvaldo. Puede tener, puede tener momentos cómicos dentro de eso y puede no tenerlos, y es esa cosa que provoca que a veces la gente te mira en la calle y se sonría, ¿no? y uno diga: bueno, ¿por qué?, a lo mejor están recordando un chiste que hiciste alguna vez, un momento que les hiciste pasar.

Amaury. Pero, ¿tú haces una separación entre lo cómico, el humor y arte? O sea, lo cómico puede no ser arte y lo que es humorístico sí.

Osvaldo. Puede no serlo y puede sí serlo, o sea, hay cosas que coinciden, que confluyen. A veces los tres momentos confluyen, pero a veces no.

Amaury. Es que tú también decías…

Osvaldo. Son menos, creo, los que confluyen que los que no confluyen. Sigue leyendo

Gerardo Alfonso: Para mí el racismo es un tema eminentemente cultural…

Posted in el Taburete with tags , , , , , , , , on octubre 20, 2010 by el taburete

Con 2 que se quieran, tomado de cubadebate

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, aquí en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, el barrio de Lezama, en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC. Hoy está con nosotros una persona que yo admiro mucho, un gran músico, un gran compositor, un gran cantautor, un gran trovador. Un ser humano maravilloso, entero y completo, siempre con todo lo que opina y con todo lo que hace. Con una obra inmensa, mi amigo Gerardo Alfonso. ¿Qué tal, Gerardito?

Gerardo.  Muchas gracias por haberme invitado.

Amaury. ¿Cómo no te voy a invitar, chico?, si no te invito a ti no invito a nadie.

Gerardo. Es un honor, la verdad.

Amaury. A ver, Gerardo, la primera pregunta. Tú has dicho: “Cada canción es un taller de trabajo hasta que llega la luz que ilumina todo con la palabra justa”. ¿Puedo inferir que tú crees en las musas y en la inspiración?

Gerardo. Sí, por supuesto, creo en las musas, creo en el hecho de la inspiración, que es una llegada redonda de elementos ignotos, desconocidos, ¿no?, pero cuando yo me refiero a cosas como esas, estoy hablando más del acto del taller, del trabajo.

Amaury. De trabajar constantemente.

Gerardo. Sí, el cincel ahí pegado al verso y a la melodía.

Amaury. Sí, pero como hablaste de luz, tú sabes que uno siempre tiene la tendencia a pensar que la luz es una cosa como divina, ¿no?

Gerardo. Claro, porque es como un parto, es dar a luz también terminar una canción. Y dentro de ese proceso viene el toque divino, ese toque redondo que viene del cosmos y se condensa en un tema que es para siempre y para todos.

Amaury. Eso me llevaría entonces a esta otra pregunta. Tú sabes que este programa, si lo has seguido.

Gerardo. Sí, claro.

Amaury. Sabes que tiene un foro en Cubadebate donde se publica la entrevista, la gente interactúa conmigo y dan sus opiniones. Y mucha gente me dice, como una queja, y yo lo admito, porque es el público y este programa está hecho para ellos, que por qué yo no invito al programa a personas comunes y corrientes. ¿Tú te consideras que tú no eres una persona común y corriente?

Gerardo. Por supuesto que soy una persona común y corriente. Es decir, sencillamente tengo una actividad, una actividad que es de masas, una actividad que es arte y eso tiende a colocarse en un espacio de élite, me refiero a la canción, al arte, pero el individuo, yo, soy una persona común que vengo del éter también. Mi mamá me parió un día y he hecho el recorrido como cualquier otra persona común, en los estudios, en el trabajo, en la convivencia social y, aparte, necesito esa comunidad y esa comunicación de un hombre común para poder alimentar lo que después se convierte en las canciones que uno escribe y que uno siente, ¿no?

Amaury. Ahora, hablaste de tu mamá. Tú naciste en el año 1958. ¿No tienes lío con eso de la edad?

Gerardo. No, para nada.

Amaury. ¿Dónde?

Gerardo. Yo nací en San Miguel del Padrón. San Miguel del Padrón en aquel entonces todo estaba dentro de Guabanacoa. Nací en un barrio que se llama El barrio obrero, en el reparto Martín Pérez. Y nació aquel niñito a las tres de la tarde del domingo primero de noviembre del 58, o sábado, algo así, que se llama.

