Cuba sigue guapeando…

¿Qué pasará con el burocratismo? ¿Cuándo será el Congreso del Partido?

Yohandry Fontana

He leído decenas de informaciones sobre Cuba en las últimas horas. Sin dudas, Fidel Castro ocupa el 96 por ciento de todos los textos que han pasado por mis ojos. Los canales de RSS de los principales medios noticiosos del mundo inundaron mi correo electrónico con disímiles valoraciones de la frase de Fidel.

Teóricos de todos los tipos, periodistas, blogueros, twiteros, en fin, miles y miles de personas tuvieron la oportunidad de opinar, especular, criticar, aportar y también optar por una u otra versión (interpretación) de los pronunciamientos del líder histórico de la Revolución cubana.

Defendí que al modelo cubano socialista  no puede achacársele todo el descalabro económico, aun cuando se hayan desdibujado algunas motivaciones y confianzas. Con más de 40 años de bloqueo, sin la URSS, sin el CAME, con la crisis mundial e  inconvenientes internos en la producción de azúcar y otros renglones exportables, Cuba sigue guapeando, algo que ni los economistas pueden explicarse.

El nivel de conciencia del pueblo, su capacidad de resistencia y la visión de futuro y esperanza tienen algo que ver con lo que vivimos, aunque no dejo de reconocer que estamos al límite y se necesita cambiar.

Los cubanos sabemos que a nivel de Estado se debaten los problemas y se buscan soluciones que, como explicara Raúl Castro,  no serán impuestas desde los medios extranjeros. Serán resultado de un análisis completo de la realidad del país que permitirá a la dirección de la nación buscar nuevos caminos para erradicar deficiencias y problemas acumulados.

Cuando se habla con la gente de pueblo se respira confianza, aunque algunos aluden demoras en las medidas; en tanto otros plantean que se quedarán en la rama y no irán a las cuestiones decisivas. Está vivo el debate: en la calle, los ómnibus, en el muro del Malecón y en cualquier rincón de una vivienda el tema es lacosa, como suelen decirle los cubanos a los rumbos económicos de la nación.

¿Cuáles serán las medidas? ¿Es verdad que se podrá vender la vivienda y también arrendarla, que no es lo mismo que alquilarla? ¿Se incrementará el trabajo por cuenta propia? ¿Qué pasará con el millón de trabajadores sobrantes a partir del reordenamiento de plantillas? ¿Qué moneda predominará en Cuba? ¿Cuándo subirán los salarios? ¿Y la producción de alimentos? ¿Qué pasará con el burocratismo? ¿Cuándo será el Congreso del Partido?

Las preguntas pudieran pasar de 100, o 200, dependiendo del grado de creatividad y compromiso de quien interroga. Lo innegable es que se mueve el país. Necesita hacerlo; siempre desde un socialismo que vele por las conquistas, pero que también ponga en su lugar el valor del trabajo y el esfuerzo individual y colectivo de millones de cubanos que, aunque entre incertidumbres, con poco hemos logrado perpetuar lo mucho.

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