Amaury. ¿Quién será?

Gerardo. Gerardo Alfonso.

Amaury. Tú te llamas Gerardo Alfonso, ¿no tienes otro nombre?

Gerardo. Alfonso es mi primer apellido, Alfonso Morejón que es el apellido de mi mamá.

Amaury. Claro, Alfonso. Hay varios, hay pintores, está Carlitos Alfonso…

Gerardo. Está Juan Carlos Alfonso. Sigue leyendo

Aquí no estamos…

Posted in américa, arte, arte digital, cuba, debate, LaHabana, Memorias, noticias, Opinión, televisión with tags , , , , , on septiembre 24, 2010 by el taburete

Sección Pequeña Pantalla en Granma.cu


LETICIA MARTÍNEZ HERNÁNDEZ

Antes de poner una palabra, aclaro: no abogo por la pulcritud en el lenguaje, por aquellas frases al estilo de señoronas impasibles con espejuelos de quita y pon. Como cualquier joven de mi edad lanzo un “escapao” cuando alguien se luce, si antes no se me ocurrió un “estás en talla” aunque a algunos les parezca desentallado. También hablo de “está muerto contigo”, de “te cogió el tren”, de “más perdío que Carmelina”¼ No me siento apta para decir un asere, pero no me parece mal cuando lo escucho, me sabe a cubanía, a cultura cubana, como escribió Miguel Barnet en estas mismas páginas.

Sin embargo, la vulgaridad crónica, extendida y hasta televisada con tres dosis a la semana y sin “agua para destrabarla” motivan unas líneas sobre Aquí estamos, la novela que en noches alternas lanza a la cara, sin ton ni son, una sociedad grosera porque sí, de paso mal actuada, sin matices, donde el término “persona normal” casi no existe, en la que ofender a la progenitora de alguien no es un parlamento prescindible, aunque después de los créditos la insistente Aurora Basnuevo vuelva a aparecer con su “¿y cómo quedo yo?”.

Es que hemos pasado del no decir nada a querer retratar, mal retratar, una sociedad que, en efecto, pudiera ser vulgar, como si no bastara vivirla, o más bien sufrirla a diario en cualquier soplo de tiempo. Y no hablo de aprehendernos del estilo brasileño, donde las favelas están proscritas casi por decreto. Hablo de aprender a ser sutiles, de sugerir enojo usando algo más que “malas palabras”, muchas veces pegadas al guión sin coherencia; de contar sobre muchachos como Adonis, pero mostrando mejores caminos que el de una novia también vulgar que le pide cambiar porque “es un fula”, y entonces cualquiera en su lugar podría preguntarse para qué cambiar si el medio es como yo; de tomar con seriedad el poder de la televisión para fijar patrones que no tienen que ser necesariamente jóvenes pulcros, de encumbradas familias; de no esperar al último capítulo para pintar de rosa la deslucida sociedad que desde la primera entrega me aseguraron que allí estaba¼

Y no creo que se trate de que Cuba no esté preparada para ver reflejada su parte fea en la pequeña pantalla, como alguien me sugirió hace algunos días. Porque entonces tendría que hacer recordar aquella durísima, y excelente,Doble juego, de Rudy Mora, la novela que a golpe de astucias, perspicacias, nos mostró una sociedad poco agradable, pero cierta. Tan creíble, que pocos dejaban de ocupar puesto cuando Polito Ibáñez comenzaba a hurgar en su guitarra.

Entonces pregunto si la fórmula para hacer una novela de actualidad (término de moda, o de prepararnos para lo que viene) resulta la sumatoria de maltratos, malos términos, vulgaridades¼ No es entendible que una hija lastime con palabras a una madre como si de beber agua se tratara, que se defienda el honor a golpes porque “eso no se le hace a un hombre, y no me aguantes que le voy a partir la cara en dos”; que un muchacho “vulgar” llore su amor, y alguien le diga “para qué tu formas to eso”. En fin, ¿qué queremos enseñar?, sí, porque de enseñar también se trata, más allá de entretener con caras lindas, con jóvenes vestidísimos a la última moda, con escenas de sexo¼

Evidentemente, algo no funciona bien en la programación dramática de la TV Cubana. Y no es cosa de encarar a guionistas, actores y realizadores, quienes inmersos en el proceso creativo tal vez no hayan ponderado el alcance y las carencias de su propuesta televisual. Se trata de exigir responsabilidades a los que aprobaron, alentaron y pusieron en el aire esa propuesta: la Redacción especializada y las instancias de dirección de la TV.

Mientras tanto, una profesora intenta que sus alumnos no le digan “oye mija”; mientras tanto siguen ocupando espacio en las agendas de trabajo las reuniones donde muchos se rompen la cabeza buscando la mejor fórmula de transmitir valores; mientras tanto una novela asegura que Aquí estamos, y me da por pensar que no estamos cuando a la puerta toca la vulgaridad, y le regalamos el chance de pasar.

Alfredo Guevara: Soy un profesional de la esperanza…

Posted in el Taburete with tags , , , , , , on septiembre 22, 2010 by el taburete

Con 2 que se quieran. Vía Cubadebate. Foto: Petí

Amaury. Muy buenas noches, estamos en Con dos que se quieran, aquí en 5ta. y 32, en Miramar, en los maravillosos Estudios ABDALA. Hoy me acompaña, nos acompaña uno de los más grandes intelectuales cubanos del siglo pasado y de este. Cineasta, escritor, ideólogo, soñador. Para mí es un privilegio, no sólo tenerlo en el programa, sino que me haya acompañado durante muchos años su magisterio y su amistad; mi amigo, Alfredo Guevara. Alfredo, ¿cómo está usted? Todo mi amor.

Para no explicar mucho, en nuestra intimidad, nos tratamos de tú, pero por respeto a los televidentes, por respeto al espacio, me voy a permitir tratarlo de usted. Alfredo, la primera entrevista que le hice, fue hace 16 años para un programa que yo tenía que se llamaba Muy Personal, ¿cuánto ha evolucionado su pensamiento en 16 años? ¿Qué cosas le importaban entonces, qué cosas le importan ahora?

Alfredo. Me haces pensar en mí mismo más que en hecho y época, porque imagínate, has hecho una presentación de un personaje de dos siglos, yo no tengo dos siglos, pero tengo muchos años.

Cuando muy joven sí tenía otra visión, pero en 16 años nada ha cambiado de esta obsesión que te diré: los jóvenes. Se me salió desde entonces, y desde un poco antes, desde que regresé de París, la vocación que había tenido inicialmente y la que pareció iba a marcar mi vida: la de profesor. Me preparé para ello, fue lo que estudié, me complacía el camino que había elegido, pero después del período de París, de la UNESCO, realmente vine con otra visión del papel del profesor. Es decir, identifiqué profesor y político, porque no hay modo -en mi opinión-, de ser un verdadero revolucionario sin pensar que el destino está en manos, o debía estar en manos, o estará en manos, o tendrá que estar en manos, por fuerza, de las generaciones jóvenes.

Y tuvo una desgracia tremenda la Revolución y Fidel: que en el momento en que ya cientos de miles de jóvenes ascendían al rango más alto de la instrucción, no de la cultura, al rango más alto de la instrucción, y podía empezarse a pensar en esa transición hacia los jóvenes, llegó el derrumbe del llamado campo socialista y con ello una crisis de un carácter inesperado y terrible, que obligó a que todo el pensamiento de nuestra dirección, y fue muy sabio, se volcara en encontrar otros caminos de sobrevivencia, que nos permitieran resistir. Y esa es, tal vez, una hazaña tan grande como la guerrillera y la toma del poder. Es decir, haber salvado un bastión del socialismo  en medio del caos total.

Amaury. Aquí nos acompaña un grupo grande de muchachos jóvenes. Muchachos jóvenes que seguramente cuando usted dirigía el ICAIC, no estaban todavía ejerciendo las funciones de camarógrafos, iluminadores, etc… pero en este estudio y con este personal del ICAIC, se respira desde el primer día, un gran profesionalismo, un gran rigor, un gran respeto por el trabajo, por los invitados, por el programa, hay un silencio que usted notará, y yo pensaba que quizás las enseñanzas suyas, en los dos períodos en que dirigió el Instituto de cine, ellos han recibido esa herencia de alguna manera. ¿Usted cree que ellos son herederos del rigor, el profesionalismo, y la inteligencia con la que usted manejó el cine en los años en que pudo hacerlo, en que tuvo que hacerlo?

Guevara. ¡Dios mío, qué herencia me entregas! Quisiera que fuera así. Lo cierto es que contra mis convicciones y mis líneas y concepciones, el ICAIC empezó como una gran improvisación, pero con el propósito irrenunciable de saltar esa etapa en cuanto se pudiera y entrar en la del rigor más absoluto.

Le llamo rigor a buscar un nivel de formación, no sólo técnica, sino en el campo de la cultura, en el campo de la espiritualidad. Pero también eso supone estudiar, y estudiar sistemáticamente, y organizadamente, ¿no?, y yo creo que eso se logró en el ICAIC.

Amaury. Alfredo, leyéndome sus libros y sus entrevistas, porque lo he hecho siempre, ha tenido la gentileza de enviarme sus libros y sus entrevistas a lo largo de todos estos años. Yo descubro un pequeño detalle, pareciera que…

Guevara. …¿Hay algo que descubres todavía? (risas) Sigue leyendo

tres maneras de hacer televisión ( y a la misma hora )…

Posted in américa, arte, cuba, debate, el Taburete, espejos, Frank Delgado, LaHabana, literaura, música, Memorias, Opinión, radio cubana, televisión with tags , , , , , , , , , on septiembre 15, 2010 by el taburete

No han sido pocas las críticas que desde El Taburete hemos realizado a favor y en contra de nuestra Televisión Cubana, siempre sobre la base de lo que tenemos como potencial en nuestros medios y lo mucho que nos queda por andar. Por tal motivo consideramos que abandonar el brindis en su momento justo sería una imprudencia a la hora de presentar cambios positivos a favor de ella.

Esta tarde de Martes sucedió algo “insólito” en nuestras pantallas que quizás pasó por inadvertido para muchos, pero no así para nosotros desde nuestro Taburete…

Sobre la tarde-noche se vieron tres formas diferentes de hacer Revolución en varios de nuestros canales nacionales. Por un lado como es costumbre en “Cubavisión” el horario sabido de la “Mesa Redonda” programa sobre el que hemos planteado más de una vez que lo quisiéramos ver diferente a lo que nos muestra comúnmente, precisamente por creerlo importante en nuestros espacios televisivos. Esta vez trataba sobre temas de nuestra región como las próximas elecciones en Venezuela y el esperado triunfo de la izquierda latinoamericana y sus retos.

En cambio por el Canal Educativo una clase de identidad y nacionalidad cubana, además de darle crédito al nombre del canal, “Los 100 mejores de Lucas”. Espacio que apuesta por el video-clip cubano de mejor factura y que ahora nos presenta los mejores 100 videos de todos los tiempos en Cuba en una especie de capítulos por orden numérico. Fue muy gratificante ver en nuestros telerreceptores como al mismo tiempo que Randi Alonso y compañía nos hablaban de la campaña del partido de Chávez, por otro canal de nuestra televisión andaba un Frank Delgado, de a poco apareciendo en nuestras pantallas, con su video clip “El Adivino” o un Santiago Feliú desbordando su talento con uno de sus tantos videos premiados en diferentes competiciones. Eso sí es una televisión variada y revolucionaria, donde cada cuál cumpla su objetivo de fortalecer desde la creación y desde la programación los valores que debemos fomentar y defender en nuestra sociedad. En cambio por otro de los canales nacionales estaba a disposición de los más pequeños de casa los tantos dibujos animados con canciones infantiles tradicionales cubanas que se hacen en los estudios de animación del ICAIC.

Quién pone en duda que estas son tres formulas de hacer verdadera EVOLUCION en nuestra televisión?

Continuemos así, que más pronto que tarde veremos a Frank Delgado junto a Randi Alonso debatiendo sobre la música cubana de estos tiempos, en una Mesa Redonda de las que según el trovador, él todavía no logra alcanzar a ver….

El Taburete